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La llamada de Cthulhu

Es imposible que tales potencias o seres hayan sobrevivido... hayan sobrevivido a una época infinitamente remota donde... la conciencia se manifestaba, quizá, bajo cuerpos y formas que ya hace tiempo se retiraron ante la marea de la ascendiente humanidad... formas de las que sólo la poesía y la leyenda han conservado un fugaz recuerdo con el nombre de dioses, monstruos, seres míticos de toda clase y especie...
Algernon Blackwood


1. El bajorrelieve de arcilla


No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas. Algunos teósofos han sospechado la majestuosa grandeza del ciclo cósmico del que nuestro mundo y nuestra raza no son más que fugaces incidentes. Han señalado extrañas supervivencias en términos que nos helarían la sangre si no estuviesen disfrazados por un blando optimismo. Pero no son ellos los que me han dado la fugaz visón de esos dones prohibidos, que me estremecen cuando pienso en ellos, y me enloquecen cuando sueño con ellos. Esa visión, como toda temible visión de la verdad, surgió de una unión casual de elementos diversos; en este caso, el artículo de un viejo periódico y las notas de un profesor ya fallecido. Espero que ningún otro logre llevar a cabo esta unión; yo, por cierto, si vivo, no añadiré voluntariamente un sólo eslabón a tan espantosa cadena. Creo, por otra parte, que el profesor había decidido, también, no revelar lo que sabía, y que si no hubiese muerto repentinamente, hubiera destruido sus notas.
Tuve por primera vez conocimiento de este asunto en el invierno de 1926-1927, a la muerte de mi tío abuelo, George Gammel Angell, profesor honorario de lenguas semíticas de la Universidad de Brown, Povidence, Rhode Island. El profesor Angell era una autoridad vastamente conocida en materia de antiguas inscripciones y a él habían recurrido con frecuencia los conservadores de los más importantes museos. Muchos deben por lo tanto recordar su desaparición, acaecida a la edad de noventa y dos años. Las oscuras razones de su muerte aumentaron aún más el interés local. El profesor había muerto mientras volvía del barco de Newport, y, según afirman los testigos, luego de recibir el empellón de un marinero negro. Éste había surgido de uno de los curiosos y sombríos pasajes situados en la falda abrupta de la colina que une los muelles a la casa del muerto, en la Calle Williams. Los médicos, incapaces de descubrir algún desorden orgánico, concluyeron, luego de un perplejo cambio de opiniones, que la muerte debía atribuirse a una oscura lesión del corazón, determinada por el rápido ascenso de una cuesta excesivamente empinada para un hombre de tantos años. En ese entonces no vi ningún motivo para disentir de ese diagnóstico, pero hoy tengo mis dudas... y algo más que dudas.
Como heredero y ejecutor de mi tío abuelo, viudo y sin hijos, era de esperar que yo examinara sus papeles con cierta atención. Trasladé con ese propósito todos sus archivos y cajas a mi casa de Boston. El material ordenado por mí será publicado en su mayor parte por la Sociedad Norteamericana de Arqueología; pero había una caja que me pareció sumamente enigmática, y sentí siempre repugnancia a mostrársela a otros. Estaba cerrada, y no encontré la llave hasta que se me ocurrió examinar el llavero que el profesor llevaba siempre consigo. Logré abrirla entonces, pero me encontré con otro obstáculo mayor y aún más impenetrable. ¿Qué significado podían tener ese curioso bajorrelieve de arcilla, y esas notas, fragmentos y recortes de viejos periódicos? ¿Se había convertido mi tío, en sus últimos años, en un devoto de las más superficiales imposturas? Resolví buscar al excéntrico escultor que había alterado la paz mental del anciano.
El bajorrelieve era un rectángulo tosco de dos centímetros de espesor y de unos treinta o cuarenta centímetros cuadrados de superficie; indudablemente de origen moderno. Los dibujos, sin embargo, no eran nada modernos, ni por su atmósfera ni por su sugestión; pues aunque las rarezas del cubismo y el futurismo sean numerosas y extravagantes, no suelen reproducir esa críptica regularidad de la escritura prehistórica. Y la mayor parte de los dibujos parecía ser ciertamente alguna especie de escritura. A pesar de mi familiaridad con los papeles y colecciones de mi tío, no logré identificarla, ni sospechar siquiera alguna remota relación.
Sobre esos supuestos jeroglíficos había una figura de carácter evidentemente representativo, aunque la ejecución impresionista impedía comprender su naturaleza. Parecía una especie de monstruo, o el símbolo de un monstruo, o una forma que sólo una fantasía enfermiza hubiese podido concebir. Si digo que mi imaginación, algo extravagante, se representó a la vez un pulpo, un dragón y la caricatura de un ser humano, no traicionaré el espíritu del dibujo. Sobre un cuerpo escamoso y grotesco, provisto de alas rudimentarias, se alzaba una cabeza pulposa y coronada de tentáculos; pero era el contorno general lo que la hacía más particularmente horrible. Detrás de la figura se embozaba una arquitectura ciclópea.
Las notas que acompañaban a este curioso objeto, además de unos recortes de periódicos, habían sido escritas por el profesor mismo y no tenían pretensiones literarias. El documento en apariencia más importante estaba encabezado por las palabras EL CULTO DE CTHULHU, escritas cuidadosamente en caracteres de imprenta para evitar todo error en la lectura de un nombre tan desconocido. El manuscrito se dividía en dos secciones: la primera tenía el siguiente título: "1925, Sueño y obra onírica de H. A. Wilcox, Calle Thomas 7, Providence, R.I.", y la segunda: "Informe del inspector John R. Legrasse. Calle Bienville 121, Nueva Orleáns, a la Sociedad Norteamericana de Arqueología, 1928. Notas del mismo y del profesor Webb". Las otras notas manuscritas eran todas muy breves: relatos de sueños curiosos de diferentes personas, o citas de libros y revistas teosóficos (principalmente La Atántida y la Lemuria perdida de W. Scott-Elliot), y el resto comentarios acerca de la supervivencia de las sociedades y cultos secretos, con referencia a pasajes de tratados mitológicos y antropológicos como la La rama dorada de Frazer, y El culto de las brujas en Europa Occidental de la señorita Murray. Los recortes de periódicos aludían principalmente a casos de alienación mental y a crisis de demencia colectiva en la primavera de 1925.
La primera parte del manuscrito principal relataba una historia muy curiosa. Parece que el 1° de marzo de 1925 un joven delgado, moreno, de aspecto neurótico y presa de gran excitación, había visitado al profesor Angell con el singular bajorrelieve de arcilla, entonces todavía fresco y húmedo. En su tarjeta se leía el nombre de Henry Anthony Wilcox, y mi tío había reconocido en él al hijo menor de una excelente familia, con la que estaba ligeramente relacionado. Wilcox, que desde hacía un tiempo estudiaba dibujo en la Escuela de Bellas Artes de Rhode Island, y que vivía en el hotel Fleur de Lys muy cerca de esta institución, era un joven precoz de genio indudable, pero muy excéntrico. Desde su infancia había llamado la atención por las historias y sueños extraños que se complacía en relatar. Se denominaba a sí mismo "físicamente hipersensitivo"; pero la gente seria de la vieja ciudad comercial lo consideraba simplemente "raro". No había frecuentado nunca a los de su propia clase y poco a poco había ido retirándose de toda actividad social. Actualmente sólo era conocido por algunos estetas de otras ciudades. La Asociación Artística de Providence, deseosa de preservar su conservadorismo, lo había desahuciado.
En aquella visita, decía el manuscrito, el escultor había pedido bruscamente la ayuda de los conocimientos arqueológicos de su huésped para identificar los jeroglíficos. El joven hablaba de un modo pomposo y descuidado que impedía simpatizar con él. Mi tío le respondió con sequedad, pues la evidente edad de la tableta excluía toda posible relación con las ciencias arqueológicas. La réplica del joven Wilcox, que impresionó bastante a mi tío como para que la reprodujera palabra por palabra, tuvo ese énfasis poético que caracterizaba sin duda su conversación habitual.
-Es nueva, es cierto -le dijo-, pues la hice anoche mientras soñaba con extrañas ciudades; y los sueños son más viejos que la cavilosa Tiro, la contemplativa Esfinge o Babilonia, guarnecida de jardines.
Y comenzó a narrar una historia desordenada que, de pronto, despertó en mi tío un recuerdo. El anciano se mostró febrilmente interesado. La noche anterior había habido un leve temblor de tierra -el más violento de los que habían sacudido Nueva Inglaterra en esos últimos años- que había afectado terriblemente la imaginación de Wilcox. Ya en cama, y por primera vez en su vida, había visto en sueños unas ciudades ciclópeas de enormes bloques de piedra y gigantescos y siniestros monolitos de un horror latente, que exudaban un limo verdoso. Muros y pilares estaban cubiertos de jeroglíficos, y de las profundidades de la tierra, de algún punto indeterminado, venía una voz que no era una voz, sino más bien una sensación confusa que sólo la fantasía podía traducir en esta unión de letras casi imposibles: Cthulhu fhtagn.
Esta mezcla de letras fue la llave del recuerdo que excitó y perturbó al profesor Angell. Interrogó al escultor con minuciosidad científica, y estudió con intensidad casi frenética el bajorrelieve que el joven había estado esculpiendo en sueños, vestido sólo con su ropa de dormir, y temblando de frío. Mi tío culpó a su avanzada edad, dijo Wilcox más tarde, el no reconocer con rapidez los jeroglíficos y el dibujo. Muchas de sus preguntas le parecieron un poco fuera de lugar a su visitante, especialmente aquellas que trataban de relacionar a este último con sociedades y cultos extraños; y Wilcox no pudo entender por qué mi tío le prometió repetidamente guardar silencio si admitía ser miembro de una de las tan innumerables sectas paganas o místicas. Cuando el profesor quedó al fin convencido de que Wilcox ignoraba de verdad toda doctrina o cultos secretos, le suplicó que no dejara de informarle acerca de sus sueños. Este pedido dio sus frutos, pues a partir de esa primera entrevista el manuscrito menciona las visitas diarias del joven y la descripción de sorprendentes visiones nocturnas cuyo tema principal era siempre unas construcciones ciclópeas de piedra, húmedas y oscuras, y una voz o inteligencia subterránea que gritaba una y otra vez, en enigmáticos y sensibles impactos, algo indescriptible. Los dos sonidos que se repetían con más frecuencia eran los representados por las palabras Cthulhu y R'lyeh.
El 23 de marzo, continuaba el manuscrito, Wilcox faltó a la cita. Una investigación realizada en el hotel reveló que había sido atacado por una fiebre de origen desconocido y que lo habían llevado a la casa de sus padres, en la Calle Waterman. Se había puesto a gritar en medio de la noche, despertando a varios artistas que vivían en el mismo hotel, y desde entonces había pasado alternativamente de la inconsciencia al delirio. Mi tío telefoneó en seguida a la familia, y desde ese momento siguió de cerca el caso, yendo a menudo a la oficina del doctor Tobey, en Thayer Street, médico de cabecera del joven. La mente febril de Wilcox alimentaba, aparentemente, extrañas imágenes; el doctor se estremeció al recordarlas. No sólo incluían una repetición de los sueños anteriores, sino también una criatura gigantesca "de varios kilómetros de altura" que caminaba o se movía pesadamente. Wilcox nunca lo describía en todos sus detalles, pero las pocas e incoherentes palabras que recordaba el doctor Tobey convencieron al profesor de que aquél era el monstruo que el joven había intentado representar. Cuando Wilcox se refería a su obra, añadió el doctor, caía en seguida, invariablemente, en una especie de letargo. Cosa rara, su temperatura no estaba nunca por encima de lo normal; sin embargo, su estado se parecía más al de una fiebre violenta que al de un desorden del cerebro.
El 2 de abril a las tres de la tarde, la enfermedad cesó de pronto. Wilcox se sentó en la cama, asombrado de encontrarse en la casa de sus padres, e ignorando totalmente lo que había ocurrido en sus sueños o en la realidad desde el 22 de marzo. Como el médico declarara que estaba curado, a los tres días volvió a su hotel. Pero ya no le fue de ninguna utilidad al profesor Angell. Junto con su enfermedad se habían desvanecido todos aquellos sueños, y luego de oír durante una semana los relatos inútiles e irrelevantes de unas muy comunes visiones, mi tío dejó de anotar los pensamientos nocturnos del artista.
Aquí terminaba la primera parte del manuscrito, pero las abundantes notas invitaban de veras a la reflexión. Sólo el escepticismo inveterado que informaba entonces mi filosofía puede explicar mi persistente desconfianza. Las notas describían lo que habían soñado diversas personas en el mismo período en que el joven Wilcox había tenido sus extrañas revelaciones. Mi tío, parecía, había organizado rápidamente una vasta encuesta entre casi todos aquellos a quienes podía interrogar sin parecer impertinente, pidiendo que le contaran sus sueños y le comunicaran las fechas de todas sus visiones notables. Las reacciones habían sido variadas; pero el profesor recibió más respuestas que las que hubiese obtenido cualquier otro hombre sin la ayuda de un secretario. Aunque no conservó la correspondencia original, las notas formaban un completo y muy significativo resumen. La aristocracia y los hombres de negocios -la tradicional "sal de la tierra" de Nueva Inglaterra- dieron un resultado casi completamente negativo, aunque hubo algunos pocos casos de informes de impresiones nocturnas, siempre entre el 13 de marzo y el 2 de abril, período de delirio de joven escultor. Los hombres de ciencia no fueron tampoco muy afectados, aunque por lo menos cuatro vagas descripciones sugerían la visión fugaz de extraños paisajes, y uno de ellos hablaba del temor a algo anormal.
Las respuestas más pertinentes procedían de artistas y poetas, que si hubieran podido comparar sus notas hubieran sido presas del pánico. Ante la falta de las cartas originales, llegué a sospechar que el compilador había estado haciendo preguntas insidiosas o había deformado el texto de la correspondencia para corroborar lo que había resuelto ver. Por eso persistí en la creencia de que Wilcox, conociendo de algún modo los viejos documentos reunidos por mi tío, había estado engañándolo. Estas respuestas de los artistas narraban una perturbadora historia. Entre el 28 de febrero y 2 de abril gran parte de ellos había tenido sueños muy curiosos, alcanzando su máxima intensidad en el tiempo del delirio del escultor. Una cuarta parte hablaba de escenas y sonidos semejantes a los descritos por Wilcox y algunos confesaban su terror ante una criatura gigantesca y sin nombre. Un caso, que las notas describían con énfasis, era particularmente triste. El sujeto, un arquitecto muy conocido, algo inclinado al ocultismo y la teosofía, se volvió completamente loco la noche que llevaron al joven Wilcox a la casa de sus padres, y murió meses después gritando que lo salvaran de algún escapado habitante del infierno. Si mi tío hubiese conservado los nombres de estos casos, en vez de reducirlos a números, yo hubiera podido hacer alguna investigación personal. Pero, como estaban las cosas, sólo pude encontrar a unos pocos. Todos, sin embargo, confirmaron las notas. Me pregunté a menudo si aquellos a quienes había interrogado el profesor Angell se habían sentido tan intrigados como este grupo. Nunca les di explicaciones, y es mejor así.
Los recortes de prensa, como ya he dicho, trataban de casos de pánico, manía y excentricidad, siempre en el mismo período. El profesor Angell debió de haber empleado una agenda de recortes, pues el número de estos extractos era prodigioso, y además procedían de todos los rincones del mundo. Uno describía un suicidio nocturno en Londres: un hombre había saltado por una ventana luego de lanzar un grito horrible. En una confusa carta al editor de un periódico sudamericano un fanático anunciaba, apoyándose en sus visiones, un futuro siniestro. Un despacho de California relataba que una colonia teosófica había comenzado a usar vestiduras blancas ante la proximidad de un "glorioso acontecimiento", que no llegaba nunca, mientras las noticias de la India se referían cautelosamente a una seria agitación de los nativos, producida a fines de marzo. Las orgías vudúes se habían multiplicado en Haití, y en África se había hablado de unos cantos misteriosos. Los oficiales norteamericanos radicados en Filipinas habían tenido ciertas dificultades con algunas tribus, y en la noche de 22 de marzo los policías de Nueva York habían sido molestados por levantinos histéricos. Confusos rumores recorrieron también el oeste de Irlanda, y un pintor llamado Ardois-Bonnot exhibió en 1926, en el salón de primavera de París, un blasfemo Paisaje de Sueño. En los asilos de alienados los desórdenes fueron tan numerosos que sólo un milagro logró impedir que el cuerpo médico advirtiera curiosas semejanzas y sacara apresuradas conclusiones. Una rara colección de recortes, de veras; apenas concibo hoy el crudo racionalismo con que los hice a un lado. Pero quedé convencido de que el joven Wilcox había tenido noticias de unos sucesos anteriores mencionados por el profesor.


2. El informe del inspector Legrasse


Los sucesos anteriores por los que mi tío diera tanta importancia al sueño del escultor y al bajorrelieve eran el tema de la segunda mitad del largo manuscrito. Ya una vez, parecía, el profesor Angell había visto los odiosos contornos del monstruo anónimo, había meditado sobre los desconocidos jeroglíficos, y había oído las sílabas que sólo la palabra Cthulhu podía traducir... Todo esto en circunstancias tan sobrecogedoras que no es raro que persiguiese al joven Wilcox con preguntas y ruegos. Esta experiencia anterior había ocurrido diecisiete años antes, en 1908, mientras la Sociedad Norteamericana de Arqueología celebraba su consejo anual, en Saint-Louis. El profesor Angell, por su autoridad y sus méritos, había desempeñado un papel importante en todas las deliberaciones, y a él se acercaron varios profanos que aprovechaban la oportunidad de la convocatoria para hacer preguntas y plantear problemas.
El jefe de ese grupo no tardó en convertirse en centro de atracción de todo el congreso. Era un hombre de aspecto muy común, mediana edad, y que había hecho el viaje de Nueva Orleáns a Saint-Louis en busca de cierta información que no había podido obtener en su distrito. Se llamaba John Raymond Legrasse y era inspector de policía. Traía consigo el objeto de su viaje: una estatuita de piedra, repugnante y grotesca, muy antigua aparentemente, cuyo origen no había logrado determinar.
No debe creerse que el inspector Legrasse se interesara por la arqueología. Todo lo contrario; su deseo de instruirse tenía como único origen razones puramente profesionales. La estatuita, ídolo, fetiche o lo que fuese, había sido capturada meses antes en los pantanos boscosos del sur de Nueva Orleáns, en el curso de una expedición contra una presunta ceremonia vudú. Tan singulares y odiosos eran los ritos, que la policía comprendió que se hallaba ante un culto totalmente ignorado, e infinitamente más diabólico que los del vudú. Los confusos e increíbles relatos arrancados por la fuerza a los prisioneros nada informaron sobre su posible origen. De ahí el deseo de la policía de consultar a alguna autoridad para identificar así el horrible símbolo, y seguir las huellas del culto hasta sus fuentes.
El inspector Legrasse no había esperado que su pedido convocara una impresión semejante. La aparición de la curiosa estatuita bastó para excitar a los hombres de ciencia, y pronto todos rodearon al inspector para contemplar de cerca la diminuta figura cuya rareza y aspecto de genuina y abismal antigüedad abrían perspectivas tan misteriosas y arcaicas. Nadie reconoció la escuela escultórica de la que había nacido la estatua, y sin embargo centenares y hasta miles de años parecían haberse posado en la oscura y verdosa superficie de aquella piedra desconocida.
La figura, que los miembros del congreso pasaron de mano en mano para estudiarla con más minuciosidad, medía de unos veinte a veinticinco centímetros de altura y estaba finamente labrada. Representaba un monstruo de contornos vagamente antropoides, pero con una cabeza de pulpo cuyo rostro era una masa de tentáculos, un cuerpo escamoso que sugería cierta elasticidad, cuatro extremidades dotadas de garras enormes, y un par de alas largas y estrechas en la espalda. Esta criatura, que exhalaba una malignidad antinatural, parecía ser de una pesada corpulencia, y estaba sentada en un pedestal o bloque rectangular, cubierto de indescriptibles caracteres. Las puntas de las alas rozaban el borde posterior del bloque, el asiento ocupaba el centro, mientras que las garras largas y curvas de las plegadas extremidades asían el borde anterior y descendían hasta un cuarto de la altura del pedestal. La cabeza de cefalópodo se inclinaba hacia el dorso de las garras enormes que apretaban las elevadas rodillas. El conjunto daba una impresión de vida anormal, más sutilmente terrorífico a causa de la imposibilidad de establecer su origen. Su vasta, pavorosa e incalculable edad era innegable; sin embargo, nada permitía relacionarlo con algún tipo de arte de los comienzos de la civilización.
El material de la estatua encerraba otro misterio. No había nada parecido, en la geología o la mineralogía, a aquella pieza jabonosa, verdinegra, de estrías doradas o iridiscentes. Los caracteres de la base eran igualmente desconcertantes, y ninguno de los miembros del congreso, a pesar de que representaban a la mitad de las autoridades mundiales en esta esfera, pudo descubrir el más remoto parentesco lingüístico. Tanto la figura como el material pertenecían a algo increíblemente lejano, totalmente distinto de la humanidad que conocemos: algo sugería, de un modo terrible, antiguos y profanos ciclos en los que nuestro mundo y nuestras concepciones no habían participado.
Y, sin embargo, mientras los miembros del congreso sacudían la cabeza y se confesaban incapaces de resolver el misterio, uno de ellos creyó descubrir algo raramente familiar en la efigie y los jeroglíficos, y al fin, no sin reticencia, confesó lo que sabía. Este hombre era el hoy desaparecido William Channing Webb, profesor de antropología en la Universidad de Princeton y explorador de bastante renombre.
Cuarenta y ocho años antes el profesor Webb había recorrido Groenlandia e Islandia en busca de ciertas inscripciones rúnicas que hasta ese entonces no había podido descubrir. En la costa occidental de Groenlandia se había encontrado con una tribu degenerada de esquimales, cuya religión, un culto demoníaco curioso, lo había impresionado sobremanera por su faz deliberadamente sanguinaria y repulsiva. Era aquella una fe que los otros esquimales ignoraban casi del todo, y a la que se referían estremeciéndose. Databa, decían, de épocas muy antiguas, anteriores al nacimiento del mundo. Junto a ritos anónimos y sacrificios humanos había invocaciones de origen tradicional dirigidas a un demonio supremo o tornasuk. El profesor Webb había oído esa invocación en boca de un viejo angekok, o brujo sacerdote, y la había transcrito fonéticamente, hasta donde era posible, en caracteres romanos. Pero lo que ahora parecía importante era el fetiche adorado en ese culto, y alrededor del cual bailaban los esquimales cuando la aurora boreal brillaba muy por encima de los acantilados de hielo. Era, declaró el profesor, un tosco bajorrelieve de piedra con una figura horrible y algunos caracteres misteriosos. Creía recordar que se parecía, por lo menos en todos los rasgos esenciales, a la criatura bestial que ahora estaban examinando.
Este relato, recibido con asombro y sorpresa por los miembros del congreso, pareció excitar al inspector Legrasse, que abrumó al profesor a preguntas. Habiendo copiado una invocación recitada por uno de los oficiantes del pantano, rogó al profesor Webb que tratase de recordar las sílabas recogidas en Groenlandia. Siguió una comparación exhaustiva de todos los detalles y un instante de sombrío silencio cuando el profesor y el detective convinieron en la virtual identidad de las frases. He aquí, en sustancia (la división de las palabras fue establecida de acuerdo con las pausas tradicionales observadas por los oficiantes), lo que el brujo esquimal y los sacerdotes de Luisiana habían cantado a sus ídolos:
Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.
Legrasse había tenido más suerte que el profesor Webb, pues varios prisioneros le habían revelado el sentido de esas palabras. Era algo así:
En su casa de R'lyeh el fallecido Cthulhu espera soñando.
Y entonces, respondiendo a un ruego general, el inspector relató minuciosamente su experiencia con los fieles del pantano; veo ahora que mi tío dio gran importancia a esa historia. Tenía cierto parecido con las ensoñaciones más extravagantes de los teósofos y los creadores de mitos, y revelaba una asombrosa imaginación de carácter cósmico que nadie hubiese esperado entre parias y vagabundos.
El 1° de noviembre de 1907 la policía de Nueva Orleáns había recibido un alarmado mensaje de la región pantanosa del Sur. Los colonos, gente primitiva, pero de buen natural, descendientes en su mayor parte de Laffite, eran presas del pánico a causa de algo desconocido que había invadido la región durante la noche. Se trataba en apariencia de un culto vudú, pero de una especie más terrible que todo lo que ellos conocían. Desde que el malévolo tamtam había comenzado a sonar incesantemente en aquellos bosques oscuros donde nadie osaba aventurarse, habían desaparecido varias mujeres y niños. Se habían oído gritos irracionales, chillidos desgarradores y cantos lúgubres, y unas llamas diabólicas habían bailado en la espesura. Los vecinos, añadía el aterrorizado mensajero, no podían soportarlo.
En las primeras horas de la tarde veinte policías partieron en dos carricoches y un automóvil, guiados por el tembloroso colono. Cuando el camino se hizo intransitable abandonaron los vehículos y durante varios kilómetros chapotearon en silencio a través de los espesos bosques de cipreses donde nunca penetraba la luz del día. Raíces tortuosas y nudos malignos de musgo español retardaban la marcha, y de vez en cuando una pila de piedras húmedas o los fragmentos de una pared en ruinas hacían más depresiva aquella atmósfera que los árboles deformados y las colonias de hongos contribuían a crear. Al fin apareció un miserable conjunto de chozas, y los histéricos colonos corrieron a agruparse alrededor de las vacilantes linternas. El apagado golpear de los tamtams se oía débilmente a lo lejos, la brisa traía muy de cuando en cuando un chillido que helaba la sangre. Un resplandor rojizo parecía filtrarse por entre el follaje pálido, más allá de las interminables avenidas de la noche selvática. A pesar de su repugnancia a quedarse nuevamente solos, todos los habitantes del lugar se negaron a avanzar un solo paso hacia la escena del culto maldito, de modo que el inspector Legrasse y sus diecinueve colegas tuvieron que aventurarse sin guías por aquellas negras arcadas de horror donde ninguno de ellos había puesto el pie.
La región en que ahora entraba la policía tenía tradicionalmente muy mala fama, y en su mayor parte no había sido explorada por hombres blancos. Algunas leyendas se referían a un lago secreto en que vivía una colosal e informe criatura, algo parecida a un pólipo y de ojos fosforescentes, y, según los colonos, unos demonios de alas de murciélago salían a medianoche de sus cavernas para adorar al monstruo. Afirmaban que éste estaba allí desde antes que La Salle, de los indios, y aun de las bestias y pájaros del bosque. Era una verdadera pesadilla, y verlo significaba la muerte. Pero se aparecía en sueños a los hombres, y eso bastaba para que éstos se mantuviesen alejados. La orgía vudú se desarrollaba en los límites extremos del área aborrecida, pero aun así el emplazamiento era bastante malo, y eso quizá había aterrorizado a los colonos más que los chillidos o incidentes.
Sólo la poesía o la locura podían haber reproducido los ruidos que oyeron los hombres de Legrasse mientras atravesaban lentamente el sombrío pantano, acercándose a la luz rojiza y a los apagados tamtams. Hay una cualidad vocal propia de las bestias; y nada más terrible que oír una de ellas cuando el órgano de donde proviene debería emitir otra. Una furia animal y una licencia orgiástica se exacerbaban allí hasta alcanzar alturas demoníacas con gritos y aullidos extáticos que reverberaban en los bosques tenebrosos como ráfagas pestilentes surgidas de los abismos del infierno. De vez en cuando cesaban los gritos y lo que parecía un coro de voces roncas entonaba la odiosa melopea1:
Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.
Por fin los hombres llegaron a un sitio donde el bosque era menos denso, y se encontraron de pronto en el lugar mismo de la escena. Cuatro trastabillaron, un quinto perdió el conocimiento, y otros dos lanzaron un grito de horror que, por suerte, fue apagado por el tumulto salvaje de la orgía. Legrasse roció con agua pantanosa el rostro del hombre desvanecido, y luego todos contemplaron el espectáculo fascinados por el horror.
En un claro natural del pantano se alzaba una isla verde de tal vez un acre de extensión, desprovista de árboles y bastante seca. Allí saltaba y se retorcía una horda de anormalidades humanas más indescriptibles que cualquiera de las que hubiese podido pintar un Sime o un Angarola. Sin ropas, esta híbrida muchedumbre bramaba, rugía y se contorsionaba alrededor de una hoguera circular. De vez en cuando se abrían las cortinas de fuego y se podía distinguir en el centro un bloque de granito de unos dos metros y medio de alto, en cuya cima, incongruente por su pequeñez, se alzaba la funesta estatuita. En diez cadalsos instalados a intervalos regulares en un ancho círculo que rodeaba la hoguera, con el monolito como centro, colgaban con la cabeza hacia abajo los cuerpos extrañamente mutilados de los desaparecidos colonos. Dentro de este círculo saltaba y rugía el anillo de fieles, moviéndose de izquierda a derecha en una bacanal interminable entre el círculo de cadáveres y el círculo de fuego.
Pudo haber sido sólo la imaginación o pudo haber sido un simple eco, pero uno de los hombres, un impresionable español, creyó oír que las invocaciones eran seguidas por unas respuestas antifonales que procedían de un lejano y sombrío lugar, situado en lo más profundo de aquel bosque de leyenda. Este hombre, Joseph D. Gálvez, a quien más tarde encontré e interrogué, era desbordantemente imaginativo. Llegó a decir que había oído el débil golpear de unas grandes alas y que había vislumbrado unos ojos luminosos y una enorme masa blanca detrás de los árboles más lejanos. Pero creo que estaba demasiado influido por las supersticiones locales.
La inactividad de los hombres paralizados fue comparativamente de poca duración. El deber venció pronto todas las dudas, y aunque los celebrantes debían de llegar al centenar, la policía, confiada en sus armas de fuego, irrumpió en medio de la horda. Durante cinco minutos el caos y el tumulto fueron indescriptibles. Hubo furiosos golpes, disparos y huidas. Pero finalmente Legrasse pudo contar cuarenta y siete prisioneros, a los que obligó a vestirse rápidamente, y que rodeó de policías. Cinco de los celebrantes habían muerto, y otros dos, muy malheridos, fueron transportados por sus cómplices en improvisadas parihuelas. La imagen del monolito fue sacada con todo cuidado y llevada por Legrasse.
Examinados en el cuartel de la policía, luego de un viaje agotador, los prisioneros resultaron ser mestizos de muy baja ralea, y mentalmente débiles. Eran en su mayor parte marineros, y había algunos negros y mulatos, procedentes casi todos de las islas de Cabo Verde, que daban un cierto matiz vudú a aquel culto heterogéneo. Pero no se necesitaron muchas preguntas para comprobar que se trataba de algo más antiguo y profundo que un fetichismo africano. Aunque degradados e ignorantes, los prisioneros se mantuvieron fieles, con sorprendente consistencia, a la idea central de su aborrecible culto.
Adoraban, dijeron, a los Grandes Antiguos que eran muy anteriores al hombre y que habían llegado al joven mundo desde el cielo. Esos Antiguos se habían retirado ahora al interior de la tierra y al fondo del mar, pero sus cadáveres se habían comunicado en sueños con el primer hombre, quien inventó un culto que nunca había muerto. Este era ese culto, y los prisioneros dijeron que había existido siempre y que siempre existiría, ocultándose en lejanías desiertas y lugares retirados hasta que el gran sacerdote Cthulhu saliese de su sombría morada en la ciudad submarina de R'lyeh para reinar otra vez sobre la Tierra. Algún día vendría, cuando los astros ocuparan una determinada posición; y el culto secreto estaría allí, esperándolo.
Mientras tanto no podían decir nada más. Se trataba de un secreto que ni la tortura podría arrancarles. La humanidad no era lo único consciente en la Tierra, pues había unas formas que emergían de la sombra para visitar a sus escasos fieles. Pero éstas no eran los Grandes Antiguos. Ningún ser humano había visto a los Antiguos. El ídolo de piedra representaba al gran Cthulhu, pero nadie podía decir si los otros eran o no como él. Nadie era capaz de descifrar ahora la antigua escritura; muchas cosas se transmitían oralmente. La invocación ritual no era el secreto. Éste no se comunicaba nunca en voz alta. El canto significaba: "En su casa de R'lyeh el fallecido Cthulhu espera soñando".
Sólo dos de los prisioneros fueron juzgados bastante cuerdos y se les ahorcó; el resto fue enviado a diversas instituciones. Todos negaron haber participado en los crímenes rituales, y afirmaron que los culpables de aquellas muertes eran los Alas-Negras que habían venido hasta ellos desde su refugio inmemorial en el bosque encantado. Pero nada coherente se pudo saber de aquellos aliados misteriosos. Lo que la policía logró obtener salió en su mayor parte de un viejísimo mestizo llamado Castro, quien pretendía haber tocado puertos distantes y hablado con los jefes inmortales del culto en las montañas de China.
El viejo Castro recordaba fragmentos de odiosas leyendas que empequeñecían las especulaciones de los teósofos y hacían de nuestro mundo algo reciente y fugaz. En ciclos muy lejanos otros seres habían gobernado la Tierra. Habían vivido en grandes ciudades, y sus vestigios podían encontrarse aún -le habían dicho a Castro los inmortales de China- en unas piedras ciclópeas de algunas islas del Pacífico. Habían muerto muchísimo antes de la aparición del hombre, pero había artes que podrían revivirlos cuando los astros volvieran a ocupar su justa posición en los cielos de la eternidad. Estos seres, indudablemente, procedían de las estrellas y habían traído sus imágenes con ellos.
Estos Grandes Antiguos, continuó Castro, no eran de carne y hueso. Tenían forma -¿no lo probaba acaso esta imagen estelar?-, pero esa forma no era material. Cuando las estrellas eran propicias iban de mundo en mundo a través del cielo; pero cuando eran desfavorables, no podían vivir. Pero aunque ya no viviesen, no habían muerto en realidad. Yacían todos en casas de piedra en la gran ciudad de R'lyeh, preservada por los sortilegios del gran Cthulhu para el día que las estrellas y la Tierra pudiesen recibir su gloriosa resurrección. Pero en esa época alguna fuerza exterior debía ayudar a la liberación de sus cuerpos. Los conjuros que impedían que se descompusieran impedían también que se moviesen, y los Antiguos tenían que contentarse con yacer y pensar en la oscuridad mientras transcurrían millones de años. Conocían todo lo que ocurría en el mundo, pues su lenguaje consistía en la transmisión del pensamiento. En ese mismo instante hablaban en sus tumbas. Cuando, luego de un caos infinito, aparecieron los primeros hombres, los Grandes Antiguos hablaron a los más sensibles moldeándoles los sueños.
Aquellos primeros hombres, murmuró Castro, establecieron el culto con que se adoraba a los ídolos de los Grandes Antiguos; ídolos traídos de estrellas oscuras en una época infinitamente lejana. Ese culto no moriría hasta que las estrellas volvieran a ser favorables. Los sacerdotes sacarían entonces al gran Cthulhu de su tumba para que reviviese a sus vasallos y volviera a asumir su reinado en la Tierra. Ese tiempo sería fácil de conocer, pues entonces la humanidad se parecería a los Grandes Antiguos: salvaje y libre, más allá del bien y del mal, sin moral y sin ley. Y todos los hombres gritarían y matarían, y gozarían alegremente. Los Antiguos, liberados, enseñarían nuevos modos de gritar y matar y gozar, y el mundo entero ardería en un holocausto de libertad y éxtasis. Mientras tanto, el culto, con apropiados ritos, debía conservar el recuerdo de aquellos días antiguos y presagiar su retorno.
En los primeros tiempos algunos hombres escogidos habían hablado en sueños con aquellos seres, pero luego algo había pasado. La gran ciudad de piedra de R'lyeh, con sus monolitos y sepulcros, se había hundido bajo las olas, y las aguas de los abismos, con ese misterio primigenio en que nadie había pensado ni siquiera en penetrar, habían interrumpido esas citas espectrales. Pero los recuerdos no morían, y los altos sacerdotes afirmaban que cuando los astros fuesen favorables la ciudad volvería a la superficie. Entonces los viejos espíritus de la Tierra, mohosos y sombríos, saldrían de sus subterráneos y propagarían los rumores recogidos allá, en olvidados fondos del océano. Pero de ellos el viejo Castro no se atrevía a hablar. Se interrumpió de pronto y ni la persuasión ni las sutilezas pudieron arrancarle otras informaciones. Tampoco quiso mencionar, curiosamente, el tamaño de los Antiguos. En cuanto al culto, afirmó que su centro debía encontrarse en los desiertos intransitados de Arabia, donde Irem, la ciudad de los Pilares, sueña aún intacta y secreta. No tenía relación alguna con la brujería europea y sólo era conocido por sus miembros. Ningún libro aludía a él, aunque los chinos inmortales decían que en el Necronomicón del árabe loco Abdul Alhazred había un sentido oculto que el iniciado podía interpretar de muy diversas maneras, especialmente en el tan discutido dístico:
No está muerto quien puede yacer eternamente,y en épocas extrañas hasta la muerte puede morir.
Legrasse, profundamente impresionado, y no poco intrigado, había buscado sin éxito las filiaciones históricas del culto. Castro, aparentemente, había dicho la verdad al afirmar que era un secreto. Las autoridades de la Universidad de Tulane no pudieron arrojar luz alguna sobre el culto o la imagen, y ahora recurría a las mayores autoridades y se encontraba nada menos que con el episodio de Groenlandia del profesor Webb.
El ferviente interés que despertó el relato de Legrasse, corroborado por la presencia de la estatuita, tuvo algún eco en las cartas que intercambiaron luego los miembros del congreso; pero apenas hay alguna mención en el informe oficial. La prudencia es preocupación primordial de aquellos que se enfrentan a menudo a la charlatanería y la impostura. Legrasse prestó durante un tiempo la estatua al profesor Webb, pero a la muerte de este último le fue devuelta, y está desde entonces en su casa. Allí la he visto no hace mucho tiempo. Es de veras algo estremecedor, e indiscutiblemente parecida a la escultura labrada en sueños por el joven Wilcox.
No me asombró que mi tío se hubiese excitado con el relato del joven. ¿Qué pudo pensar al saber, ya enterado de la información recogía por Legrasse, que un joven sensible no sólo había soñado la figura y los jeroglíficos de las imágenes del pantano y de Groenlandia, sino que también había oído en sueños tres de las palabras de la fórmula repetida por los maestros de Luisiana y los diabólicos esquimales? Era natural que el profesor Angell hubiese iniciado instantáneamente una minuciosa investigación, aunque yo en mi fuero interno sospechaba que el joven Wilcox había oído hablar del culto, y había inventado una serie de sueños para acrecentar el misterio ante los ojos de mi tío. El relato de los otros sueños y los recortes coleccionados por el profesor parecían corroborar la historia del joven; pero mi bien fundado racionalismo y la total extravagancia del asunto me llevaron a adoptar las conclusiones que estimé más razonables. De modo que luego de estudiar otra vez el manuscrito y comparar las notas teosóficas y antropológicas con la descripción del culto que había hecho Legrasse, viajé a Providence para ver al escultor e increparle el haberse burlado de tal modo de un sabio anciano.
Wilcox vivía aún, solo, en el Fleur de Lys de la Calle Thomas, desagradable imitación victoriana de la arquitectura bretona del siglo XVII. La fachada de estuco del hotel lucía ostentosamente entre las encantadoras casas coloniales y a la sombra del más hermoso campanario georgiano que pudiera verse en Norteamérica. Encontré a Wilcox en sus habitaciones, sumido en su labor, y comprendí en seguida, por las piezas que lo rodeaban, que su genio era profundo y auténtico.
Creo que durante un tiempo Wilcox figurará entre los grandes decadentes; pues ha cristalizado en arcilla, y reflejará un día en el mármol, esas pesadillas y fantasías evocadas en prosa por Arthur Machen y que Clark Ashton Smith ha hecho visibles en versos y pinturas.
Moreno, frágil y de aspecto un poco descuidado, Wilcox se volvió lánguidamente y sin dejar su silla me preguntó qué deseaba. Cuando le dije quién era, manifestó cierto interés, pues mi tío había excitado su curiosidad al examinar sus raros sueños, aunque sin expresar las razones de ese examen. Sin sacarlo de su ignorancia, traté prudentemente de hacerlo hablar.
Poco tiempo me bastó para convencerme de que era absolutamente sincero; hablaba de sus sueños de un modo inequívoco. Esos sueños, y su residuo subconsciente, habían influido profundamente en su arte, y me mostró una estatua mórbida cuyo modelado me estremeció, casi, por la fuerza de su oscura sugestión. No recordaba haber visto el original excepto en el bajorrelieve creado durante un sueño, pero los contornos se habían formado insensiblemente bajo sus manos. Era, sin duda, la forma gigantesca de la que había hablado en su delirio. Comprobé muy pronto que no sabía nada del culto, salvo lo que el constante interrogatorio de mi tío había dejado escapar, y traté otra vez de concebir de qué modo podía haber recibido esas impresiones sobrenaturales.
Hablaba de sus sueños de un modo extrañamente poético, haciéndome ver con terrible claridad la ciudad ciclópea de piedra verde y musgosa -cuya geometría, añadió curiosamente, era totalmente errónea-, y oí otra vez con un temor expectante el subterráneo llamado mental: Cthulhu fhtagn, Cthulhu fhtagn.
Esas palabras figuraban en la temible invocación que evocaba el sueño-vigilia de Cthulhu en su bóveda de piedra de R'lyeh, y a pesar de mis racionales ideas me sentí profundamente perturbado. Wilcox, era indudable, había oído hablar casualmente del culto, y lo había olvidado en seguida en la masa de las lecturas y concepciones igualmente fantásticas. Más tarde, en virtud de su impresionable carácter, el culto había encontrado un modo de expresión subconsciente en los sueños, el bajorrelieve de arcilla y la estatua que yo estaba ahora contemplando. De modo que la superchería había sido involuntaria. El joven tenía unos modales un poco afectados, y un poco vulgares, que me desagradaban de veras; pero yo ya estaba dispuesto a admitir tanto su genio como su honestidad. Me despedí amablemente, y le deseé todo el éxito que su talento prometía.
El asunto del culto continuó fascinándome y a veces imaginaba poder adquirir un gran renombre investigando su origen y relaciones. Visité Nueva Orleáns, hablé con Legrasse y otros de los que habían participado en aquella vieja expedición, examiné la estatuita y hasta interrogué a los prisioneros que todavía vivían. El viejo Castro, por desgracia, había muerto hacía varios años. Lo que escuché entonces de viva voz, aunque no fue más que una confirmación detallada de los escritos de mi tío, acrecentó mi interés, y tuve la seguridad de estar sobre la pista de una religión muy antigua y secreta cuyo descubrimiento me convertiría en un antropólogo famoso. Mi actitud era aún entonces absolutamente materialista, como aún quisiera que lo fuese, y por una inexplicable perversidad mental rechacé la coincidencia de los sueños y los recortes coleccionados por el profesor Angell.
Hubo algo, sin embargo, que comencé a sospechar y que ahora creo saber: la muerte de mi tío no fue nada natural. Cayó al suelo en la colina, en una de las estrechas callejuelas que partían de unos muelles donde abundaban los mestizos extranjeros, luego del descuidado empujón de un marinero de tez oscura. Yo no había olvidado que los oficiales de Luisiana se distinguían por la mezcla de sangres y sus intereses marinos, y no me hubiera sorprendido conocer la existencia de agujas venenosas y métodos criminales secretos tan faltos de piedad como aquellas creencias y ritos misteriosos. Legrasse y sus hombres, es cierto, no habían sido molestados; pero en Noruega acaba de morir un marino que veía cosas. ¿No pudieron haber llegado a oídos siniestros las investigaciones realizadas por mi tío luego de encontrarse con el escultor? Creo hoy que el profesor Angell murió porque sabía o quería saber demasiado. Es posible que me espere un fin semejante, pues yo también he aprendido mucho.


3. La locura del mar


Si el cielo decidiese algún día acordarme un insigne favor, borraría totalmente de mi memoria el descubrimiento que hice, por simple casualidad, al echar una ojeada a una hoja de periódico que recubría un estante. Era un viejo número del Boletín de Sidney del 18 de abril de 1925, con el cual no hubiese podido dar en mi vida cotidiana. Había pasado inadvertido hasta para la agencia de recortes que había estado coleccionando ávidamente durante esa época materiales para mi tío. Había yo casi abandonado mis investigaciones cerca de lo que el profesor llamaba el "culto de Cthulhu" y me encontraba de visita en casa de un docto amigo de Patterson, Nueva Jersey, conservador del museo local y mineralogista de renombre. Examinando un día los ejemplares de reserva, amontonados en desorden en los estantes de una de las salas del fondo del museo, mi mirada se detuvo en la rara ilustración de uno de los periódicos extendido bajo las piedras. Era el Boletín de Sidney que he mencionado. Mi amigo tenía corresponsales en todos los países extranjeros imaginables. La imagen era una fotografía en sepia de una odiosa estatuita de piedra casi igual a la que Legrasse había encontrado en el pantano.
Despojé vivamente a la hoja de su precioso contenido, leí el artículo con cuidado y lamenté su brevedad. Lo que sugería, sin embargo, era de suma importancia para mi ya vacilante búsqueda. Arranqué cuidadosamente la noticia con el propósito de ponerme en seguida en acción. He aquí el contenido:
Misterioso barco a la deriva rescatado en alta mar
El Vigilant arribó remolcando a un yate neozelandés armado. Un muerto y un sobreviviente a bordo. Relatan combates furiosos y muertes en alta mar. Marinero rescatado se niega a dar detalles de la misteriosa experiencia. Ídolo extraño hallado en su poder. Se iniciará una investigación.
El carguero Vigilant de la compañía Morrison, procedente de Valparaíso, arribó esta mañana a su puesto de amarre en la Bahía de Darling remolcando al yate Alert de Dunedin N.2 con serias averías, pero dotado aún de un poderoso armamento. El yate fue avistado el 12 de abril a los 34°21' de latitud sur, y a los 152°17' longitud oeste, con un muerto y un sobreviviente a bordo.
El Vigilant dejó Valparaíso el 25 de marzo, y el 2 de abril fue alejado considerablemente de su curso, en dirección sur, por excepcionales tormentas y enormes olas. El 12 de abril avistó el buque a la deriva. En apariencia había sido abandonado, pero luego descubrió que llevaba un sobreviviente en estado de delirio, y un hombre muerto por lo menos desde hacía una semana.
El sobreviviente apretaba entre sus manos una piedra horrible de origen desconocido, de unos treinta centímetros de alto, cuyo origen los profesores de la Universidad de Sidney, la Sociedad Real y el museo de la Calle College no pudieron determinar, y que el hombre afirmaba haber descubierto en la cabina del yate, en un altarcito rudimentario.
Este hombre, ya recobrado, relató una historia de piratería y violencia sumamente extraña. Se trata de un noruego llamado Gustaf Johansen, de cierta cultura, segundo oficial en la goleta Emma de Auckland, que partió para el Callao el 20 de febrero, con una tripulación de 20 hombres.
El Emma, dijo, fue retrasado y alejado considerablemente de su ruta por la tormenta del 1° de marzo, y el 22 del mismo mes a los 49°51' de latitud sur y a los 128°54' de longitud este encontró al Alert conducido por una tripulación de canacos2 y mestizos de aspecto patibulario. El capitán Collins no obedeció la orden de virar, y la tripulación del yate abrió fuego sin aviso con una batería de cañones de bronce particularmente pesada.
Los marineros del Emma, dijo el sobreviviente, se resistieron con valentía, y aunque la goleta comenzó a hundirse, pues varios proyectiles habían alcanzado la línea de flotación, lograron acercarse al enemigo y lo abordaron poniéndose a luchar en cubierta. Como los tripulantes del yate combatían de un modo torpe y cruel, tuvieron que matarlos a todos.
Tres de los hombres del Emma, incluso el capitán Collins y el primer oficial Gree, murieron; y los ocho restantes, bajo el mando del segundo oficial, Johansen, se pusieron a navegar en la dirección seguida originalmente por el yate, a fin de descubrir por qué motivo se les había ordenado cambiar de rumbo.
Al día siguiente desembarcaron en una islita que no figuraba en ningún mapa. Seis de los hombres murieron allí, aunque Johansen se mostró particularmente reticente a este respecto y dijo que habían caído en una grieta entre las rocas.
Más tarde, parece, Johansen y sus compañeros volvieron al yate y trataron de hacerlo navegar, pero fueron vencidos por la tormenta del 2 de abril.
Desde ese día hasta el 12 de abril, fecha en que fue recogido por el Vigilant, Johansen no recuerda nada, ni siquiera cuándo murió su compañero William Briden. La muerte no se debió aparentemente a otra causa que a privaciones.
Cables procedentes de Dunedin informan que el Alert era muy conocido como barco de carga y tenía muy mala reputación. Pertenecía a un curioso grupo de mestizos cuyas frecuentes incursiones nocturnas a los bosques atraían no poca curiosidad. Luego de la tormenta y los temblores de tierra del 1° de marzo se había hecho apresuradamente a la vela.
Nuestro corresponsal en Auckland afirma que el Emma y sus tripulantes gozaban de una excelente reputación y que Johansen es un hombre digno de toda confianza.
El almirantazgo va a iniciar una investigación sobre este asunto, durante la cual se tratará de convencer a Johansen para que hable más libremente.
Esto era todo, además de la diabólica imagen, ¡pero qué pensamientos despertó en mi mente! Estas nuevas y preciosas noticias acerca del culto de Cthulhu probaban que éste tenía fieles seguidores tanto en el mar como en la tierra. ¿Qué motivo había impulsado a la híbrida tripulación a ordenar el regreso del Emma mientras navegaban con su ídolo? ¿Qué isla desconocida era aquella en que habían muerto seis de los tripulantes, acerca de la cual el contramaestre Johansen se mostraba tan reticente? ¿Qué resultado había tenido la investigación del almirantazgo y qué se sabía del odioso culto en Dunedin? Y lo más extraordinario, ¿qué profunda y natural relación de hechos era esta que daba una significación maligna e innegable a los sucesos tan cuidadosamente anotados por mi tío?
El 1° de marzo -el 28 de febrero de acuerdo con el huso horario internacional- se habían producido una tormenta y un terremoto. El Alert y su malencarada tripulación habían dejado rápidamente Dunedin como obedeciendo un imperioso llamado, y en el otro extremo de la Tierra poetas y artistas habían comenzado a soñar con una ciclópea ciudad submarina mientras un joven escultor modelaba, en sueños, la forma del terrible Cthulhu. El 23 de marzo la tripulación del Emma desembarcaba en una isla desconocida, perdiendo allí seis hombres; y en esa misma fecha los sueños de algunas personas alcanzaron su mayor intensidad y se oscurecieron con el terror de un monstruo maligno y gigantesco, mientras un arquitecto se volvía loco y un escultor caía presa del delirio. ¿Y qué pensar de esa tormenta del 2 de abril, fecha en que cesaron todos los sueños de la ciudad sumergida, y Wilcox salió indemne de aquella fiebre extraña? ¿Qué pensar igualmente de aquellas alusiones del viejo Castro a los Antiguos venidos de las estrellas y a su reino próximo, y a su culto, y a su gobierno de los sueños? ¿Estaba balanceándome en el borde de un abismo de horrores cósmicos, insoportables para un ser humano? En todo caso no afectaron sino a la mente, pues el 2 de abril puso término de algún modo a la monstruosa amenaza que había sitiado el alma de los hombres.
Aquella tarde, luego de haber pasado el día enviando telegramas y haciendo urgentes preparativos, me despedí de mi huésped y tomé un tren para San Francisco. En menos de un mes llegué a Dunedin, donde, sin embargo, descubrí que se sabía muy poco de los extraños miembros del culto que habían vivido en las posadas marineras. El vagabundeo en los muelles era asunto demasiado común, y no valía la pena mencionarlo; pero algo oí a propósito de una expedición terrestre realizada por estos mestizos durante la cual se escuchó el débil golpear de unos tambores y se vio un fuego rojo en las colinas lejanas.
En Auckland me enteré de que Johansen había vuelto a Sidney, donde acababa de sometérsele a un inútil interrogatorio, con el pelo totalmente cano, y que luego de vender su casita de la Calle West había regresado con su mujer a su viejo hogar, en Oslo. De su aventura no dijo a sus amigos más de lo que ya sabían los oficiales del almirantazgo, y todo lo que pudieron hacer fue darme su nueva dirección.
Volví entonces a Sidney y hablé sin éxito con gente de mar y miembros de la corte. Vi el Alert en Circular Quay, en la bahía de Sidney, pero nada me reveló su casco. La imagen en cuclillas, de cabeza de pulpo, cuerpo de dragón, alas escamosas y pedestal con jeroglíficos, se conservaba en el museo de Hyde Park. La examiné con cuidado y descubrí que estaba exquisitamente labrada, y tenía el mismo profundo misterio, terrible antigüedad y sobrenatural rareza de material que el ejemplar más pequeño de Legrasse. Para los geólogos, me dijo el conservador del museo, la estatua era un enigma monstruoso, y juraban que no había en el mundo una roca parecida. Recordé, estremeciéndome, lo que había dicho el viejo Castro a Legrasse a propósito de los primeros Grandes Antiguos: "Vinieron de las estrellas y trajeron consigo sus imágenes".
Profundamente perturbado resolví visitar al oficial Johansen en Oslo. Llegué a Londres, me reembarqué en seguida para la capital de Noruega, y un día de otoño eché pie a tierra en un limpio desembarcadero, a la sombra del Egeberg.
La casa de Johansen, descubrí, estaba situada en la Ciudad Vieja del rey Harold Haardrada, que había conservado el nombre de Oslo durante los siglos en que la ciudad principal adoptara el nombre de Cristianía. Hice el corto viaje en un taxi y golpeé con el corazón tembloroso la puerta de una casa vieja y limpia de frente enyesado. Salió a recibirme una mujer de cara triste, vestida de negro, quien me comunicó en un inglés vacilante que Gustav Johansen no era ya de este mundo.
No había sobrevivido mucho a su regreso, pues su aventura marina de 1925 le había destrozado la salud. La mujer no sabía más que el público, pero Johansen había dejado un largo manuscrito, que trataba "asuntos técnicos", escrito en inglés con la intención manifiesta de que su esposa no lo entendiese. Mientras paseaba por una callejuela, cerca del muelle de Gothenburg, un atado de viejos periódicos, salido de la ventana de un altillo, lo golpeó y lo hizo caer. Dos marineros indios lo ayudaron en seguida a levantarse, pero el hombre murió antes de que llegase la ambulancia. Los médicos, incapaces de precisar la causa del deceso, lo habían atribuido a un malestar del corazón y a un debilitamiento general.
Sentí entonces que un oscuro terror, que no me abandonaría hasta que a mí también me fuese acordado el eterno reposo, "accidentalmente" o por otro motivo, me traspasaba los huesos. Habiendo persuadido a la viuda de que mi conocimiento de esos "asuntos técnicos" me autorizaba a poseer el manuscrito, me llevé el documento y comencé a leerlo en el barco que me conducía a Londres.
Era un relato simple, desordenado; un diario de mar redactado de memoria en que se intentaba recoger día a día aquel último y terrible viaje. No lo transcribiré literalmente a causa de sus oscuridades y redundancias, pero mi resumen bastará para explicar por qué el rumor de las aguas contra los costados del buque se me hizo tan intolerable que tuve que taponarme los oídos.
Johansen, gracias a Dios, no lo sabía todo, aunque vio la ciudad y el monstruo; pero yo ya no podré dormir en paz mientras recuerde el horror que espera emboscado del otro lado de la vida, en el tiempo y el espacio, y aquellas malditas criaturas que vinieron de los astros más antiguos y que sueñan en las profundidades del mar, conocidas y favorecidas por un culto de pesadilla decidido a lanzarlas sobre nuestro planeta cada vez que algún terremoto vuelva a elevar la monstruosa ciudad de piedra al aire y la luz del sol.
El viaje de Johansen había comenzado tal como lo declarara él mismo ante el almirantazgo. El Emma había dejado Auckland en lastre el 20 de febrero, y sintió todo el impacto de esa tempestad consecutiva al terremoto que arrancó a los abismos marinos el horror que pobló los sueños de los hombres. Recobrado el gobierno, el buque navegó favorablemente hasta encontrarse con el Alert el 22 de marzo (y sentí la pena del oficial al describir el bombardeo y el hundimiento de su nave). De los mestizos del yate, Johansen hablaba con un horror realmente significativo. Había algo abominable en ellos que hacía que su destrucción pareciese casi un deber, y Johansen se sorprende ante la acusación de crueldad que contra él y sus compañeros hizo la corte. Ya en el yate capturado, Johansen y sus hombres, impulsados por la curiosidad, prosiguen viaje hasta avistar una alta columna de piedra que emerge del océano, y a los 49°9' de latitud oeste, y 126°43' de longitud sur, se encuentran ante una costa barrosa, y una albañilería ciclópea cubierta de algas que no puede ser sino la sustancia tangible del terror supremo del universo: la ciudad muerta de R'lyeh, construida hace millones de años, antes de los comienzos de nuestra historia, por las enormes y espantosas criaturas que descendieron desde unos astros desconocidos. Allí yacen el gran Cthulhu y sus compañeros, ocultos en unas bóvedas verdes y húmedas desde donde envían, luego de incalculables ciclos, pensamientos que aterrorizan a los hombres sensibles y reclaman imperiosamente a los fieles del culto que inicien el peregrinaje de la liberación y la restauración. El oficial Johansen ignoraba todo esto, ¡pero Dios sabe bien que había visto bastante!
Creo que emergió de las aguas sólo la cima de la ciudadela, coronada por un enorme monolito, donde yace el gran Cthulhu. Cuando imagino el tamaño de todo lo que puede esconder el fondo del océano, siento deseos de morir sin esperar ya más. Johansen y sus hombres se sintieron aterrados ante la majestad cósmica de esta húmeda Babilonia habitada por demonios, y debieron sospechar, instintivamente, que no pertenecía ni a éste ni a ningún otro planeta similar. En todas las líneas de la estremecida descripción de Johansen se advierte el mismo pavor; ante el tamaño indescriptible de los bloques de piedra verde, ante la altura vertiginosa del monolito labrado, ante la asombrosa identidad de esas colosales estatuas y bajorrelieves con la rara imagen encontrada en la sentina del Alert.
Sin conocer el futurismo, Johansen describe, al hablar de la ciudad, algo muy parecido a una obra futurista. En vez de referirse a una estructura definida, algún edificio, se reduce a hablar de vastos ángulos y superficies pétreas... superficies demasiado grandes para ser de este mundo, y cubiertas por jeroglíficos e imágenes horribles. Menciono estos ángulos pues me recuerdan los sueños que me relató Wilcox. El joven escultor afirmó que la geometría de la ciudad de sus sueños era anormal, no euclidiana, y que sugería esferas y dimensiones distintas de las nuestras. Ahora un marino ilustrado tenía ante la terrible realidad la misma impresión.
Johansen y sus hombres desembarcaron en la playa de esta monstruosa acrópolis y se treparon, resbalando, por los titánicos y musgosos escalones que ningún ser humano hubiera podido edificar. El sol mismo parecía deformado cuando se lo miraba a través de las miasmas polarizadas que emanaban de esta perversión submarina; una amenaza tortuosa acechaba en esos ángulos desconcertantes donde una segunda mirada descubría una concavidad donde se había creído ver la convexidad.
Todos los exploradores, aun antes de ver algo definido (salvo las rocas, los musgos y las algas) se sintieron presas de un indefinible terror. Todos habrían escapado si no hubiesen temido la burla de los otros, y sólo de mala gana se decidieron a buscar -vanamente, como comprendieron más tarde- algo que sirviese de recuerdo.
Rodríguez, el portugués, fue el primero en llegar a la base del monolito y les gritó a los otros lo que acababa de descubrir. Poco más tarde los hombres contemplaron curiosamente una enorme puerta de piedra labrada con el ya familiar bajorrelieve del pulpo-dragón. Se parecía, dice Johansen, a la enorme puerta de un granero. Todos vieron allí una puerta, ya que estaba encuadrada en un umbral, un dintel y dos montantes, pero nadie pudo decidir si estaba situada horizontalmente, como la puerta de una trampa, o algo inclinada, como la puerta exterior de un altillo. Como lo hubiese dicho Wilcox, la geometría del lugar era errónea. Uno no podía estar seguro de que el mar y el suelo fueran horizontales, de modo que la posición relativa de todo el resto parecía variar fantásticamente.
Briden presionó sobre la piedra en diversos sitios sin resultado. Luego Donovan palpó con delicadeza los bordes, apretando separadamente cada punto. Subió con lentitud a lo largo de la grotesca moldura de piedra -puede decirse que subió si se admite que la puerta no era al fin y al cabo horizontal-, y los hombres se preguntaron cómo una puerta podía ser tan enorme. Al fin, muy suavemente, muy lentamente, la parte superior del panel comenzó a inclinarse hacia adentro, y todos vieron que la piedra se balanceaba.
Donovan se deslizó o trepó de algún modo a lo largo de uno de los montantes, y los hombres se pusieron a observar el curioso retroceso de la puerta monstruosa. En este fantástico mundo de deformaciones prismáticas, la piedra se desplazaba anormalmente en diagonal, despreciando todas las leyes de la materia y la perspectiva.
La abertura mostraba una oscuridad casi material. Estas tinieblas tenían realmente una cualidad positiva, pues ocultaban algunas partes de las paredes interiores que debían ser visibles. Al fin surgió de aquella cárcel milenaria algo así como una humareda que oscureció la luz del sol mientras se elevaba hacia el cielo, empequeñecido y arrogado, con la ayuda de sus alas membranosas. El olor que salía de aquellos abismos recién abiertos era insoportable, y Hawkins, que tenía el oído fino, creyó oír allá abajo un sonido chapoteante e inmundo. Todos escucharon, y todos escuchaban aún cuando el monstruo se hizo visible, babeando y apretando su inmensidad verde y gelatinosa a través de la tenebrosa abertura hasta elevarse pesadamente en el aire corrompido de aquella ciudad de pesadilla.
La letra del pobre Johansen es apenas inteligible en esta parte. De los seis hombres que nunca llegaron al barco, cree que dos murieron simplemente de miedo en aquel instante maldito. El monstruo está más allá de toda posible descripción. No hay lenguaje aplicable a ese abismo de horror inmemorial, a esa pavorosa contradicción de todas las leyes de la materia, la fuerza y el orden cósmicos. Una montaña que caminaba. ¡Dios! ¿Puede extrañar que en el otro lado de la Tierra enloqueciese un gran arquitecto, y que en aquel telepático instante la fiebre devorara al pobre Wilcox? El monstruo de los ídolos, el verde y viscoso demonio venido de otros astros, había despertado para reclamar sus derechos. Las estrellas eran otra vez favorables, y lo que un viejo culto no había podido lograr por su voluntad, un puñado de inocentes marineros lo hacía por accidente. Luego de millones y millones de años el gran Cthulhu era libre otra vez.
Tres hombres fueron barridos por aquellas patas membranosas antes que nadie tuviese tiempo de volverse. Que descansen en paz, si hay algún descanso en el universo. Eran Donovan, Guerrera y Angstrom. Parker resbaló mientras los otros tres sobrevivientes se precipitaban frenéticamente en un escenario infinito de rocas verdosas. Johansen jura que fue absorbido hacia arriba por un ángulo que no debía estar allí; un ángulo agudo que se había comportado como si fuese obtuso. De modo que sólo Briden y Johansen llegaron al bote, y se dirigieron desesperadamente hasta el Alert mientras la montañosa monstruosidad descendía por los escalones de piedra resbaladiza y se detenía, titubeando, a orillas del agua.
Las calderas habían quedado funcionando a pesar de que todos habían bajado a tierra, y bastaron unos pocos segundos de frenéticas corridas entre ruedas y motores para poner en marcha el Alert. Lentamente, entre los horrores distorsionados de esa escena indescriptible, la hélice comenzó a golpear las aguas. Mientras tanto, en la costa mortal, sobre aquellas construcciones que no eran de este mundo, el monstruo gigantesco venido de las estrellas emitía unos gritos inarticulados, como Polifemo al maldecir el veloz navío de Ulises. En seguida, con más audacia que los cíclopes de la leyenda, el gran Cthulhu penetró en las aguas e inició la persecución con golpes que levantaron enormes olas. Briden volvió la vista y enloqueció. Desde entonces rió a intervalos hasta que la muerte lo alcanzó en su cabina mientras Johansen vagaba delirando de un lado a otro.
Pero Johansen no había abandonado la partida. Comprendiendo que el monstruo alcanzaría seguramente el Alert antes de que la presión llegase al máximo, resolvió intentar algo desesperado, y, acelerando los motores, subió rápidamente a la cubierta e hizo girar el timón. En la superficie de las aguas hubo un remolino espumoso, y mientras crecía la presión del vapor, el valiente noruego dirigió el navío contra aquella montaña gelatinosa que se alzaba sobre las sucias espumas como la popa de un galeón demoníaco. La horrible cabeza de pulpo, envuelta en tentáculos, llegaba casi hasta la punta del bauprés
3; pero Johansen no retrocedió.
Hubo un estallido como el de un globo que se desinfla, un líquido inmundo como el que surge de un hendido pez luna, una hediondez que el cronista no se atrevió a describir. Durante un instante una nube verde, acre y enceguecedora, envolvió al buque, y un hervor maligno quedó a popa, donde -Dios del cielo- la esparcida plasticidad de aquella entidad celeste estaba recombinándose y recobrando su forma primitiva, mientras el Alert se alejaba más y más, y ganaba velocidad.
Eso fue todo. Desde ese momento Johansen se contentó con meditar sombríamente sobre el ídolo de la cabina y preparar unas pocas comidas para él y su enloquecido compañero, que reía a carcajadas. No trató de dirigir el navío; después de aquel incidente quedaba un gran vacío en su alma. Luego sobrevino la tormenta del 2 de abril, que terminó de nublar su conciencia. Recordaba confusamente infinitos abismos líquidos de espectrales paredes giratorias, vertiginosos desplazamientos por mundos huidizos en la cola de un cometa y saltos convulsivos de las profundidades del mar hasta la luna y luego otra vez hasta el mar, todo envuelto en el coro de carcajadas de las antiguas divinidades y de los verdes demonios del Tártaro, de alas de murciélago.
Luego de esas pesadillas vino el rescate, el Vigilant, el tribunal del almirantazgo, las calles de Dunedin y el largo viaje de retorno a la casa natal, junto al Egeberg. Nada podía contar; pasaría por loco. Lo escribiría todo antes de morir, pero su mujer no debería sospechar nada. La muerte sería para él beneficiosa sólo si borraba los recuerdos.
Tal era el documento que leí. Lo he guardado en la caja de lata junto con el bajorrelieve de arcilla y los papeles del profesor Angell. Incluiré este relato, esta prueba de mi propia cordura donde se ha unido lo que espero que nunca volverá a unirse. He contemplado todo lo que en el universo puede haber de horroroso, y aun los cielos de la primavera y las flores del verano me parecerán desde ahora impregnados de veneno. Pero no creo que viva mucho. Como desaparecieron mi tío y el pobre Johansen, así desapareceré yo. Conozco demasiado y el culto todavía existe.
Cthulhu existe también, supongo, en ese refugio de piedra que le sirve de abrigo desde que el sol era joven. Su ciudad maldita se ha hundido otra vez, pues el Vigilant navegó por aquel lugar después de la tormenta de abril; pero sus ministros en la Tierra bailan aún, y cantan y matan en lugares aislados, alrededor de monolitos de piedra coronados de imágenes. Cthulhu tuvo que haber sido atrapado por los abismos submarinos pues si no el mundo gritaría ahora de horror. ¿Quién conoce el fin? Lo que ha surgido ahora puede hundirse y lo que se ha hundido puede surgir. La abominación espera y sueña en las profundidades del mar, y sobre las vacilantes ciudades de los hombres flota la destrucción. Llegará el día... ¡pero no debo ni puedo pensarlo! Ruego que si no sobrevivo a este manuscrito, mis ejecutores testamentarios cuiden de que la prudencia sea mayor que la audacia e impidan que caiga bajo otros ojos.


1. Melopea: Canto monótono.
2. Canaco o kanak: pueblo que vive principalmente en Nueva Caledonia, pero también en Vanuatu, Australia, Papúa y Nueva Guinea.
3. Bauprés: Palo grueso colocado oblicuamente en la proa de un navío.

TRATAMIENTO DE UN CASO CRÓNICO
DE ADICCION A INTERNET

Salvador Alario Bataller (*)

(2.006), Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de enlace, 79/80, 71-88


RESUMEN:
En este artículo se presenta el tratamiento cognitivo-conductual de un caso crónico de adicción a la red en un paciente de 39 años. La dependencia a Internet es considerada una adicción psicológica no relacionada con el abuso de substancias. La terapia psicológica normalmente empleada en el tratamiento psicológico del abuso de substancias y del juego patológico, como el control de estímulos, prevención de recaídas, exposición y prevención de respuesta y terapia de pareja son aplicadas en este caso y discutidas en su momento. Se muestran los resultados de los controles de seguimiento al mes, tres, seis meses y al año de haber finalizado la intervención.


Palabras clave: adicción a Internet, trastorno del control de los impulsos, adicción conductual, tratamiento cognitivo-conductual


SUMMARY

We present a case study in which we have successfully applied a cognitive-therapeutic cognitive-behavioural approach to a 39 year old man suffering addiction to internet. Dependence of internet is considered a psychological addiction not linked to substance abuse. Therapy habitually employed in the psychological therapy of substance addictions and pathological gambling, such as stimulus control, prevention of relapses, exposure with response prevention and couple therapy have been applied and discusses. Furthermore, we present de results of follow-up at one, three, six and twelve months.

Key words: Internet addiction, impulsive-control disorder, behavioural dependence, psychological addiction, cognitive-behavioural treatment.

(*) Dr. Salvador Alario Bataller
Clínica Psico-Médica (Valencia)
http://alario1.blogspot.com
http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
alario7@msn.com


INTRODUCCIÓN

Los estudios de análisis del bienestar en la actualidad, con la consiguiente búsqueda de indicadores objetivos –más allá de las posturas oficialistas- arrojan resultados negativos, hasta tal punto que parece que el pretendido bienestar de los ciudadanos es más una quimera que un hecho (Kahneman y Krueger, en prensa). El estado de bienestar de que hablan las políticas públicas no se acompaña de un incremento efectivo del bienestar de los ciudadanos, lo cual resulta una gran e impactante paradoja (Diener y Seligman, 2004). La mayor disponibilidad de bienes de consumo y el condicionamiento para este fin parece relacionarse con la aparición de ciertas patologías antes inexistentes (o por lo menos, en algunos casos, con menores tasas que en la actualidad). Este es uno de los retos a lo que se han de enfrentar los especialistas en salud mental, buscando estrategias de intervención terapéuticas eficaces ante las nuevas demandas de tratamiento. Las patologías “de moda” tienen que ver con los cambios socioculturales de cada época histórica (Labrador, Echeburúa y Becoña, 2004). Por consiguiente, aparte de los trastornos poco cambiantes in tempore (esquizofrenia, depresión, trastornos de ansiedad, etc.), existen otros específicos de estos tiempos. Los motivos de los mismos son diversos, pues en unos casos son atribuibles al envejecimiento de la población (demencias), en otros se deben a la crisis de la familia (violencia familiar o abuso sexual); también atribuibles a la sobre valoración social de la estética corporal (trastornos de la conducta alimentaria o dismorfofobia) y, en otros, finalmente, se descubre su importante relación con las costumbres sociales y el modo de diversión (distintos tipos de adicciones). Vemos que por su propia idiosincrasia (un tiempo que no produce bienestar social real y dispone las condiciones para que se alzaprimen las adicciones), uno de los rasgos distintivos del S. XXI va a ser la proliferación de las conductas adictivas. Posiblemente a medida que pesen los años irán apareciendo nuevas dependencias; aunque en teoría cualquier actividad humana puede convertirse en una conducta adictiva, en la realidad resulta que no es así, dado que existen distintos factores catalizadores o favorecedores para que esto tenga lugar, asunto que iremos explicando a lo largo de estas páginas.
Aunque se han esgrimido argumentos en contra de la existencia real de las adicciones no químicas (porque toda adicción sería química, las otras cosa distinta) y las dudas de su diferenciación del trastorno obsesivo-compulsivo o por falta de control de impulsos (v., Adés y Lejoyeux, 2004), asimismo existen argumentos suficientes para considerar seriamente el punto de vista contrario. La adicción al juego, a la comida, a las compras, al sexo, al trabajo y a la red poseen unas características comunes, como la pérdida de control y la dependencia, el síndrome de abstinencia, la conversión de reforzador positivo a negativo en base al proceso patológico de la adicción, el acaparamiento total de la vida de la persona a causa de la dependencia, con sus notables y serias implicaciones en la vida individual y familiar de quienes las sufren (Echeburúa, 2.003).
A nivel biológico, las drogas tienen una gran capacidad para aumentar los niveles del neurotransmisor dopamina en el cerebro de las personas dependientes en el momento en que se produce el “subidón” tras su consumo. Sin embargo, este mismo efecto, el incremento de las tasas del neurotransmisor y sus consecuencias euforizantes, puede producirse después de un contacto sexual, de una comilona, en el enganche a la compra descontrolada o en quien es adicto a Internet. En estas denominadas adicciones sin drogas se provoca el mismo efecto biológico y los sujetos, una vez, adictos, se condicionan (habitúan o acostumbran) a altas concentraciones de dopamina....


LEER MÁS: http://nohaymentesincerbro,blogspot.com
www.editorialmedica.com

Asociación Amigos del Camino de Santiago Comunidad Valenciana
Noticias

El pasado día 26 de diciembre se falló el premio de Relatos Cortos “VIEIRAGRINO” quinta convocatoria.
Reunido el jurado formado por Fernando Franco Lambruschini: periodista y guionista de cine y Salvador Alario Bataller: psicólogo y escritor. Decidieron conceder los premios a:
Primer Premio a Ignacio Villagran Teresa, de San Sebastián por “La magia de la boira”.
Accésit a Juan José Gavilán Carbonell de Silla (Valencia). Sin título.
Accésit a Sara Zanón Ortiz de Valencia por “Sara”.
La entrega de premios se anunciará a través de los medios de comunicación y vía Internet La única dirección de email que recibimos en la Asociación es: info@vieiragrino.com Para poder hacer la credencial es necesario presentar el DNI. Si se hace por otra persona, se necesita la fotocopia del DNI de la persona solicitante de la credencial. El libro "DE VALENCIA A SANTIAGO - Otra ruta a Compostela" de Amparo Sánchez, está a la venta en la Asociación y en todas las librerías de Valencia y Provincia. Distribuye Exclusivas Graons, S.L. También se vende en Alicante, Castellón y Murcia. Distribuciones Martín Fierro, S.L.
Y además en la Librería Desnivel (Plaza Matute, 6 - 28012 Madrid), en la Tienda Verde (C/ Maudes, 38 - 28003 Madrid), en la Librería ENCONTROS (Rua del Villar, 68 - Santiago de Compostela), en
www.mundicamino.com y en la revista Peregrino de Logroño.
camino santiago valencia

Un paciente en disminución

El señor Ga había sido tan asiduo, tan dócil y prolongado paciente del doctor Terapéutica que ahora ya era sólo un pie. Extirpados sucesivamente los dientes, las amígdalas, el estómago, un riñón, un pulmón, el bazo, el colon, ahora llegaba el valet del señor Ga a llamar al doctor Terapéutica para que atendiera el pie del señor Ga, que lo mandaba llamar.
El doctor Terapéutica examinó detenidamente el pie y “meneando con grave modo” la cabeza resolvió:
-Hay demasiado pie, con razón se siente mal: le trazaré el corte necesario, a un cirujano.

MIEDO

Cada vez que a Dios le daba por querer crear otros mundos, todos los ángeles, arcángeles y serafines, corrían a esconderse: ninguno quería ser el nuevo chivo expiatorio.
José Martín Hurtado Galves

El paraíso de los neanderthales dejó de ser paraíso el día que llegaron pidiendo refugio Adán y Eva -los cromagnones expulsados.
Martín Hurtado Galves
El reparador de ideas
Nueva literatura, México, 2000

Víctor da Fita

Paidoslove
Don Augusto Mompart, de sesenta y un años, gran vividor y personaje destacado en nuestra patria al despertar el siglo XX, se iba a casar con una delicada damita de veinte años, que se pensaba tendría bastantes menos.Una cincuentona, que le pretendía desde hacía tiempo, le reprochó arrecha el que le gustasen las jovencitas, a lo que el bribón repondió:
-Prefiero saltar de cuna en cuna que de tumba en tumba.
Así era don Augusto, el hideputa.
de Cuentos inconcusos (1.911)

Martín Hurtado

Cráneo
José Martín Hurtado Galves
El cro-magnon tomó el cráneo del último de los neanderthales y alzándolo exclamó: "ha muerto el rey, viva el rey".

Algunas de las más grandes obras literarias, filosóficas o científicas se han podrido en cajones cerrados.

ASTRUM ARGENTUM

http://www.lulu.com/alario7


ASTRUM ARGENTUM -LA VARA DEL MAGO- (1.998) es la biografía novelada de aquél, que en el S.XX, fue llamado el hombre más perverso del mundo y quien se autodenominó la Gran Bestia 666, el perfeccionador de la magia sexual (MAGIA K), el último gran mago negro, el fundador de la orden thelemita, Aleister Crowley. Apelando a la Ley de Thelema (“Haz lo que quieras será toda la Ley), el personaje, según se cuenta y se ha escrito, trató de subvertir el orden moral existente, realizando toda serie de actos aviesos según la moral normativa: incesto, drogadicción, estupro, vampirismo e incluso asesinato.
En parte sobre datos históricos y en parte fabulado, el relato presenta hechos desconocidos por el público y que se entroncan profundamente en la bizarra personalidad del mago. El elemento central es un manuscrito apócrifo, El falo y el colmillo de la serpiente, que el investigador en psicopatía, Salvador Mira y Perceval, encuentra en casa de un antiguo profesor y que fue escrito por aquel que, según el pliego, fue su médico personal en Inglaterra. Además de acontecimientos conocidos pero siempre sorprendentes, se presentan otros que siempre fueron sugeridos, pero nunca aclarados.


Las gafas

Tengo gafas para ver verdades. Como no tengo costumbre no las uso nunca.
Sólo una vez...
Mi mujer dormía a mi lado.
Puestas las gafas, la miré.
La calavera del esqueleto que yacía debajo de las sabanas roncaba a mi lado, junto a mí.
El hueso redondo sobre la almohada tenía los cabellos de mi mujer, con los rulos de mi mujer.
Los dientes descarnados que mordían el aire a cada ronquido, tenían la prótesis de platino de mi mujer.
Acaricié los cabellos y palpé el hueso procurando no entrar en las cuencas de los ojos: no cabía duda, aquello era mi mujer.
Dejé las gafas, me levanté, y estuve paseando hasta que el sueño me rindió y me volvió a la cama.
Desde entonces, pienso mucho en las cosas de la vida y de la muerte.
Amo a mi mujer, pero si fuera más joven me metería a monje.

Historia del joven celoso

Había una vez un joven que estaba muy celoso de una muchacha bastante voluble.
Un día le dijo:
-Tus ojos miran a todo el mundo.
Entonces, le arrancó los ojos.
Después le dijo:
-Con tus manos puedes hacer gestos de invitación.
Y le cortó las manos.
“Todavía puede hablar con otros”, pensó. Y le extirpó la lengua.
Luego, para impedirle sonreír a los eventuales admiradores, le arrancó todos los dientes.
Por último, le cortó las piernas. “De este modo -se dijo- estaré más tranquilo”.
Solamente entonces pudo dejar sin vigilancia a la joven muchacha que amaba. “Ella es fea -pensaba-, pero al menos será mía hasta la muerte”.
Un día volvió a la casa y no encontró a la muchacha: había desaparecido, raptada por un exhibidor de fenómenos.


Las grandes verdades están escritas con tinta invisible.

EGO
¡FELIZ NAVIDAD Y UN ESTUPENDO 2007 PARA TODOS!

MURAKAMI

Haruki Murakami:
Tokio blues
revista de libros número 110 febrero 06 33

El título original de Tokio blues es Norwegian
Wood, título a su vez de una melodía de
The Beatles. Este cambio es importante
porque no tiene explicación posible y eso
es, precisamente, lo que lo hace significativo, como veremos
más adelante. De momento adentrémonos en
este libro de adolescentes y adolescencia protagonizado
por un muchacho llamado Toru Watanabe, que es quien
cuenta la historia que ocupa la novela, como narrador,
diecisiete años más tarde. Retrocedemos con él al Tokio
de los años sesenta, donde conoce a una pareja –ella,
Naoko; él, Kizuki– de la que se hace inseparable hasta el
suicidio de él. Un año más tarde, retoma su relación de
amistad (quizá debiéramos decir de hermandad) con
Naoko, una muchacha psicológicamente débil y terriblemente
afectada por la muerte de su compañero.
Cuando ella es internada en un centro de reposo,Toru
conoce a Midori, por la que se siente muy atraído también.
Midori es, al contrario que Naoko, una muchacha
de carácter decidido, vivaracha y muy poco convencional
en su manera de ser.Toru se encuentra dividido entre
las dos mujeres aunque apenas se relaciona sexualmente
con ellas, pero sí lo hace con otras muchachas de
paso sin mayor interés para él que el desahogo de un
encuentro casual. Estamos ante un clásico relato de adolescente
en pos de su personalidad adulta.
De los dieciocho a los veinte años de Toru es el período
en que se desarrolla este encuentro bifronte y todos
los males, sentimientos atormentados, dudas, indecisiones
y deseos de la adolescencia conforman el caldo
en que bullen su cuerpo y su espíritu. De tratarse de un
retrato de adolescencia, nada nuevo aportaría a ejercicios
anteriores a él, como El adolescente de Dostoyevski
o El guardián entre el centeno de Salinger, por citar dos
ejemplos de alto valor literario. Pero el libro de Murakami
tiene un escenario que podríamos aceptar como
novedoso; un escenario sentimental, no geográfico, pues
la ciudad de Tokio pertenece a la clase de grandes urbes
del planeta donde se desarrollan hoy buena parte de
los dramas contemporáneos. Ese escenario es el de una
clase de soledad que está extendiéndose en el mundo
urbano de hoy y que podríamos definir en una primera
aproximación como la soledad desenraizada.
Me explicaré. En principio, parece que toda soledad
requiere una ausencia, pero ésta no tiene por qué
ser necesariamente una ausencia de raíces; la soledad es
a menudo relativa u ocasional; siempre causa daño, mas
no suele ser estable salvo en casos extremos. Lo que define
a esta nueva forma de soledad es que los individuos
afectados por ella parecen no provenir de ninguna parte
y no ir a ninguna parte, y esa sensación sí es estable.
Se caracteriza por una carencia afectiva que parece haber
sido el caldo de cultivo de su existencia desde que
adquirieron el uso de razón; y también por una última
displicencia hacia la razón de vivir y por la falta de objetivos
estimulantes de futuro. Hay en esta clase reciente
de soledad, que es sólo urbana, un dejarse llevar por
las circunstancias en la medida en que parecen ser o
inevitables o un peso demasiado lastrado como para
tratar de desprenderse de él. La vida, entonces, se convierte
en un desconcierto, pero, sobre todo, se convierte
en un espacio donde no hay apoyo para los afectos
ni para descargar la sentimentalidad, de modo que la
característica inestabilidad de la vida moderna se convierte
no en un suelo movedizo sobre el que luchar
por buscar alguna forma de asiento o mecanismo contra
la incertidumbre, sino en un suelo que nos mueve
de acá para allá y en el que chocamos de diversas maneras
y en ocasiones siempre únicas e irrepetibles con
otros seres tan desconcertados como nosotros.
La vida se convierte en un desconcierto... y en un
cansancio. Es la sensación de cansancio la que parece
apoderarse de las actitudes y los gestos de los personajes
atrapados en ella. No hay lucha por salir de ahí o entenderse
de otra manera sino que se vive como algo irremediable,
como un modo de ser que a uno le ha tocado
vivir. Hay algo de destino o de sino en esta actitud que
se fundamenta en el desafecto, en la falta de raíces, en la
sensación de no pertenecer a nada que no sea el propio
cuerpo con el que se deambula de un lado para otro.Y
todo ello genera, en el trato con los demás, una mezcla
de reconcentración, timidez, falta de riesgo, miedo a dejarse
ver y necesidad de hacerlo a la vez, que se resume
en una actitud de contención no diré que autista, pero
sí que reservada y autoconsciente en grado sumo. Son
dos palabras las que resumen esta actitud ambivalente:
deseo y temor; un clásico del paso por la vida; sólo que
aquí, en esta historia y, más allá de ella, en este mundo
nuestro que ha iniciado ya el siglo XXI, apunta a la falta
de raíces como detonante principal.
Curiosamente,Tokio, la ciudad más poblada del planeta,
parece que ni pintada para albergar estas historias de
anonimato y deriva. Pienso en un filme que ha causado
sensación en medio mundo y en el que se muestra con
eficiencia otra cara de esta forma de soledad: me refiero a
la película Lost in Translation, de Sofia Coppola. Es la historia
de dos seres que flotan en medio de esta sociedad
urbanita sin entender por qué están allí ni qué hacen allí.
El cansancio les domina, como el aburrimiento o, por
mejor decir, el lento paso de las horas. Bien es verdad
que ellos están en tránsito en la ciudad y los protagonistas
de nuestra novela, no; pero la soledad y el desconcierto
son los mismos y, además, la novela comienza cuando
el protagonista,Toru Watanabe, diecisiete años más tarde,
aterriza en un aeropuerto europeo, un espacio tan lejano
como Tokio lo es para la pareja de la película. En la
película, el personaje masculino advierte la sequedad de
las raíces que lo unen a su familia al otro lado del mundo
y comienza a asumir que la profundidad de su soledad es
superior a todo cuanto hubiera podido aceptar o disimular
hasta entonces; y la muchacha descubre que la soledad
comienza en su propio marido al que acompaña y
nada sabemos del resto de su entorno, si es que afectivamente
existe tal entorno. En todos ellos hay una resignada
acepción de las cosas: son así, y sólo algunos fogonazos
afectivos en medio de la contención de los deseos son
capaces de iluminarlos de cuando en cuando, como luciérnagas
en la noche. En realidad, bien podemos decir
que a Toru Watanabe las cosas le suceden a él, que no es
él quien le sucede a las cosas; y esto se aplica igualmente
a los protagonistas de la película.Todos se mueven, pero
ninguno lucha. Es una forma de soledad con la que se
carga. Punto. La vida moderna.
Este planteamiento es novedoso, en efecto, está empezando
a recogerse y mostrarse artísticamente de
modo reciente. La esencia de la soledad no cambia, lo
que cambia es el modo, ahí está su contemporaneidad.
En las expresiones de soledad precedentes a ésta, un
personaje puede desconocer hasta su origen, pero sabe
a dónde pertenece de un modo u otro; aunque sea un
excluido, las raíces son reconocibles. Esta nueva soledad,
en cambio, se caracteriza por disponer no sólo de lo
que podríamos denominar una falta activa de afecto
sino también de cualquier clase de anclaje ancestral.
Murakami y Coppola no lo diagnostican, se limitan a
mostrarlo: vea usted lo que nos está sucediendo. En
cierto modo podríamos hablar de retratismo en la medida
que es un retrato de nuestro tiempo, pero no es un
diagnóstico porque deja las causas en manos del lector.
Es un arte sintomático, podríamos decir: manifiesta el
síntoma, pero, insisto, no emite un diagnóstico. No trato
con esta aseveración de exigírselo a los autores, eso
sería una estupidez.Trato, simplemente, de definir su
posición. Es, por tanto, una propuesta activa además de
un retrato, porque lleva implícita la reflexión del lector
o espectador sobre el asunto.
Sin embargo, creo que Murakami juega con las
cartas marcadas, juega a su favor para cubrirse y ese es
el problema para la novela, un problema eminentemente
literario.Veámoslo.
¿Qué sucede cuando abres tu corazón?: que te curas.
Ése es el anhelo utópico de una sociedad desenraizada
y en él creen todos los infelices personajes de este
libro. Esta misma creencia resume la superficialidad del
relato. Porque el problema principal es que este retrato
no se adentra en los personajes sino que se limita a describirlos.
No se adentra en el sentido de los sucesos sino
que se contenta con constatar que los sucesos no tienen
sentido. «¿Cuántas decenas, no, centenares de do-
mingos como éste me quedan por vivir?», se pregunta
uno de ellos. Y a la pregunta de ¿cuáles son tus problemas?,
otro contesta: «Mi familia, mi novio, las irregularidades
de la regla...». Esta suma de manifestaciones cotidianas
es la que trata de establecer el sentido de la
novela en la medida que lo característico de los personajes
es que suceden cosas, unas anodinas (una pelea,
unas notas mediocres...) y otras de verdadera importancia
(el suicidio de Kizuki, por ejemplo), pero, en su relato,
el personaje Watanabe trata igual a unas que a otras
siendo tan disímiles en cuanto a su potencial dramático.
Eso es manifestación de un modo de ver la vida que
padece de anomia, pero no es más que eso. El porqué
no queda explícito porque no es intención del autor
hacerlo, pero tampoco queda implícito. De este modo, su
actitud es más propia de un fedatario que de un literato:
da fe de un hecho, pero no construye el hecho.
Los personajes acaban mostrando su lado frágil, su
miedo a romperse; esto es lo que les contiene, lo que
dificulta sus relaciones; alcanzan una forma de cercanía
que es, a la vez, una forma de rechazo.Todo lo cual
concluye en una forma de egoísmo a fin de cuentas.
Eso es lo que está bien visto. Sin embargo, no acabamos
de saber lo que cada uno significa para el otro: ahí entra
en acción una vaguedad que encierra a cada uno en su
mundo y las reacciones ante el problema son escapar y
dejar pasar los días. De hecho, éste es un relato de tiempos
muertos, como en Lost in Translation. Pero también
relato de tiempos muertos era una hermosísima película
de Howard Hawks, Hatari! La diferencia estaba en
que, en el caso de Hawks, los tiempos muertos eran los
que daban sentido a los tiempos vivos. Los unos eran
impensables sin los otros y el machihembrado de ambos
ofrecía un acabado impecable.
Las tres mujeres que afectan a Watanabe son, curiosamente,
complementarias. Midori es, exactamente, el
complemento de Naoko; es de carne y hueso, activa,
mientras que Naoko es pasiva, más parece una fijación
adolescente elaborada por el protagonista.Y la tercera,
Reiko, la compañera de cuarto de Naoko en la casa de
reposo, una mujer adulta, pero tan escondida como
Naoko, acaba proporcionando a Watanabe un desahogo
con la mujer madura que es, en realidad, una excusa
estructural del autor, por lo que su contacto final con
el chico suena a falso, blando, infantiloide, un encuentro
aplazado y pactado para redondear la influencia de las
mujeres en la vida de Watanabe. Aquí es donde la novela
deja ver su lado más débil.
La joven Midori, un tanto alocada y extravagante,
parecería la encargada de manifestar una mayor vitalidad
mientras que a Reiko le correspondería la sabiduría
de la madurez y a Naoko el papel de muchacha ensoñada
y ensoñante. Midori es también, frente a las otras
dos, la más contemporánea, incluso en su modo de hablar:
«Gastaba mis ahorros en comida. Así eduqué mi
paladar.Tengo mucha intuición. Mi punto débil es el
pensamiento lógico». Cuando trata de explicarse, cae en
el terreno flotante de los demás, sin embargo: «Siempre
estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido una vez,
hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme.
Hasta poder decir: Ya basta, estoy llena, no puedo
más». No los sacaremos de ahí. La novela se extiende,
reitera incluso, pero no ahonda; es pura superficie al
alcance de todos los públicos que se deleitan con una
apariencia de intensidad que trata de pasar por alta literatura
dramática.
Hay algo más. El narrador cuenta desde los treinta
y siete años. Han pasado diecisiete desde que ocurrió
todo el asunto. Es, por lo tanto, otro hombre; pero eso
carece de importancia para el autor. Que desembarque
en Hamburgo y escuche Norwegian Wood es tan solo
una excusa para ofrecer el relato. El problema es que lo
está contando el mismo protagonista diecisiete años después
y esto no está en la novela. No está y debería estar
porque un autor consciente ha de saber que, una vez
establecidas las coordenadas de la novela, debe atenerse
a ellas. No puede contarse en primera persona una historia
sobre la que han pasado diecisiete años sin que
este lapso de tiempo afecte de algún modo a la narración.
Este agujero es lamentable.Acorde con ello, Norwegian
Wood es sólo una referencia, no una presencia;
quiero decir que lo mismo hubiera dado cualquier
otra melodía, lo cual no deja de ser un descuido, una
falta de autoexigencia. El gran libro es aquel en el que
todos su elementos, incluidos los menores, demuestran
ser imprescindibles.Todo lo cual, lastimosamente, deja
un proyecto de plato contundente en un entrante bien
cocinado, pero sin verdadera sustancia. Lo que sí hay
que hacer notar es la habilidad del editor al cambiar el
título: es un toque de glamour que actúa como guinda
de un éxito previsible.
Tokio blues, de Haruki Marakami, ha sido publicada por Tusquets.

LA MIRADA DEL NARRADOR
Clive Coote
LA MIRADA DEL NARRADOR





DE http://ivanhumanes.blogspot.com


-Lo más complicado de tener libros es mantenerlos a raya y orden en la estantería. Sin ir más lejos, esta mañana me llegó una carta. Siete libros malditos se habían escapado hacía ya tiempo y ya no creía ni en ellos ni en su suerte. Pero en el texto me contaban que durante hoy y el fin de semana estarían "libres" para el primero que los quiera y encuentre en estos lugares de Barcelona y alrededores:

Viernes 11 a.m., en Plaza Catalunya, salida de metro Ramblas.
Viernes 13 a.m., en Arco del Triunfo (propio arco).
Sábado 11 a.m., en la Iglesia Santa Maria del Mar, entrada.
Sábado 15 p.m., Sagrada Familia, alrededores.
Sábado 17 p.m., en el Museo de Cera.
Domingo 19 p.m., en el andén de la estación de metro Cornellà.
Domingo 19 p.m., andén de la estación de metro Pubilla Cases.
.

ALPHONSE ALLAIS


Un rajá que se aburre
¡El rajá se aburre!
¡Ah, sí, se aburre el rajá!
¡Se aburre como quizá nunca se aburrió en su vida!
(¡Y Buda sabe si el pobre rajá se aburrió!)
En el patio norte del palacio, la escolta aguarda. Y también aguardan los elefantes del rajá. Porque hoy el rajá debía cazar al jaguar.
Ante yo no sé qué suave gesto del rajá, el intendente comprende: ¡que entre la escolta!; ¡que entren los elefantes!
Muy perezosamente, entra la escolta, llena de contento.
Los elefantes murmuran roncamente, que es la manera, entre los elefantes, de expresar el descontento.
Porque, al contrario del elefante de África, que gusta solamente de la caza de mariposas, el elefante de Asia sólo se apasiona con la caza del jaguar.
Entonces, ¡que vengan las bailarinas!
¡Aquí están las bailarinas! Las bailarinas no impiden que el rajá se aburra.
¡Afuera, afuera las bailarinas! Y las bailarinas se van.
¡Un momento, un momento! Hay entre las bailarinas una nueva pequeña que el rajá no conoce.
-Quédate aquí, pequeña bailarina. ¡Y baila! ¡He aquí que baila, la pequeña bailarina!
¡Oh, su danza!
¡El encanto de su paso, de su actitud, de sus ademanes graves!
¡Oh, los arabescos que sus diminutos pies escriben sobre el ónix de las baldosas! ¡Oh, la gracia casi religiosa de sus manos menudas y lentas! ¡Oh, todo!
Y he aquí que al ritmo de la música ella comienza a desvestirse.
Una a una, cada pieza de su vestido, ágilmente desprendida, vuela a su alrededor.
¡El rajá se enciende!
Y cada vez que una pieza del vestido cae, el rajá, impaciente, ronco, dice:
-¡Más!
Ahora, hela aquí toda desnuda.
Su pequeño cuerpo, joven y fresco, es un encantamiento.
No se sabría decir si es de bronce infinitamente claro o de marfil un poco rosado. ¿Ambas cosas, quizá?
El rajá está parado, y ruge, como loco:
-¡Más!
La pobre pequeña bailarina vacila. ¿Ha olvidada sobre ella una insignificante brizna de tejido? Pero no, está bien desnuda.
El rajá arroja a sus servidores una malvada mirada oscura y ruge nuevamente:
-¡Más!
Ellos lo entendieron.
Los largos cuchillos salen de las vainas. Los servidores levantan, no sin destreza, la piel de la linda pequeña bailarina.
La niña soporta con coraje superior a su edad esta ridícula operación, y pronto aparece ante el rajá como una pieza anatómica escarlata, jadeante y humeante.
Todo el mundo se retira por discreción. ¡Y el rajá no se aburre más!

LEGIONARI


« Nous, les dramaturges qui avons conçu ce théâtre de la modernité nous étions ou sommes des exilés: l'Irlandais Beckett, le Roumain Ionesco, le Russe Adamov ou le Polonais Topor. Au nom de tous j'ai reçu mercredi 29 novembre l'honneur légionnaire (la Légion d'Honneur) qu'ils méritaient infiniment plus que moi, et précisément des mains de Jack Lang. { « Découverte scientifique : l'effet magique de la Légion d'Honneur voyage à la vitesse du son et non de la lumière » me dit, tout heureux (mais oui !) Houellebecq, depuis l'appel de Mirto.}
-
« Nous 'desterrados' (et fondateurs de la modernité) vivons éparpillés en exil, avec humilité, campanules et couronnes. Ou nous nous réunissons en groupuscules de roc blindé. Nous sommes, comme les petites filles extra-terrestres, Thérèse d'Avila et Yifan Hou de Pékin, tous les mêmes, ceux d'hier, d'aujourd'hui et de demain, les sages et les fous, les héros et les insensés. Nous ne sommes pas venus pour vivre mieux ou moins mal, car nous nous efforçons d'appartenir à le légion des quichottes, des chevaliers errants, avec des paroles de beauté et de science et d'humour. VIVA LA SUERTE »
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Extractos (2)
de la Allocution de
Fernando Arrabal al ser nombrado
Caballero de la Legión de Honor.
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CABALLERO

francia-premio 29-11-2006

Fernando Arrabal recibe insignias Caballero de la Legión de Honor

El escritor español Fernando Arrabal recibió hoy las insignias de Caballero de la Legión de Honor de Francia por su contribución a la cultura.El ex ministro francés de Cultura Jack Lang impuso hoy esa distinción a Arrabal en nombre del presidente de la República Francesa durante un acto en el que subrayó que el galardonado 'nunca ha dejado de atravesar las fronteras físicas y del arte'.Lang calificó a Arrabal de 'desobediente congénito', y repasó su actividad creadora desde que llegó por primera vez a París en los años 50 del pasado siglo.Dramaturgo, novelista, pintor, poeta y guionista, Arrabal agradeció el premio con un breve discurso en el que mezcló a Santa Teresa de Jesús con los pintores españoles que se instalaron en Francia a lo largo del siglo XX, todo ello para destacar la importancia de este país que hoy le ha premiado.'Somos poetas y locos', dijo Arrabal de ellos y de él mismo, antes de declarar su amor por el teatro de vanguardia y de resumir en español su pensamiento al recibir la distinción: '¡qué suerte!'.Arrabal, de 74 años, une este reconocimiento a otros que ha obtenido a lo largo de su trayectoria, como el Premio Nacional de Teatro de España, el Nadal de Novela, el de Teatro de la Academia Francesa o el Oby Prize de Nueva York.El escritor francés Michel Houellebecq, que es amigo de Arrabal, estaba presente entre el público, en el que había también personajes del cine y el periodismo, puesto que los otros galardonados hoy con la Legión de Honor han sido el realizador georgiano Otar Iosseliani y la periodista y escritora francesa Laure Adler.

Una vez más en defensa de las ballenas
A pesar de la condena internacional y el escaso apoyo interno partieron el 15 de noviembre desde Shimonoseki (Japón) seis barcos con el plan de cazar casi mil ballenas de las especies minke y aleta. Algunas de las especies que serán capturadas como la ballena minke (Balaenoptera bonaerensis) suelen avistarse en costas y el mar territorial de la Argentina y Brasil. En lo que se ha descrito oficialmente como un "estudio de viabilidad" para la expansión de la cacería "científica" de ballenas, la flota japonesa planea arponear 935 ballenas minke y 10 ballenas de aleta, ambas enlistadas en el Apéndice I (el de mayor riesgo de extinción) de la CITES (Convencion Internacional sobre Trafico de Especies Amenazadas) de las Naciones Unidas. "Decir que el programa de caza de ballenas es una investigación es un insulto a la ciencia y al propio pueblo japonés", manifestó Junichi Sato, director de la Campaña de Océanos de Greenpeace Japón. "Este programa es una débil excusa para promover una reanudación de una caza comercial a gran escala, a pesar de no existir mercado interno en Japón", concluyó Sato. En Latinoamérica se realiza un aprovechamiento sostenible, no letal de los cetáceos mediante su contemplación o turismo de avistamiento, lo que genera beneficios sociales, educativos y económicos para la región, la expansión de la caza de ballenas es una amenaza para las economías costeras del Continente que de ellas dependen. En 88 países, su mayoría en desarrollo, se practica el turismo de avistamiento, sólo Japón, Islandia y Noruega continúan con la cacería a pesar de la falta de demanda interna en los tres. Recientemente, en respuesta a una propuesta para exportar carne de ballena cazada en Islandia, el embajador del Japón admitió que existe una gran cantidad de carne de ballena almacenada en frigoríficos que no se han podido aún volcar al mercado, a raíz de la escasa demanda que tiene el producto en el mercado. Un encuesta en Japón que se llevó a cabo en junio de 2006 mostró que un 95% de ciudadanos nunca o raramente consumen carne de ballena, y más de un 70% no apoya la caza de ballenas en el Océano Austral.
GREENPEACE NECESITA TU AYUDA!!!!!
Podés sugerir ideas y votar las de otros para que se conviertan en acciones reales en la campaña!
Videos :

MARIANA

R.F. BURTON


La obra y el poeta
El poeta hindú Tulsi Das, compuso la gesta de Hanuman y de su ejército de monos. Años después, un rey lo encarceló en una torre de piedra. En la celda se puso a meditar y de la meditación surgió Hanuman con su ejército de monos y conquistaron la ciudad e irrumpieron en la torre y lo libertaron.

GoMeme 4.0

Esta idea fue traída por el miembro Tonnet, y es estupenda
para que podáis ir promocionando vuestros blogs, seguid las
instrucciones y pronto os veréis compensados, gracias!!

Lista de Origen

1. Memes en español2. Madurando con sentido3. Cavaju4. Momentanea5. Imagenes de un talibano6. MordorBlog7. El oso8. Sin imprenta9. ALT104010. WR27611. El Ecuador de hoy12. Juan Javier13. kevinhurlt14. metablog15. Mi mundo16. Derrames intelectuales17. Fatima Protesta18. Erebe19. Calú20. Alex Vera21. Bloggus22. DeVilSoulBlack23. Solo dehajo ser24. Cero Cuatro25. Enfoque de usuario26. Jesús Nieves Montero27. Gandika28. El Catalejo29. Curioseando30. El especialista31. Victor Solano32. Alvaro Sanchez33. A veces hace falta34. Un mundo de ideas35. Ciberescrituras36. Cuarenton37. Not etra be38. Blogófago39. Urbe y existencia40. Blogpocket41. eCuaderno42. El ventanuco43. Opiniones44. Si puedo45. El arbol de Diana46. Desarrollo en la red47. Sergio Rastafurbi48. Hipótesis2149. Con valor50. My Space51. Un poco de cada52. Rufadas53. La paradoja posible54. Oabareload55. Territorio enemigo56. Hachemuda57. il Maistro58. Apocalypsofacto59. Cladestinidad Pedagógica60. Methos 18961. Colombia Hoy62. Redtales63. Alambre64. Domingo 196765. Veo y pienso66.Union de Bloggers Hispanos67.Celica68.Netcódigo e Internet69.AlexSanhz Blog70.Negocios e Internet en Hispanoamérica71.Aspirar la cultura72.Recuerdos Inútiles73.K-minos74.…Y otras escusas para conocerte75.Ursula Zabaleta76.Anime-Tronic77.Carballada78.Magabe79.El Mar de las Tormentas80.Poeta Multimedia81.agaponeo´s82.Venezuela descubierta83.Marujeitor84.De todo un poco de aqui y de allá85.equinoXio86.Cartas de Miramar(Original cartas de Cuba)87.Blog and Roll88.De la vida y algo más89.True Blog en Espaniol90.Globalizado91.El Útero de Marita92.El que nace pa martillo93.El Blog de Paki94.All Cuzco95.Moebius96.Blog-o-Corp97.Magazín Oscarín98.Seguridad en línea99.Semiótica100.Lino Resende101.Any way you want it102.La Maldición de Sisifo103.Otro día trabajando104.El geek105.Area 303106.El blog de rianvanu107.Detrás del viento norte108.14 de Abril109.En sus narices110.http://www.lacoctelera.com/tazzie111.Erotízate112.Tijuana
113.Miralmundo114.La nueva historia115.Que tiro116.Simplemente un voyeur117.Chiara118.Sin nombre fijo119.Energy Blog120.Compartiendo121.Reflexologia Podal122.Geomujer XXI123.Laberinto de Pasiones124.El blog del Cowboy125.Historias Intimas Subtropicales126.El Blog de la Bruja127.Hispanos por la Causa128.Santuario Atziluth129.G3nergy130.12 de septiembre131.Lamerse el codo132.Patton en el país del sagrado corazón133.Apodérate134.Los 80´s135.Ejemplos Liberales para gente de Izquierdas136.Quo vadis?137.Iveldie, cine independiente y de terror138.Sin Miedo139.Mario House140.Mi rincón favorito141.Aquellos años dorados142.Barrio Los Rosales de La Coruña143.El blog del Browner144.Diario de un cero a la izquierda145.Un hombre sólo en la red146.Hoy puede ser un gran día147.Plantea!148.http://elloboylaluna.blogspot.com/
(Tu URL va aquí! Pero primeramente, por favor copia esta linea y múevela un espacio hacia abajo para que sea usada por la próxima persona).

PRESENTE


Lourdes Aso Torralba, escritora, presentadora "maldita" y amiga, me remite la impresión del acto al que asistimos el sábado pasado, una presentación amabilísima. Para los amigos:
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El pasado sábado día 25 de noviembre celebramos en Huesca la presentación del libro "Malditos, la biblioteca olvidada". Cuando concretamos con Iván Humanes la fecha para la presentación no tenía ni idea del libro que había escrito con Salvador Alario. Me gustan los riesgos y me lancé a la aventura sin plantearme nada más. Conforme me adentré en sus páginas descubrí el enorme trabajo que lleva detrás, la cantidad de horas robadas al sueño para cumplir el objetivo de terminarlo algún día… Pero sobre todo, lo que más me preocupaba era que fuésemos capaces de acercar ese ensayo al público. Podría haber estado escrito de una forma mucho más complicada y puedo asegurar que cuando uno coge uno de sus libros, cualquiera de ellos, siente la tentación de ir a las páginas de bibliografía consultada para saber de dónde han sacado la documentación y poder saber más de su contenido.
Así que nos citamos en una tarde lluviosa en Huesca, y en el Centro Cultura Raíces, donde tiene la sede Aveletra, la asociación de escritores, artistas, poetas de Huesca. La presentación resultó informal, desenfadada, amena y muy cercana al público asistente. Prueba de ello fue el interés que creó, las preguntas que hicieron y sorprendió que entre los asistentes hubiera conocimiento de los libros de los que hablamos. Prolongamos la presentación en un café de la ciudad, al que nos trasladamos muchos de los asistentes al acto para seguir hablando de literatura. Un amplio resumen de lo que quería transmitir con el libro se recoge en la entrevista publicada en la contraportada del Diario del Alto Aragon del domingo 26 de noviembre, en el que deja claro por ejemplo que el tarot puede ayudar a conocernos mejor o que hay que acercarse a todas estas doctrinas con el interes del conocimiento.
Desde Huesca, le agradecemos que haya sido aquí donde ha presentado un libro ameno, curioso y del que se puede aprender bastante. Esperemos que nunca vengan los hombres de negro a llevárselo o a quemarlo en las hogueras. Mi impresión sobre el desarrollo es más que satisfactoria quizá porque mi idea es que los libros han de estar cerca de la gente. Y si son sus autores quienes pueden hacerlos más cercanos, eso ya no tiene precio posible.

Lourdes Aso Torralba
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Presentación del libro
Por Iván Humanes Bespín
y
Salvador Alario Bataller
Grafein ediciones

Un recorrido por diecinueve libros malditos. En esta obra se dan cita el Corpus Hermeticum, el esoterismo, H. P. Lovecraft, El libro egipcio de los muertos, El Martillo de las Brujas, el satanismo, la teosofía, Angela Carter y la Cámara Sangrienta, lo imposible. Recorrer sus páginas es recordar la biblioteca olvidada.
Presentación en el Centro cultural RAÍCES.Sábado 25 de noviembre a las 19 horas.Calle Campana, 1 (Huesca)
Asistirán al acto:
LOURDES ASO TORRALBA, escritora.
IVÁN HUMANES BESPÍN, coautor de Malditos.


Proyecto
LetramantE

Convocatoria

El Proyecto Letramante convoca a todos los escritores en lenguas romances (vgr. español, portugués, italiano, francés y rumano), así como fotógrafos, dibujantes e ilustradores, a participar en su serie de ediciones artesanales monotemáticas, para ello las colaboraciones deberán cumplir con los siguientes criterios:
Ser inéditas en papel. Incluir el nombre del autor y su correo electrónico.
Emplear alguna de las formas de creación literaria (poesía, cuento, etc.) para explorar el tema seleccionado para cada edición. En esta primera ocasión, el tema será la ciudad y puerto de Ensenada, Baja California, México.
Extensión máxima 2 cuartillas (hoja tamaño carta con márgenes de 1 pulgada, escrita a doble espacio en letra Times Roman de 12 puntos).
Las colaboraciones gráficas deberán enviarse digitalizadas a una tinta y ser aptas para el formato editorial (media carta vertical).

Las colaboraciones pueden ser enviadas a las siguientes direcciones electrónicas:
akurion@hotmail.com
elizabeth.sobarzo@hotmail.com

Atentamente
Consejo Editorial del Proyecto LetramantE

Ensenada, Baja California, México, a 19 de noviembre de 2006.

www.letramante.blogspot.com
Elizabeth Sobarzo Gaona

El Poeta es el concubino de la poesía,
yo solo soy su amante vouyerista.
www.elizabeth-sobarzo.blogspot.com

El Martes día 21 de noviembre a las 19 horas,
dentro del ciclo AULA DE POESÍA del ÁMBITO CULTURAL DE EL CORTE INGLÉS de Valencia (Calle Colón, 27 ) contará con la visita del poeta EDDIE (J.BERMÚDEZ) que realizará una lectura poética en torno a "LA POEMA".

El acto está coordinado y presentado por la escritora Mª TERESA ESPASA.


BIO BIBLIOGRAFÍA
Eddie (J.Bermúdez)(Barcelona, 1975)
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia en 1999.
Ha sido miembro de la Tertulia la Buhardilla, en sus primeros años. Miembro fundador del grupo teatral LA BACANAL DEL VERSO, y más tarde director y actor de LA ORGÍA DEL PALABRAZO, grupo de performance poética en la ciudad de Valencia. Cooperador del programa literario de radio Funny, "NEVERMORE" en 1997. Organizador y cooperador de la Jam Literaria del pub "El Asesino" (Valencia). Miembro de la Asociación Poética RESANIMA (NADALMA). Colaborador habitual del periódico virtual valenciano UNION-WEB, y otras publicaciones literarias. En el año 2003 ha sido ganador del primer premio de poesía antitaurina "TORO DE HIERRO", y también del SARGANTAS de Poesía de los Premios de Otoño Villa de Chiva cuyo poemario, ESTRATO DE SÍLABA, está editado en Rialla Edic.
Actualmente trabaja en el proyecto pictórico DES-NUDANDO EL VERSO, junto a su compañera JULIA MARQUÉS, en un intento de unir POESÍA y PINTURA, intercalando su trabajo como poeta experimental, convocatorias de MAIL ART, y performance poéticas por todo el estado.
Es autor de las siguientes Publicaciones:
-EXTRACTO DE POEMAS OBJETO (1996). (Autoeditado)
-EL GRITO DE AL LADO (1997). (Autoeditado)
-CANTAR DE MUERTE (1996). (Autoeditado)
-EL BAR DE DIOS (1997). (Autoeditado)
-DENTRE VERTIDOS DE EXTROVERSIÓN (1999). (Autoeditado)
-CIUDADEMBARGUEBRIO (1998). (Autoeditado)
-POEMACCIÓN 1, 2, y 3 (1999-2001). (Autoeditado)
-ESTRATO DE SÍLABA, ediciones RIALLA, Valencia, 2004 (Ilustraciones Julia Marqués)
-POEMACCIÓN NAVIDEÑO (Serie limitada de 30 ejemplares numerada y firmada por Julia Marqués y Eddie) (2004)
- HUESOS DE LUCIÉRNAGA, Ellago Ediciones S.L., 2005
- ANTOLOGÍA INCOMPLETA DE POESÍA VISUAL, Calambur Ediciones, Madrid.(en prensa)

-- Eddie (J.Bermúdez)http://eddiepoema.blogspot.com


HISTORIA DE VAMPIROS
Mario Benedetti y JMSerrat


Los violines y el bandoneon suenan a tango, pero con
ritmo de bolero...

Sus padres y hasta sus abuelos
fueron vampiros de prosapia
y tras su leve mordedura
sangre libaban a sus anchas.

Pero este en cambio era un vampiro
que apenas si sorbia agua
al mediodia y en la cena
de noche y en las madrugadas.

Abstemio de sangre
era la verguenza
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Este vampiro tan distinto
oso' crear una variante
proselitista de vampiros
anonimos y militantes.

Bajo la luna hizo campa#a
con sus consignas implacables
"Vampiros solo beban agua
la sangre siempre trae sangre..."

Abstemio de sangre
era la verguenza
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Pero temieron sus colegas
que esa doctrina peligrosa
tentase a los vampiros flojos
que beben sangre con gaseosa

y asi una noche de tormenta
cinco quiropteros de lidia
le propinaron al indocil
sus dentelladas de justicia.

Abstemio de sangre
era la verguenza
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

El desafio del rebelde
quedo alla abajo en cuerpo y alma
con cinco heridas que gemian
formando un gran charco de agua...

Lo extra#o fue que los verdugos
colgados de una vieja rama
a su pesar reconocieron
el buen sabor del agua mansa.

Abstemio de sangre
era la verguenza
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

Desde esa noche ni vampiros
ni vampiresas chupan sangre.
Los hematies son historia
y el agua corre dios mediante.

Y como siempre ocurre en estos
y en otros casos similares
el singular vampiro abstemio
es venerado como un martir.

Abstemio de sangre
***y de ahi las ofrendas***
de los otros vampiros
y de las vampiresas.

PERRAS, PEJAS

SALVADOR ALARIO BATALLER
PEJA, A LA CALLE CON LOS PEJOS
2006

Mi amigo José, además de tener una gran fortuna y estar cojito de nacimiento, hablaba con la j, es decir, que en vez de decir Ramón, decía Jamón, en vez de Ropa, jopa, pejejil en vez de perejil. Tenía bastante mal genio, pero éste empeoró cuando se casó. El motivo radicaba en que eran muy diferentes: el estaba muy a gusto en casa y ella siempre quería estar en la calle. La verdad residía en que la muchacha era bastante resbalosa y cada vez paraba menos en casa, hasta que a mi amigo se le inflaron los huevos.
-¡Te gusta más la calle que a los pejos! -le espetó él un día, enfadadísimo- ¡Peja, jepeja, que eres una peja, pues vete a la calle peja con los pejos!
Ahora mi amigo se pega la gran vida y ella sobrevive haciendo la calle
.

ANDREA BOCCONI


Tranvía

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. "Amplia sonrisa, caderas anchas... una madre excelente para mis hijos", pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.
Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.
Dudó. Ella bajó.
Se sintió divorciado: "¿Y los niños, con quién van a quedarse?"


En el calendario habitual el Día de los Muertos es el 1 de Noviembre, el Día de Todos los Santos según la tradición judeo-cristiana, el Shamhaim celta. Es una de las festividades más marcadamente célticas porque, tras los fuegos del Shamhaim se iniciaba el año celta.
Siendo otrora una de las grandes celebraciones del fuego, se celebraba encendiendo grandes hogueras, lo cual se ha conservado inclusive dentro del cristianismo (substituido muchas veces por las velas, símbolo del elemento ígneo), resaltando, en su fundamento, el elemento pagano del culto a los muertos.
En la brujería wicca se la conoce, como dijimos, con el nombre de Shamhaim y entraña un carácter mucho más fantástico que otras festividades mágicas : es el final del verano, cuando crecen los poderes subterráneos (del inferomundo) y se liberan todos los poderes, tanto positivos como negativos, porque las puertas, en esa fecha, en ese día mágico, permanecen abiertas. En la tradición pagana se trataba de mantener la comunicación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre el mundo de arriba y el submundo, la tierra de abajo, el supramundo y el inframundo. El rito culminaba con una explosión de alegría, reafirmando la vida sobre la muerte, la afirmación de todo lo vivo sobre todo lo muerto. La vara del sacerdote constituía un símbolo fálico, indicando la fuerza creadora de la naturaleza, inmanente a los ritos de fertilidad.
Entre algunos de los himnos que se han conservado y que se cantaban o declamaban en dicha celebración, en uno se reza al “augusto señor de las sombras, dador de la vida y dador de la muerte”, en el seno de un rito encaminado, pues, a conseguir que los fenecidos se unan a la fiesta, que se les sienta presentes (v., Seral Coca, 1.996). El momento esencial es el instante cósmico en el que se abren las puertas entre el mundo de los vivos y el desconocido del más allá, el de los muertos. Este momento especial se denominó “All Hallow Een”, que, en los Estados Unidos de Norteamérica, se transformo en el conocido “Halloween”.
Antiguamente la fiesta tenía un aspecto lúdico (y también sexual : la unión física del sacerdote y de la sacerdotisa, simbolizada después por la introducción de la daga en la copa), pero en Europa, con la influencia del cristianismo, la fiesta se ha transformado en un día triste, el de Todos los Santos, muy apartado en su significado del día original. Lamentablemente también el concepto de la muerte, de carácter positivo, como tránsito a algo mejor, ha devenido en algo oscuro, terrible y evocador de gran temor. En la tradición pagana, muy al contrario, la muerte era un proceso natural y existía siempre, de signo positivo, una intercomunicación entre la vida y la muerta, siendo una en realidad. Las misas, por ejemplo, tratan de romper este lazo, intentando alejar a los muertos de los vivos, guiándoles en su viaje al otro mundo. Las velas en estos ritos han substituido a las hogueras de otros tiempos, para dar luz y guía a los difuntos en su trayecto, en una clara representación modificada del elemento ígneo, con todo lo que ello supone de vida y regeneración.

Salvador Alario Bataller

Lugar:
Avda, Blasco Ibáñez, nº.126, 6º, 28ª Valencia 46022 Spain

Teléfono:
963724197

E-mail:
alario7@msn.com

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OBRA PUBLICADA A)CIENTÍFICA: 8 libros de Psicoterapia y Sexología (editorial Promolibro, valencia). 36 artículos especializados en diversas revistas (redactor de Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, www.editorialmedica.com, y los artículos y otros textos se relacionan en la web). B)NARRATIVA: “La conciencia de la bestia”, edición privada, finalista (de los 15 finalistas) del Premio Planeta de Novela de 1997. “La ciudad desvanecida”, relato seleccionado por concurso de la revista Escribir y Publicar en su editorial Grafein Ediciones, Colección Escritura Creativa, integrante del volumen de cuentos ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001). “Descensus ad Inferos”, lo mismo que antes, pero este cuento pertenece al libro de cuentos “32 MANERAS DE ESCRIBIR UN VIAJE” , Grafein Ediciones (2002). “Maltidos. La Biblioteca olvidada”, Iván Humanes Bespín y Salvador Alario Bataller, Grafein Ediciones, Barcelona, (2.006). "101 coños, Ilustraciones y breves" (2008), Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Bespín. Ilustraciones de Vanesa Domingo Montón, Grafein Ediciones, Barcelona. "Antología Iberoamericana de MIcrorelatos" (2008),coautor, Ediciones Lord Byron, Madrid (en prensa) La acre lácrima (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Un estudio crítico del Necronomicón Apócrifo (2006), ensayo, en http://www.lulu.com/alario7 Las aventuras carpatianas del profesor Exhorbitus (2006), novela, autoedición, en http://www.lulu.com/alario7 Astrum Argentum . La vara del mago (biografía novelada de Aleister Crowley) (2006), novela, en www.lulu.com, en http://www.lulu.com/alario7 El murciélago monstruoso (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Nunca volví de cuba (2007), novela, en www.lulu.com, http://www.lulu.com/alario7 Cuentos en www.narrativas.com: Espejos (2007), Los pequeños (2007). La angustia última (2008). Lo que trajo la noche (2008). OBRA INÉDITA: Las nocturnidades de don Arturo del Grial, (2002), novela. Los ojos del moro (2003), novela. El doctor amor y las mujeres (2006), novela. La trama sináptica (2007), novela. Historias de amor, muerte y trascendencia (2007), novelas (dos novelas breves relacionadas). Los estados intestinales (2007), novela. Cuando cazaba pelos (2008), novela breve Cuentos completos (1999-2008) Blogs: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://undostrescuentos.blogspot.com http://undostrescuentos2.blogspot.com http://elloboylaluna.blogspot.com http://lasnocturnidades.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
 

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