PRESENTACIÓN DE LOS CANÍBALES INOMBRABLES DE IVÁN HUMANES
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ENTRE PEPE EROS Y JOSÉ TANATOS O DON'T CRY FOR ME NICOLASA (compilación)
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LA TRILOGÍA DE ECCE CUALQUIERA. Libro Primero (novela): primer capítulo
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AHORA TODOS MIS BLOGS, LITERARIOS Y PROFESIONALES, QUEDAN UNIFICADOS EN EL SIGUIENTE:
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que, poco a poco, iré construyendo.
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Sobre el botellón y otros asuntos: NI PADRE, NI MADRE... (cuento)
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AQUELLOS QUE TE HAN QUERIDO, de EL DISFRAZ DE DIOS, de Salvador Alario Bataller
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EL DOCTOR AMOR
Y
LAS MUJERES
_____
Salvador Alario Bataller
Introito
Lejos de la edad provecta, al doctor Amor, médico y escritor, levantino de cierto renombre, quien une casualmente en nombre y apellidos el insólito tríptico de Amador Amor Amado, se le suicida la mujer a causa de cronofagia. La pena y el dolor derivados del trágico suceso (en realidad no excesivos) son en parte aliviadas por la herencia de una lujosa casa de lenocinio en las afueras de Valencia, La Casa Rosada (la coincidencia con la sede gubernamental de un honorable país hermano es mera coincidencia, si bien quien escribe duda de la honorabilidad de todo lo político). La propiedad le es legada tras el óbito de un misterioso hermano al que desconocía por completo y cuya peculiar vida irá subyugándole gradualmente.
Pese a sus iniciales reticencias, el doctor Amor encontrará en el local experiencias eróticas singulares, personajes incalificables, un mundo alternativo que no había llegado siquiera a imaginar y que ponen en cuestión muchos de sus principios fundamentales, así como aquello que nunca más hubiera creído llegar a tener, la posibilidad de un nuevo amor, ese que uno el vino nuevo a otro de mayor catadura. Es este un libro que podrá cuestionar principios fundamentales para muchos, pero sin lugar a dudas despertará el interés de personas sensibles e inteligentes,
El autor, doctor en Psicología por la Universidad de Valencia, ha publicado hasta la actualidad casi un centenar de obras, entre libros y artículos científicos y profesionales, siendo redactor por méritos científicos de la revista especializada Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace (www.editorialmedica.com), siendo además uno de los máximos productores científicos de la especialidad en la comunidad valenciana (http://alario1.blogspot.com). En 1997 quedó entre los diez finalistas en el Premio Planeta de Novela y ha publicado sus obras en Promolibro, Editorial Grefein, Lulu Interprises y Ediciones Lord Byron principalmente.
-La mujer a la que amaba se pegó un tiro ante mis ojos –dije sin ninguna emoción, mientras a mi espalda, estupefacto, al joven casi se le cae la taza de café de las manos.
Minutos antes, mientras preparaba la entrevista, ya me pareció demasiado nervioso; cuando sintió que le observaba, no atinaba a meter el casete en la grabadora.
-Lo lamento -susurró.
-No te preocupes, hablaremos de eso más adelante –añadí viendo su azaro
-Lo siento, ya está –repitió el joven, tratando de recomponerse-. Es que no me lo esperaba. Ni siquiera concebí que nuestra primera entrevista comenzase con esa revelación tan terrible.
-Lo comprendo –dije-. De eso hace casi dos años y, desde entonces, decidí caminar solo hasta que la calva dispusiese. Bueno, hay vidas que lo son en función de otras, en algunos casos de manera excesiva. Ella vivía desviviéndose por mí, a mi orilla, deseando ser el centro de mi vida, apoyarme y alentarme permanentemente, hasta que se produjo el cambio. En buena medida, fue debido a la suerte, a causa de una muy buena crítica a una novela mía por parte de un autor prestigioso. Por ello, el éxito me sobrevino inesperadamente y me vi obligado a viajar más, quebrándose, en buena medida, ese mundo casi perfecto, impoluto decía ella, con el que ambos nos engañábamos cada día.
Me miraba con perplejidad.
-Resulta un asunto muy complejo, algo que clínicamente se denomina cronofagia y no es frecuente en la población general –añadí, sentándome ante el joven, al otro lado del escritorio.
Traté de mostrarme amable y le ofrecí un cigarrillo, el cual rechazó. Dijo que no fumaba.
-Se trata de un término relativo a la Psicopatología. En amores demasiado dependientes, unilaterales, se alberga siempre el resentimiento y, aún más, un odio que el otro nunca reconocerá y tornará contra sí cuando la situación le sobrepase –agregué y después seguí sin poder ocultar mi sorna-: Pienso que debió haberse ahorcado a la puerta del consultorio, para que así su protesta tuviese algún eco en mentes pacatas y odiosas, que dijeran que la mujer del doctor se había autoinmolado, por lo cual el susodicho debería ser un monstruo. No obstante, antes de seguir adelante con esta historia, he de confesarte, lo cual no me produce la menor perturbación ni otro sentimiento, que en las relaciones amorosas que mantuve en realidad el problema era yo. La verdad es que no estoy hecho para compartir la vida con nadie. Soy un solitario, buen amigo, buen amante si quieres, pero una pésima pareja, simplemente porque mi deseo auténtico es la soltería. En esa línea, todas las relaciones que mantuve estuvieron motivadas por el sexo y cuando la pasión terminaba, me daba cuenta de que me aburría y deseaba volver a estar solo. Para mí la soledad, que siempre es compartida con cuatro amigos, es una virtud y las normas sociales o lo que se aprecia como correcto me importa un comino. Sin embargo, a partir de los cuarenta decidí no mantener ninguna relación más, por cuanto siempre acababa sucediendo lo mismo: yo no tenía lo que quería y tampoco les daba a ellas la seguridad de una relación normal. Así que, para no sufrir ni hacer sufrir a nadie más, decidí tener amantes breves si hubiese la ocasión, y permanecer sincero a mí mismo y a mi mundo, a eso que me gusta llamar mismidad. Aún así, cuando me negué al amor de modo definitivo y me reduje al campo de mis puros intereses, algo sucedió que lo cambiaría todo, una cosa que nunca pensé que pudiera sucederme. Y, como has de saber en su momento, no sería el último cambio importante que me preparaba el futuro.
-¿A qué se refiere?
-Como acabo de decir, en su momento te lo diré; antes he de hablarte de otros asuntos que, bien vistos, parecían trazados con un sentido, para propiciar el desenlace vital inopinado de este hombre otoñal que te habla.
>>Volviendo al capítulo que habíamos dejado, de lo que estoy completamente convencido es que, como cualquier mujer reservada a causa de miedos diversos, ella quería, con su suicidio, fijarme de por vida con un sentimiento de culpa que no tuve, ni tengo ni tendré, desacorde desde siempre con la gris normalidad, la cual resulta, desde muchos puntos de vista, un déficit primario, orgánico, congénito si quieres, y una indecencia. Lo que acabo de decir se colige de una creencia que tengo muy arraigada y es la relativa a que el hombre no es gregario por naturaleza, sino por necesidad. Somos, en esencia, seres solitarios, violentos y egoístas y el otro importa en la medida que nos puede beneficiar. Pensar lo contrario es una falacia, producto de morales y moralinas de todo tipo con las cuales intentamos justificar y bendecir nuestra vida social.
-Es un punto de vista bastante extremo por cierto. En realidad, no se cómo puede hablar en esos términos de ella.
Traté de mostrarme condescendiente, porque la frivolidad que hace hablar sin conocimiento de causa siempre me ha irritado. Nada sabía él de los pormenores de la historia, para forjar cualquier tipo de opinión, pero obvié el hecho, añadiendo de inmediato con tono conciliador:
-Ubícate en la escena: dos semanas antes me besaba las manos con devoción, hacíamos el amor normalmente. Recuerdo bien la mirada esfumada tras el arrebato del orgasmo. Después aconteció mi primer viaje a la capital, el inicio del deterioro. Desde ese momento, paulatinamente fue creciendo el silencio entre nosotros. Ese silencio me hizo sospechar el desenlace, pero me negué a asumirlo hasta que fue demasiado tarde. Recuerdo bien el día; era de noche y volvía de un viaje. Como de costumbre, nadie me recibió en casa; entristecido me encerré en mi despacho. Un rato después, oí pasos en el salón y, a sabiendas de que eran suyos, salí movido por un impulso conciliador. Ella estaba parada en medio del comedor, con las luces encendidas, todas, para que yo no perdiese detalle: vi sus ojos ígneos, inyectados de reproche y odio antes de descerrajarse un tiro en la boca. En efecto, yo no perdí detalle, nadie me quitó el susto y la pena temporal, pero ella perdió lo único que tenía, su tiempo, su vida, ese existir que había dedicado a mí aunque yo, en esa forma, no lo desease.
Me senté en la butaca y alumbré un pitillo. El joven observaba perplejo mi indolencia, pienso que pensaría, el modo ponderado pero avieso con que hablaba de aquella fatalidad. Eso me agradó y no me interrumpí:
-Efectivamente no voy a decirte que la causa fue el éxito porque solamente la desdicha crece en terreno abonado, la muerte se produce cuando la fosa ya ha sido cavada. Resulta curioso como un golpe de suerte te cambia la vida, radicalmente, llevándote de un modo de vida a otro totalmente diferente. En este caso fue para bien en lo que a mi respecta, pero significó también una escisión y el proscenio de su final. No hay beneficio en estado puro, siempre es a costa de algo, indefectiblemente se producen daños colaterales.
>>Al principio, cuando nos conocimos, veinte años atrás, teníamos algo en común, una cicatriz existencial, una pátina de resignación, de melancolía. Eso nos unió, sin duda. A base de mis desacuerdos con el mundo, llevaba pegada a mí una segunda piel de tristeza, del mismo modo que la humedad de adhiere a los muros viejos. Después, cambié, me desapegué de casi todo, fui a la mía, como el extraño, el espectador estupefacto que en realidad era frente un mundo desquiciado. Entre el ego y el afuera, en lo que a mí concierne, existe desde hace mucho un abismo profundo, repleto de cosas sabidas, a medio saber, insinuadas y completamente desconocidas, donde algo de mí estaba también; entre otras cosas, la literatura tuvo el papel de descubrimiento de esa tiniebla y los libros, surgidos de esa tarea, la descubrían, la pergeñaban, pero nunca la trascendía porque eran mero reflejo de la misma.
-Los afectos, como el amor, pienso que pueden reconciliarle a uno con el mundo –me interrumpió sentencioso el periodista.
-Sí, pero eso no es suficiente. Hay algo más hondo: al principio y al final solo está la palabra. Tengo la ventaja de los pensamientos errantes por mis mundos sombríos. Yo odié siempre los grises de la vida común y ella, aunque tratase de negarlo, tenía una adherencia plebeya a la costumbre, a lo que se entiende por consuetudinario, por normal, a lo que es socialmente deseable. Eso poseía el lado de calidez, ternura, pegajosidad y halago que nunca desagradan a un hombre pero que con el tiempo dejan de satisfacerle. Vivía por mí, su tiempo dependía del mío. Desdecía con mi ambiente. Después sepultó su vida bajo mis pies y se sintió segura, hasta que mis novelas tuvieron éxito y dejé de estar siempre a mano, en el reducido y cálido hogar que compartíamos. Entonces se sintió en un segundo plano, que no era necesaria como antes, temiendo que posiblemente la dejaría. Creyendo que no la necesitaba, se suicidó; ella necesitaba mi tiempo, mi atención, para alimentar el suyo, para alentar un pálido deseo de vivir.
-Cuando leí la noticia en la prensa, me quedé muy impresionado –confesó el periodista.
Asentí, una velada especie de recibo de condolencias, sobrante.
-¿Por qué no lo dejé a tiempo o traté de solucionar el problema? –pregunté, creyendo anticiparme a su pregunta-. Hay algunas razones y, la no menos importante, estriba en que ella mantenía la creencia errónea de que el amor lo soluciona todo, lo cual la hacía ser muchas veces extremadamente delicada y apetecible. Se equivocaba, dado que hay que tener ciertas habilidades para mantener vivo el sentimiento, además de compatibilidad en cuestiones importantes, que unan a las personas. No era así, éramos antipódicos y las diferencias, en una pareja, no hacen el complemento. Además, existía otro elemento de enganche, muy poderoso: nuestra sexualidad era excelente y, en estos casos, la testosterona mata a la neurona, lo que equivale decir, en términos más amplios, que al amor obnubila la razón. Pienso que no me equivoco al decir que son muy pocos los que se libran de ese mal. Es tan humano, tan torcido y tan nocivo como el hombre mismo. Todavía estoy esperando la primera piedra.
>>En próximas conversaciones hablaremos más ampliamente sobre todo esto y te comentaré algún caso clínico que te sorprenderá –repuse.
La realidad exterior se alteraba con la crepitación del granizo sobre el alfeizar.
-¡Demonios, ahora graniza!
Pensé en lo mucho que había cambiado el clima, el país y mis conciudadanos en los últimos quince años, indudablemente para mal.
-Todo esta cambiando, el tiempo, el país, la gente, el mundo se ha vuelto loco, se ha trastornado –se lamentó el muchacho, como si me estuviera leyendo el pensamiento, y estuve completamente de acuerdo con él.
Después calló, permaneciendo con los ojos puestos en la grabadora, cuya cinta corría lentamente.
-Ayer pasó lo mismo. Después del granizo llovió un rato y escampó. Igual mañana hace un sol tórrido o nieva –dije y después le miré.
Sus facciones me parecieron demacradas, incluso adoloridas, tal vez efecto de la tensión que la charla le había supuesto, más posiblemente por su carácter nervioso que le hacía mal soportar lo inesperado, las emociones mismas y los problemas de la vida. Con sus ojos aguanosos miraba abstraído la biblioteca que nos rodeaba, los pesados cuadros y todo aquel epatante espacio sellado que constituía mi mejor lugar en el mundo.
-¿Los ha leído todos?
Bastantes personas me habían hecho esta pregunta que, por lo demás, aunque esperable, siempre me pareció absurda.
-No, pero sí muchos –contesté-. A bastantes los he releído varias veces.
Miraba con insistencia un gran óleo que quedaba sobre la chimenea.
-Ese soy yo, con traje académico. Ahí tenía treinta y dos años. De eso hace bastante tiempo.
Se hizo un silencio, con todos los visos de esterilidad para un diálogo posterior. Entonces decidí tenderle la mano y terminar con la entrevista.
-Bien, por hoy ya hemos tenido suficiente, mañana continuaremos.
Cuando el periodista se fue, me quedé todavía un rato mirando elegíaco el revuelto exterior: mucho de mí se había quedado anclado en el pasado. El futuro se levantaba ante mí amenazador, aunque no tenía motivos para sentir especialmente ningún tipo de temor. Aunque había arrostrado el porvenir con resignación, el camino de mi vida discurría ya por páramos donde el disgusto, el recelo y la frustración campaban libremente. Dijo el romántico español que el tiempo era pérdida y, por ende, melancolía. Si no todo, tal vez en ello estribase una parte importante de mi malcontento.
Siempre he despreciado a los que se obstinan en el presente, amándolo. Este presente me aluna. Hace mucho tiempo que estuve aquí, algo perverso me catapultó desde mi particular futuro. Ahora me vivo mirando atrás.
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Ahí encontrarán algunos microcuentos de quien escribe.
Crónica de Bucarest
Es de noche, ya he cenado y salgo del hotel a dar una vuelta. Decido tomar un coche de tiro, no un taxi, que me lleve a un paseo apacible por esta ciudad peculiar. Viene hacia mi uno, pero no es un coche abierto, sino una calesa negra, tirada por dos caballos del color de la n ...oche. Apenas sin mirar al conductor, subo y me siento cómodamente. Enciendo un pitillo, encantado de estar al fin dentro de este vehículo de los viejos tiempos, algo que deseo hacer desde hace mucho. Le indico al hombre unos sitios específicos, nada que ver con esos barrios de edificios mastodónticos y horrendos que el dictador régimen construyó masivamente destruyendo gran parte en la antigua urbe.Echo unas fumaradas, un tanto inquieto. La razón de mi zozobra estriba en que aún no me he arrancado de la cabeza esa frustración: fui a Borgo Pass, subí a las ruinas del castillo, pero no descubrí el menor vestigio de la existencia del viejo conde. Nada olía a él, nada lo sugería, era como si el sistema se hubiese tragado absolutamente la remembranza de una antigua presencia.Sigo fumando, ya más resignado. El postillón, que para mi sorpresa habla un perfecto castellano con un extraño acento, me cuenta parte de su vida. Me habla de su heredad paterna, de una ruinosa fortaleza en la cordillera nevada, de los lobos y de la hermosa música que hacen. Me entra el vértigo y, por un instante, casi escapo de allí corriendo. Pero él me dice que me tranquilice e insólitamente lo hago: Tiene demasiado apego a la vida, se lamenta, pese a su condición,y negoció con las autoridades este humilde oficio y la nocturnidad a cambio de auto-control (es decir, comer prácticamente grandes roedores) y trabajo, además de la más absoluta sumisión al sistema, un sistema al que, a la postre, lo que más le importa es la mano de obra.
FUENTE: RETAZOS DE VAMPIRISMO (lo que nunca o casi nunca se ha dicho sobre los vampiros), Salvador Alario Bataller (Inédito)
http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Thomas_Bernhard.htm
http://corominasijulian.blogspot.com/2010/10/la-emboscada-de-ivan-humanes-en.html
http://www.amazon.com/s/qid=1244309363/ref=sr_gnr_aps?ie=UTF8&search-alias=aps&field-keywords=Salvador%20Alario%20Bataller
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/anderson/suicida.htm
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/black/luces.htm
http://www.generacion.net/la-emboscada-de-ivan-humanes
http://32lineasyeste.blogspot.com/2010/07/la-emboscada-de-ivan-humanes.html
http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/corrido.htm
http://ivanhumanes.blogspot.com/2010/06/el-perro-blanco-52.html
EL unicornio, de ESTRÓGENOS, mi último libro de cuentos (breves y no tanto...), inédito (y buscando editor...)
El unicornio
Violette, casi una niña, encontró en el fondo del bosque al unicornio. Fue el inició de un gran amor. Pasó el tiempo y, desde entonces, el unicornio tiene dos cuernos.
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Miquel Bauçà, El Canvi. Des de L'Eixemple, Barcelona, Editorial Empúries, 1988
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Con mucho gusto nos ocupamos de recibir a nuestros tres jóvenes. Queda dicho que eran unos vecos bien altos y fuertes y que eran tres. Nosotros, ya viejos y cerca más de los ochenta que de los cuarenta les dijimos: “Vengan aquí y no tengan miedo de la fría noche, que les ...acogemos en nuestro pequeño hogar”.
Continúa boogeando en http://www.sibila.com.br/index.php/poemas/917-boogie-boogie
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Cuento: La ciudad desvanecida, de ASÍ ESCRIBO MI CIUDAD (Grafein Editores, Barcelona, 2001)
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La ciudad desvanecida
2000
A la memoria de Arthur Machen
*
Mi ciudad es tierra, cielo, quizá el mar y
atardeceres. Siempre un efecto de luz y
memoria. Tus manos y un pequeño dibujo
que me acompaña y me sostiene en el
inevitable duelo de las despedidas. Los libros,
las palabras, la dificultad de la escritura, el
destierro fértil, el placer desinteresado, los
amigos y tantas citas solitarias. Ninguna calle
y todas las esquinas. Ningún lugar y la noche
de océanos sugeridos. La rutina y sus secretos.
Un pájaro ciego, un triángulo de rumores,
ejercicios de hastío y las palmeras. Mi ciudad
es tu mirada y la constancia presentida que se
hurta a los múltiples requerimientos de la ira.
Pero también es mi infierno y mi desdicha, el
horror y la tormenta, un bosque sellado que
se convierte, poco a poco, en una trampa de
silencios: el cuerpo, la duda y la distancia.
Vicente Ponce, “Hielo en los alrededores de la palabra”,
en Instrucciones para mirar el silencio.
*
Este hombre que llegó a la capital, dejando atrás un valle digno y una infancia feliz, se llamaba Salvador Amargo de Dios y, entre otras cosas, era escritor. Su más remoto antepasado -por lo menos en lo que a testimonio histórico se refiere- fue Ramón Bataller, que vino desde Francia con Jaime I de Aragón para debelar el dominio del moro de Valencia. El tenía a gala este dato, más bien para su coleto, pues pocas veces habló de ello, inclusive a los íntimos, como tampoco dejó ver la indiferencia que, desde un principio, le provocó la gran ciudad. Este sentimiento, no obstante, se trocó con los años en irritación e inclusive en sentido desdén.
No tuvo hijos y sus antecesores fueron personas sin relumbre, excepto aquel abuelo materno que, por allá los veinte, marchó a tierras cubanas y ganó cierto renombre en el doble y paradojal quehacer de empresario y artista. De él, conservaba una edición de Los Miserables de Víctor Hugo en seis volúmenes y autografiado. También un gran retrato de época, de un hombre bello y viril, pero de rasgos bondadosos, ocupaba un lugar destacado en la casa, sobre la vieja estantería estilo regencia, constituyendo, más allá de los comentarios familiares, la única huella que el tiempo dejó de aquél que nunca volvió.
Su padre ajó la vida en la lucha con la tierra y en los condicionantes que imponía el dicterio del antiguo régimen, y su madre, continuando el canon de la costumbre, le siguió como una sombra. Una de las marcas que guardaba indeleble en su memoria, la de Amargo, fue el momento de su muerte cuando, con la avanzada edad, la abatió una hemorragia cerebral masiva; después vino el coma, por seis días, durante el cual hubieron breves e inanes momentos de conciencia, una pequeña franja de libertad en el ocaso definitivo, donde dolientemente repetir sentimientos, pedir perdón y elevar infructuosas súplicas. El había nacido con una límpida mirada azul, una recompensa del cielo por el otro niño, el que murió al año justo, un ángel le habían dicho, y al que Dios había dado unos ojos sin luz... La tiniebla y el cielo azul.
Fuerzas absurdas e inexorables de la vida hicieron del hijo el mayor don y la desdicha más gravosa, pero en aquellos momentos definitivos todo lo malo parecía irrelevante, desvaído, y se fomentaba la amargura natural del momento: ella se iba con dolor y él se quedaba con lo mismo.
A la pérdida irreparable se unió un nuevo aguijón. Después de unos años, la malquerencia de familiares esquivos hizo que Amargo vendiese la casa y dejase el lugar; marchó a la ciudad que juzgó de gris y anodina. Este dictamen se modificaría apenas con los años. Vivió en otra casa. Allí no había luz, ni viento, ni un rumor muerto, no había nada, más que el tono monocorde de los días y la tristeza. La apartó de sí poco a poco, llenando las horas de palabras. Después habitó otra casa, en una avenida principal, donde fue más feliz y pudo realizar, en parte al menos, lo que se había propuesto hacer en la vida, como cumplimiento -como él creía- de su destino ineluctable. Sin quererlo iba haciendo carne la tortura y el tiempo byronianos.
En la ciudad vivió cincuenta años. En ella, desde luego, no había nada de aquello de las flores, de la luz y del amor, ni su mera prefiguración. Hubo, como en el poema, alguna cita memorable, despedidas, palmeras, muchos libros y no poca desdicha. Buscó en todo momento un mundo propio en el cual evadirse de los desafueros de la vida común. Ciego a todo ello fueron sus distracciones y sus dichas el alivio de sus enfermos y los libros escritos, leídos y releídos en los momentos profundos vividos en aquella habitación de muebles renegridos, de alta y bien nutrida biblioteca. Fue entonces cuando constató al fin que aquello no formaba parte de la vida, que la trascendía, como tal vez, él mismo. Sin embargo, esta creencia, no le dio consuelo. Año tras año se contentó con la idea de lo que tenía y con la esperanza de regresar algún día a un terreno que había preservado, temiendo que el tiempo le empujase a volver al lugar de sus orígenes.
Se llegó a sentir como Machen y su retazo de vida, huyendo con el pensamiento del monstruo de la gran ciudad y yendo a la espesura del bosque arcano, ese que tiene su lugar en el alma y que prefigura el sueño. La decisión llegó, como todas las cosas de la vida, con el tiempo; entonces, llegando al final, reconoció, no sin zozobra, que había vivido siempre con un sentimiento espeso en el corazón: la desgana de vivir y el miedo, que surgió de un sentimiento hondo de extrañeza hacia sí mismo y de la futilidad de las cosas, de la ciudad misma, como promesa fementida.
Llegó a la estación cuando todavía faltaba un cuarto de hora para que el autobús saliese; mató el tiempo tomando un café en el bar. Había poca gente en el local y disfrutó de un pitillo en aquellos momentos quedos, sellados y cálidos, incapaz de arrumbar cierta tristeza, porque aquellos minutos constituían el proscenio del adiós definitivo a la gran urbe que, pese a todo, le había albergado durante varias décadas.
Poco después, los últimos suburbios de Valencia quedaron atrás y el autobús atravesó campos de arroz dorados, prontos para la siega, y arrabales de algún pueblo que él sabía populoso. Debió dormirse durante un tiempo considerable, pues lo despertó el viraje del vehículo al tomar una curva y entrar en el valle. Atardecía y éste se extendía ubérrimo de naranjos hacia el horizonte, contra la herradura anfractuosa de las montañas, dejando a un lado el mediterráneo azur y proceloso. Nada parecía haber cambiado desde que él lo dejó, todo parecía permanecer sin alteración ninguna, en ese ritmo elemental del tiempo que no cambia a la tierra ni a algunos hombres, como también incólume se levantaba la masa venerable del monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna y los torreones devastados del castillo árabe, allá, en el este, en el límite del cielo, sobre su soberbio espolón rocoso.
Bajó en la plaza del pueblo. Estaba allí nuevamente, cincuenta años después, acompañado por el hosco rostro de la vejez, frente a un horizonte amplio de amigos perdidos y familiares muertos. Empero, todas las cosas radicaban en él, el mundo mismo, y el alfa y el omega: el tiempo, el deseo y la espera y aquel mundo aparte que había construido de libros y de pensamiento.
Volvió al bosque, se instaló en la casa y limpió el calvero que, muchos años atrás, había robado a los elfos con el trabajo de sus manos; y allí plantó un huerto. Asimismo, volvió a rendir culto a las deidades paganas y a conversar con sus amigos veros, los escritores muertos, pero de palabras eternas. Allí vivió de nuevo, del modo que él quería: vio una vez más la muerte roja, holló el bosque del gran dios Pan, contempló el tenebroso castillo de los Cárpatos y temió a los dioses antiguos que moraban en universos ominosos más allá del espacio-tiempo conocido; escucho así mismo el aullido del gran gris que, en el crepúsculo de los tiempos, devorará al sol y, en la noche profunda, volvió a sentir el vuelo del dragón. Y sintió con ello que era un hombre, un hombre entre muchos hombres -pero algo más-, y que la historia se repetía indefectiblemente, cada vez con diferente factura, pero de modo inevitable una replicación más en el ciclo de las repeticiones, con un propósito desconocido, que nunca llegaría a saber.
Se reafirmó una vez más en aquello que rezaba el adagio chino de que nacer es llegar y morir es volver y encontró la clave de la espera en releer aquellos libros que había amado cuando en él, la vida, se hacía a sí misma.
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Salvador Alario Bataller
Eva le dio a Adán la manzana con que la serpiente pretendía tentarlo, pero él prefirió el higo.
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EL AMANTE PERFECTO (cuento completo y versión bilingüe)
0 comentarios Publicado por Unknown en 11:54 a. m.
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UN CUENTO MÍO DE LA NUEVA ANTOLOGÍA REFERIDA ABAJO
0 comentarios Publicado por Unknown en 9:07 a. m.
NUEVA POESÍA Y NARRATIVA HISPANOAMERICANA DEL SIGLO XXI
0 comentarios Publicado por Unknown en 9:03 a. m.Ahí podrán encontrar algunos cuentos míos.
Contra el plagio y otras lacras literarias.
Ahí podrán encontrar algunos cuentos de quien escribe.
Etiquetas: Roberto Bolaño
REPUBLICA DOMINICANA:
Rafael Rosado frente a la casa de Vicente Huidobro en Cartagena [Chile-2008]
Huidobro crea y descarta e incluso cuestiona el creacionismo [cubismo literario, el surrealismo y el futurismo] y se burla de los otros movimientos literarios como el romanticismo y el modernismo con el objetivo de destruir toda poética convencionalista con proposición caótica de la línea, el ritmo y la sintaxis.
Altazor transforma los límites conocidos de la poesía. Su sátira sin medida la dirigió a sus detractores. Vicente Huidobro ve el mundo como un Dios poeta creador. Altazor es una de sus criaturas que habla con él poniendo en tela de juicio los métodos anteriores. Huidobro establece un diálogo consigo mismo en un acto de magia poética.
[1] Mediante un sin fin de acrobacias lingüísticas en el aire se sitúa fuera de la tierra [en el espacio] como un espíritu. Parte con su paracaídas que son las palabras y la lengua desde la muerte rumbo al nacer. El va reconstruyéndolo todo, creando, renombrando los objetos y los procesos de la vida hasta volver a ser un recién nacido que balbucea vocablos sin sentido.
En este viaje al vacío Huidobro y Altazor construyen símbolos, imágenes, metáforas y procedimientos sin importarles la realidad ni la verdad.
Su poema es una crítica contundente a la poesía automática, inspiracionista, sensible y afectiva para irse por el lado intelectual de la imaginación que sale de las manos y la mente del creador [Dios] que es el poeta.
En el prefacio inicia esta idea de poeta profeta hablando de muchos elementos de la modernidad y el futuro como son los dirigibles, el aeroplano, el paracaídas , el telescopio y sus técnicas acrobáticas de palabras sin ningún sentido.
Se sitúa al lado de Whitman como poeta profeta que anuncia el futuro de su pueblo. Huidobro pronostica el futuro del poema y la forma de poetizar en una nueva dimensión por el creada. El prolonga su poema hacia todos lados en un acto de liberación total, de caos y broma de las formas que se repiten, Huidobro es un transgresor sin piedad que reconoce “si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco” [Altazor,57]. Es un poeta que no necesita la inspiración “...soy Altazor, el gran poeta, sin caballo que copia alpiste” [Altazor,58].
Canto Número I : El poeta Dios se suelta de su paracaídas para crear su iniverso. Es un ser angustiado por conocer la causa de su existencia fatal. Altazor es su primera creación. Este es un ser incorpóreo, lleno de zozobra que se lanza al abismo para encontrar las respuestas de sus inquietudes. Su imaginación intelectual va limpiando de obstáculos el camino.
Es un ser nacido a los treinta y tres años en plena madures y capacidad de conciencia.
No sólo ve el mundo desde afuera, sino que también se ve él para sus interiores “tierra desconocida” [Altazor,65] donde habita y se origina su poesía. El es un insatisfecho “sin dar una respuesta que llene los abismos” [Altazor,66]. El canto uno inicia la nueva expresión técnica de descomponer la realidad a su antojo reinventándola desde otras perspectivas.
Todo puede ser verdad y mentira dentro del caos que gobierna su mundo. Huidobro planteó cambiar el poema tradicional por lo que se le ha situado al lado de otros innovadores como son Rimbaud y Lautreamont. El elimina casi por completo la puntuación y la versificación lineal, violentando de hecho la sintaxis con la supresión de algunas conexiones verbales.
Huidobro lleva consigo “una gramática dolorosa y brutal” [[I,278], proponiendo liberarla de todo “Liberación, ¡OH! si liberación de todo” [I,290]. Reconoce que de aquí en adelante la poesía seguirá su norma “Será por mi boca que hablarán a los hombres”[I,414]. Propone crear una poesía intelectual conciente “Hombres con los ojos abiertos en la noche” [I,432].
A este hombre no le importa la crítica, sino vivir en un espacio creado “sin control de ojo intruso” [I534]. Su intención fundamental es forjar una nueva expresión y anuncia su inminencia “Silencio la tierra va a dar a luz un árbol”[I,634]. La tierra es la poesía m℮taforizada y el árbol es el poema que saldrá de allí.
Canto Número II : En este canto la mujer es el instrumento desde donde parte la creación “mujer el mundo está amueblado por tus ojos” [II,1]. Nada teme si ella lo acompaña por el mundo porque la sola mirada de ella lo fortalece “La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas” [II,78].
La belleza de la mujer es algo sin igual por su gracia salvaje y natural “eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña” [II,143]. La vida , el mundo y la poesía necesitan a la mujer por tener una luz propia que puede alumbrar el camino . Si ella no existiera “qué sería del universo ?” [II,170].
Canto Número III : En este canto plantea romper las cadenas que limitan el desarrollo de la poesía.
Es un llamado desesperado de libertad pero donde el acto creativo es intelectual y sin infusiones mágicas de deidades etéreas que inspiran “Manicura de la lengua es el poeta más no el mago que apaga y enciende” [III,44].
Huidobro propone como poeta profeta renovar las lenguas con su nuevo atrevimiento literario inyectándoles “cortocircuitos en las frases y cataclismo en la gramática” [III,125].
La nueva expresión será como un acto de juego “mientras vivamos juguemos el simple sport de los vocablos”[III,144]. En este momento cuando salió el libro Altazor el mundo vivía una época de muchas contradicciones y muchas de esas contradicciones se reflejan en el entramado m℮tafórico y simbólico de este libro.
Canto Número IV : Es un llamado urgente para renovar el arte que se encuentra hastiado del abuso constante de recursos como la rosa “rosa al revés rosa otra vez y rosa y rosa” [IV,103].
Para despojar a la poesía de los viejos esquemas hace la propuesta de la técnica deconstructiva como cuando dice “...Rosario río de rosas” [IV,276], “...Clarisa clara risa” [IV,277], y “...Altazor azor fulminado por la altura” [IV,281]. También muestra la naturaleza poli significante del lenguaje “el meteoro insolente cruza por el cielo” [IV,289].
Canto Número V : Para poblar con su creatividad ese espacio vacío se desliza por el mundo de los sucesos desconocidos. Huidobro es allí un Dios –poeta , creador y componedor que va llenando el mundo literario por el inventado. Los sufrimientos por exponer esta nueva teoría lo hacen objeto de la crítica más despiadada. El se convierte en un poeta Cristo, que sufre y se sacrifica por el arte.
Como sabe que él tiene una fórmula mágica que puede exponer para el futuro el poeta Cristo se transforma en Poeta-profeta con la conciencia de que su propuesta incendiará el futuro de la lengua.
Este será “un ladrido de perro incansable?” [V,24].Como Santo Domingo de Guzmán cuya madre soñó que su hijo “era un perro que incendiaba la tierra”. Huidobro persistió en su profecía y propuesta de una nueva técnica revitalizadora de la poesía.
Canto Número VI : En este canto Altazor es un ser prendido de noche y oscuridad [VI,3]. Luego se transforma en cristal [VI, 23].La paradoja de su vida sucede cuando en esta maroma llega a la transparencia espiritual con un lenguaje oscuro y con dolor. Es el momento de la ruptura donde nadie se entiende pero donde él propone “...el clarín de la Babel pida nácar” [VI,64] para seguir viajando y esclareciendo las cosas.
El sabe que esto no será un camino fácil. Habrá que pasar por la crítica de las estatuas y aún más por noches y noches para llegar al otro lado de la vida que es el “cristal de la muerte” [VI,175]. En esta dimensión primigenia es donde se podrá encontrar la explicación de todas las interrogantes que preocupan al hombre.
Canto Número VII : En su viaje al abismo Altazor llega a su infancia donde sólo balbuceaba vocablos sin sentido o con el único sentido del sonido.
Este flash back lo sitúa en el vientre de la madre. Qué hay más allá del vientre de la madre Altazor no llegó a saberlo. Nos queda la firme convicción de que su propuesta transformó a partir de él la forma y el rumbo del arte como sólo Rubén Darío lo había hecho antes.
Breve Biografia de Vicente Huidobro
[Santiago, 1893 - Cartagena, Chile, 1948] Poeta chileno fundador del Creacionismo, movimiento poético vanguardista. Viajo mucho por Europa, especialmente por Francia Paris, donde conocio a: Picasso, Joan Miro. Compartiendo cuartillas en la misma revista junto a: Apollinaire, Reverdy, Tzara, y Breton, lo mas elevado de la poesia Francesa.
En el Creacionismo se situa al creador artístico como un Dios. ¿Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!? / Hacedla florecer en el poema .Huidobro creó un lenguaje poético muy peculiar para renovar desde su perspectiva la lengua creando de paso también una sintaxis. Entre sus libros se encuentran [Ecos del alma, La gruta del silencio, Canciones en la noche, Pasando y pasando, Las pagodas ocultas y Adán], [El espejo de agua], y [Horizon Carré], [Poemas árticos, Ecuatorial, Tour Eiffel y Hallali].
Altazor o el viaje en paracaídas, Es un poema mayor en siete cantos que narra la caída del hombre y el encuentro con la mujer, con la poesía. Su otro Poema, Temblor de cielo se une al anterior formando la maxima cumbre del Creacionismo, legado capital de Huidobro a la literatura de Vanguardia.
A Huidobro se le reconoce como el gran genio creador y rebelde de las letras latinoamericanas. Sus restos reposan en un cementerio privado...para llegar hasta alli, hay que subir una empinada carretera...en un campo abierto...con flores y una bella naturaleza viviente... parece saludar...mirando al cielo...desde lo profundo de su tumba...muy cerca del mar.
Vicente Huidobro logro ser un gran Maestro de la poesia, por su busqueda, esfuerzo y creatividad. Dejo escrito un epitafio que dice: 'Abrid esta tumba: al fondo se ve el mar'.
Rafael Rosado*, [Embajador - Rep. Dominicana] POETAS del MUNDO:http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=3813
Publicación: 03-08-2009
Etiquetas: HUIDOBRO, POETASDELMUNDO
HACE 4 AÑOS, CUANDO COMENCÉ CON ESTE BLOG Y OTROS, POR ASOCIACIONES LEGENDARIAS Y OTRAS MÁS tópicas pensé en un título: EL LOBO Y LA LUNA (aunque aquí también tenemos un toro enamorado de la luna, porque de sentimientos va la relación como se verá posteriormente). Hace pocos días, Anita, una amable comentarista, me informó de una leyenda que concernía al lobo y a la luna.
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Un coño para Harry Potter
Salvador Alario Bataller
Dejemos que crezca.
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"La mujer del futuro encontrará a su Robot ideal , él la comprenderá y cuidará de ella, hasta el día de su muerte, un Robot evolucionado capaz de hacerlo todo mejor que un hombre"
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Ya sabéis cuánto me gusta detectar tendencias en esto de la literatura. Justo la semana pasada descubrí una de lo más rompedora: hablar sobre libros que no has leído.Deben ser cosas de la posmodernidad y del facebook: la información circula tan rápido, salen tantos libros y películas, que no hay tiempo para verlos. ¿Pero para hablar? ¡Hombre que sí!En los tiempos de las tinieblas y la incultura la cadena era esta:
Se publica la obra > se lee > se opina.
Ese esquema lento, poco práctico y arcaico ha mejorado ahora notablemente gracias a la eliminación del segundo paso:
Se publica la obra > se opina (¿para qué coño leerla?)
Está surgiendo toda una generación de cibercríticos literarios y cibercríticas literarias. Una generación rompedora y con hambre de gloria que se presenta en cualquier foro a debatir apasionadamente sobre novelas que desconocen.Son capaces de montarte un debate despelotando tu trabajo, que ni se han molestado en mirar. Eso sí, te lo despelotan con mucho equilibrio y raciocinio.Y tonto de ti, autor, si no lees con lápiz de subrayar sus aleccionadoras palabras y consejos, verdadero salvavidas que te sacará de la obtusa oscuridad de tu torpeza narrativa.Estos nuevos intelectuales están borrando del mapa a esos incultos, indocumentados e iletrados que leían antes de pronunciar su parecer. ¡Saber de qué hablas! Una actitud arcaica y franquista, vamos. O de Primo de Rivera, por lo menos. Casi de nazis es leerse un libro para luego decir si te ha gustado o no.No. La gente guay de verdad, la gente que cibermola, parlotea sin saber apenas el título de aquello que hunden en el descrédito o elevan a los cielos. Fascinante la figura del nuevo opinador. Menuda autoridad.Pero esto es sólo el principio. Porque muy pronto habrá en las tiendas listas de los libros más no-leídos. Y decenas de no-lectores harán cola delante de escritores a los que ni por asomo piensan leer. Y habrá literatos cuyas valoraciones y opiniones tendrán influencia a nivel mundial, aunque nadie las haya leído.Quizás este sólo es el primer paso. Quizás algún día ni siquiera hará falta escribir libros. Se propondrá un título, pongamos por ejemplo Los hijos no se hacen por ahí, y los creadores de opinión lo debatirán y debatirán contribuyendo a acabar con aquella irracional Era de las Tinieblas en que tenías que perder tu tiempo y tu dinero leyendo una novela antes de hablar sobre ella.
Etiquetas: JOSÉ MIGUEL VILAR-BOU
Ya está en línea el número 14 de NARRATIVAS. Revista de Narrativa contemporánea en castellano. La revista puede descargarse en la siguiente dirección:
- RelatoAdrianes y tristezas, por Ana Pérez CañamaresBatir de alas, por Rosa Lozano DuránEl crimen, por Rosa SilverioDos Microrrelatos, por Adolfo Marchena/Luis AmézagaEl octavo día, por Jennifer Díaz RuizSombras chinas, por Horacio Lobos LunaMalo, por Paul MedranoLos días de ayer, por María Aixa SanzFilm, por Luis Emel TopogenarioMenos los martes, por Arnoldo RosasAurora de fuego, por Carlos MontuengaPresentimiento, por Julio Blanco GarcíaTres cuentos donde aparece Dios, por Ricardo BernalLos libros y la noche, por Gabriel UrbinaUn fusil en la hojarasca, por Óscar Bribián¡A escena, actores!, por Rolando RevagliattiCrisis de fe, por Marc R. SotoEl éxodo final, por Sara MartínezEstados opresivos, por Emilio Jio GilLa pequeña, por Laura López AlfrancaLas casas se nos abrieron, por Carlos SantiMiedo, por Pedro BosquedEl puntal de la vida, por José Maria MoralesDios es un trompetista negro, por José A. LozanoMacedonia de frutas, por Marina CanoEn busca de la luz, por Blanca del CerroEl asesino, por Pepe PerezaLa extraña, por Sergio Borao LlopConstelaciones, por Ramiro SanchizCorrespondencia nicaragüense (II), por Berenice NoirEl desquite, por John CuéllarMonólogo de un mitómano, por Manuel FonsRomance de dos vidas en puntos suspensivos, por Héctor Sánchez MinguillánAmazonia, por Camilo Pequeño Silva
- NarradoresMiguel Mena
- Reseñas“Anónimos” de Miguel Sanfeliú, por Rodolfo Notivol“Stradivarius Rex” de Román Piña, por Carlos Manzano“Los depravados príncipes de la vieja corte” de Mateiu E. Caragiale, por Pablo Lorente Muñoz“Haz de luz” de Adriana Serlik, por Antonia de J. Corrales“Balada de la guerra hermosa” de Eugenio Suárez-Galbán Guerra, por Gilmar Simoes“Mirar al agua” de Javier Sáez de Ibarra, por Pablo Lorente Muñoz“En días idénticos a nubes” de Ana Pérez Cañamares, por Carlos Manzano“Mapa mudo” de Hilario J. Rodríguez, por Miguel Sanfeliu“Papeles dispersos” de Carlos Castán, por Luis Borrás“Yo, lo superfluo y el error” de Jorge Wagensberg, por Pablo Lorente Muñoz“Aeropuerto de Funchal” de Ignacio Martínez de Pisón, por Luis Borrás“Cómo hablar de los libros que no se han leído” de Pierre Bayard, por Pablo Lorente Muñoz
- Novedades editoriales
Etiquetas: Narrativas, Revista
Corre el minuto 24 de la primera parte. Ricardo “Kaká” traspasa la línea medular y se adentra con el balón en el terreno rival. Con un cambio de zancada deja atrás al primer volante, en un paso de baile dribla al siguiente, todo el estadio es una prefiguración del gol. Un metro antes de la frontal el crack detiene en seco su carrera, el espacio justo entre él y su marca para armar la pierna. Apoya la zurda bien en el verde, retrocede la diestra a gatillo y… es el chasquido. La grada se hincha de estupor. “Kaká” se desvanece y cae al suelo. Ricardo!, Ricardo!, ¿por qué me has abandonado? Una luz torpemente amarilla lo inunda todo, la Voz retumba en el vacío: Estás adorando a dos dioses, Ricardo; te has subido al carro de Baal, Ricardo, y eso no me gusta. Vas a ser castigado. Un grito de alivio unánime resuena en todo el estadio. El astro se levanta, no hay síntomas de lesión alguna. El árbitro inventó falta. Se corea reclamando al maestro, pero “Kaká” parece otro. Observa perplejo a sus compañeros, el esférico es chino. Preso de pánico mira a la grada jaleante y encuentra el impulso. Coloca el cuero y da dos pasos atrás, corre hacia él y dispara. El balón sale mordido y triste hacia los pies de la barrera. Toda la decepción se desparrama por los vomitorios. La cámara capta como el Adjunto al Presidente Valdano se inclina hacia el oído presidencial. Lo que se escucha no es su voz, es el susurro fuera de la Historia: Te dije que era mío.
CARLOSMAZA SERNEGUET
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Desgraciadamente, hay quien piensa aún que la Fantasía, y en concreto la Fantasía Heroica, es patrimonio de los autores norteamericanos e ingleses y que los autores de otros países están en un segundo puesto, en una segunda división que puede visitarse de vez en cuando, pero que en definitiva no ofrece el mismo interés.
Esto, por supuesto, es falso. Aunque no en cantidad, en calidad los libros de Fantasía españoles no tienen nada que envidiar a los anglosajones. Nunca han tenido que envidiar nada, pero ahora menos aún, ya que hay una eclosión de títulos hechos en España gracias sobre todo a la iniciativa arriesgada de unas cuantas editoriales de diferente importancia y tamaño.
José Miguel Vilar-Bou es una prueba de que un autor español puede ser tan interesante como un extranjero. Ya había empezado con buen pie con Los navegantes (AJEC, 2007, nominada al Premio Ignotus como mejor novela de Fantasía. Alarido de Dios , su segunda obra en el campo fantástico, lo corrobora.
Alarido de Dios narra la siguiente historia: nos encontramos en el seno de una devastadora guerra entre dos civilizaciones y razas: humanos y demonios. Estos últimos van ganando y se acercan ya a la victoria final, un triunfo que no será moderado, sino absoluto, pues no habrá piedad y la Humanidad será, simple y llanamente, exterminada. Para intentar darle la vuelta a la situación dos hombres, un veterano guerrero y un diplomático, han de ir hacia el lejano norte a encontrar una valiosa reliquia, “La Mano de Ü”, uno de los últimos restos del gran Ü, el hombre que mucho tiempo atrás puso los cimientos del Imperio Humano. Los dos protagonistas deberán atravesar un territorio devastado por la guerra, pasar por increíbles penalidades y peligros, lidiar con todo tipo de adversarios y trabar alianzas con personajes tan relevantes como ellos.
Cualquiera que lea este argumento no verá nada nuevo bajo el sol. Parece la misma historia de muchos otros libros: una gran guerra mesiánica y el consiguiente maniqueísmo entre el Bien y el Mal.
Pero el gran atractivo no es ese argumento, sino lo que a partir de él se desarrolla. Para empezar, no existe maniqueísmo alguno ni posicionamiento sobre el Bien y el Mal. Los humanos son tan salvajes como los demonios y ambas razas llevan a cabo auténticos genocidios sobre las poblaciones civiles enemigas (hay que mencionar que los demonios se llaman a sí mismos “humanos” y llaman a los hombres “demonios”, lo cual hace ver que el Bien y el Mal es sólo una cuestión de perspectiva). Es un libro con un marcado acento nihilista y “anti-moralista”. El protagonista guerrero es un hombre sin escrúpulos que lo mismo degüella a niños que a adultos; a civiles o inocentes. Sus compañeros guerreros practican violaciones y asesinatos indiscriminados, pero al mismo tiempo pueden ser fieles a sus amigos y hasta inocentes como niños en su maldad. Estas escenas (explícitamente descritas en el libro) provocan el shock del lector, que se encuentra con una realidad desnuda y cruda que la mayor parte de autores no se atreven a mostrar: la realidad de la guerra en toda su horrenda majestad. El autor fue periodista y cooperante durante el terrible conflicto de los Balcanes y vivió en Serbia, así que posiblemente sepa de lo que habla.
Los héroes son personajes devastados moralmente que no pueden adaptarse a la paz, pues se han convertido en máquinas de sajar, cortar, trinchar y aplastar, en las que no cabe sentimiento humanitario alguno. Tomemos las primera frases del libro, que ya ponen al lector en su sitio:
“Todo se va a la mierda. Cien años de guerra contra los Demonios son demasiados. ¿Qué esperaban esos maricones de la ciudad? Ellos están a salvo en sus casas. Comiendo y bebiendo como marranos. Y mientras, a nosotros nos masacran en el frente. Ellos hacen fiestas y se depilan. Nosotros comemos carne podrida. Les odio. Odio Schtadtz y a todos sus habitantes metrosexuales y débiles.”No falta la acción y la épica a raudales, pero sazonada con litros de sangre y toneladas de vísceras, como recordatorio de lo sucia que puede ser una lucha con aceros:
“…Sueño con esas lanzas espantosas trinchando carne humana. Emergiendo brillantes y destripadoras en mitad de la noche. Sé qué hay más allá de la muerte: intestinos, intestinos y más intestinos.”
El autor nos revela el horror puro de la violencia y no teme zambullirse hasta el fondo en la escatología y el gore; hay escenas de masacres, genocidios y torturas que convierten a Holocausto Caníbal y Acción Mutante en producciones de la Factoría Disney. No es un libro para estómagos débiles, sino el más sanguinario que he leído jamás. No obstante, esta escatología en la que se recrea no tiene como objetivo escandalizar por escandalizar, no es pretenciosa; todo el libro, también cuando trata el amor u otros sentimientos más elevados, es visceral. El libro tiene un nivel de intensidad abrumador. Es un libro honrado y honesto, de una pieza, redondo en su brutalidad.
En el reverso de la violencia están el amor o el idealismo del diplomático, que desea un mundo mejor, frente a la mentalidad simple del guerrero. Según éste, la única justificación de la vida es la supervivencia: no morirse. Parece una perogrullada, pero sometidos a peligros y sufrimientos sobrehumanos, esto tiene una lógica aplastante. Para sobrevivir uno ha de hacer lo que sea y matar a quien sea, no importa su sexo, raza o edad. Es un libro que escandalizará a muchos lectores, pero que también les hará pensar, pues en el fondo es una obra filosófica.
Por otro lado, el estilo de Vilar-Bou es magnífico, un estilo rápido, duro, pero muy literario y atractivo. El libro se lee del tirón, no aburre nunca y tiene momentos literarios realmente buenos. Puede sonar excesivamente halagador, pero es la verdad. Encontramos además mucha frescura narrativa y múltiples recursos: hay diferentes narradores a través de los distintos capítulos: en primera persona según nos pongamos en la piel del guerrero o el diplomático, en segunda persona, en pasado o en presente, e incluso encontramos un capítulo presentado en forma de guión cinematográfico. Todo esto llevado a cabo de buena forma, con la experiencia del que no ha leído sólo las trilladas novelas y sagas de Fantasía, sino todo tipo de lecturas.
Podrían decirse muchas cosas, pero el libro mismo las irá mostrando a sus lectores. Es un libro poderoso e interesante, que a muchos no gustará y ni siquiera podrán terminarlo. A otros tantos les parecerá una obra innovadora, iconoclasta y adulta.
En todo caso, es un libro que a nadie va a dejar indiferente.
Más información sobre el libro y un adelanto en pdf en: http://www.equiposirius.com/catalogo/libros/alarido-de-dios-n165.html
Andrés Díaz
Etiquetas: jM Vilar-Bou, Novela
Por Roberto Bolaño
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4) Hay que leer a Quiroga, a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautíer, ni de Nerval!
8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11) Libros y autores altamente recomendables: De lo Sublime del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de SpoonRiver de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares de Vila Matas.
12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
Noviembre, 2001.Diario «El País» de Uruguay/GDA
Etiquetas: Bolaño
Harker, Van Helsing y los tres varones que la pretendieron descienden hasta la tumba de Lucy. Van Helsing está convencido de que ella se ha convertido en vampiro, en una no-muerta, una Nosferatu. No se extraña al encontrar el ataúd vacío. Pero el prometido de la joven fallecida desconoce la ciencia oscura del viejo doctor. Fuera de sí, le encañona con su revólver, le grita que revele dónde está la que iba a convertirse en su esposa. Entonces se escuchan unos pasos; las antorchas se encienden. Para sorpresa de los cinco hombres, Lucy baja las escaleras del sepulcro completamente desnuda, sin niño. Avanza contoneándose hacia ellos, mostrando el esplendor de su cuerpo incorrupto. “Harry, mi Harry”. Al oído del joven amante susurra palabras que hacen a los celos traspasar las fronteras de la muerte: “Quiero tener sexo oral con vosotros, Harry, con los cinco”. Entonces todos los tratados sobre vampiros se llenan de polvo y olvido, y los bravos cazadores se dejan arrastrar sin remedio hacia ese mundo aciago que es la eternidad sin gloria.
CMS
Etiquetas: cARLOS mAZA sERNEGUET, Microcuento
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