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OTROS VAMPIROS



TEXTO: SALVADOR ALARIO BATALLER
DIBUJO: ARTUR GOLART MARTÍNEZ

Otros vampiros

En su libro Ajuar funerario, el escritor Fernando Iwasaki nos muestra las andanzas rotas de un joven enganchado en un canal de TV a las películas de terror de bajo presupuesto. Algo a partir de ahí le llevó a deambular noches agrias y gastar malos lugares, a probar lo que no debía y a juntarse con personajes de ciertas cofradías siniestras. Pronto comprendió que no todos los que la noche alberga son vampiros, que hay más porquería que gatos flacos en las calles dormidas y estrellas en el firmamento. Trastos, en suma, los que uno quiera y más; vamos, para dar y vender.
Se le pegó la mala noche y terminó noctámbulo puro, con sus vomiteras mórbidas y su imagen irreconocible en el espejo, porque ya se sabe (de lo cual era muy consciente) que no todo es trigo limpio, que hay mucho farolillo en las sombras chinescas y que, como a aquellos tíos y tías decadentes, tampoco él se asustaba de los crucifijos y que el ser un auténtico monsieur le revènant le quedaba lejos, como a los otros.










 Dibujo: Artur Golard
Texto: Salvador Alario


Una virgen sobre un caballo blanco


A finales del siglo XVII y principios del XVIII abundaron los informes relativos a casos de vampirismo, trascendiendo el ámbito centro-europeo, debido no solamente al célebre ensayo de Calmet, sino a las cartas y narraciones de viajeros.
En esos tiempos, en el vasto imperio austro-húngaro proliferaron las cartas de los soldados de las guarniciones denunciando la existencia de este mal, que ellos mismos sufrían en las localidades sonde estaban acuartelados. Es destacable lo acontecido en el banato de Temesvar, donde murieron varios soldados sin causa aparente, tras un cuadro de astenia, agotamiento y pérdida de peso. Los mismos militares informaron del modo en que se combatió el problema, recurriendo al siguiente ritual: ha de encontrarse a una joven sobre la que no se albergue la menor suda sobre su virginidad, que montará un caballo blanco de la misma condición (según el informe, el color del animal puede variar) y se pasearán por el cementerio, pasando por encima de las tumbas. Si en una el animal se resiste a pasar, era prueba cierta de que en ella había un vampiro.
Siguiendo este ritual se abrieron varias sepulturas y en su interior hallaron siempre un cadáver incorrupto, sumido en una especie de sueño tranquilo. Seguidamente se les cortó el cuello con una azada, a lo que siguió un profuso derramamiento de sangre. Después, los cuerpos se estacaron y se incineraron y luego se devolvieron los restos a la tumba, mientras se oficiaba una ceremonia religiosa. Los testigos aseguraron que esta práctica terminó con las muertes entre la tropa, por lo menos en esta zona de Valaquia (provincia, junto con Transilvania y Moldavia de la actual Rumania).
Entre nosotros, por los años sesenta o setenta, en el anuncio del coñac Soberano, también disponíamos, salvo diferencias que se apuntarán, con un icono semejante: Dejando de lado la dudosa mancebía de la excitante hembra y la ausencia a cualquier referencia vampírica, la bella montaba sobre el lomo de un caballo blanco. Lo que se bebía, como se ha dicho, no era sangre sino coñac, que es cosa de hombres (machos) y no de vampiros. El objeto, no terminar con ciertas apetencias, sino estimularlas.










Programa completo del asunto caníbal del 14 de...
Iván Humanes
Programa completo del asunto caníbal del 14 de diciembre.



Dibujo de Artur Golart Martínez 
Texto de Salvador Alario Bataller


Fascinación


Pontifica la tradición que el vampiro tendrá acceso a su víctima sí y solo si ésta le permite el libre acceso a su casa. Para ello, el infame utiliza su poder magnético, que seduce a la víctima, doblega su voluntad, en un trance de fascinación fatal.
No obstante, la realidad podía ser muy otra, como nos ilustra el caso de Amparito, la Vampiresa de El Palmar (Valencia) que salía cada noche y con el atractivo de los meneos de su culo formidable atrajo a su cubil a más de cincuenta varones allá por los tiempos decimonónicos. Su método, al que sucumbieron todos los desafortunados, superaba al tradicional en cuanto a directo y económico, ahorrando no pocas energías a la lúbrica vampiresa.
Para cualquier hombre un buen culo mujeril representa una debilidad, algo que nos atrae sobremanera, como hemos visto y no solo para ello, para bien o para mal.
Donde haya dos buenas “galtas” que se quite todo lo demás.

BESOS AFILADOS



Besos afilados
-Guía personal sobre vampiros y otras soledades-
Obra original 2010
Salvador Alario Bataller
Ilustraciones de
Artur Golart Martínez

NOTA.- Las imágines de srriba no pertenecen a Artur Golard. De esta obra inédita iremos presentando algunos textos en lo sucesivo.

 
Los antiguos dieron diferentes nombres a
éstos: larvas, lémures. Amaban el vapor de
la sangre derramada y huían del filo de  la
espada.

ELIPHAS LEVI, LA CLAVE DE LOS MISTERIOS



Guardián abre tu puerta,
abre tu puerta y entraré.
Si no abres la puerta y no puedo entrar,
forzaré sus candados, despedazaré sus dinteles,
haré levantar los muertos para que devoren a los vivos;

Del DESCENSO DE LA DIOSA ISTHAR AL PAIS INMUTABLE


 
“(...)En los tiempos modernos, la principal fuente de información en lo que se refiere al fenómeno de la Luz Astral debe encontrarse en los escritos del famoso ocultista francés Alphonse Louis Constant (1.810-1875), más conocido por el seudónimo de Elifás Levi Zahed.
        Levi se refiere a la luz astral de varias maneras:

 “El OD de los hebreos, el éter electromagnético, el cristal universal de visiones, que sigue la ley de las corrientes magnéticas y está sujeto a la fijación por una proyección suprema del poder de la voluntad, es la primera envoltura del alma y el espejo de la imaginación”. Levi revela además que la Luz Astral es el hábitat natural de “aquellas larvas fluídicas conocidas en la antigua teúrgia con el nombre de Espíritus Elementales”. La Ciencia Oculta sostiene que si entes no reprimidos formados por el pensamiento son atraídos por la fuerza de la vida de su creador como una aguja por un imán, tiene lugar, con infernal deleite, una absorción de sus energías espirituales hasta producir el completo agotamiento del fluido de su vida.  
        (...)Cito las palabras de Elifás Levi: “Dichas larvas absorben el calor vital de las personas de buena salud y agotan rápidamente a los débiles. De ahí viene la leyenda de los vampiros, entes de terrible realidad que, como es bien sabido, se han manifestado de vez en cuando”.

Robert Turner, EL NECRONOMICON: UN COMENTARIO,       
 en EL NECRONOMICON: El libro de los nombres muertos
del árabe demente ABDUL AL-HAZRED



Introito

Esta obra está, en buena medida, basada en la historia conocida de los denominados upiros, vampiros, sanguijuelas, no-muertos o llanamente chupadores de sangre, una memoria de raíces míticas, folklóricas y también de hechos y personajes reales que, por uno motivo u otro, se relacionaron con estos seres sombríos. Así mismo, se presentan algunos aspectos y datos de personajes centrales que nunca han sido mostrados al público interesado en la vampirología, junto con otros que siempre han sido relegados a  un segundo plano en libros y películas referentes al tema (no pocas veces injustamente, pues merecerían un libro entero para ellos). El lector encontrará también minifabulaciones, relatos breves, pero que tienen todos ellos una ligazón con la historia o la microhistoria e intrahistoria de estos seres de ultratumba.
Parte de los que son, los que fueron, los que están, y los que pudieron ser, aparecen a lo largo de las páginas de este libro, revelando aspectos comúnmente ignorados por los especialistas en la materia y, en general, por los seguidores de las andanzas y desafueros de tales descarnados. De una manera un tanto heterogénea, como entradas independientes, se van hilvanando asuntos, los unos conocidos, otros (en su mayoría) desconocidos, respecto al mundo y a las asechanzas de los legendarios vampiros. Además, hemos obviado dar referencias bibliográficas directas, porque las indicadas o sugeridas son ampliamente conocidas por los amantes del género.
Finalmente, indicar que a través de muchos de los ítems y entradas de esta obra se va pergeñando un parangón entre estos seres legendarios y los seres humanos, cuyos comportamientos y principios, no pocas veces, dejan mucho que desear. Recuérdese que Voltaire ya indicó en su celebérrimo Diccionario filosófico, en la entrada vampiro que éstos eran hombres que se enriquecían a base del trabajo de otros hombres, alimentándose del sudor, del esfuerzo y de la penuria, que no andan lejos de la pérdida del rojo elixir. Así veremos que, por mucho que nos empeñemos, no somos mejores que estos odiosos espectros de ultratumba. A lo anterior hay que añadir que algunos autores han señalado, entre otros, la existencia de vampiros psíquicos (concepto muy cuestionable, ya que puede explicarse de otro modo más lógico y comprobable), astrales y psicopáticos (estos sin duda reales, aunque afortunadamente poco frecuentes), si bien estaríamos ante materias dignas de otros libros.  


SAB, Valencia, enero del 2.011


 

Un viejo conde


En el siglo XIX, en un ruinoso castillo, un anciano aristócrata urde planes de supervivencia. Hace ya mucho tiempo que su cabeza ha dejado de hilar ilusiones. Sueña apenas con un pasado heroico, con la raza. Nosotros, los szekleros, le dirá meses después a su huésped inglés y deshojará hazañas preteridas, un campo de batalla y su propia muerte. Drakul, hijo del dragón. Hijos de demonios y de brujas.
Un día despertó distinto, siendo el que es y su historia, pese a sus muchas víctimas, es una historia apagada, desoída, comarcal. Pocos supieron de él, fantasma de ojos febriles, en su tierra natal y pasará inadvertido cuando siembre su semilla en el país que Nemo tanto odió.
Ahora, en la gran urbe, el conde, sombra sin cuerpo, alienta un mañana que toma la medida de una despensa inagotable. Sois ovejas del matadero, increparía al oscuro médico holandés mientras era perseguido.
En la frontera de la muerte y de la vida poco le alcanza, no hay pasión en su no-muerte, ni deseo (pese a la abundante tinta que se vertió en relación a sus apetencias verendas), tan sólo depredación.
Se fue en silencio, como había vivido.
O no.



Perpetuación



El hombre dejó la vida nómada y se aferró a la tierra. Las herramientas multiplicaron sus posibilidades de subsistencia. Creció el grano y el ganado se centuplicó para sobrevivir a los tiempos malos.
Los ubérrimos campos labrantíos se asociaron a las diosas de la fecundidad, pletóricas de formas, que fueron desplazadas por los dioses masculinos de la guerra.
Sea como fuera, el hombre dejó de ir a la deriva y fundó la civilización, que le cercenó la libertad y la imaginación. Dicha pérdida fue favorable para el vampiro porque, primasen las unas o los otros, se aseguraba el sustento.


 
Del oficio


 Todo aspirante a escritor ha de convertirse en una especie de vampiro literario: debe comerse las palabras innecesarias.
Mejor si escribe en tinta roja.

 
Sumo castigo


Dios castigó al hombre pecador con un castigo universal. Solo Noé y su familia se salvaron junto a las bestias que se adherían a la justa jerarquía natural. No se salvó la gata que amaba a un perro pekinés, ni el lobo/toro enamorado de la luna, ni el hombre que deseaba a su igual, ni tampoco, claro, los vampiros que, habiendo estado muertos y deambulaban todavía por el mundo con un extraño latido, codiciaban la sangre y la vida, de hombres y de mujeres.


 
Sobrantes


La paja literaria es tan abundante como los falsos vampiros. Aparentemente primero deben ser descubiertos y eliminados después. Dicho así la cosa no parece difícil.
 
Craso error


En el bajo medioevo, un sacerdote trata de detener el ataque de un vampiro turco con una cruz. Resultó en vano. En vida el monstruo fue jenízaro, que eran hijos de cristianos. Llevaban la cruz marcada en la planta de los pies, para que la pisaran.

 SEGUIREMOS.

http://ivanhumanes.blogspot.com/

Don’t cry for mi Nicolasa
2011


Hay putas leves, putas, las guarras de siempre (no solo es cuestión de dinero), las putas gloriosas (especímenes bellísimos de otros tiempos que representaban el manjar exclusivo de los pudientes, y que mecen sus carnes golosas detrás de pesados cortinajes de madera en casas burguesas y, finalmente,  las putísimas, que son la máxima categoría del vicio, pues no solamente buscan los grandes caudales sino que su lubricidad les lleva a tirarse zipotín y zipotón, tanto les da viejo o mancebo, norte y sur, igual chicha o nabo, mientras se satisfagan los ardores de sus cloacas vaginales.
Morado conoció a una putísima, Nicolasa. El, hombre cordial, tuvo una liviana relación amical con ella, la que no tardó en contarle todas las suciedades de su devaneos sexuales: lo del cura septuagenario, lo de un chiquillo en la casa de un señorón, aquél moro feísimo que se tiró en la Bunti que tenía un rabo enorme, lo de sus amigas en los reservados de hombres y mujeres, hasta sus diversos lances con personajes destacados de los negocios y de la politica autonómica. Desde luego, en el día de hoy es una mujer muy posicionada.
Lo que aquí interesa saber es que a Morado, después de tanta historia calentiurienta y diálogo tonto, se le animó en fauno y vamos, que la atacó:
-Acércate más Nicolasa, que no me conformo con tu respirar.
La cara de la suripanta se transfiguró en el de la señora ofendida y digna, a cual ha humillado el palafrenero.
-Ay, Morado, no esperaba eso de ti, yo que pensaba que eras un caballero.
-¿Tu eres un poco putilla, no?
La cara de la golfa se arreboló, un mar lacrimoso le regó la piel delicada y los hipidos recurrentes anunciaban un llanto histérico.
Morado se levantó diciendo aquello de piernas para que os quiero y cuando estaba ya a más de treinta metros, apresurando el paso, aún oyó a sus espaldas a Nicolasa que berreaba:
-¡Cabrón, hijo de puta, tú te lo pierdes, nunca sabrás lo que es el amor verdadero, nadie te amará como yo!
Ay, don´t cry for me Nicolasa.

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Chupetón
2011



Cesar estaba de pie y Eva se sentó en el sofá. No fue pensado, ni dicho. Eva se la sacó y comenzó a mamársela. La conocía desde hacía unos meses, habían hablado de todo, de temas profesionales también, porque eran colegas. El chaval sabía que ella era la clase de chica con la que nunca tendría algo serio, pero un caramelo siempre viene al gusto. Pese a que el asunto fue bastante inesperado, él se dejó hacer y en poco tiempo se descargó a gusto. Ella se lo tragó hasta la úlyima gota,  glotona, y con unos ojos inocentes le miró y le dijo, que estaba muy buena y espesa, que casi no se la pudo engullir toda.
-Vámonos a la habitación de al lado, que hay una cama estupenda, pero no hagamos mucho follón que el niño está durmiendo.
¿Niño, qué niño? Eso no se lo había dicho, como lo del marido que gatilleaba igual que una metralleta y, bueno, avergonzado se marchó inmediatamente dejando a la Eva vacía pero lubricada.
Al día siguiente la chica le llamó y le comentó, como si nada, que solía llevar un diario, en el cual había escrito el lance del día anterior con todo lujo de detalles. Su marido lo había leído. Primero se encabronó, después se puso cachondo, pero al final, como siempre, pegó el gatillazo.
Conclusión: adiós para siempre.
Moraleja: cuando el trompetín trina pronto y mogollón, la que sopla no es putilla, ni puta, sino putón.


LULU.COM


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AHORA TODOS MIS BLOGS, LITERARIOS Y PROFESIONALES, QUEDAN UNIFICADOS EN EL SIGUIENTE:

http://salvadoralariobataller.blogspot.com/

que, poco a poco, iré construyendo.

http://undostrescuentos.blogspot.com/2011/04/salvador-alario-bataller-el-acompanante.html

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EL DOCTOR AMOR
Y
LAS MUJERES
_____
Salvador Alario Bataller






Introito


Lejos de la edad provecta, al doctor Amor, médico y escritor, levantino de cierto renombre, quien une casualmente en nombre y apellidos el insólito tríptico de Amador Amor Amado, se le suicida la mujer a causa de cronofagia. La pena y el dolor derivados del trágico suceso (en realidad no excesivos) son en parte aliviadas por la herencia de una lujosa casa de lenocinio en las afueras de Valencia, La Casa Rosada (la coincidencia con la sede gubernamental de un honorable país hermano es mera coincidencia, si bien quien escribe duda de la honorabilidad de todo lo político). La propiedad le es legada tras el óbito de un misterioso hermano al que desconocía por completo y cuya peculiar vida irá subyugándole gradualmente.
Pese a sus iniciales reticencias, el doctor Amor encontrará en el local experiencias eróticas singulares, personajes incalificables, un mundo alternativo que no había llegado siquiera a imaginar y que ponen en cuestión muchos de sus principios fundamentales, así como aquello que nunca más hubiera creído llegar a tener, la posibilidad de un nuevo amor, ese que uno el vino nuevo a otro de mayor catadura. Es este un libro que podrá cuestionar principios fundamentales para muchos, pero sin lugar a dudas despertará el interés de personas sensibles e inteligentes,
El autor, doctor en Psicología por la Universidad de Valencia, ha publicado hasta la actualidad casi un centenar de obras, entre libros y artículos científicos y profesionales, siendo redactor por méritos científicos de la revista especializada Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace (www.editorialmedica.com), siendo además uno de los máximos productores científicos de la especialidad en la comunidad valenciana (http://alario1.blogspot.com). En 1997 quedó entre los diez finalistas en el Premio Planeta de Novela y ha publicado sus obras en Promolibro, Editorial Grefein, Lulu Interprises y Ediciones Lord Byron principalmente.






-La mujer a la que amaba se pegó un tiro ante mis ojos –dije sin ninguna emoción, mientras a mi espalda, estupefacto, al joven casi se le cae la taza de café de las manos.
Minutos antes, mientras preparaba la entrevista, ya me pareció demasiado nervioso; cuando sintió que le observaba, no atinaba a meter el casete en la grabadora.
-Lo lamento -susurró.
-No te preocupes, hablaremos de eso más adelante –añadí viendo su azaro
-Lo siento, ya está –repitió el joven, tratando de recomponerse-. Es que no me lo esperaba. Ni siquiera concebí que nuestra primera entrevista comenzase con esa revelación tan terrible.
-Lo comprendo –dije-. De eso hace casi dos años y, desde entonces, decidí caminar solo hasta que la calva dispusiese. Bueno, hay vidas que lo son en función de otras, en algunos casos de manera excesiva. Ella vivía desviviéndose por mí, a mi orilla, deseando ser el centro de mi vida, apoyarme y alentarme permanentemente, hasta que se produjo el cambio. En buena medida, fue debido a la suerte, a causa de una muy buena crítica a una novela mía por parte de un autor prestigioso. Por ello, el éxito me sobrevino inesperadamente y me vi obligado a viajar más, quebrándose, en buena medida, ese mundo casi perfecto, impoluto decía ella, con el que ambos nos engañábamos cada día.
Me miraba con perplejidad.
-Resulta un asunto muy complejo, algo que clínicamente se denomina cronofagia y no es frecuente en la población general –añadí, sentándome ante el joven, al otro lado del escritorio.
Traté de mostrarme amable y le ofrecí un cigarrillo, el cual rechazó. Dijo que no fumaba.
-Se trata de un término relativo a la Psicopatología. En amores demasiado dependientes, unilaterales, se alberga siempre el resentimiento y, aún más, un odio que el otro nunca reconocerá y tornará contra sí cuando la situación le sobrepase –agregué y después seguí sin poder ocultar mi sorna-: Pienso que debió haberse ahorcado a la puerta del consultorio, para que así su protesta tuviese algún eco en mentes pacatas y odiosas, que dijeran que la mujer del doctor se había autoinmolado, por lo cual el susodicho debería ser un monstruo. No obstante, antes de seguir adelante con esta historia, he de confesarte, lo cual no me produce la menor perturbación ni otro sentimiento, que en las relaciones amorosas que mantuve en realidad el problema era yo. La verdad es que no estoy hecho para compartir la vida con nadie. Soy un solitario, buen amigo, buen amante si quieres, pero una pésima pareja, simplemente porque mi deseo auténtico es la soltería. En esa línea, todas las relaciones que mantuve estuvieron motivadas por el sexo y cuando la pasión terminaba, me daba cuenta de que me aburría y deseaba volver a estar solo. Para mí la soledad, que siempre es compartida con cuatro amigos, es una virtud y las normas sociales o lo que se aprecia como correcto me importa un comino. Sin embargo, a partir de los cuarenta decidí no mantener ninguna relación más, por cuanto siempre acababa sucediendo lo mismo: yo no tenía lo que quería y tampoco les daba a ellas la seguridad de una relación normal. Así que, para no sufrir ni hacer sufrir a nadie más, decidí tener amantes breves si hubiese la ocasión, y permanecer sincero a mí mismo y a mi mundo, a eso que me gusta llamar mismidad. Aún así, cuando me negué al amor de modo definitivo y me reduje al campo de mis puros intereses, algo sucedió que lo cambiaría todo, una cosa que nunca pensé que pudiera sucederme. Y, como has de saber en su momento, no sería el último cambio importante que me preparaba el futuro.
-¿A qué se refiere?
-Como acabo de decir, en su momento te lo diré; antes he de hablarte de otros asuntos que, bien vistos, parecían trazados con un sentido, para propiciar el desenlace vital inopinado de este hombre otoñal que te habla.
>>Volviendo al capítulo que habíamos dejado, de lo que estoy completamente convencido es que, como cualquier mujer reservada a causa de miedos diversos, ella quería, con su suicidio, fijarme de por vida con un sentimiento de culpa que no tuve, ni tengo ni tendré, desacorde desde siempre con la gris normalidad, la cual resulta, desde muchos puntos de vista, un déficit primario, orgánico, congénito si quieres, y una indecencia. Lo que acabo de decir se colige de una creencia que tengo muy arraigada y es la relativa a que el hombre no es gregario por naturaleza, sino por necesidad. Somos, en esencia, seres solitarios, violentos y egoístas y el otro importa en la medida que nos puede beneficiar. Pensar lo contrario es una falacia, producto de morales y moralinas de todo tipo con las cuales intentamos justificar y bendecir nuestra vida social.
-Es un punto de vista bastante extremo por cierto. En realidad, no se cómo puede hablar en esos términos de ella.
Traté de mostrarme condescendiente, porque la frivolidad que hace hablar sin conocimiento de causa siempre me ha irritado. Nada sabía él de los pormenores de la historia, para forjar cualquier tipo de opinión, pero obvié el hecho, añadiendo de inmediato con tono conciliador:
-Ubícate en la escena: dos semanas antes me besaba las manos con devoción, hacíamos el amor normalmente. Recuerdo bien la mirada esfumada tras el arrebato del orgasmo. Después aconteció mi primer viaje a la capital, el inicio del deterioro. Desde ese momento, paulatinamente fue creciendo el silencio entre nosotros. Ese silencio me hizo sospechar el desenlace, pero me negué a asumirlo hasta que fue demasiado tarde. Recuerdo bien el día; era de noche y volvía de un viaje. Como de costumbre, nadie me recibió en casa; entristecido me encerré en mi despacho. Un rato después, oí pasos en el salón y, a sabiendas de que eran suyos, salí movido por un impulso conciliador. Ella estaba parada en medio del comedor, con las luces encendidas, todas, para que yo no perdiese detalle: vi sus ojos ígneos, inyectados de reproche y odio antes de descerrajarse un tiro en la boca. En efecto, yo no perdí detalle, nadie me quitó el susto y la pena temporal, pero ella perdió lo único que tenía, su tiempo, su vida, ese existir que había dedicado a mí aunque yo, en esa forma, no lo desease.
Me senté en la butaca y alumbré un pitillo. El joven observaba perplejo mi indolencia, pienso que pensaría, el modo ponderado pero avieso con que hablaba de aquella fatalidad. Eso me agradó y no me interrumpí:
-Efectivamente no voy a decirte que la causa fue el éxito porque solamente la desdicha crece en terreno abonado, la muerte se produce cuando la fosa ya ha sido cavada. Resulta curioso como un golpe de suerte te cambia la vida, radicalmente, llevándote de un modo de vida a otro totalmente diferente. En este caso fue para bien en lo que a mi respecta, pero significó también una escisión y el proscenio de su final. No hay beneficio en estado puro, siempre es a costa de algo, indefectiblemente se producen daños colaterales.
>>Al principio, cuando nos conocimos, veinte años atrás, teníamos algo en común, una cicatriz existencial, una pátina de resignación, de melancolía. Eso nos unió, sin duda. A base de mis desacuerdos con el mundo, llevaba pegada a mí una segunda piel de tristeza, del mismo modo que la humedad de adhiere a los muros viejos. Después, cambié, me desapegué de casi todo, fui a la mía, como el extraño, el espectador estupefacto que en realidad era frente un mundo desquiciado. Entre el ego y el afuera, en lo que a mí concierne, existe desde hace mucho un abismo profundo, repleto de cosas sabidas, a medio saber, insinuadas y completamente desconocidas, donde algo de mí estaba también; entre otras cosas, la literatura tuvo el papel de descubrimiento de esa tiniebla y los libros, surgidos de esa tarea, la descubrían, la pergeñaban, pero nunca la trascendía porque eran mero reflejo de la misma.
-Los afectos, como el amor, pienso que pueden reconciliarle a uno con el mundo –me interrumpió sentencioso el periodista.
-Sí, pero eso no es suficiente. Hay algo más hondo: al principio y al final solo está la palabra. Tengo la ventaja de los pensamientos errantes por mis mundos sombríos. Yo odié siempre los grises de la vida común y ella, aunque tratase de negarlo, tenía una adherencia plebeya a la costumbre, a lo que se entiende por consuetudinario, por normal, a lo que es socialmente deseable. Eso poseía el lado de calidez, ternura, pegajosidad y halago que nunca desagradan a un hombre pero que con el tiempo dejan de satisfacerle. Vivía por mí, su tiempo dependía del mío. Desdecía con mi ambiente. Después sepultó su vida bajo mis pies y se sintió segura, hasta que mis novelas tuvieron éxito y dejé de estar siempre a mano, en el reducido y cálido hogar que compartíamos. Entonces se sintió en un segundo plano, que no era necesaria como antes, temiendo que posiblemente la dejaría. Creyendo que no la necesitaba, se suicidó; ella necesitaba mi tiempo, mi atención, para alimentar el suyo, para alentar un pálido deseo de vivir.
-Cuando leí la noticia en la prensa, me quedé muy impresionado –confesó el periodista.
Asentí, una velada especie de recibo de condolencias, sobrante.
-¿Por qué no lo dejé a tiempo o traté de solucionar el problema? –pregunté, creyendo anticiparme a su pregunta-. Hay algunas razones y, la no menos importante, estriba en que ella mantenía la creencia errónea de que el amor lo soluciona todo, lo cual la hacía ser muchas veces extremadamente delicada y apetecible. Se equivocaba, dado que hay que tener ciertas habilidades para mantener vivo el sentimiento, además de compatibilidad en cuestiones importantes, que unan a las personas. No era así, éramos antipódicos y las diferencias, en una pareja, no hacen el complemento. Además, existía otro elemento de enganche, muy poderoso: nuestra sexualidad era excelente y, en estos casos, la testosterona mata a la neurona, lo que equivale decir, en términos más amplios, que al amor obnubila la razón. Pienso que no me equivoco al decir que son muy pocos los que se libran de ese mal. Es tan humano, tan torcido y tan nocivo como el hombre mismo. Todavía estoy esperando la primera piedra.
>>En próximas conversaciones hablaremos más ampliamente sobre todo esto y te comentaré algún caso clínico que te sorprenderá –repuse.
La realidad exterior se alteraba con la crepitación del granizo sobre el alfeizar.
-¡Demonios, ahora graniza!
Pensé en lo mucho que había cambiado el clima, el país y mis conciudadanos en los últimos quince años, indudablemente para mal.
-Todo esta cambiando, el tiempo, el país, la gente, el mundo se ha vuelto loco, se ha trastornado –se lamentó el muchacho, como si me estuviera leyendo el pensamiento, y estuve completamente de acuerdo con él.
Después calló, permaneciendo con los ojos puestos en la grabadora, cuya cinta corría lentamente.
-Ayer pasó lo mismo. Después del granizo llovió un rato y escampó. Igual mañana hace un sol tórrido o nieva –dije y después le miré.
Sus facciones me parecieron demacradas, incluso adoloridas, tal vez efecto de la tensión que la charla le había supuesto, más posiblemente por su carácter nervioso que le hacía mal soportar lo inesperado, las emociones mismas y los problemas de la vida. Con sus ojos aguanosos miraba abstraído la biblioteca que nos rodeaba, los pesados cuadros y todo aquel epatante espacio sellado que constituía mi mejor lugar en el mundo.
-¿Los ha leído todos?
Bastantes personas me habían hecho esta pregunta que, por lo demás, aunque esperable, siempre me pareció absurda.
-No, pero sí muchos –contesté-. A bastantes los he releído varias veces.
Miraba con insistencia un gran óleo que quedaba sobre la chimenea.
-Ese soy yo, con traje académico. Ahí tenía treinta y dos años. De eso hace bastante tiempo.
Se hizo un silencio, con todos los visos de esterilidad para un diálogo posterior. Entonces decidí tenderle la mano y terminar con la entrevista.
-Bien, por hoy ya hemos tenido suficiente, mañana continuaremos.
Cuando el periodista se fue, me quedé todavía un rato mirando elegíaco el revuelto exterior: mucho de mí se había quedado anclado en el pasado. El futuro se levantaba ante mí amenazador, aunque no tenía motivos para sentir especialmente ningún tipo de temor. Aunque había arrostrado el porvenir con resignación, el camino de mi vida discurría ya por páramos donde el disgusto, el recelo y la frustración campaban libremente. Dijo el romántico español que el tiempo era pérdida y, por ende, melancolía. Si no todo, tal vez en ello estribase una parte importante de mi malcontento.
Siempre he despreciado a los que se obstinan en el presente, amándolo. Este presente me aluna. Hace mucho tiempo que estuve aquí, algo perverso me catapultó desde mi particular futuro. Ahora me vivo mirando atrás.




NARRATIVAS 20

http://www.revistanarrativas.com/

Ahí encontrarán algunos microcuentos de quien escribe.

Crónica de Bucarest

Salvador Alario Bataller

Es de noche, ya he cenado y salgo del hotel a dar una vuelta. Decido tomar un coche de tiro, no un taxi, que me lleve a un paseo apacible por esta ciudad peculiar. Viene hacia mi uno, pero no es un coche abierto, sino una calesa negra, tirada por dos caballos del color de la n ...oche. Apenas sin mirar al conductor, subo y me siento cómodamente. Enciendo un pitillo, encantado de estar al fin dentro de este vehículo de los viejos tiempos, algo que deseo hacer desde hace mucho. Le indico al hombre unos sitios específicos, nada que ver con esos barrios de edificios mastodónticos y horrendos que el dictador régimen construyó masivamente destruyendo gran parte en la antigua urbe.Echo unas fumaradas, un tanto inquieto. La razón de mi zozobra estriba en que aún no me he arrancado de la cabeza esa frustración: fui a Borgo Pass, subí a las ruinas del castillo, pero no descubrí el menor vestigio de la existencia del viejo conde. Nada olía a él, nada lo sugería, era como si el sistema se hubiese tragado absolutamente la remembranza de una antigua presencia.Sigo fumando, ya más resignado. El postillón, que para mi sorpresa habla un perfecto castellano con un extraño acento, me cuenta parte de su vida. Me habla de su heredad paterna, de una ruinosa fortaleza en la cordillera nevada, de los lobos y de la hermosa música que hacen. Me entra el vértigo y, por un instante, casi escapo de allí corriendo. Pero él me dice que me tranquilice e insólitamente lo hago: Tiene demasiado apego a la vida, se lamenta, pese a su condición,y negoció con las autoridades este humilde oficio y la nocturnidad a cambio de auto-control (es decir, comer prácticamente grandes roedores) y trabajo, además de la más absoluta sumisión al sistema, un sistema al que, a la postre, lo que más le importa es la mano de obra.

FUENTE: RETAZOS DE VAMPIRISMO (lo que nunca o casi nunca se ha dicho sobre los vampiros), Salvador Alario Bataller (Inédito)

http://www.ddooss.org/articulos/entrevistas/Thomas_Bernhard.htm

http://corominasijulian.blogspot.com/2010/10/la-emboscada-de-ivan-humanes-en.html

NARRATIVAS 19

http://www.revistanarrativas.com/

http://www.amazon.com/s/qid=1244309363/ref=sr_gnr_aps?ie=UTF8&search-alias=aps&field-keywords=Salvador%20Alario%20Bataller

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/anderson/suicida.htm

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/black/luces.htm

POE

de Paco Gallo


http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/barrilde.htm

Generación.net

http://www.generacion.net/la-emboscada-de-ivan-humanes

http://32lineasyeste.blogspot.com/2010/07/la-emboscada-de-ivan-humanes.html

NARRATIVAS 18

http://www.revistanarrativas.com/

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/corrido.htm

http://ivanhumanes.blogspot.com/2010/06/el-perro-blanco-52.html

EL unicornio, de ESTRÓGENOS, mi último libro de cuentos (breves y no tanto...), inédito (y buscando editor...)


El unicornio

Violette, casi una niña, encontró en el fondo del bosque al unicornio. Fue el inició de un gran amor. Pasó el tiempo y, desde entonces, el unicornio tiene dos cuernos.

http://undostrescuentos.blogspot.com/2010/05/el-evangelio-segun.html

http://www.revistadeletras.net/papeles-de-recienvenido-y-continuacion-de-la-nada-de-macedonio-fernandez/

EL COBRADOR

EL COBRADOR

PERRO BLANCO

LAFCADIO HEARN

INEXISTÈNCIA

"Aquest llibre està escrit per un autor inexistent, dedicat a una tribu inexistent. Pregonament inexistents, ambdós. Però aquí rau llur encís. La modernitat, el futur, serà inexistent o no serà. Per aquí van les coses de debò, les serioses."

Miquel Bauçà, El Canvi. Des de L'Eixemple, Barcelona, Editorial Empúries, 1988

Anticipo de uno de los relatos de LOS CANÍBALES:
Con mucho gusto nos ocupamos de recibir a nuestros tres jóvenes. Queda dicho que eran unos vecos bien altos y fuertes y que eran tres. Nosotros, ya viejos y cerca más de los ochenta que de los cuarenta les dijimos: “Vengan aquí y no tengan miedo de la fría noche, que les ...acogemos en nuestro pequeño hogar”.
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La ciudad desvanecida
2000



A la memoria de Arthur Machen

*

Mi ciudad es tierra, cielo, quizá el mar y
atardeceres. Siempre un efecto de luz y
memoria. Tus manos y un pequeño dibujo
que me acompaña y me sostiene en el
inevitable duelo de las despedidas. Los libros,
las palabras, la dificultad de la escritura, el
destierro fértil, el placer desinteresado, los
amigos y tantas citas solitarias. Ninguna calle
y todas las esquinas. Ningún lugar y la noche
de océanos sugeridos. La rutina y sus secretos.
Un pájaro ciego, un triángulo de rumores,
ejercicios de hastío y las palmeras. Mi ciudad
es tu mirada y la constancia presentida que se
hurta a los múltiples requerimientos de la ira.
Pero también es mi infierno y mi desdicha, el
horror y la tormenta, un bosque sellado que
se convierte, poco a poco, en una trampa de
silencios: el cuerpo, la duda y la distancia.

Vicente Ponce, “Hielo en los alrededores de la palabra”,
en Instrucciones para mirar el silencio.




*





Este hombre que llegó a la capital, dejando atrás un valle digno y una infancia feliz, se llamaba Salvador Amargo de Dios y, entre otras cosas, era escritor. Su más remoto antepasado -por lo menos en lo que a testimonio histórico se refiere- fue Ramón Bataller, que vino desde Francia con Jaime I de Aragón para debelar el dominio del moro de Valencia. El tenía a gala este dato, más bien para su coleto, pues pocas veces habló de ello, inclusive a los íntimos, como tampoco dejó ver la indiferencia que, desde un principio, le provocó la gran ciudad. Este sentimiento, no obstante, se trocó con los años en irritación e inclusive en sentido desdén.
No tuvo hijos y sus antecesores fueron personas sin relumbre, excepto aquel abuelo materno que, por allá los veinte, marchó a tierras cubanas y ganó cierto renombre en el doble y paradojal quehacer de empresario y artista. De él, conservaba una edición de Los Miserables de Víctor Hugo en seis volúmenes y autografiado. También un gran retrato de época, de un hombre bello y viril, pero de rasgos bondadosos, ocupaba un lugar destacado en la casa, sobre la vieja estantería estilo regencia, constituyendo, más allá de los comentarios familiares, la única huella que el tiempo dejó de aquél que nunca volvió.
Su padre ajó la vida en la lucha con la tierra y en los condicionantes que imponía el dicterio del antiguo régimen, y su madre, continuando el canon de la costumbre, le siguió como una sombra. Una de las marcas que guardaba indeleble en su memoria, la de Amargo, fue el momento de su muerte cuando, con la avanzada edad, la abatió una hemorragia cerebral masiva; después vino el coma, por seis días, durante el cual hubieron breves e inanes momentos de conciencia, una pequeña franja de libertad en el ocaso definitivo, donde dolientemente repetir sentimientos, pedir perdón y elevar infructuosas súplicas. El había nacido con una límpida mirada azul, una recompensa del cielo por el otro niño, el que murió al año justo, un ángel le habían dicho, y al que Dios había dado unos ojos sin luz... La tiniebla y el cielo azul.
Fuerzas absurdas e inexorables de la vida hicieron del hijo el mayor don y la desdicha más gravosa, pero en aquellos momentos definitivos todo lo malo parecía irrelevante, desvaído, y se fomentaba la amargura natural del momento: ella se iba con dolor y él se quedaba con lo mismo.
A la pérdida irreparable se unió un nuevo aguijón. Después de unos años, la malquerencia de familiares esquivos hizo que Amargo vendiese la casa y dejase el lugar; marchó a la ciudad que juzgó de gris y anodina. Este dictamen se modificaría apenas con los años. Vivió en otra casa. Allí no había luz, ni viento, ni un rumor muerto, no había nada, más que el tono monocorde de los días y la tristeza. La apartó de sí poco a poco, llenando las horas de palabras. Después habitó otra casa, en una avenida principal, donde fue más feliz y pudo realizar, en parte al menos, lo que se había propuesto hacer en la vida, como cumplimiento -como él creía- de su destino ineluctable. Sin quererlo iba haciendo carne la tortura y el tiempo byronianos.
En la ciudad vivió cincuenta años. En ella, desde luego, no había nada de aquello de las flores, de la luz y del amor, ni su mera prefiguración. Hubo, como en el poema, alguna cita memorable, despedidas, palmeras, muchos libros y no poca desdicha. Buscó en todo momento un mundo propio en el cual evadirse de los desafueros de la vida común. Ciego a todo ello fueron sus distracciones y sus dichas el alivio de sus enfermos y los libros escritos, leídos y releídos en los momentos profundos vividos en aquella habitación de muebles renegridos, de alta y bien nutrida biblioteca. Fue entonces cuando constató al fin que aquello no formaba parte de la vida, que la trascendía, como tal vez, él mismo. Sin embargo, esta creencia, no le dio consuelo. Año tras año se contentó con la idea de lo que tenía y con la esperanza de regresar algún día a un terreno que había preservado, temiendo que el tiempo le empujase a volver al lugar de sus orígenes.
Se llegó a sentir como Machen y su retazo de vida, huyendo con el pensamiento del monstruo de la gran ciudad y yendo a la espesura del bosque arcano, ese que tiene su lugar en el alma y que prefigura el sueño. La decisión llegó, como todas las cosas de la vida, con el tiempo; entonces, llegando al final, reconoció, no sin zozobra, que había vivido siempre con un sentimiento espeso en el corazón: la desgana de vivir y el miedo, que surgió de un sentimiento hondo de extrañeza hacia sí mismo y de la futilidad de las cosas, de la ciudad misma, como promesa fementida.
Llegó a la estación cuando todavía faltaba un cuarto de hora para que el autobús saliese; mató el tiempo tomando un café en el bar. Había poca gente en el local y disfrutó de un pitillo en aquellos momentos quedos, sellados y cálidos, incapaz de arrumbar cierta tristeza, porque aquellos minutos constituían el proscenio del adiós definitivo a la gran urbe que, pese a todo, le había albergado durante varias décadas.
Poco después, los últimos suburbios de Valencia quedaron atrás y el autobús atravesó campos de arroz dorados, prontos para la siega, y arrabales de algún pueblo que él sabía populoso. Debió dormirse durante un tiempo considerable, pues lo despertó el viraje del vehículo al tomar una curva y entrar en el valle. Atardecía y éste se extendía ubérrimo de naranjos hacia el horizonte, contra la herradura anfractuosa de las montañas, dejando a un lado el mediterráneo azur y proceloso. Nada parecía haber cambiado desde que él lo dejó, todo parecía permanecer sin alteración ninguna, en ese ritmo elemental del tiempo que no cambia a la tierra ni a algunos hombres, como también incólume se levantaba la masa venerable del monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna y los torreones devastados del castillo árabe, allá, en el este, en el límite del cielo, sobre su soberbio espolón rocoso.
Bajó en la plaza del pueblo. Estaba allí nuevamente, cincuenta años después, acompañado por el hosco rostro de la vejez, frente a un horizonte amplio de amigos perdidos y familiares muertos. Empero, todas las cosas radicaban en él, el mundo mismo, y el alfa y el omega: el tiempo, el deseo y la espera y aquel mundo aparte que había construido de libros y de pensamiento.
Volvió al bosque, se instaló en la casa y limpió el calvero que, muchos años atrás, había robado a los elfos con el trabajo de sus manos; y allí plantó un huerto. Asimismo, volvió a rendir culto a las deidades paganas y a conversar con sus amigos veros, los escritores muertos, pero de palabras eternas. Allí vivió de nuevo, del modo que él quería: vio una vez más la muerte roja, holló el bosque del gran dios Pan, contempló el tenebroso castillo de los Cárpatos y temió a los dioses antiguos que moraban en universos ominosos más allá del espacio-tiempo conocido; escucho así mismo el aullido del gran gris que, en el crepúsculo de los tiempos, devorará al sol y, en la noche profunda, volvió a sentir el vuelo del dragón. Y sintió con ello que era un hombre, un hombre entre muchos hombres -pero algo más-, y que la historia se repetía indefectiblemente, cada vez con diferente factura, pero de modo inevitable una replicación más en el ciclo de las repeticiones, con un propósito desconocido, que nunca llegaría a saber.
Se reafirmó una vez más en aquello que rezaba el adagio chino de que nacer es llegar y morir es volver y encontró la clave de la espera en releer aquellos libros que había amado cuando en él, la vida, se hacía a sí misma.

PAUL AUSTER

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Salvador Alario Bataller

Eva le dio a Adán la manzana con que la serpiente pretendía tentarlo, pero él prefirió el higo.

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OBRA PUBLICADA A)CIENTÍFICA: 8 libros de Psicoterapia y Sexología (editorial Promolibro, valencia). 36 artículos especializados en diversas revistas (redactor de Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, www.editorialmedica.com, y los artículos y otros textos se relacionan en la web). B)NARRATIVA: “La conciencia de la bestia”, edición privada, finalista (de los 15 finalistas) del Premio Planeta de Novela de 1997. “La ciudad desvanecida”, relato seleccionado por concurso de la revista Escribir y Publicar en su editorial Grafein Ediciones, Colección Escritura Creativa, integrante del volumen de cuentos ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001). “Descensus ad Inferos”, lo mismo que antes, pero este cuento pertenece al libro de cuentos “32 MANERAS DE ESCRIBIR UN VIAJE” , Grafein Ediciones (2002). “Maltidos. La Biblioteca olvidada”, Iván Humanes Bespín y Salvador Alario Bataller, Grafein Ediciones, Barcelona, (2.006). "101 coños, Ilustraciones y breves" (2008), Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Bespín. Ilustraciones de Vanesa Domingo Montón, Grafein Ediciones, Barcelona. "Antología Iberoamericana de MIcrorelatos" (2008),coautor, Ediciones Lord Byron, Madrid (en prensa) La acre lácrima (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Un estudio crítico del Necronomicón Apócrifo (2006), ensayo, en http://www.lulu.com/alario7 Las aventuras carpatianas del profesor Exhorbitus (2006), novela, autoedición, en http://www.lulu.com/alario7 Astrum Argentum . La vara del mago (biografía novelada de Aleister Crowley) (2006), novela, en www.lulu.com, en http://www.lulu.com/alario7 El murciélago monstruoso (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Nunca volví de cuba (2007), novela, en www.lulu.com, http://www.lulu.com/alario7 Cuentos en www.narrativas.com: Espejos (2007), Los pequeños (2007). La angustia última (2008). Lo que trajo la noche (2008). OBRA INÉDITA: Las nocturnidades de don Arturo del Grial, (2002), novela. Los ojos del moro (2003), novela. El doctor amor y las mujeres (2006), novela. La trama sináptica (2007), novela. Historias de amor, muerte y trascendencia (2007), novelas (dos novelas breves relacionadas). Los estados intestinales (2007), novela. Cuando cazaba pelos (2008), novela breve Cuentos completos (1999-2008) Blogs: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://undostrescuentos.blogspot.com http://undostrescuentos2.blogspot.com http://elloboylaluna.blogspot.com http://lasnocturnidades.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
 

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