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EGOSUM (1998): "ASTRUM ARGENTUM -La vara del Mago" (NOVELA INEDITA). Capítulo primero: fragmento
6 comentarios Publicado por Unknown en 1:54 a. m.| Valencia, Martes, 31 de Mayo, 2005 Egosum: Astrum Argentum 1 HE DE PRESENTARME: Me llamo Salvador Mira y Perceval y, entre otras cosas, soy escritor. Nunca soñé con la notoriedad, pero esta vino por sí sola, a tenor de algún premio literario importante y del beneplácito, casi general, de la crítica. A pesar de ello, me sentía insatisfecho conmigo mismo, deseando constantemente hallar el filón de inspiración que me permitiese escribir aquella obra que yo pensaba iba a ser mi opera prima, mi consagración definitiva como literato. De esta suerte, cierto día vi la luz y elegí el tema de mi novela capital. Iba a escribir sobre el mal, pero no sobre el mal con mayúsculas o sobre un mal cualquiera, sino sobre la vida de algún personaje que por su impiedad y comportamiento transgresor mereciese los mayores improperios por parte de sus semejantes. Evidentemente tenía que ser un psicópata sexual, dado que la sexualidad y la agresividad, unidas desde lo biológico, representan los impulsos que, desbocados, podían producir las mayores heridas en el sentido moral general. El personaje en cuestión tendría, por fuerza, que apartarse del molde de bruto a que nos tenían acostumbrados las crónicas de sucesos, toda vez que habría de distinguirse de sus congéneres por su talante personal e intelectual. Varios nombres compitieron de inmediato en mi mente para recibir mi atención, pero se había escrito mucho sobre ellos y, por lo demás, con gran fortuna. La tarea iba a ser ardua ya desde el principio, puesto que no acertaba a dar con el nombre que iba a merecer la atención de mi pluma y así pasó casi un mes, sin que vislumbrase apenas el menor detalle con el que comenzar, aquel indicio que me llevase a las puertas de la vida del gran malvado que iba a ser motivo de mis desvelos durante los meses sucesivos. Pasaron varias semanas y, en lo particular, yo continuaba sumido en la más completa incertidumbre ; por lo menos había determinado algo en concreto : mi obra sería una biografía novelada, centrada casi exclusivamente en los acontecimientos más desaforados y escabrosos de una persona impar, cuyo nombre y apellidos desconocía entonces por completo. ¿Quién iba a ser mi avieso compañero en el empeño literario ?. ¿Quién vendría a acicatearme para zaherir con los retazos impíos de su vida la sociedad huera y cínica que me había tocado compartir ?. ¿Cuál era el nombre del monstruo de mis desvelos ?... La respuesta vino un día por sí sola, por azar casi, sin que yo la buscase y de una forma tal que nunca hubiera creído posible. Acabé creyendo que lo numinoso pervivía aún o, que al menos, había regresado de los tiempos pasados en mi beneficio.Yo era por entonces bastante joven, cuarenta años para ser exactos ; me sentía un tanto ingenuamente al margen del bien y del mal, de toda dualidad casi, y dedicaba mis días a encontrar un equilibrio personal entre lo apolíneo y lo dionisiaco, entre los placeres más vulgares y el disfrute de la erudición. Había una cosa clara : tenía que encontrar un psicópata sexual ilustrado, o algo parecido, de manera que lo más oportuno sería buscar a una persona que me informase adecuadamente al respecto, un antropólogo forense, por ejemplo. Pero el discurso de don Rodolfo Andrade Mújica no me convenció. No era eso lo que buscaba, lo que él me proponía ; guiado por un interés sincero de ayudarme, trató de ofrecerme el perfil del personaje que debía concentrar mis esfuerzos en los próximos meses : comenzó diciéndome que los hechos humanos y los hechos criminales debían ser los cimientos sobre los que tenía que comenzar a planear el libro, peroró largamente sobre antropología criminal, que de eso se trataba, para seguir ilustrándome el tema con personajes como Calígula, Sade, Gilles de Rais y algunos cuyo nombre he olvidado, para finalizar narrándome sus “aventuras” -así las denominó- en el Segundo Congreso Internacional de Criminología celebrado de 1.950 en París y que, bajo la presidencia del profesor Henri Donnedieu, reunió a los especialistas más destacados de doce disciplinas diferentes y cuyas Actas constituían una verdadera Summa criminológica. Aunque el ínclito doctor me regaló con una charla muy interesante e ilustrativa durante casi dos horas -en honor a la verdad he de confesar que no me aburrí lo más mínimo-, debo reconocer que no di con el filón que buscaba. Me fui de su despacho prometiéndole que tomaría en consideración sus sugerencias y que le regalaría un ejemplar en caso que la obra llegase a buen término. Empero, yo deseaba otra cosa : un ser que fuera hombre y demonio a un tiempo, que viviese aferrado a los deleites prosaicos de este mundo pero que sus ojos contemplasen a la vez un panorama distinto y deslumbrante, alguien cuya transgresión, por infamante que pareciese, pretendiese un fin más elevado. Casi derrotado, baje la gran escalera de la Facultad de Medicina y me dirigí a pie a través del Campus y de su parque frondoso -Hyde Park, como lo llamaban los estudiantes en mi época- en dirección a mi casa, sin saber que la solución para mi problema estaba a la vuelta de la esquina. 000O000 |
EGOSUM (2.002-2.003): "NUNCA VOLVI DE CUBA" (novela inédita): Primer Capítulo (fragmento)
11 comentarios Publicado por Unknown en 5:08 p. m.
Valencia, Sábado, 28 de Mayo, 20051
EL PUEBLO SIEMPRE ES peor que sus gentes, apelando al principio general de que el todo produce algo distinto a la mera suma de las partes. Eso lo sabía él por experiencia directa. Para uno de sus amigos íntimos y eminencia vernácula, el ínclito profesor Don Arturo Delgrial y Valledigno, al cual se le podía calificar de todo menos de demótico, la masa era una piara. Su opinión no andaba muy lejos. Ese sentimiento se alzaprimó hasta el paroxismo cuando su tía, su último familiar vivo, murió. A ella se lo debía todo.
La mujer que la cuidaba le llamó al amanecer. Se había acabado. Vino de Valencia, conteniendo la tristeza, tratando de acopiar entereza, las lágrimas orillando las pestañas. Le consolaba un tanto pensar que ella había dejado de sufrir, que su demanda cansina por el descanso eterno había sido complacida. Junto a ello, se agolpaba un sentimiento de pérdida definitiva y de desolación en el hondón de su alma.
Ahora que todos los seres que amaba habían muerto, sintió que su existencia apenas tenía sentido. Ciertamente alguien como él tenía muchos asuntos en que ocupar el tiempo pero, debido a las pérdidas sucesivas, dudaba de poder arrostrar toda aquella desolación, le faltaban las ganas para acometer los asuntos que jalonaban su vida y que otrora había arrostrado como quien expele el humo de un pitillo.
Era bastante joven todavía y muchos hubieran envidiado su posición, pero él hacia mucho que vivía casi por vivir; solía decir, medio en broma, que a los catorce años ya tenía cuatrocientos.
Cuando entró en la casa, flotaba en el aire una expectación cerrada, concreta, la del vecino, el común, frente a la diferencia, ese resabio constante hacia aquellos que el vulgo hace inteligentes y presumiblemente ricos. Fue entonces cuando se percató de la presencia del ataúd, pero no se acercó todavía. Respiraba trabajosamente, tratando de inhibir el llanto que se le agarraba, trémulo, en la nuez de la garganta.
Entonces se dio cuenta de que en la casa que hay un muerto, aunque sea la propia, coexiste algo que huele a nuevo, a desconocido. Tal vez fuere la pérdida, el lugar deshabitado por alguien que vivió allí, la silla vacía, la cama hecha por última vez, los vestidos que no se utilizarán más, el lugar propio que ha desvanecido el tacto usurpador de la muerte.
La realidad, sin ambages, estaba ahora ante él, contundente, fría, sobre todo cadavérica, más allá de las quejumbres y de los odios. Ella, la última de sus antecesores, yacía en el féretro. Había expirado aquella madrugada de Mayo, mes maldito, porque también en Mayo murieron su padre y a su madre, y su abuela antes que ellos. Por pura asociación, hilando un razonamiento mágico, pensó, por un instante, que durante ese mes también a él le visitaría la chata.
No era la primera vez que Salvador Amargo iba a quemar incienso en el altar de la venganza, pero ésta, hasta entonces, nunca tomó encarnadura. A decir verdad, jamás se había vengado por nada ni de nadie. Las cosas se habían quedado alguna vez en palabras, en el deseo casi siempre, aunque él no era un pusilánime; simplemente, antes de actuar, uno debía pensar las cosas dos veces, incluso más.
Por lo general, ante las pruebas y sinsabores de la vida, había lidiado bien, nunca había roto la compostura, pero en esta ocasión sentía que podía llegar a perder los papeles. Sin embargo, el único sentimiento auténtico en esos momentos, consistía en que, desde que murieron, era bastante poco lo que le ataba a este pedregal, pocas cosas le interesaban ya. En realidad fue un hombre afortunado, porque tuvo dos madres en vez de una, pero, al final, siempre aguarda la cárcava, común e inevitable.000O000
EGOSUM (2.004): "LOS OJOS DEL MORO" (novela inédita): Primer Capítulo
2 comentarios Publicado por Unknown en 3:56 p. m.Valencia, Sábado, 28 de Mayo, 2005 00O00 1 Los primeros ojos: ojos negros y fieros SU PRIMER RECUERDO comenzaba con una mano negra que la elevaba violentamente, que la arrancaba bruscamente del suelo. Después seguía la conciencia de un galope, de un moro, de ojos negros y fieros y gran bigote –y también, más vagamente, el brillo de un alfanje-, quien acababa arrojándola lejos, cayendo sobre unos matorrales. Tenía poco más de un año y sus padres habían muerto. Bajo un cielo de celajes iluminados por explosiones y fuego, los soldados de Franco saqueaban el pueblo y ella, sin saber cómo, cuándo, ni porqué, se encontraba sola en medio de aquella devastación, cuando el jinete la agarró. Esa fue su primera experiencia de rechazo y hasta algunos años después no llegó a comprender, en toda su magnitud, el peso del desdén ajeno. Después la miraron otros ojos y la mayoría lo hicieron aviesamente, ojos azules, ojos verdes, ojos grises, ojos pardos y otros negros, todos ojos malos, perversos. 000O000 En breve nuevos capítulos de LAS NOCTURNIDADES DE DON ARTURO DEL GRIAL. |
EGOSUM (2.004-2.005): "EL DOCTOR AMOR Y LAS MUJERES" (NOVELA INEDITA): PRINCIPIO (continuación y final de la presentación de esta obra)
8 comentarios Publicado por Unknown en 6:49 p. m.| Valencia, Jueves, 26 de Mayo, 2005 Egosum: El Doctor Amor y las mujeres "-VOLVIENDO AL ASUNTO que habíamos dejado, de lo que estoy completamente convencido es que, como cualquier mujer reservada a causa de miedos diversos, ella quería, con su suicidio, fijarme de por vida con un sentimiento de culpa que no tuve, ni tengo ni tendré, desacorde desde siempre con la gris normalidad, la cual resulta, desde muchos puntos de vista, un déficit primario, orgánico, congénito si quieres, y una indecencia. Cuando nos enamoramos, no solamente agarramos el sentimiento, la pasión y la ilusión, sino también, unos y otras, sabiéndolo casi siempre y dasatendiendo el riesgo enorme, la patética neurosis. -Es un punto de vista, bastante extremo por cierto. En realidad, no se cómo puede hablar en esos términos de ella. -Ubícate en la escena: dos semanas antes me besaba las manos con devoción, hacíamos el amor sin parar. Recuerdo bien la mirada esfumada tras el arrebato del orgasmo. Después aconteció mi primer viaje largo a la capital y, cuando lo hice, con bastante frecuencia al principio, mis llamadas nunca fueron contestadas. Ese silencio me hizo sospechar el desenlace. Recuerdo bien cuando volví casa y entré en esta biblioteca. Ella estaba parada en el centro con las luces encendidas, todas, para que yo no perdiese detalle: vi sus ojos ígneos, inyectados de reproche y odio antes de descerrajarse un tiro en la boca. En efecto, yo no perdí detalle, nadie me quitó el susto y la pena temporal pero ella perdió lo único que tenía, su tiempo, su vida, ese existir que había dedicado a mí aunque yo se lo desaconsejase. "Al principio, cuando nos conocimos, veinte años atrás, teníamos algo en común, un pátina de resignación, de melancolía. Eso nos unió, sin duda. A base de mis desacuerdos con el mundo, llevaba pegada a mí una segunda piel de tristeza, del mismo modo que la humedad de adhiere a los muros viejos. Después, cambié, me desapegué de casi todo, fui a la mía, como el extraño, el espectador estupefacto que en realidad era frente un mundo epatante. Entre él y Ego existía un abismo profundo, repleto de cosas sabidas, a medio saber, insinuadas y completamente desconocidas, donde algo de mí estaba también; entre otras cosas, la literatura tuvo el papel de descubrimiento de esa tiniebla y los libros, surgidos de esa tarea, la descubrían, la pergeñaban, pero nunca la trascendía porque eran mero reflejo de la misma... Sí-agregó el hombre meditabundo- al principio y al final solo está la palabra. Tengo la ventaja de los pensamientos errantes por mis mundos sombríos. "Ella, aunque tratase de negarlo, tenía una adherencia plebeya a la costumbre, a lo que se entiende por común, por normal, a lo que es socialmente deseable. Eso poseía el lado de calidez, ternura, pegajosidad y halago que nunca desagradan a un hombre pero que con el tiempo deja de sentirse satisfecho. Vivía por mí, su tiempo dependía del mío. En realidad, por mucho que la pasión sepultase este hecho, desdecía con mi ambiente, nunca formó parte de lo mío. Después sepultó su vida bajo mis pies y se sintió segura, hasta que la publicación de mis novelas tuvieron éxito y me vi obligado a dejar con cierta frecuencia el reducido y cálido hogar que compartíamos. Entonces se sintió en un segundo plano, que no era necesaria como antes, temiendo que posiblemente la dejaría. Creyendo que no la necesitaba, se suicidó; ella necesitaba mi tiempo, mi atención, para alimentar el suyo, para alentar un pálido deseo de vivir. En próximas conversaciones hablaremos más ampliamente sobre todo esto y te comentaré algún caso clínico que te sorprenderá –repuso, el hombre, cada vez más ensimismado en sus cavilaciones, aunque le devolvió a la realidad la crepitación del granizo sobre el alfeizar, por lo que exclamó-: ¡No te jode, ahora graniza!. Es verdad, todo esta cambiando, el tiempo, el país, la gente, esta loco, se ha trastornado." -Es verdad, hay cambios demasiado dramáticos en este tiempo –se lamentó el muchacho, con los ojos puestos en la grabadora, cuya cinta corría lentamente. -Ayer pasó lo mismo. Después del granizo llovió un rato y escampó. Igual mañana hace un sol tórrido o nieva –dijo y después miró al muchacho, cuyas facciones se le antojaron adoloridas, tal vez efecto de la tensión de tanta charla, por lo que concluyó con voz tranquila y conciliatoria, mientras consultaba el reloj-: Bien, por hoy ya hemos tenido suficiente, mañana continuaremos." 000O000 |
| 000O000 NOTA DE PRENSA 30 METROS DE RE (VER-SE) de EDDIE (J.BERMÚDEZ) PERFORMANCE POÉTICA SALA EL REFUGI. Plaça de la Vila (BADALONA) DÍA 29 DE MAYO, a las 19.30 (DENTRO DE LA FIESTA DE CLAUSURA DE LA EXPOSICIÓN VISIONS(re) de NVAP) Esta acción-performance cuestiona el aliento de la poesía y del poeta encerrado entre paredes de cristal, en una estancia creada a partir de las dimensionesde la sala. Ésta consta de 30 hipotéticos metros. Allí, en su interior el poeta vivirá una especie de vida vigilada por la mirada de los espectadores que podrán comprobar la cons-trucción de la vivienda desde sus cimientos hasta su derrumbe. Se intenta indagar una vez más en la vulva del poema en sí mismo? Duración del acto: 35-40 minutos 000O000 Egosum: Paso información. Un saludo. |
EGOSUM: "EL DOCTOR AMOR Y LAS MUJERES: Comienzo", 2.003-2.005 (novela inédita)
5 comentarios Publicado por Unknown en 8:06 p. m.Valencia, Martes, 24 de Mayo, 2005 Egosum: El Doctor Amor y las Mujeres (principio) “-LA MUJER A LA QUE AMABA se pegó un tiro ante mis ojos –dijo el doctor sin ninguna emoción, mientras a su espalda, estupefacto, al joven casi se le cae la taza de café de las manos. El hombre pensó que era demasiado nervioso; minutos antes, cuando se sentía observando, no atinaba a meter el caset en la grabadora. -No te preocupes, hablaremos de eso más adelante –añadió viendo el estado de ansiedad del muchacho. -Lo siento, ya está –dijo el joven, tratando de recomponerse-. Es que no me lo esperaba. No esperaba que nuestra primera entrevista comenzase con esa revelación tan terrible. -Lo comprendo. De eso hace casi dos años y, desde entonces, decidí caminar solo hasta que la calva disponga. Bueno, hay vidas que lo son en función de otras, en algunos casos de manera excesiva. Ella vivía desviviéndose por mí, a mi orilla, deseando ser el centro de mi vida, apoyarme y alentarme permanentemente, hasta que se produjo el cambio. Fue cuando tuve el primer premio literario importante y me vi obligado a viajar más, quebrándose, en buena medida, ese mundo aparte que ambos nos habíamos formado con el tiempo. -No lo comprendo, es tan extremo –dijo el periodista encendiendo un pitillo. -Claro, resulta un asunto muy complejo, algo que clínicamente se denomina cronofagia y no es frecuente –contestó el escritor, sentándose ante el joven, al otro lado del escritorio. -¡Cronofagia!. Nunca antes había escuchado ese vocablo. -Resulta comprensible, puesto que se trata de un término relativo a la psicopatología. No obstante, en amores demasiado dependientes, unilaterales, se alberga siempre el resentimiento y, aún más, un odio que el otro nunca reconocerá y tornará contra el objeto amado cuando la situación le sobrepase. –agregó el escritor y después siguió con sorna-: Pienso que debió haberse ahorcado a la puerta del consultorio, para que así su protesta tuviese algún eco en mentes pacatas y odiosas, que dijeran que la mujer del ínclito doctor se había auto inmolado, por lo cual el susodicho, es decir yo, debería ser un villano, un ser mezquino, lo peor del mundo. No obstante, antes de seguir adelante con esta historia, he de confesarte, lo cual no me produce la menor perturbación ni otro sentimiento, que en las relaciones amorosas que mantuve en realidad el problema era yo. La verdad es que no estoy hecho para compartir la vida con nadie, para mantener una relación estable. Soy un solitario, buen amigo, buen amante si quieres, pero una pésima pareja, simplemente porque mi deseo auténtico es la soltería. En esa línea, todas las relaciones que mantuve estuvieron motivado por el sexo y cuando la pasión terminaba, me daba cuenta de que me aburría y deseaba volver a estar solo. Para mí la soledad, que siempre es compartida con cuatro amigos, es una virtud y las normas sociales o lo que se aprecia como correcto me importa un comino. Sin embargo, a partir de los cuarenta decidí no mantener ninguna relación más, por cuanto siempre acababa sucediendo lo mismo: yo no tenía lo que quería y tampoco les daba a ellas la seguridad de una relación normal. Así, que para no sufrir ni hacer sufrir a nadie más, decidí tener amantes breves si hubiese la ocasión, y permanecer sincero a mí mismo y a mi mundo; eso se llama mismidad.” |
| Valencia, Martes, 24 de Mayo del 2.005 Bernhard: El Mago del Norte o el Idiota del Sur “Todo se hace por cálculo. Hasta un pequeño bebe berrea por cálculo, porque sabe que si berrea le ocurrirá algo. Hasta su último aliento lo hará todo por cálculo. Se lo aseguro. Hasta los sentimientos se emplean para eso. Y si se comparan las opiniones de los grandes filósofos, resultan tanto más idiotas. En cada uno se puede leer algo distinto. No son más que pobres hombres, que no supieron ganarse la vida de otra forma. En una habitación o en una oficina, en un castillo o en una cabaña, tanto si son el Mago del Norte como el Idiota del Sur (1), en definitiva es siempre lo mismo. La gente muere, se pudre, se descompone y no existe ya y, si la cosa va bien, le dedican una pequeña lápida. Y luego hay también personas, naturalmente, que se alegran de lo que han escrito. Pero sólo intermitentemente”. T.B., 1988 (1) Sin duda alguna “El Mago del Norte” es Hamann y “El Idiota del Sur” probablemente sea Sartre. |
| Valencia, a 22 se Mayo, Domingo, del 2005 Sí, debe haber consecuencias, pero queda siempre la pregunta cargada de desesperanza, ¿quid custodie custodiem?, ¿quién vigilará al vigilante? (Oráculo de Delfos). |
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Salvador Alario Bataller
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