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CRÓNICAS DE UN ÉCOUTEUR NOCTÁMBULO
El rey amarillo
Hoy en el pub Strigoi, el aire se puede cortar con un cuchillo. Fuera del acostumbrado ronroneo de los amigos que hablan, parece que revolotea por aquí una nube de moscardones; de vez en cuando alguien levanta el tono, incluso se profieren palabras fuertes y también alguna blasfemia. Es viernes, normalmente estos diálogos escuchados tienen lugar los viernes por la noche, raramente un sábado. No es un lugar, pues, de bar´s flys.
Por lo demás, las mesas parecen haberse juntado, unos charlan de modo cruzado con algún vecino, salvedad hecha por del Grial y Morgano que, se dice, no son de este mundo. Escucho al más cercano, a Martín Sepulcro del Lobo, que está con su hermano Juan, Ricardo Meynard y Patricio del Toro y Godoy. Comenta:
-Ayer, por casualidad me senté, a altas horas de la noche, ante el televisor. Sabéis que detesto la caja tonta, pero alguna vez acontece lo inesperado. En nuestro canal autonómico se hablaba de un tema que llena de desesperación a ésta, anteriormente prometedora y magnífica provincia. Dos empresarios, uno del textil, otro del calzado, debatían ante un representante del empresariado chino. Había otro entre los contertulios, un economista o abogado, no recuerdo o meramente no me enteré y, claro, el presentador.
>>El chinito de marras, ufano, más ancho que alto, aseguraba:
-Lo que pasa actualmente en los negocios de aquí es porque hay globalización. Esto es la globalización.
>>Y se quedó callado, mirando desafiante a los demás, como Pedro por su casa; los otros, conteniendo la bilis, y tratando de aparentar, pues, cortesía, dijeron lo esperable: Que en poco tiempo más arruinarían estas industrias, como antes los malos gobiernos acabaron con los cítricos, la pesca, el arroz y la ganadería; que al entrar en la OTAN, en el Mercado Común, a causa de políticas bastardas y suicidas, que, de paso, les llenaron el saco a los políticos de turno con pingües beneficios, vendieron la huerta y en suma las cuatro cosas que poseía la comunidad; que hace unos años un alcalde de un pueblo dijo que se había dedicado a la política por el poder y se armó una escandalera de mil demonios, cosa que ahora todos ven claramente y nadie dice ni mú; que, antes, al menos, cuando un ministro metía la pata tenía el pudor de dimitir, mientras que ahora todo da lo mismo, porque siguen en el puesto, ignorando el desafuero cometido y negando simplemente, con cara de merluzo, lo que han dicho o hecho; que lo malo es que nadie hace nada, que no hay Dios que les meta en el sitio, ése chalet de altos barrotes sin vistas al mar y mejor si tiene paredes acolchadas, que parece estar solamente reservado para los 4 desgraciados que la genética y sistema se encargaron de malograr; qué esto y lo otro, y así y demás…>>
.A mi comienza a dolerme un poco la cabeza, no por desinterés de lo que se habla sino de real irritación, de impotencia de tener que tragar, como muchos, lo indigerible y no verle la solución y de que, para más INRI, se nos rían en la cara.
>>-¡Lo que pasa es que ustedes no trabajan, no les gusta trabajar! –arremetió Fu-Manchú ante el estupor de a los allí reunidos, sigue Martín-. Trabajan solamente 42 horas semanales y después a holgazanear, no como nosotros que trabajamos 14 horas al día.
>>-Claro, después cuando nos hayáis eliminado a todos del mapa, cuando no tengáis competencia, pondréis el precio que os de la gana. Y tendremos un sector más de la población empobrecido y sin futuro –protestó el empresario del Calzado.
>>-Pero, ¿no se puede hacer nada para parar esto?- inquiere el presentador con aire amedrentado, pero nadie le contesta específicamente, sino que se produce una acalorada discusión donde prolifera la palabra globalización>>.
-Rediez, que el chinolis nos llamó vagos y se quedó tan pancho –añade Patricio, indignado y arrasa el cubata de un trago.
Las criptas más amargas de los recuerdos de mi cerebro tiemblan: me acabo de acordar de la preterida Ley de vagos y maleantes y resuena, como un arpegio funesto, un ruido de sables. ¡Dios no lo quiera!.Me apaga algo la turbación el volver a centrarme en los diálogos, más bien en el soliloquio de Martín:
-Aquí vienen trabajan X años, se van allá con un puñado de dinero, previa nacionalización española, dicen que son extranjeros y además ricos: se montan un negocio y a vivir. Poco a poco aumentará la clase media y cuando esto suceda, aparecerá lo otro.
-¿El qué? –quiere saber Meynart.
-Bueno que no habrá gente para trabajar por cuatro chavos (gente suficiente), los empresarios de aquí, como antes los agricultores, los ganaderos y los pescadores estarán en la miseria y allá tendrán más globalización. Es lo que sucedió con los japoneses hace tiempo, acordaos.
-Claro, hasta que otro país de chanquete nos arremeta aquí con otros productos, surgidos del trabajo esclavo.
-Eso es, buena cabeza.
Lanzarote tiene todos los colores imaginables en su cara furibunda.
-¡Me va a pegar una subida de tensión y acabaré pintando el techo de rojo! –brama.
Nadie le oye o le ignoran completamente. No es un tipo demótico.
-Mejor te callas –le dice del Grial, poco después-. Tú estás hecho de tinta y pergamino.
-¡Aquí nos darán a todos per vas nefandum!.
-Al menos tienes buenos eufemismos.
Morgano repone con fastidio que ya lo dijeron muchos antes que él, incluso autores de la talla de Orwell y Lovecraft, señalando el peligro amarillo.
-Los hombres de un solo propósito son los hombres de un solo libro –dice todo lo fuerte que puede yendo hacia la barra un joven desaliñado que acaba de entrar.
Algunas cabezas se vuelven hacia él, pero después le ignoran por completo. El tipo se queda mascullando no sé qué.
- ¡Manu militari! –exclama Morgano-. ¡Esa es la única solución!.
-Muy en tu estilo –le ningunea del Grial socarronamente.
Me fijo en el joven acodado a la barra: rubio, melena, pantalones vaqueros. Lleva la camisa fuera, una camisa blanca, impoluta; se vuelve y me mira: no tiene nada especial, pero me recuerda a alguien.
Entonces, con toda la fuerza de sus pulmones grita que es Jesucristo y levantando un dedo admonitorio hacia la pasmada concurrencia, declama con voz rotunda:
-¡Solamente condené dos cosas: a los fariseos y a los ricos, quienes tienen que despojarse de sus riquezas para Entrar en el Reino de los Cielos!.
Miro con disimulo a Lanzarote Morgano y tiene los ojos de un basilisco.
-Y a éste, ¿me lo cargo? –profiere, haciendo un amago de levantarse.
Arturo del Grial le retiene y de un tirón de la manga hace que vuelva a sentarse. Después repone, conciliador:
-No hombre, no. Lo que ha dicho es verdad.
Un día le mandaron a Bernard Shaw una carta anónima, en la cual se escribía simplemente HIJO DE PUTA: se fue entusiasmado corriendo a su club y le dijo a sus amigos:"¡Que estupendo, he recibido miles de cartas anónimas y por fin alguien me ha enviado una firmada!".
CRÓNICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTAMBULO
Cabezas despejadas
Hoy encontramos a Ricardo Meynart y a Patricio del toro, pegados a la barra, bebiendo cosas fuertes, con aspecto taciturno. Charlan indiferentes al resto de los habituales, que se sientan en las mesas acostumbradas. Hablan y hablan, ¿de qué?... Ah sí, de cosas sesudas. Aguzaré el oído.
-Por los pelos, un poco más y no me entero –contesta Patricio del Toro, visiblemente irritado.
-Si vas al Festival de Cine de Valladolid o al de Sitges ya en la autopista hay posters indicativos del evento, ya no te digo en las calles. Aquí nada de nada. El que no lo sabe, ni se entera. Solamente cuando subí a ese cine enorme del centro, a la entrada de la sala pude ver un cartel indicativo.
-Cuatro se lo montan, cuatro se lo comen. Es una vergüenza.
-A un director como Renoir le han dedicado sólo cinco películas y eso que se suponía que era su homenaje.
-Y solamente daban un pase. Por lo mínimo uno debe ver dos veces una película, máxime si es de nivel, para paladearla con cierto fondo. A veces más.
-Pero hombre, ¿en qué festival no hay un apartado bibliográfico?. Siempre existe una librería, tanto de textos especializados y como de divulgación. Aquí no había más que un paupérrimo folleto informativo.
Su amigo echa una mirada de soslayo a la chica achinada que hace globitos con un chicle. Después, intenta reprimir una sonrisa amarga, añadiendo:
-No sé donde iremos a parar con estas políticas culturales, con esas cabezas vernáculas que pretenden dirigirnos vida.I
ntenta decir algo más, pero Del Toro otro le interrumpe.
-Me estoy acordando de la entrevista que le hicieran a una ministra de cultura -dice-, no recuerdo quién era, pero lo que te voy a decir es absolutamente verdadero.
-Le gusta a usted Saramago?-le preguntó el periodista.
- Pues la verdad es que no conozco a esa señorita.
-Cuando le preguntaron en otra ocasión si había escuchado Carmina Burana, dijo que era una gran cantante gallega
-¡Craneo privilegiado!.
-Te juro por mis muertos que es verdad.
-¡Craneo privilegiado!.
-Te juro por mis muertos que es verdad.
-Atentos tenemos que ir, porque a quienes amamos la verdad nos cortan inmediatamente la cabeza. Dentro de nada ya no me querrá publicar ningún editor, como no soy políticamente correcto –se lamenta Patricio.
-Bueno, tú eres un escritor consagrado.
-Y tú lo mismo y funcionario además, aunque no eres tan ácimo como yo en tus críticas.
Hay un silencio breve, después del cual repone Maynart con aflicción:
-No sé que decirte, después de todo, en este país lo único que hay cierto es que no hay certeza. No sé donde iremos a parar.
-¡Puf, ya estoy un poco mareadillo! –balbucea Patricio.
-Mucho cristal hemos levantado hoy, ¿no? –se ríe leve el poeta?.
-Ay, a ver si con todos estos dislates acabamos convertidos en barra´s flyts.
-¿Qué es eso?.-Moscas de barra.
-Dios no lo quiera, mientras pueda prefiero seguir siendo una mosca cojonera.
CRONICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTAMBULO
La metáfora de nuestro tiempo
-Te recomiendo vivamente la última película de Cronenberg, Una historia de violencia-dice Morgano.
-Sí, me han hablado muy bien de ella –responde del Grial-. Es ya un clásico, un creador que toca temas seminales del ser humano.
Unos desconocidos entran en el Strigoi y se pegan a la barra. Además de nuestros dos personajes, están ya desde hace media hora, en sus mesas de siempre, Meynart, los hermanos Sepulcro del Lobo y Patricio del Toro.
Entran ahora unas jovenzuelas y piden permiso a la chica achinada para hacer un pis. Allá van presurosas, las persiguen ojos golosos.
-Al fin y al cabo habla de aquello que vosotros, los humanos, tenéis y os obstináis en negar –agrega Lanzarote Morgano sin dejar de mirar fiero la puerta del WC que se acaba de cerrar-. La violencia es uno de los impulsos humanos más genuinos, si no el único. Esa dualidad, ese lado oscuro no puede ser negado por una sociedad que pretende ser una imagen de postal, que con solo soplarla se hace añicos.
Del Grial le mira esquinado, sin ocultar su fastidio.
-No es así, tú vas a los externos –contesta-. La violencia es la patología de la agresividad, la cual sí es un impulso hereditario, vinculado sin defecto a de la sexualidad.
-Tú sabes lo que quiero decir –contesta Morgano, con una expresión fatua en el rostro-. Afloja el control social y verás lo rápido que la agresividad se convierte en violencia.
Meynart mira con ojos resignados a la mesa de del Grial.
-Dios, ese siempre habla solo –le susurra a Martín-. Parece que le de igual la que piensen de él y eso que es, creo, catedrático de Psicología.
-¡Qué más da! –contesta áspero Martín- Yo lo soy de psiquiatría y muchos dirían que estoy como una cabra. Se trata del unánime odio a la diferencia, de esa puta envidia tan consubstancial a nuestros compatriotas.
Guarda silencio unos segundos, echa unas fumaradas y añade mirando displicente a un hombre que toma café en una mesa solitaria:
-Estamos rodeados de bichos raros, como ese de ahí, el tal Egosum, que nunca dice nada. Viene, se queda un buen rato como una estatua de sal y cuando le place se va.
-A lo mejor es mudo –comenta del Grial.
Llega de la calle una cacofonía de voces, gritos, carreras y golpes estridentes. Algo golpea fuerte la puerta, el cristal tiembla, la empleada apenas se inmuta. Uno sale y mira con cautela al exterior y vuelve a la barra; le comenta a sus amigos:
-Ahí hay un grupito de jovenzuelos, el que más tendrá quince, peleándose como fieras. Ellas son las peores, sueltan las leches y las patadas peor que los chicos.
Suena una sirena. Posiblemente la policía. Al cabo de un rato vuelve el silencio.
-La gente ve la película de Cronenberg y se regodea con la gran violencia que destila –comenta Lanzarote- Disfruta y piensa que es una falacia, simplemente una fabulación. Parece una exageración, pero algo muy similar se encuentra en la calle, forma parte de la vida. Después, cuando lo piensan, esa satisfacción por la violencia les lleva a sentirse culpables; hipócritas en un mundo hipócrita.
Salen las chicas del WC, y sintiéndose observadas se apresuran a la calle entre en risitas significativas, seguidas por miradas ardientes.
Morgano, la cara hecha una máscara grotesca, está diciendo:
-Todo eso ya lo sabemos. Son expresiones tibias de la naturaleza del hombre. No como yo.
-¡Venga hombre, ya estamos con lo de siempre! –protesta su compañero.
-Yo soy el ser más maligno de la tierra, pero ni de lejos encarnó el mal absoluto. Pálidamente se puede relacionar con la crueldad, con el acto de inflingir daño gratuitamente y no verse afectado por ello. Con esto se produce una ofensa contra aquello que se consideran los sentimientos básicos de la humanidad, contra la moral esencial que impone, fuera de toda duda, lo bueno y lo malo a cualquier hombre mentalmente sano. En términos actuales, muy probablemente este concepto del mal tenga que ver estrechamente con el de psicopatía.
Del grial se anima a hablar. Responde:
-Vemos por doquier masacres atroces, crímenes horrendos, injusticias sin freno ni límites, hasta el punto que ha acabado convirtiéndose en una metáfora de nuestro tiempo. En las décadas venideras, mucho me temo, este hecho desafortunado se hará patente en mayor medida. Los tiempos modernos no conducirán a una transmutación de los valores, porque no habrá un sistema nuevo, sino la negación, dispersión y confusión de todo valor como producto del eclipse de los principios . Será la era del vacío ético –ya estamos viviéndola, realmente- y de sus nefastas consecuencias. No habrá referencias morales para las nuevas generaciones, al igual que pasa con las mentes asesinas. No habrá una nueva moral con sus connotaciones económicas, políticas o sexuales ; nada reemplazará a la pérdida absoluta de valores. No habrá ideología, ni destino, ni moral, solamente locura y caos. Ni siquiera se pensará en el mal, el opuesto del bien, frente al cual éste último de ratifica y crece. La sociedad habrá perdido sus fundamentos y, con ello, su destino ; el hombre habrá perdido su sombra. Eso no es nuevo, se ha denunciado muchas veces en publicaciones recientes.
-El mal se confunde con demasiada frecuencia con aquello del recuperar los frutos del árbol de la ciencia y del árbol de la vida, el placer sexual e intelectual libres. Una utopía, en suma. Es mucho más que ello, se trata de una patología, más bien de una pasión, del alma.
Acaba de entrar un hombre pálido, vestido de negro por entero, de rasgos melancólicos, que lleva una levita, prenda hace mucho pasada de moda. No mira a nadie, si no al vacío que se levanta anta él en forma de barra de bar y anaqueles repletos de botellas. Pide una copa, pero la camarera ni le mira.
-¡Es Edgar Allan Poe! –exclama Morgano, estupefacto.
-¿Qué? –inquiere Del grial con gran perplejidad.-Sí, sin duda, es él.-
¡A buena hora!.
-¡Sin ningún género de duda!- porfía el otro.
Se pone de pie, dobla el espinazo e inmediatamente exclama con voz atronadora, que resuena casi como un rugido en el silencio que le circuye:
-¡Inclino mi alma muerta ante tu sombra viva!.
-Eso dijo Byron ante el escritorio de Voltaire –apostilla su compañero sin poder inhibir una risita de befa.
Poe, sin tomar ni una gota de agua clara, se levanta y se encamina a la salida. De repente se detiene a medio camino y como quien habla a un público inexistente, con la mirada perdida en otros mundos, declama:
-“¡Y mi alma, esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará… nunca más!."
Y se va.
Hay en el éter una vibración extraña, pero nadie parpadea.
CRÓNICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTÁMBULO
In vita mors
Estamos en octubre y el calor es casi insoportable. La naturaleza está irreversiblemente deteriorada, subsiguientemente el clima también. Recuerdo, hace solo quince años, que la primavera era primavera, el verano verano, el otoño otoñal y el invierno, pues, invernal. Los ciclos naturales se sucedían un su ordenamiento indefectible, la fauna vivía y se perpetuaba, el hombre, en su vida, tenía más cimientos, más conocimiento tal vez, de seguro una esperanza mayor. Ahora, en la narcosis del consumismo, del vacío ético, de la difusión del poder castrante hace que no se reconozca el rostro de la bestia que nos quita la vida. Esos del poder viven su tiempo indiferentes al dolor yal menoscabo generales: uno dijo antes de ayer que tardó seis años en olvidarse del pueblo, haciendo alusión al de ahora, que le bastaron solamente seis meses. ¿Podrá este berenjenal tener solución?. No veo el mañana, el futuro se entenebrece.
En el ambiente sellado y cálido del Strogoi aletea la música de Enya. La chica achinada que sirve copas está recodada detrás de la barra, mirando acá y acullá, posiblemente sin reparar en nadie. Uno le dirige palabras vanas cerca de ella, un tipo grueso, sentado en un taburete que amenaza su seguridad. Un desconocido entra, pide una copa, se sienta y se queda mirando su reflejo en el espejo del fondo, con ojos elegiacos.Están los de siempre. Se habla, escucho.
-Esta mañana la testosterona no me ha enhebrado el ariete y desde hace horas lo arrastro como marsupio fetal. Todos esos desastres que vemos cada día me están afectando el físico, se hacen encarnadura; bueno en eso que he referido, propiamente descarne.
Es Juan Sepulcro del Lobo, el hermano mayor de Martín, catedrático de Paleontología. Escogió esta especialidad porque no le gustaban los tiempos presentes ni el hombre, claro está. La otra alternativa era la microbiología. Misántropo sí, él mismo dice, rotundo, que lo es y con fundamento. A su lado, Patricio del Toro y el galardonado escritor –hecho muy raro, dada la calidad de su prosa- asiente con una mueca de disgusto en su cara aristocrática.
En la mesa vecina Arturo del Grial apura una copa y Lanzarote Morgano mira a los dos con ojos de lobo. Ninguno responde a su mirada desafiante, tal vez nadie repara en él.
-Yo explotaré el día menos pensado, máxime con esta impotencia que te aherroja como a un galeote –se lamenta Patricio del Toro-. No veo más que muerte, enfermedades, catástrofes, desastres de todo tipo. Además, este país ocupa en número 23 en cuanto a corrupción en el ranking mundial.
-Ha sido siempre un país de pícaros y cuchilleros.
-Ahora hay más zombis que otra cosa, enganchados a lo audioivisual, las neuronas muertas, sin cuestionarse nada, alimentándose acéfalamente de los frutos de la demagogia.
-Creo que fue anteayer que Sartori lo dijo muy claramente: quien mira no piensa. Pero lo que más me descompone es esa indolencia general frente a la calamidad, esa prepotencia de los poderosos haciendo ostentación de sus agravios, todos esos fastos repugnantes con que celebran su estatus privilegiado indiferentes al aborregamiento general, a la descomposición de la naturaleza, a la negrura amarga y devastada…. ¡Dios esos hombrecillos jodiéndonos la vida a todos!. Los podría reducir a polvo con solo dejarles caer el puño encima.
Escuchando esto, Morgano, iracundo, levanta la voz, para que todos le oigan:
-¡La solución es el hierro!.
-¡No te pases! –protesta inane del Grial.
Sin embargo, nadie ha reparado en las ásperas palabras.
Juan y Patricio fuman envueltos en un silencio espeso. Al cabo de poco, es el primero quien habla:
-¿Cómo hemos llegado a esto?, se lamentó el rey Eomer.
-Es peor que Mordor.
CRONICAS ANALECTAS DE UN ECOUTEUR NOCTAMBULO
Todos pueden hablar y decir lo que les venga en gana
En La conciencia de la bestia, una novela que publiqué en el 2000 y quedó finalista del Premio Planeta de Novela del 1997 (v., abajo, en un post de este mes), lo referí: El Strigoi –nombre rumano para denominar al demonio y, por defecto, al vampiro- (hoy perteneciente al invisible), tiene resonancias balcánicas, la música es suave, se puede hablar y ser escuchado sin dificultad, la gente va a la suya y, sobre todo, hay poca luz.
Del bestiario común, su raigal por lo general es el barrio, me interesan unos cuantos de los habituales, me divierten especialmente sus conversaciones. En textos sucesivos presentaré algunas de ellas y, huelga decir, que son enteramente reales.
Así como hay voyers, a mi me excitan las palabras –me mueven la mente no la méntula, aclárese-, porque, entre otras pocas cosas, me agrada sobremanera escuchar, eso sí, muy selectivamente; cuando lo que se habla es prosaico, la solución es fácil, me escucho a mí mismo, me tomo un café y me voy. Por estas razones me he calificado antes como un Écouteur (del francés escuchar) noctámbulo, porque me entusiasma escuchar buenas conversaciones y plasmarlas en pliegos como éste, especialmente al amparo de la noche, después de la hora bruja.
En la mesa de al lado se sientan nuestro poeta gay –por lo demás, el más hombre de cuantos hombres he conocido- Ricardo Meynart y el granítico Martín Sepulcro del Lobo, catedrático de Psiquiatría, de reconocido talante conservador. Como Borges dice que serlo es una forma de escepticismo, de desconfianza… En la otra mesa conversan Arturo del Grial y Valle Digno, personaje peculiar, con un caballero enigmático, un tal Lanzarote Morgano y Almanegra, al cual pocos conocen, menos aún han visto, y del quel se asegura que es una creación literaria. Un rumor le señala de psicópata.En todo caso, les escucharé otro día. Ahora, tomándome tranquilamente la copa me concentro en lo que hablan mis vecinos.
-Aquí cualquiera se cree con derecho a opinar y un burro puede contradecir a un sabio –dice irritado Meynart.
-Si, la ignorancia siempre ha sido muy atrevida.-Una cosa es un juicio y otra muy distinta una opinión –prosigue el poeta, después de tomar un sorbo de su escocés-.Todo juicio está argumentado y tiene un fundamento sólido, como que el agua es H2O; la opinión es algo meramente subjetivo, sin mayor contraste, pero sucede que en estos tiempos si yo digo que es mejor El Libro Gordo de Petete que la obra de Valle Inclán, nadie le tapa la boca ni se impide el desmán, quedando la cosa, en este sistema demagógico, en situación de igualdad, si no de superioridad. Todo lo que pretende ser de masas entraña ahora la apariencia de validez.
-Tienes razón –responde Martín, arrebolado por la ira, la mandíbula tensa-. Además, te sacan en cualquier programa basura de la TV a un profesor de Astrofísica junto al Mago Perico. Uno dice cosas que el público no entiende y calla, y el otro bufonadas, que la masa asimila y aplaude. Por lo tanto, lo que ha primado es la opinión del charlatán y no el juicio del científico.
-Mal hecho por parte del astrofísico.-Pero si no lo hace, no se oye una voz razonable y predominan en los medios de información falacias y sesgos mil. Pero, al final, los que tienen dos dedos de frente, acabarán resignándose y diciendo eso que he oído demasiadas vece esta semana: “Tienes razón, pero las cosas están así”. El inmovilismo lleva a la perpetuación del desastre, del pan y circo de nuestros días.
-Malos tiempos.Martín, con gesto descorazonado, repone:
-No reconozco la tierra donde nací. Esto en vez de ser España, es ya Expaña y no solo por la plétora de expedientes X, si no por lo mucho de lo que se ha perdido.
-Muy bueno, eso me ha gustado –contesta Meynart, con una sonrisa triste.-¡Escuchemos al pato Donald, cuanto dice es mejor que lo del ínclito catedrático!.Meynart se encoge de hombros, alicaído, enciente un pitillo y agrega de inmediato:
-Bueno, mientras no entre por esa puerta una gallina y nos eche una soflama.-Ufff… -se estremece el otro-. Eso sería el Mal en estado puro.
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