Découvrez la Radio Jazz vocal

De los Primeros Engendrados, escripto está que esperan siempre al umbral de la Entrada, é la dicha Entrada se encuentra en todas partes é en todos tienpos, ca Ellos non conosçen tiempo nyn lugar, sino esisten en todo tiempo é en todo lugar, a la ves é sin paresçer, e los ay dEllos que tomar pueden diferentes Fformas é Maneras, é reviestir una Fforma dada é un Rrostro sabydo ; é las Entradas dEllos están en cualquiera parte, mas la primera es aquella cuya fize avrir, a Saber : Irem, Çibdat de los munchos Pylares,Çibdat so el Desyerto, mas sy ome alguno dixere la Palabra prohibida avrirá allí mesmo una Entrada é podrá aguardar a los Que Atravesaren la dicha Entrada, que asy podrán ser : Doles é el Mi-go, é el pueblo Cho-Cho, é los Profundos de la Mar, é los Gugos, é las Descarnadas Animalias de la noche, é los Chogotes é los Vormis, é los Santacos que fazen custodia de la Hadat del Desyerto de los Yelos é la Meseta de Leng. Que todos por iggual son fijos de los Dioses Primeros. Pues acontesçió que, la Grande Rraça de Yit, non aviendo conzierto con los Primigenios, nin éstos con aquella, nin ambos con los Dioses Primeros, é separados todos, dexaron a los Primigenios el señorío del Universo Mundo, ca tornando de Yit la dicha Grande Rraça, tomó la Su Morada en un tiempo de la Tierra por venir é todavía non conoscido de los que agora caminan por sobre della. E aquí mesmo aguardan Ellos fasta que tornen otra vegada los bientos é las bozes que antes los llebaron é Lo Que Caminó sobre los Bientos del Mundo é de los espazios vaçíos que están entre las estrellas por Siempre.

Abdelesar (Abdul Alhazred), Necronomicón.
Según la traducción castellana (León, ¿1.300 ?),
hallada por F. Torres Oliver en el Archivo Histórico de Simancas.

H.G. WELLS

H.G. Wells y La Ciencia de la Vida

Omne vivum ex vivo.
La vida deriva de la vida.


Este no es un libro raro, ni falso ni imaginario, sí un clásico, una obra fundamental, de aquel saber que bastante antes de su publicación se denominaba Historia Natural, en suma, la ciencia de la vida, nuestra actual biología. Su título, al alimón, La ciencia de la vida, de Huxley, Wells y Wells, y representa una opera impar, por su contenido y forma, así como por sus consecuencias, y que viene siendo, desde hace poco, (porque hace poco lo encontré por una de esas casualidades de la vida en una librería de lance) uno de mis libros de cabecera. Pienso que iluminaría bastantes “cabeceras” más, aparte de la mía. No pienso dar frecuentemente referencias bibliográficas porque, pienso, que a más de uno le gusta indagar y encontrar lo que otro le sugiere.
Thomas H. Huxley, abuelo de Aldous Huxley, el famoso escritor inglés , y de su hermano Julien, el primer firmante del tratado y notable biólogo, fue todo un sabio de la biología, especialmente de la fisiología (premio Nobel del Medicina junto a sir John Eccles por el descubrimiento de la transmisión del impulso nervioso en las neuronas), personaje singular, y uno de los máximos paladines del darwinismo, de cuyo creador fue amigo íntimo. Herbert G. Wells estudió biología en la Universidad de Londres y enseñó ciencias durante muchos años, produciendo además una obra profusa y variada. En el campo de la biología estuvo grandemente influido por las enseñanzas Thomas H. Huxley quien le brindó el dividendo de una rigurosa mentalidad científica, a la cual unió un vigoroso espíritu democrático, haciéndole simpatizar con el socialismo, que le sensibilizó por los problemas sociales, llevándole a una crítica social tendente a llevar a cabo las reformas necesarias para mejorar el mundo en que vivía.
A Wells lo asociamos inmediatamente con su producción de ciencia-ficción, ampliamente reconocida y difundida, y que tan buenos momentos nos brindó y nos brinda a aquellos que tenemos la saludable costumbre de releer. Aún siendo un hito en mi formación como lector, no sabía mucho de él, más bien poca cosa: ignoraba mucho de lo que arriba he apuntado, que fue un científico destacado, profesor de ciencias y que sus publicaciones, de temas muy diversos, son plétora, más logrados los unos, menos los otros -como suele suceder-, pero una suma realmente impresionante. Además de esa Guerra de Los Mundos, ese Hombre invisible, esa Isla del Dr. Moureau, “El primer hombre en la luna” y “Un hombre moderno” cuya existencia nunca podré agradecer bastante, también escribió autobiografías y obras pseudofilosóficas y en este corpus alejado de la novelística, cabe destacar una obra, que algunos calificaron de interés permanente. Concretamente The outline of history (1920, Los rasgos de la historia en buen romance: se centra en el desarrollo de la especie humana de modo ininterrumpido, desde el neolítico hasta un futuro utópico (en uno de sus dos sentidos, realizable dadas las condiciones y voluntades) caracterizado por el socialismo, la sociología, las relaciones internacionales y una serie de hechos que vemos claramente en la actualidad. La obra no puede valorarse como una obra histórica rigurosa, aunque si es un texto impresionante y que suscita vivamente la cogitación, además de constituir un notable documento de la época en que el autor vivió. Este trabajo es citado paradigmáticamente en un libro de ciencia biológica, concretamente en la que estamos comentando aquí
El tratado, una obra monumental, abarca palmariamente temas habituales en los tratados y manuales al uso, además de otros que, hoy en día, resultaría impensable ver incluidos en un tratado o manual sobre las ciencias de la vida: Libro que se lee con gran placer y se desprende en ello el aroma de lo “clásico”, bien escrito, pedagógico y ya inencontrable, resulta aleccionador que incluyamos en estas páginas parte de la introducción, concretamente del apartado de los “orígenes y propósitos de esta obra”. Dice así:

“Hace algunos año, uno de los autores de este libro escribió un resumen histórico que tituló The Outline of History . Trató la historia como un proceso que expuso –que, mejor dicho, se expuso a sí mismo mientras el autor reunía su material e iba juntando sus partes- como la apariencia d e la vida en el espacio y el tiempo, y como una realización de autoconocimiento y liberación de la voluntad; historia que se desplegaba y desarrollaba obedeciendo a una especie de necesidad interior hasta la final revelación del hombre, que al hacerse creador y consciente de la posibilidad de regir su destino, empezó a andar a tientas, entre reinos e imperios, guerras y conflictos revolucionarios, hacia la unidad y el poder. Esta historia épica, aunque presentada con sencillez, , sin floreos literarios ni pasajes poéticos, embargó la imaginación de mucha gente. La puso en relación con el esquema total de las cosas. Formó u conjunto con los hechos históricos que estas personas conocían. Les explicó sus sentimientos patrióticos, les aclaró sus ideas sobre relaciones internacionales y racionalizó sus actividades sociales y políticas. Fue algo que halló terreno abonado en el público, que la esperaba, y el libro tuvo un éxito muy superior a los méritos de su enseñanza o a sus cualidades literarias.
Hacia él se volvieron hombres y mujeres que hasta entonces, consciente o inconscientemente, habían basado sobre el anterior esquema de la historia su concepto general de los acontecimientos mundiales, la parte histórica de la Biblia incrementada con algunos trozos de literatura clásica y su propia crónica nacional. No bastaba ya a llenar las necesidades modernas una historia que empezaba en plena fábula bárbara, que estudiaba casi exclusivamente los asuntos gentilicios de los judíos, que omitía el pasado de casi todo el mundo a excepción de Siria y Egipcio, y terminaba en los acontecimientos de hace dos mil años. Poco a poco, la ciencia había ido escribiendo un Génesis mayor, y discretamente, y detalle por detalle, excavadores eruditos fueron descubriendo más importantes anales y presentando una más lúcida lista de reyes. En la experiencia humana había ido germinando un mundo más vasto que achicaba los éxitos de Palestina y la jurisdicción de los Césares. Pese a sus imperfecciones, a su carácter de compilación, a su prosa vulgar aunque sin pretensiones y a sus muchos bocetos incidentales, The Outline of History presentó por primera vez ante muchas personas algo de la grandeza de estas nuevas perspectivas. Sus lectores comprendieron que vivían en un escenario más amplio, y las cosas en que intervenían sus actividades adquirieron para ellos un significado mucho mayor del que hasta entonces les habían atribuido.
Pero no es solo en el campo de la historia humana donde nuestra ciencia ha alcanzado un enorme desarrollo. También nuestra idea de la naturaleza de la vida y nuestro conocimiento de sus procesos han cambiado, haciéndose más firmes e intensificándose. Disponemos ya de un grande y creciente volumen de hechos relativos al modo cómo la vida progresa a nuestro alrededor y en nuestro interior. Este conocimiento repercute en la conducta de nuestra vida, arroja una luz nueva sobre nuestros juicios morales, sugiere otros métodos de cooperación humana, impone nueva idea de nuestras obligaciones, y nos abre posibilidades y libertades nuevas y originales”.

Revisando el índice nos encontramos con una vasta representación los los temas habituales de la biología, pero con partes y capítulos que los ojos leen con delicia y no son frecuentes; hoy sería hacerse cruces, encontrar entre los empeños mentales de los científicos algunos ocupados que estuvieren en estas materias enjundiosas. Así, la obra en dos tomos, está formada por 4 libros para el primero y 5 para el segundo, nueve en total. Más allá de las cuestiones tópicas de definición de la vida, zoología, fisiología y anatomía, evolución, etc., en el segundo tomo encontramos todo un capítulo dedicado al cerebro humano (capítuloV.- El cerebro culminante) y al córtex (capítulo VI.- La corteza y sus funciones), además del uno dedicado a la mente y la conducta del hombre (capítulo VII) y, además, en el capítulo VIII, titulado “Modernas ideas de la conducta”, se tratan temas como: la conducta de la vida, la personalidad que dirigimos, los deberes biológicos fundamentales, el conocimiento de sí mismo, sinceridad, sujeción y equilibrio, y evasión indolencia y miedo; en el peculiar capítulo IX, que se titula “En la frontera de la ciencia: la cuestión de la supervivencia personal”, se nos habla de la teoría del cuerpo-alma-espíritu, interpretación de los sueños y telapatía, clarividencia, espiritismo y telequinesis, materialización y ectoplasma, Mitología de la vida futura y, finalmente, supervivencia de la personalidad después de la muerte.
El libro IX, por lo que pronto se dilucidará, “Biología de la raza humana”, se integra por dos capítulo : Capítulo I.- Peculiaridades de la especie Homo sapiens (i.e: 1. Fuego, herramientas, lenguaje y economía, 2. Orígenes del Homo sapiens, 3. Primeras variedades de la vida humana y 4. Desarrollo dela vida social) y Capítulo II.- La fase actual de la asociación humana (i.e:1. La tradición religiosa, 2. El ocaso del tradicionalismo, 3. La abolición de la guerra, 3. El cambio en la naturaleza de la educación, 5, La multiplicación de la especie humana, 6. La energía superflua del hombre, 7. Una mente y una voluntad colectivas y 8. El domino de la vida), tendría un gran impacto en el ámbito intelectual y social de la época, especialmente en Estados Unidos y en aquél mundo de los americanos viejos que inmediatamente habremos de visitar por mediación de uno de sus ilustres no afamados in suo tempore, pero de recuerdo inmarcesible.
Cada obra, cada disciplina tiene un perfil marcado por su tiempo y en ese contexto se la ha de entender; por ello, si buscamos capítulos como los indicados en una obra actual, magnífica, e ingente de la disciplina como la Biología de Eldra Pearl Solomon, (el contenido acaba, como es habitual en el Ecología, la ciencia que estudia la relación del ser vivo con el medio ambiente, viviente y no viviente) vemos que se excluyen temas que, en otro tiempo, formaban parte de la común preocupación de muchos sabios y que trataban de integrar y de dar explicación en sus respectivas disciplinas. De hecho, estos temas hace mucho que se han dispersado en ámbitos culturales distintos y divergentes, de muy difícil conciliación. Por eso, un libro que adune razonablemente saberes tan fundamentales, resulta, como poco, de agradecer. Lo malo es que, a menos que medie un duendecillo de la fortuna y un impagable librero de viejo, incluso los propios biólogos e historiadores y filósofos de la ciencia de la vida –y de la ciencia en general- no podrán deleitarse con estas maravillas.
No en vano supra hablamos de la raza e hicimos énfasis en el capítulo atingente de la Ciencia de la vida de Huxley, Wells y Wells. Al hablar de un insigne americano hacíamos referencia al abuelo Theobald, tal como se llamaba a sí mismo normalmente en las relaciones amicales, H.P.Lovecraft. Sabidas son sus adacciones, casi hasta sus últimos años, a ideas ultraconservadoras, comunes en los norteamericanos viejos de su época, que le hicieron ver con simpatía a figuras como Hitler y Mussolini. Sus desaforadas críticas para con las razas que no fueran las “arias”, contradecían desorbitadamente su trato habitual, amable y sencillo, con personas de menor clase y condición, y con aquellas que, sobre el papel, escarnizaba de modo escandaloso, especialmente a las personas de color. Poco a poco, con el tiempo, y no solamente por los años, estas actitudes e ideas fueron cambiando (creo que representaron poco cosas más que una pose de clase): Lovecraft, creo que nadie lo pondrá en duda, era ante todo un caballero y una buena persona.
En efecto, hacia finales d 1933 (le quedaba poco para la muerte, aunque él no fuese consciente), las críticas de Lovecraft hacia Hitler y al fascismo se hicieron severas. Además de los despropósitos de los nazis y de los fascistas, este cambio estuvo motivado por sus lecturas, como Aquí no pasará (1935) de Sinclair Lewis . Otra influencia muy notable, vino de la popularización de las ciencias biológicas en su tiempo, destacando la obra que comentamos en este capítulo , “La ciencia de la vida” de Julien Huxley, H.G.Wells y G.P.Wells (1929-1935), libro que vernon Shea, un amigo le había prestado en 1.935, que, en propias palabras de Lovecraft, fue “el libro más importante que he leído en años”, libro que leyó y releyó con pasión, y que derribó, de una vez por todas, el mito ario, con una sólida refutación. A saber:

“En primer lugar no existe “una raza aria” pura. Solamente hay grupos de gente de muy diversa cepa que hablan lenguas de tipo ario...
En segundo lugar, no existe una “raza judía” pura. El término judío denota una comunidad de determinada tradición religiosa y seminacional en la que hay implícita cierta descendencia común. Pero los judíos mismos son de origen marcadamente mezclado...
En tercer lugar, la raza nórdica, a la que tanta importancia política se la ha dado, no existe en parte alguna en un estado que se acerque siquiera a la pureza. En Alemania, por ejemplo, los genes nórdicos están muy mezclados con los alpinos y, en menor medida, con los de procedencia mediterránea, y también ha habido cierta infiltración de rasgos mongólicos del Este...
En cuarto lugar, los nórdicos no han sido responsables, como se pretendía a menudo, de los grandes avances de la historia humana. El mayor de todos, de la barbarie a la civilización... lo dio en el Cercano Oriente, probablemente el tipo de gente mediterránea de pelo oscuro; desde luego, no el tipo nórdico alto, de pelo rubio y ojos azules"...


En suma, genéticamente somos una combinación en la cual no hay quien se aclare, pero sí podemos hablar de tradiciones culturales y lingüísticas. Este asuntos, para la mayoría de la gente culta y razonable quedan claros. H.P. Lovecraft leyó la edición de 1934 (Wells, Huxley & Wells: The Sciencie of Live, New York, Garden City. En la edición española figura Huxley como primer autor. Y es de M. AGUILAR EDITOR.).

de David Ho

de David Ho

El sueño del Rey
-Ahora está soñando.
¿Con quién sueña?¿Lo sabes?.
-Nadie lo sabe.
-Sueña contigo. Y si dejara de soñar, ¿qué sería de ti?.
-No lo sé.
-Desaparecerías. Eres una figura de su sueño. Si se despertara ese Rey te apagarías como una vela.
Through the Looking-Glass (1871)

de David Ho

Jean Cocteau
El gesto de la muerte

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué hicieste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?.
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.

FANTASMAS

Thomas Carlyle
Un auténtico fantasma

¿Había algo más prodigioso que un auténtico fantasma?. El inglés Johnson anheló, toda su vida, ver uno; pero no lo consiguió, aunque bajo a las bóvedas de las iglesias y golpeo los féretros. ¿Pobre Johnson!. ¿Nunca miró las marejadas de vida humana que amaba tanto?. ¿No se miró siquiera a si mismo?. Johnson era un fantasma, un fantasma auténtico; un millón de fantasmas lo codeaba en las calles de Londres. Borremos la ilusión del Tiempo, compendiemos los sesenta años en tres minutos. ¿Qué otra cosa era Johnson, qué otra cosa somos nosotros?.¿Acaso no somos espíritus que han tomado un cuerpo, una apariencia, y que luego se disuelven en aire y en invisibilidad?.

Sartor Resartus (1.834)

E.T.A. HOFFMANN

Los elixires del diablo
(Papeles póstumos del hermano Medardo, un capuchino)
Es una de las dos únicas novelas que escribiera Hoffmann, hito del romanticismo alemán y de la literatura de terror, y en la cual muestra su profundo inetrés por fenómenos ocultos, hipnóticos y telepáticos, el cual estaba alzaprimado por sus lecturas sobre tratados médicos y científicos de la época.
La novela narra la vida alucinante del hermano Medardo, fraile capuchino, reflejando de modo escalofriante todas las obsesiones y temas que aparecen en sus cuentos: el miedo, la angustia, la pérdida o desdoblamiento del yo (Hoffmann fue el introductor del tema del doble en la literatura fantástica), la sustitución de la personalidad, la influencia de las fuerzas ocultas, misteriosas y malignas que anidan en el interior del hombre, la zozobra de las alucinaciones; como indica Carmen Bravo-Villasante (1.989), en todo ello actúa y se refiere el complejísimo universo de la locura. Se ha dicho también que Los elixires del diablo constituyen "una parábola moral en la que Hoffmann hace hincapié en la conciencia, en la incierta y desesperada lucha contra las fuerzas oscuras, en la profanación del amor y en su expiación, elementos todos que hacen de Los elixires del diablo una especie de Crimen y castigo de la literatura romántica " (Claudio Magris).

E.T.A. Hoffmann, además de ser el gran iniciador de la literatura fantástica, poseyó un genio polifacético que le llevó a cultivar la pintura, la música y la literatura, dejando en esta última una obra de sello personalísimo, considerada por Haine como "lo más notable de nuestro tiempo". Padre de la literatura fantástica y máximo exponente del romanticismo alemán, influyó poderosamente en escritores de la talla de Poe, Baudelaire, Kafka y Storm. Su talento, extravagante y original, abrió caminos inexplorados en la literatura y su espíritu, afecto de una notable hipersensibilidad, le permitió profundizar con extraordinatria lucidez en los estados más sombríos de la mente humana, donde lo insólito y lo vesánico se unen en oscuro maridaje, asiento del miedo y de la locura.
Su única novela Los elixires del diablo, joya insólita -hoy me temo bastante olvidada-, constituye una de las obras capitales del género fantástico y de la cual hablaremos con más detalle en los próximos posts.
Por lo demás, Hoffmann, Poe y Lovecraft, representan el tríptico "sagrado" de la literatura preternatural.


LOS PERROS DE TINDALOS
Frank Belknap Long

I
-Me alegro de que hayas venido -dijo Chalmers.
Estaba sentado junto a la ventana, muy pálido. Junto a uno de sus brazos ardían dos velas casi derretidas que proyectaban una enfermiza luz ambarina sobre su nariz larga y su breve mentón. En el apartamento de Chalmers no había absolutamente nada moderno. Su propietario tenía el alma medieval y prefería los manuscritos iluminados a los automóviles, y las gárgolas de piedra a los aparatos de radio y a las máquinas de calcular.Quitó, en mi obsequio, los libros y papeles que se amontonaban en un diván y, al atravesar la estancia para sentarme me sorprendió ver en su mesa las fórmulas matemáticas de un célebre físico contemporáneo junto con unas extrañas figuras geométricas que Chalmers había trazado en unos finos papeles amarillos.
-Me sorprende esta coexistencia de Einstein con John Dee -dije al apartar la mirada de las ecuaciones matemáticas y descubrir los extraños volúmenes que constituían la pequeña biblioteca de mi amigo.
En las estanterías de ébano convivían Plotino y Emmanuel Mascópoulos, Santo Tomás de Aquino y Frenicle de Bessy. Las butacas, la mesa, el escritorio estaban cubiertos de libros y folletos sobre brujería medieval y magia negra, así como de textos sobre todas las cosas hermosas y audaces que rechaza nuestro mundo moderno.Chalmers me ofreció, sonriendo, un cigarrillo ruso y dijo:
-Estamos llegando ahora a la conclusión de que los antiguos alquimistas y brujos tenían razón en un setenta y cinco por ciento, y los biólogos y los materialistas modernos están equivocados en un noventa por ciento.
-Usted siempre se ha tomado un poco a broma la ciencia de hoy -repuse, con un leve gesto de impaciencia.
-No -contestó-. Sólo me he burlado de su dogmatismo. Siempre he sido un rebelde, un campeón de la originalidad y de las causas perdidas. No te extrañe, pues, que haya decidido repudiar las conclusiones de los biólogos contemporáneos.
-¿Y qué me dice usted de Einstein? -pregunté.
-¡Un sacerdote de las matemáticas trascendentes! - murmuró con respeto-. Un profundo místico, un explorador de reinos inmensos cuya misma existencia sólo ahora se empieza a sospechar.
-Entonces no desprecia usted la ciencia por completo.
-¡Claro que no! Lo que no me inspira confianza es el positivismo de estos últimos cincuenta años, ni tampoco las ideas de Haeckel ni de Darwin ni de Bertrand Russell. Creo que la biología ha fracasado lamentablemente cuando ha intentado explicar el origen y el destino del hombre.-Déles usted un margen de tiempo.
Los ojos de Chalmers despidieron chispas:
-Amigo mío -murmuró-, acabas de hacer un juego de palabras verdaderamente sublime. ¡Deles usted un margen de tiempo! Yo se lo daría encantado, pero precisamente cuando les hablas de tiempo, los modernos biólogos se echan a reír. Poseen la llave, pero se niegan a utilizarla. ¿Qué sabemos del tiempo? Einstein lo considera relativo y cree que se puede interpretar en función del espacio, de un espacio curvo. Pero no hay que quedarse ahí detenido. Cuando las matemáticas dejan de prestarnos su apoyo, ¿acaso no se puede seguir adelante a base de... intuición?
-Ese es un terreno muy resbaladizo. El verdadero investigador evita siempre caer en esa trampa. Por eso avanza tan despacio la ciencia moderna. Sólo admite lo que es susceptible de demostración. Pero usted...
-Yo, ¿sabes lo que haría? Tomar hachís, opio, todas las drogas. Yo imitaría a los sabios orientales y acaso así consiguiera...
-¿Consiguiera qué?-Conocer la cuarta dimensión.
-¡Eso es pura teosofía, una estupidez!
-Puede que sí, pero estoy persuadido de que las drogas consiguen aumentar el alcance de la conciencia humana. William James está de acuerdo sobre este particular. Además, he descubierto una nueva.
-¿Una nueva droga?
-Fue utilizada hace siglos por los alquimistas chinos, pero apenas se conoce en Occidente. Posee ciertas propiedades ocultas verdaderamente asombrosas. Gracias a esta droga y a mis conocimientos matemáticos, creo que puedo remontar el curso del tiempo.
-No comprendo qué quiere usted decir.
-El tiempo no es más que nuestra percepción imperfecta de una nueva dimensión espacial. El tiempo y el movimiento son otras tantas ilusiones. Todo lo que ha existido desde el origen del universo existe ahora también. Lo que sucedió hace milenios sigue sucediendo en otra dimensión del espacio. Lo que sucederá dentro de milenios sucede ya. Si no lo podemos percibir es porque tampoco podemos penetrar en la dimensión espacial donde sucede. Los seres humanos, tal como los conocemos, no son sino partes infinitesimales de un todo inmenso. Cada uno de nosotros está unido a toda la vida que le ha precedido en nuestro planeta. Todos nuestros antepasados forman parte de nosotros. De ellos sólo nos separa el tiempo, y el tiempo es una ilusión.
-Creo que empiezo a comprender -murmuré.
-Basta con que tengas una vaga idea del asunto para poderme ayudar. Lo que pretendo es arrancar de mis ojos el velo de la ilusión que los cubre y ver el principio y el fin.
-¿Y usted cree que esta nueva droga le serviría de algo?
-Estoy convencido de ello. Y pretendo que me ayudes. Quiero tomarla inmediatamente. No puedo esperar. Tengo que ver -sus ojos lanzaron extraños destellos-. Voy a viajar en el tiempo. Voy a retroceder en el tiempo.
Chalmers se levantó y tomó de encima de la chimenea una cajita cuadrada.
-Aquí tengo cinco gránulos de la droga Liao. Fue utilizada por el filósofo chino Lao-Tse y, bajo su influencia logró contemplar el Tao. Tao es la fuerza más misteriosa del mundo. Rodea y penetra todas las cosas y contiene en sí la totalidad del universo visible y todo lo que denominamos realidad. El que logre contemplar el misterio del Tao sabrá todo lo que fue y todo lo que será.
-Fantasías -comenté.-Tao es como un enorme animal reclinado e inmóvil que contiene en sí todos los mundos, el pasado, el presente, el porvenir. A través de una hendidura que llamamos tiempo percibimos sectores de ese monstruo terrible. Mediante esta droga voy a ensanchar la hendidura. Contemplaré así el rostro mismo de la vida; veré la bestia entera, inmensa y agazapada.
-¿Y cuál será mi misión?
-Escuchar, amigo mío. Escuchar y anotar lo que escuche. Y si me alejo demasiado hacia el pasado, me tendrás que sacudir violentamente para traerme de nuevo a la realidad. Si vieras que estoy sufriendo dolores físicos intensos, me debes hacer regresar al instante.
-Chalmers -dije-, este experimento no me gusta nada. Va a correr usted un peligro terrible. No creo en la cuarta dimensión y mucho menos en el Tao. Tampoco apruebo el uso de drogas desconocidas.
-Para mí no es desconocida -repuso-. Conozco sus efectos sobre el animal humano y también sus peligros. La droga en sí no es peligrosa. Yo lo único que temo es extraviarme en el abismo del tiempo, porque has de saber que mi intención es colaborar activamente con la droga. Antes de tomarla me concentraré en los símbolos geométricos y algebraicos que he trazado en este papel -me enseñó el diagrama que tenía sobre las rodillas- y así prepararé mi espíritu para el viaje transtemporal. Primero me aproximaré todo lo posible a la cuarta dimensión mediante el solo esfuerzo de mi propio ego, y luego tomaré la droga que me dará el poder oculto de percepción. Antes de penetrar en el mundo onírico del misticismo oriental dispondré de toda la ayuda matemática que pueda ofrecerme la ciencia. La droga abrirá las puertas de la percepción y las matemáticas me permitirán comprender intelectualmente lo que así perciba. Así mis conocimientos matemáticos y mi aproximación consciente a la cuarta dimensión complementarán la pura acción de la droga. En mis sueños ya he conseguido captar muchas veces la cuarta dimensión en forma intuitiva y emocional, pero en estado de vigilia no he sido después nunca capaz de recordar el resplandor oculto que me era revelado momentáneamente en sueños. Creo, sin embargo, que con tu ayuda podré hacerlo esta vez. Tu anotarás todo lo que diga durante mi trance, por muy extraño e incoherente que te parezca. A mi regreso espero poder proporcionarte la clave de todo lo que no hayas entendido. No estoy seguro de mi éxito, pero, si lo tengo -sus ojos volvieron a despedir un extraño fulgor-, ¡el tiempo ya no existirá para mí!De pronto, se sentó.-Voy a hacer el experimento ahora mismo. Ponte, por favor, junto a la ventana y no dejes de vigilarme. ¿Tienes pluma?
Asentí hoscamente y saqué mi pluma Waterman verde claro del bolsillo superior de la chaqueta.
-¿Y has traído algo donde escribir, Frank?De mala gana saqué una agenda.
-Insisto enérgicamente una vez más en que no apruebo este experimento -gruñó-. Va a correr usted un peligro terrible.
-¡No seas niño! -agitó un dedo ante mí-. Estoy decidido a hacerlo a pesar de todo lo que me digas, y además a hacerlo ahora mismo. Por favor, estate en silencio mientras medito sobre estos diagramas.
Puso los dibujos ante sí y se concentró intensamente en ellos. En el silencio oí cómo el reloj de la chimenea iba desgranando segundos. Una angustia indefinida me oprimía el pecho.De pronto, el reloj se paró. En ese momento, Chalmers introdujo la droga en su boca y la tragó.Rápidamente me aproximé a él, pero con la mirada me advirtió que no le interrumpiera.
-El reloj se ha parado -murmuró-. Las fuerzas que lo gobiernan aprueban mi experimento. El tiempo se detuvo y yo tomé la droga. ¡Dios mío, haz que no me extravíe!Cerró los párpados y se extendió en el sofá. Su rostro estaba exangüe, y respiraba con dificultad. Era evidente que la droga estaba actuando extraordinariamente de prisa.-Comienzan las tinieblas -murmuró-. Anótalo. Todo se está poniendo oscuro y se van desdibujando los objetos familiares de la habitación. Aún los veo, pero borrosos, y se están desdibujando rápidamente.
Sacudí la pluma estilográfica, pues la tinta fluía mal, y seguí tomando veloces notas taquigráficas.
-Abandono la habitación. Las paredes se disuelven como niebla. Ya no veo ninguno de los objetos, pero todavía te veo la cara. Supongo que estarás escribiendo. Creo que estoy a punto de dar el gran salto a través del espacio, o acaso del tiempo. No lo sé. Todo es confuso, incierto.
Permaneció en silencio durante algún tiempo, con la barbilla apoyada en el pecho. De pronto, se puso rígido y abrió los ojos.
-¡Dios mío! -exclamó-. Veo.
Se hallaba todo contraído, tenso, mirando fijamente la pared que había frente a él. Pero yo sabía que su mirada la atravesaba y que los objetos de la habitación no existían para él.
-¡Chalmers! ¡Chalmers! ¿Le despierto?-¡De ninguna manera! -aulló-. ¡Veo todo! Ante mí veo los billones de vidas que me han precedido en este planeta. Veo hombres de todas las épocas, de todas las razas, de todos los colores. Luchan, se matan, construyen, danzan, cantan. Se sientan en torno a la hoguera primitiva, en desiertos grises, e intentan elevarse en el aire a bordo de monoplanos. Cruzan los mares en toscas barcas de troncos y en enormes buques de vapor. Pintan bisontes y elefantes en las paredes de cuevas lúgubres y cubren lienzos enormes con formas y colores del futuro. Veo a los emigrantes procedentes de la Atlántida y Lemuria. Veo a las razas ancestrales: a los enanos negros que invaden Asia y a los hombres de Neanderthal, de cabeza inclinada y piernas torcidas, que se extienden por Europa. Veo a los aqueos colonizando las islas griegas y contemplo los rudimentos de la naciente cultura helénica. Estoy en Atenas y Pericles es joven. Me hallo en tierra italiana. Participo en el rapto de las sabinas. Camino con las legiones imperiales. Tiemblo de respeto y de pavor cuando flamean los gigantescos estandartes y el suelo trepida bajo el paso de los hastati victoriosos. Paso en una litera de oro y marfil arrastrada por negros toros de Tebas y ante mí se postrernan mil esclavos y las mujeres, cubiertas de flores, exclaman: "¡Ave César!". Yo les sonrío y saludo a la multitud. Soy esclavo en una galera berberisca. Veo cómo, piedra a piedra, se va levantando una catedral. Contemplo durante meses, durante años, cómo van colocando en su sitio cada uno de los sillares. Estoy crucificado, cabeza abajo, en los perfumados jardines de Nerón y veo, con ironía y desprecio, cómo funcionan las cámaras de tortura de la Inquisición. ¡Es un espectáculo divertido!«Penetro en los más sagrados santuarios. Entro en el Templo de Venus. Me arrodillo, en adoración, ante la Magna Mater y arrojo monedas al regazo de las prostitutas sagradas que, con el rostro velado, esperan en los Jardines de Babilonia. Penetro en un teatro inglés de la época isabelina y, en medio de una multitud maloliente, aplaudo El Mercader de Venecia. Paseo con Dante por las estrechas callejuelas de Florencia. Mientras contemplo, arrobado, a la joven Beatriz, la orla de su vestido roza mis sandalias. Soy sacerdote de Isis y mis poderes mágicos asombran al mundo. A mis pies se arrodilla Simón Mago, implorando mi ayuda, y el Faraón tiembla ante mi sola presencia. En la India hablo con los Maestros y huyo horrorizado, pues sus revelaciones son como sal en una herida sangrante.»Todo lo percibo simultáneamente. Todo lo percibo a la vez y desde todos los ángulos posibles. Formo parte de los billones de vidas que me han precedido. Existo en todos los seres humanos y todos los seres humanos existen en mí. En un instante veo a la vez toda la historia del hombre, el pasado y el presente.»Mediante un pequeño esfuerzo soy capaz de contemplar pasados cada vez más lejanos. Ahora me remonto hacia el mismo origen, a través de curvas y ángulos extraños. A mi alrededor se multiplican los ángulos y las curvas. Hay grandes sectores de tiempo que los percibo a través de curvas. Existe un tiempo curvo y un tiempo angular. Los moradores del tiempo curvo no pueden penetrar en el tiempo angular. Todo es muy extraño.»Sigo retrocediendo cada vez más. De la tierra ya ha desaparecido el hombre. Veo reptiles gigantescos agazapados bajo enormes palmeras y nadando en pútridas aguas negras. Ya han desaparecido los reptiles. Ya no hay animales terrestres, pero veo perfectamente bajo las aguas formas sombrías que se mueven lentamente entre las algas.»Las formas que veo son cada vez más simples. Ahora los únicos seres vivos son células. A mi alrededor hay cada vez más ángulos, ángulos totalmente ajenos a la geometría humana. Tengo un miedo horrible. En la creación existen abismos en los que nunca ha penetrado el hombre.»
Seguí sin perderle de vista. Chalmers se había levantado y gesticulaba como pidiendo ayuda. Al poco volvió a hablar:
-Atravieso ángulos ajenos al espacio terrestre. Me aproximo al horror supremo.
-¡Chalmers! -exclamé-. ¿Quiere usted que intervenga?Se llevó la mano al rostro, como para no ver una visión indeciblemente espantosa. Pero dijo trabajosamente:
-¡Todavía no! Quiero seguir adelante... Quiero ver... lo que hay... aún más allá...
Tenía la frente cubierta de sudor frío y movía los hombros de modo espasmódico. Su rostro espantado era de color gris ceniciento.
-Más allá de la vida existen cosas que no logro distinguir. Pero se mueven lentamente a través de ángulos alucinantes.
En ese momento percibí por primera vez en la estancia un olor bestial e indescriptible, nauseabundo, insoportable. Me lancé a la ventana y la abrí de par en par. Cuando volví al lado de Chalmers y vi su expresión, estuve a punto de desmayarme.
-¡Me han olido! -lanzó un alarido-. ¡Lentamente se dan la vuelta hacia mí!
Todo el cuerpo le temblaba horriblemente. Durante un momento agitó los brazos en el aire, como buscando un asidero, y luego le cedieron las piernas. Cayó al suelo, donde permaneció boca abajo, sollozando, gimiendo.En silencio contemplé cómo se arrastraba por el suelo. En aquellos momentos, mi amigo no era un ser humano. Enseñaba los dientes y en las comisuras de la boca se le formó una espuma blanquecina.
-¡Chalmers! -grité-. ¡Chalmers, basta ya! Basta ya, ¿me oye?
Como en respuesta de mi llamada, comenzó a emitir unos sonidos roncos y convulsivos, semejantes a ladridos, y a caminar en círculo a cuatro patas por el suelo. Me incliné y le cogí por los hombros. Le sacudí violentamente, desesperadamente, y él intentó morderme la muñeca. Me sentía enfermo de horror, pero no le solté, pues temía que se destruyese a sí mismo en un paroxismo de rabia.
-¡Chalmers! -murmuré-. Basta ya. Está usted en su habitación. Nada malo le puede suceder. ¿Comprende?
A fuerza de sacudirle y de hablarle, logré que la expresión de locura fuera desapareciendo de su rostro. Tembloroso y convulsivo, quedó como un grotesco montón de carne en el centro de la alfombra china.Le ayudé a caminar hasta el sofá y a tumbarse en él. Su rostro estaba contraído de dolor y me di cuenta de que seguía luchando sordamente contra recuerdos espantosos.
-Whisky -murmuró-. Está ahí, en el mueblecito, junto a la ventana, en el cajón superior de la izquierda.
Cuando le alcancé la botella, la asió con tal fuerza que los nudillos se le pusieron azules.
-Casi me cogen -dijo entrecortadamente.
Bebió el estimulante a grandes tragos irregulares y poco a poco le fue volviendo el color a la cara.
-Esa droga -dije- es el diablo en persona.
-No era la droga -gimió.
Su mirada ya no era de loco. Ahora daba impresión de un profundo desaliento.-
Me han olido a través del tiempo -susurró-. He llegado demasiado lejos.
-¿Cómo eran? -pregunté para seguirle la corriente.
Se inclinó hacia mí y me agarró el brazo hasta hacerme daño. Otra vez fue dominado por horribles temblores.
-¡No hay palabras para describirlos! -murmuró roncamente-. Han sido vagamente simbolizados en el Mito de la Caída y en cierta forma obscena que a veces aparece grabada en algunas tablillas arcaicas. Los griegos le daban un nombre que ocultaba la impureza esencial de esos seres. La manzana, el árbol y la serpiente son símbolos del misterio más atroz.
Al cabo de unos momentos su voz se convirtió en un aullido:
-¡Frank! ¡Frank! ¡En el comienzo se consumó un acto terrible e inmencionable! Antes del tiempo, el acto, y después del acto...
Comenzó a andar histéricamente por la estancia.
-Las consecuencias del acto se mueven a través de ángulos en los oscuros recodos del tiempo. ¡Tienen hambre y sed!-Chalmers -intenté razonar-, ¡estamos en el tercer decenio del siglo XX!Pero él siguió ululando:-
¡Tienen hambre y sed! ¡Los Perros de Tíndalos!.
-Chalmers, ¿quiere usted que llame a un médico?
-Ningún médico puede ayudarme. Son horrores del alma y, sin embargo -ocultó la cara entre las manos-, son reales, Frank. Los vi durante un momento horrible. Durante un instante he llegado a estar al otro lado. Me encontré en una ribera lívida, más allá del tiempo y del espacio. Había una luz espantosa que no era luz y un silencio hecho de aullidos, y allí los vi. En sus cuerpos flacos y famélicos se concentra todo el Mal del universo. En realidad no estoy seguro de que tuvieran cuerpo: sólo los vi un instante. Pero los he oído respirar. Durante un momento indescriptible sentí su aliento en mi cara. Se volvieron hacia mi y huí dando alaridos. En un solo instante huí a través de millones de siglos.Pero me han olido. Los hombres despiertan en ellos un hambre cósmica. Hemos escapado momentáneamente del aura impura que los rodea. Tienen sed de todo lo que hay limpio en nosotros, de todo lo que emergió inmaculado de aquel acto. En nosotros hay elementos que no participaron en el acto y ellos los aborrecen. Pero no te imagines que son literal y prosaicamente malos. En el plano donde habitan no existen el bien y el mal tal como nosotros los concebimos. Son lo que, en el principio quedó desprovisto de pureza para siempre jamás. Al cometer el acto, se convirtieron en cuerpos de muerte, en receptáculo de toda impureza. Pero no son malos en el sentido que nosotros damos a esta palabra, porque en las esferas en que se mueven no existe pensamiento ni moral ni bueno ni malo. Allí sólo existen lo puro y lo impuro. Lo impuro se expresa en ángulos; lo puro, en curvas. El hombre, o mejor dicho, lo que hay en él de puro, procede de lo curvo. No te rías. Hablo completamente en serio.
Me levanté para irme. Mientras iba hacia la puerta, dije:
-Me da usted mucha pena, Chalmers. Pero no estoy dispuesto a oírle delirar. Le enviaré a mi médico. Es un hombre de edad, muy comprensivo, y no se ofenderá aunque usted lo mande al diablo. Pero confío en que siga usted las indicaciones que le dé. Se pasa usted una semana descansando en buen sanatorio y verá qué bien le sienta.
Mientras bajaba las escaleras le oí reír. Era una risa tan desprovista de alegría que me hizo llorar.
II
Cuando Chalmers me telefoneó a la mañana siguiente, mi primer impulso fue colgar inmediatamente el receptor. Me llamaba para pedirme algo tan insólito, y tan anormalmente alterada estaba su voz, que temí por mi propia cordura si seguía adelante con este asunto. Pero no pude dejar de percibir la sinceridad de su angustia, y cuando se le quebró la voz y comenzó a sollozar, decidí acceder a su petición.
-De acuerdo -dije-, ahora mismo voy y le llevo la escayola.
De camino hacia casa de Chalmers, me detuve en una droguería y adquirí diez kilos de escayola. Al entrar en el cuarto de mi amigo, le vi agazapado junto a la ventana, contemplando la pared de enfrente con ojos enfebrecidos por el terror. Cuando me vio entrar, se puso en pie y me arrebató el paquete de la escayola con una avidez que me puso los pelos de punta. Había sacado todos los muebles de la estancia, la cual presentaba ahora un aspecto absolutamente desolado.
-¡Aún podemos salvarnos! -exclamó-. Pero tenemos que actuar rápidamente. Frank, hay una escalera plegable en el vestíbulo. Tráela inmediatamente. Y ve a buscar también un cubo de agua.
-¿Para qué? -murmuré atónito.
Se volvió vivamente hacia mí y vi un relámpago de ira en sus ojos.
-¿Para qué va a ser, so bobo? ¡Para hacer la masa con la escayola! -gritó, fuera de sí-. Para hacer la masa que nos salvará el cuerpo y el alma de una contaminación indecible. Para hacer la masa que salvará al mundo de un peligro... ¡Frank, tenemos que cerrarles las puertas!.
-¿A quiénes? -pregunté.
-¡A los Perros de Tíndalos! -exclamó-. Sólo pueden llegar hasta nosotros a través de ángulos. ¡Eliminemos todos los ángulos de la habitación! Voy a poner escayola en todos los ángulos, en todos los rincones, en todas las hendiduras. ¡La habitación quedará como el interior de una esfera.
!Habría sido inútil discutir con él. Le llevé la escalera. Chalmers mezcló la escayola con el agua y estuvimos trabajando durante tres horas. Tapamos las cuatro esquinas de la pared y también las intersecciones de ésta con el suelo y el techo. Por último, redondeamos los duros ángulos de la ventana.
-Ahora me quedaré en esta habitación hasta que se vayan -dijo Chalmers cuando hubimos dado fin a la tarea-. Al darse cuenta de que el olor que siguen les obliga a atravesar curvas, se volverán. Se volverán, hambrientos, frustrados, insatisfechos, al plano de impureza de donde proceden, anterior al tiempo y más allá del espacio.
Sonrió afablemente y encendió un cigarrillo.
-Te agradezco mucho que hayas venido.
-¿Sigue usted sin querer ver a un médico? -rogué.
-Quizá mañana -repuso-. Ahora tengo que vigilar y esperar.
-¿Esperar qué? -apremié.
Chalmers sonrió débilmente.-Te crees que estoy loco -dijo-; me doy cuenta perfectamente. Eres inteligente, pero también eres muy prosaico y no puedes concebir la existencia de ninguna entidad independiente de toda energía y de toda materia. Pero, mi querido amigo, ¿se te ha ocurrido pensar alguna vez que la energía y la materia son las barreras que el tiempo y el espacio imponen a nuestra percepción? Sabiendo, como yo sé, que el tiempo y el espacio son lo mismo y que son engañosos porque ambos no son sino manifestaciones imperfectas de una realidad superior, no tiene sentido buscar en el mundo visible ninguna explicación del misterio y del terror del ser.
Me levanté y me fui hacia la puerta.
-Perdona -exclamó-. No he querido ofenderte. Tienes una gran inteligencia, pero yo tengo una inteligencia sobrehumana. Es natural que yo sea consciente de tus limitaciones.
-Telefonéeme si me necesita -dije, y bajé las escaleras de dos en dos-. «Ahora sí que le envío a mi médico -me iba diciendo a mí mismo-. Está loco de remate y sabe Dios lo que puede pasar si no se ocupa alguien inmediatamente de él.»
III
Resumen de dos artículos publicados en la Patridgeville Gazette del 3 de julio de 1928:TEMBLOR DE TIERRA EN EL CENTRO DE LA CIUDAD
A los dos de la madrugada de hoy, un violento terremoto ha hecho temblar los barrios céntricos de la ciudad, rompiendo varias ventanas en Central Square y causando graves daños en el tendido eléctrico y en las instalaciones de la red tranviaria. En los barrios periféricos también fue observado el fenómeno resultando completamente derruido el campanario de la iglesia baptista de Angell Hill, que había sido diseñado por Christopher Wren en 1717. Los bomberos luchan por apagar el incendio que se ha declarado en las naves de la fábrica de neumáticos. El alcalde ha prometido abrir un expediente a fin de determinar responsabilidades si las hubiere.
ESCRITOR OCULTISTA ASESINADO POR VISITANTE DESCONOCIDO
Horrible Crimen en Central SquareUn misterio impenetrable envuelve la muerte de Halpin ChalmersA las nueve horas del día de hoy fue hallado el cuerpo sin vida de Halpin Chalmers, escritor y periodista, en una habitación vacía situada encima de la Joyería Smithwich & Isaacs, en el número 24 de Central Square. La investigación judicial puso de manifiesto que dicha habitación había sido alquilada amueblada al señor Chalmers el día 1 de mayo último y que el propio inquilino se había deshecho de los muebles hace quince días. El señor Chalmers era autor de varios libros sobre temas de ocultismo. Pertenecía a la Asociación Bibliográfica y anteriormente había residido en Brooklyn (Nueva York).A las siete de la mañana, el señor L. E. Hancock, inquilino del apartamento situado frente al del Chalmers en el edificio de Smithwich & Isaacs, sintió un olor especial al abrir la puerta para dejar entrar a su gato y recoger la edición matinal de la Patridgeville Gazette. El olor, según afirma, era extremadamente acre y nauseabundo, y tan intenso en las proximidades de la puerta de Chalmers que tuvo que taparse la nariz cuando se aventuró por dicha zona del rellano.Estaba a punto de regresar a su propio apartamento cuando se le ocurrió que acaso Chalmers se hubiera olvidado de apagar el gas de su cocina. Considerablemente alarmado por esta posibilidad, decidió investigar lo sucedido y, comoquiera que nadie contestase sus repetidas llamados a la puerta de Chalmers, avisó al encargado del edificio. Este último abrió la puerta mediante una llave maestra y ambos penetraron en la habitación de Chalmers. La estancia estaba totalmente desprovista de mobiliario y Hancock asegura que, al ver lo que había en el suelo, se sintió enfermo, teniendo que permanecer el encargado y él asomados un rato a la ventana sin mirar atrás.Chalmers yacía boca arriba en el centro de la habitación. Estaba completamente desnudo y tenía el pecho y los brazos cubiertos de una especie de gelatina azulada. La cabeza, totalmente separada del tronco, reposaba sobre el pecho y sus facciones aparecían horriblemente retorcidas y mutiladas. No había ni rastro de sangre.La habitación presentaba un aspecto insólito. Todas las aristas habían sido cubiertas de escayola, que en algunos sectores se había agrietado y en otros, desprendido. Los fragmentos de escayola caídos habían sido agrupados en torno al cadáver, formando un triángulo perfecto.Junto al cuerpo se hallaron varias hojas de papel amarillo casi enteramente consumidas por el fuego. En ellas había dibujado varios símbolos fantásticos y extrañas figuras geométricas y podían leerse diversas frases escritas apresuradamente a mano. Dichas frases, sin embargo, son tan absurdas que no proporcionan la menor pista sobre el posible autor del crimen. He aquí algunas de tales frases: «Vigilo y espero. Estoy sentado junto a la ventana y vigilo las paredes y el techo. No creo que lleguen hasta aquí, pero debo tener cuidado con los Doels porque acaso puedan ayudarles a pasar. También los ayudarán los Sátiros y éstos pueden avanzar a través de los círculos purpúreos. Los griegos sabían cómo impedirlo. Es lamentable que hayamos olvidado tantas cosas...»En otro papel, en el más quemado de los siete u ocho fragmentos recogidos por el Sargento Detective Douglas (de la Policía de Patridgeville), había garrapateado lo siguiente:«¡La escayola se cae! La ha agrietado una vibración terrible. ¡Un terremoto parece! No podía preverlo. Se va yendo la luz de la habitación. Telefonear a Frank. ¿Pero llegará a tiempo? Debo intentarlo. Recitaré la fórmula de Einstein. ¿Voy a Rompen! ¡Están pasando! ¡Consiguen atravesar! Sale humo de las esquinas de la pared sus lenguas.»A juicio del Sargento Detective Douglas, Chalmers ha muerto envenenado por algún desconocido producto químico. La policía ha enviado muestras de la extraña gelatina azul que cubría el cuerpo de Chalmers al Laboratorio Químico de Patridgeville y confía en que el informe correspondiente arroje alguna luz sobre este crimen, el más misterioso de los últimos años. Se sabe que Chalmers tuvo un visitante la noche anterior al terremoto, pues su vecino oyó sin lugar a dudas, al pasar ante su puerta, rumor de conversación. El principal sospechoso es, pues, este desconocido visitante, cuya identidad la Policía se esfuerza afanosamente por averiguar.
IV
Informe del doctor James Morton, químico y bacteriólogo:«Señor Juez de Instrucción: la sustancia semilíquida que usted me remitió para su estudio es la más extraña que he analizado en mi vida. Presenta ciertas analogías con el protoplasma, pero en ella no se encuentran ni aun indicios de enzimas. Las enzimas son catalizadores de las reacciones químicas que se producen en el seno de la célula viva. Cuando las células mueren, las enzimas las desintegran mediante hidrólisis. Sin enzimas, el protoplasma poseería una vitalidad prácticamente infinita, es decir, sería inmortal. Las enzimas, por así decir, son los elementos negativos del organismo unicelular, que constituye la base de la vida, y, en opinión de los biólogos, sin ellas no puede existir materia viva. Y, sin embargo, tales cuerpos indispensables se hallan ausentes de la gelatina viva que usted me remitió. ¿Se da usted cuenta del significado que puede tener este descubrimiento para la ciencia?»
V
Fragmento de un manuscrito titulado «Los que velan en silencio», original del fallecido Halpin Chalmers:«¿Y si existiese otra forma de vida paralela a la que conocemos, pero carente de los elementos que destruyen la nuestra? ¿Y si en otra dimensión existe una fuerza diferente de la que genera nuestra vida? ¿Y si esta fuerza emite una energía, que, procedente de su dimensión desconocida, consigue alcanzar nuestro espacio-tiempo y crear en él una nueva forma de vida celular? Cierto es que no se puede demostrar que tal forma nueva de vida exista en nuestro universo, pero yo he visto sus manifestaciones y he hablado con ellas. De noche, en mi habitación, he hablado con los Doels. Y en mis sueños he contemplado a su Creador. Lo he visto en lejanas riberas, más allá del tiempo y la materia. Se mueve a través de curvas extrañas y de ángulos alucinantes. Algún día viajaré en el tiempo y me enfrentaré con él cara a cara.»

FERNANDO IWASAKI

Dulce compañía
No quería castigar al niño, pero fue inevitable. No sólo mintió sino que además me amenazó. Desde entonces está raro. No habla, no juega y no quiere que lo bese. Me da miedo cómo mira, la forma en que come, las cosas que canta. Esta mañana salí al jardín y en un paquetito que estaba junto a una svelas negras, encontré uñas cortadas, restos de comida y una foto carné mía. No he querido llamarle la atención de nuevo, pero lleva encerrado en su cuarto desde anoche. He subido las escaleras y he sentido escalofríos, un olor extraño y unas sombras huidizas. El niño habla con alguien y sigue cantado esas cansiones horribles. Le pido que me hable y me insulta y se ríe. No tengo más remedio que abrir la puerta.

POEMAS DE FUEGO

Los escritores y poetas Ektor Enrique Martínez (Tijuana B.C.), Elizabeth Sobarzo (Ensenada B.C.) y Juan José Martines (Rosarito B.C.), presentarán la lectura “Poemas de Fuego” el viernes 21 de julio a las 19:30 horas en la Galería de la Ciudad (Rivera) ENTRADA LIBRE.

Ektor Henrique Martínez, es abogado, profesor universitario de Literatura, crítico y poeta, es quien reside en Tijuana, Baja California, desde donde escribe y organiza el website El Charkito.
www.elcharkito.blogspot.com


Elizabeth Sobarzo Gaona, autora de Sueños bajo la lengua (poesía) entre otros editora del tríptico mensual trip poético. Su poesía se encuentra en
www.elizabeth-sobarzo.blogspot.com


Juan José Martínez Poeta y traductor. Le gusta escribir poemas mientras espera en la línea para cruzar a California dónde trabaja en una tienda de productos orgánicos. Creador de Letras de Cactus en
www.deljuan.blogspot.com


Elizabeth Sobarzo Gaona

El Poeta es el concubino de la poesía,
yo solo soy su amante vouyerista.
www.elizabeth-sobarzo.blogspot.com

ESPEJOS

Salvador Alario Bataller
Espejos


Entré en el bar y pedí ensaladilla rusa y un doble de cerveza. Eran las nueve y cuarto. Había algunas parejas cenando, gente de edad mediana o avanzada. Los más jóvenes estarían reunidos ante un televisor viendo los mundiales; por eso las calles se veían vacías, como hornos irremediables pese a la noche, a causa de aquel calor pegajoso e insufrible. Cada vez el clima estaba más insoportable, el cambio climático hacia la desertización se acusaba año a año. En poco tiempo el levante pasaría a ser una tierra de ratas y alacranes. Pero allí dentro se estaba bien con el frescor del aire acondicionado. El lugar era grande, bien iluminado y bastante lujoso.
No tenía hambre, mi cena se reduciría a la tapa y a la cerveza. Siempre me sucedía lo mismo antes del trabajo, se me cerraba el estómago, me sentía paradójicamente vigoroso, como si me sobrasen las fuerzas y los redaños para acometer la faena. Decidí esperar un poco más e irme. Fumaría un pitillo mientras tanto. Tenía que hacer tiempo, no deseaba mantener ninguna conversación con él, tener que mirarle a la cara antes de matarle. Prefería entrar y acabar rápido.
A las diez salí a la calle. Conocía perfectamente sus costumbres, habíamos compartido piso durante los últimos siete años, y también recuerdos y experiencias, penas y odios. Podía afirmar, con poco margen de error, que era lo más parecido a un amigo con que me había tropezado en toda mi vida, tal vez un hermano mayor e incluso un padre. Todos estos sentimientos me los fue inspirando poco a poco, a través de nuestra relación profesional, aunque nuestro trabajo ponía un límite para ciertas cosas, una frontera que uno no debía rebasar. Lo único importante era el trabajo en sí y, claro, el dinero.
Seguramente habría cenado en un chino, y ahora estaría ante el televisor viendo el partido del mundial de Alemania. Jugaban el anfitrión e Italia y, como supe después, pese a mis previsiones acabaron ganando los latinos. Yo también lo era, pero me disgustó su victoria, porque siempre había sido un germanófilo convencido. De todas formas los mundiales constituían un gran espectáculo, en evento que me agradaba. Me lo imaginé ante el aparato de televisión, fumando incontables pitillos y bebiendo cerveza.
Me crucé en la calle con una chica muy atractiva, que caminaba con mecimiento de puta redomada. Me volví para mirarla. Me vinieron a la cabeza mil imágenes, una mezcla de sexo y violencia, la única manera con que llegué a relacionarme con las mujeres. La causa era el trabajo, siempre el trabajo, lo más importante.
Mientras me acercaba a la finca, tuve una sensación extraña, la certidumbre de que un ciclo se acababa y comenzaba otro, con lo cual mi vida cambiaría inevitablemente. Fue la misma sensación que tuve hace años cuando comencé a trabajar con Escurra, el jefe supremo. Resultaba evidente donde me había metido y no había vuelta atrás.
Entonces era casi un niño, dieciocho años recién cumplidos. De la mano de Carlos me inicié en el trabajo. Recuerdo que me afeité con esmero, mientras él, perfectamente trajeado, me observaba mientras lo hacía. Podría afirmar que su mirada era amable, casi dulce, pese a ser un tipo grande y bronco, al que todos respetaban y temían. Creo que me tuvo simpatía desde un principio. Me había dejado perilla para endurecer mi cara y el rostro de muchacho agrio que el espejo me devolvió me dio confianza, aunque habrían de ser los actos los que irían maliciando con los años cada uno de mis rasgos. Después, como el maestro que evalúa al discípulo, el me siguió observando de cerca, sin intervenir, como una juez frío y distante, cuando le pegaba aquella paliza soberana a un viejo que casi tenía un pie en la tumba. El motivo era una deuda impagada, una suma ridícula vista objetivamente, pero el jefe, pese a su inconmensurable fortuna y poder, no podía dejar el menor asunto pendiente, aunque se tratase de cien pesetas. Después, claro, vinieron asuntos mayores, de más envergadura, desde el escarmiento al asesinado, pasando por la coacción y la tortura, pero todo lo hice eficientemente. Era mi trabajo, lo único que tenía en la puta vida y con él me fui desprendiendo de tripas, dudas, remordimientos y demás maricadas voladas.
-Esto es como una rueda que no para, al final da igual ocho que ochenta –me dijo Carlos un día-, acabas perdiendo el alma.
Yo no nací malo, eso es de cajón. Tampoco tuve una infancia traumática, ni una juventud especialmente desgraciada. Simplemente era un vago y me gustaba demasiado el dinero y lo que proporcionaba. Comencé jugando a las cartas, haciendo pequeños robos, extorsionando a los débiles y a los viejos del barrio, pero nunca pensé que acabaría en esto. Incluso soy un tío leído y más de una vez he coqueteado con la idea de cursar estudios universitarios, cosa que tal vez haga algún día, pero no soy como los otros, nunca me han importado las demás personas como debieran haberlo hecho. Tampoco soy ningún psicópata ni nada por el estilo, simplemente realizo un trabajo sucio en el contexto de una organización determinada. No es la misma cosa. Se trata de un trabajo y nada más. Llegados aquí diré que mi nombre es Juan Monarca y obviamente soy un asesino.
Lo más fuerte, no obstante, fue cuando tuvimos que eliminar a la familia de Galera, el competidor en el narcotráfico; lo quemamos vivo junto a su mujer y sus tres niños pequeños, un escarmiento brutal, un aviso letal para quienes quisieran enfrentarse a Escurra. Tras aquel acto atroz, apenas tuve una punzada de dolor, una inane conmoción interna que se asemejase a la culpa. Recuerdo que aquella noche, mientras me aseaba en el lavabo antes desvanecerme en un sueño habitualmente tranquilo, pude ver por un momento, que mis rasgos parecían desdibujarse en el cristal, que el reflejo vacilaba y se volvía más tenue por instantes.
Muchas cosas habían pasado desde entonces. Ahora tenía que hacer. Abrí el portón principal y me metí en la finca. Pulsé el botón del ascensor. Estaba en el quinto, se había quedado allí cuando Carlos subió a casa, ya que nadie más vivía en la planta.
Esta tarde me llamó Escurra y, con un tono de voz que no admitía apelación, me dijo lo que tenía que hacer. No sabía el motivo, solamente tenía que cumplir la orden, sin tener en cuenta cuestiones personales o simpatías, y allí estaba, resuelto y sin miedo.
Entré en el piso y me encaminé al salón. Estaba sentado en el sofá, de espaldas a mí, viendo el fútbol. Llevaba una camiseta esport, que dejaba ver que todavía, pese a sus cincuenta años, era un tipo bragado. Se movió y me lanzó una mirada de inteligencia por encima del hombro.
-Hola, hijo –dijo y volvió la vista al televisor.
Disparé. El tiro le atravesó limpiamente el cráneo de parte a parte e hizo añicos el aparato, que se desmoronó con un estrépito de chispas y humo. Apenas se había movido, tenía la barbilla caída sobre el pecho, pero la materia encefálica se desparramaba por el agujero como gelatina.
El jefe lo ordenó y yo lo hice, como debía.
Salí y ya en la casa de Escurra, éste me recibió con una dilatada sonrisa bajo sus ojos zainos. Me pidió que cenase con él.
Llegué a mi apartamento y me acosté. Estaba cansado, pero tranquilo y nada me preocupaba, ni el hecho de que, cinco minutos antes, cuando me cepillé los dientes en el aseo, no se reflejara mi imagen en el azogue

Corazones perdidos
Cuentos completos de Fantasmas
M.R. James
VALDEMAR/GÓTICA
Dotado de una fuerza casi diabólica para invocar suavemente el horror partiendo del centro mismo de la prosaica vida diaria, el erudito Montague Rhodes James (Goodnestone 1862-Eton 1936), preboste de Eton College, arqueólogo re renombre y reconocida autoridad en manuscritos medievales e historia de las catedrales, se convirtió poco a poco en un cultivador de primera fila de la literatura espectral, siguiendo su vieja afición a contar cuentos de fantasmas durante las Navidades, y a llegado a servir de modelo a una larga serie de discípulos. (...)
En estos 31 relatos, la totalidad de los cuentos de fantasmas de James, encontramos a menudo maliciosas escenas humorísticas, retratos de género y caracterizaciones muy naturales que, en sus manos, contribuyen a aumentar el efecto global en lugar de anularlo. (...)
Al inventar un nuevo tipo de fantasma, James se aparta sensiblemente de la tradición gótica convencional, pues, mientras que los viejos fantasmas góticos aparecían pálidos y majestuosos, el espectro habitual de M.R. James es enano, delgado y peludo, una abominación perezosa e informal de la noche, a medio camino entre la bestia y el hombre, a la que se llega a "tocar" antes que a "ver". A veces, este espectro tiene una constitución de lo más excéntrica: es un rollo de franela con ojos de araña, o una entidad invisible modelada con las ropas de una cama "cuyo rostro lo forma una sábana arrugada".
de El horror en la literatura, H.P. Lovecraft

Los premios gordos son nefastos: raros son los escritores que no han sucumbido a ellos. Los menos perjudicados se han pasado de cinco a diez años sin escribir. Los más dañados perecieron en fiestas y presentaciones sin emborronar una página hasta la muerte. Los premios literarios son una lotería en el tubo de la risa. Nunca se sabe a quién van a beneficiar. Esta incertidumbre felizmente no reina en España. Están distribuidos con adelanto a dedo por financieros deslumbrantes y rancios personajes políticos. Suelen hacerlo en astracanadas divertidísimas. Las televisiones envían a sus mejores reporteros de las páginas del corazón. Los premios tienen una virtud: tranquilizan al comprador, como la etiqueta de una morcilla. Con la fecha hasta cuando hay que consumirlo. Los premios que reciben los lúcidos les causan aburrimiento. Valle Inclán terminó contando sábanas en su oficina romana. Y pensar que creyó que aquel nombramiento era un premio.

LA ALTA MAGIA



Había reinado en Persia con los magos, que un día perecieron, como perecen los dueños del mundo, por haber abusado de su poder; había dotado a la India de las más maravillosas tradiciones y de un lujo increíble de poesía, de gracia y de terror en sus emblemas; había civilizado a Grecia mediante los cuidados de la lira de Orfeo; ocultaba los principios de todas las ciencias y de todos los progresos del espíritu humano, en los audaces cálculos de Pitágoras; la fábula estaba llena de sus milagros, y la historia, cuando trataba de juzgar ese poder desconocido, se confundía con la fábula; derrumbaba o afirmaba los imperios por sus oráculos; hacía palidecer a los tiranos sobre su trono, y dominaba en todos los espíritus por la curiosidad o por el temor. A esta ciencia, decía la muchedumbre, nada le es imposible; manda a los elementos, sabe el lenguaje de los astros y dirige la marcha de las estrellas; la luna, a su vez, cae sangrando desde el cielo; los muertos se levantan de sus tumbas y articulan palabras fatales que el viento de la noche repercute. Dueña del amor o del odio, la ciencia puede dar a su antojo, a los corazones humanos el paraíso o el infierno; dispone, a su placer, de todas las formas y distribuye como le place, la fealdad ola belleza; cambia, a su vez, con la varilla de circe, a los hombres en brutos y a los animales en hombres; dispone también de la vida o de la muerte y puede conferir a su adepto la riqueza, por la transmutación de los metales y la inmortalidad por su quinta esencia y su elixir, compuesto de oro y de luz. He aquí lo que había sido la Magia desde Zoroastro hasta Manes, desde Orfeo hasta Apolonio de Tiana, cuando el cristianismo positivo, triunfante, al fin de los hermosos sueños y de las gigantescas aspiraciones, de la escuela de Alejandría, osó fulminar públicamente su filosofía con su anatema, reduciéndola, por esta causa, a ser más oculta y más misteriosa que nunca.

Elifas Lévi, Dogma y Ritual de la Alta Magia

Claude Lacouteux
Hadas, brujas y hombres lobo en la Edad Media
Historia del Doble

MEDIEVALIA
José J. de Olañeta, Editor

Es este un estudio brillante, ampliamente documentado que muestra la gran erudición del autor (profesor de literatura y lengua germánicas de la Universidad de Caen y antes de la Sorbona) sobre textos y tradiciones medievales -principalmente los germano-escandinavos- que documentan la creencia en entidades y figuras (hadas, brujas, hombres lobo...), tributarias de una visión del mundo y del más allá casi ignoradas por completo por la mentalidad moderna, pero que no obstante poseen una perfecta coherencia.
Además, esta es la visión primigenia que, en buena parte, fue modificada interesadamente por el credo cristiano.

"POE CÉLTICO"


Fitz-James O´brien
La lente de diamante y otros cuentos de terror
VALDEMAR. Tiempo Cero


FITZ-JAMES O´BRIEN, como Poe, Bierce, Lovecraft, Quiroga, es un escritor de literatura fantástica cuya vida parece extraída de sus propios relatos. Nacido en Irlanda (de ahí que se le diera el título de “Poe céltico”), muy influido por las leyendas feéricas de su tierra y dilapidador de una fortuna en dos años y medio sumido en los lujos londinenses, a los 23 años, arruinado, partió hacia Norteamérica en busca de una nueva vida, en la cual conseguir además el éxito literario. Hombre dado a excesos, allí vivió por encima de sus posibilidades, bebió en demasía, no se perdía ninguna pelea, robaba a uno para pagar a otro, a la par que escribía febrilmente historias y poemas para pagar el alquiler o espantar a sus acreedores. Cuando estalló la guerra civil se alistó en las filas del ejército la Unión, alcanzando el grado de capitán, pero su carrera militar fue breve, ya que en Febrero de 1862 cayó gravemente herido. Debido a un mal tratamiento médico, murió dos meses después, en Abril, a la edad de los 33 años, con lo cual se cercenó una carrera literaria que nos hubiera brindado muchos y buenos frutos.
Los relatos que integran este libro han deparado a Fitz-James O´brien un lugar relevante en la narrativa corta norteamericana. La lente de diamante constituye una fantasía científica sobre el misterioso mundo microscópico y los seres que lo habitan; y ¿Qué es esto? nos sobrecoge con una extraña criatura invisible infiltrada en nuestra realidad y que sirvió de modelo a El Horla de Maupassant y a El engendro maldito de Bierce; finalmente El Forjador de milagros (una historia fascinante de inspiración hoffmanesca), El colmillo de dragón poseído por un mago Piou-lu (una deliciosa fantasía oriental), son otros tantos ejemplos de esa narrativa maravillosa de este gran autor fantástico.

"Todos mis cuentos están basados en la premisa básica de que las leyes, intereses y emociones humanas carecen de validez o significado en el plano córmico. Para mí es pueril un relato donde la forma humana -y las pasiones, condiciones y normas típicas humanas- sean descritas como típicas para los demás mundos y otros universos. Para lograr la esencia de la externalidad real, sea de tiempo, espacio o dimensión, uno debe olvidar que existen cosas tales como la vida orgánica, el bien y el mal, el amor y el odio, y todos esos atributos locales de una raza negligente y efímera llamada humanidad".
Fragmento de la carta de Howard Phillips Lovecraft a Fansworth Wright (editor de Weird Tales), 5 de Julio de 1927 (cit. por S.T. Joshi, En: Introduction, The annotated H.P. Lovecraft, New York, Dell, 1997, p.15, traducción de Eduardo Giordanino (2.001): Una isla de plácida ignorancia.: Lovecraft y el terror cósmico. LOVECRAFT magazine,
4, 4-10.

Salvador Alario Bataller

Lugar:
Avda, Blasco Ibáñez, nº.126, 6º, 28ª Valencia 46022 Spain

Teléfono:
963724197

E-mail:
alario7@msn.com

Enviar un mensaje a este usuario.
OBRA PUBLICADA A)CIENTÍFICA: 8 libros de Psicoterapia y Sexología (editorial Promolibro, valencia). 36 artículos especializados en diversas revistas (redactor de Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, www.editorialmedica.com, y los artículos y otros textos se relacionan en la web). B)NARRATIVA: “La conciencia de la bestia”, edición privada, finalista (de los 15 finalistas) del Premio Planeta de Novela de 1997. “La ciudad desvanecida”, relato seleccionado por concurso de la revista Escribir y Publicar en su editorial Grafein Ediciones, Colección Escritura Creativa, integrante del volumen de cuentos ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001). “Descensus ad Inferos”, lo mismo que antes, pero este cuento pertenece al libro de cuentos “32 MANERAS DE ESCRIBIR UN VIAJE” , Grafein Ediciones (2002). “Maltidos. La Biblioteca olvidada”, Iván Humanes Bespín y Salvador Alario Bataller, Grafein Ediciones, Barcelona, (2.006). "101 coños, Ilustraciones y breves" (2008), Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Bespín. Ilustraciones de Vanesa Domingo Montón, Grafein Ediciones, Barcelona. "Antología Iberoamericana de MIcrorelatos" (2008),coautor, Ediciones Lord Byron, Madrid (en prensa) La acre lácrima (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Un estudio crítico del Necronomicón Apócrifo (2006), ensayo, en http://www.lulu.com/alario7 Las aventuras carpatianas del profesor Exhorbitus (2006), novela, autoedición, en http://www.lulu.com/alario7 Astrum Argentum . La vara del mago (biografía novelada de Aleister Crowley) (2006), novela, en www.lulu.com, en http://www.lulu.com/alario7 El murciélago monstruoso (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Nunca volví de cuba (2007), novela, en www.lulu.com, http://www.lulu.com/alario7 Cuentos en www.narrativas.com: Espejos (2007), Los pequeños (2007). La angustia última (2008). Lo que trajo la noche (2008). OBRA INÉDITA: Las nocturnidades de don Arturo del Grial, (2002), novela. Los ojos del moro (2003), novela. El doctor amor y las mujeres (2006), novela. La trama sináptica (2007), novela. Historias de amor, muerte y trascendencia (2007), novelas (dos novelas breves relacionadas). Los estados intestinales (2007), novela. Cuando cazaba pelos (2008), novela breve Cuentos completos (1999-2008) Blogs: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://undostrescuentos.blogspot.com http://undostrescuentos2.blogspot.com http://elloboylaluna.blogspot.com http://lasnocturnidades.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
 

©2009 El lobo y la luna | Template Blue by TNB