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LA POETICA DE LOVECRAFT

H.P. Lovecraft
Hongos de Yuggoth
y otros poemas fantásticos

Ed. Valdemar. El Club Diógenes


Y al fin vino del interior de Egipto
el Extraño Oscuro ante el cual se inclinaban los fellás;
silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
y envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas, ansiosas de sus órdenes,
pero al marcharse no podían repetir lo que habían oído;
mientras por las naciones se propagaba la pavorosa noticia
de que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.

Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
el Caos Idiota barrió el polvo de la tierra.

de Frank Hervat

SEGUNDA PARTE
_________
EL CAMINO DE LA OSCURIDAD


CONTINUACION DEL DIARIO DEL
PROFESOR S.H. BROADHURST



13 de Agosto de 1.8...

Esta mañana, durante el desayuno, me di cuenta de que Hellen estaba mortalmente pálida y, recostada en el viejo sillón tapizado de capitoné de terciopelo granate, acabó por vencerla el sueño. Hacia mediodía pareció reanimarse un tanto y, pese a mis protestas, ayudó a la señora Olesowa a poner la mesa.
Por la tarde, la convencí para que diésemos un corto paseo. Es siempre un ejercicio saludable. Además, hacia un día espléndido y, de seguro, el buen tiempo la beneficiaría. En la densa arboleda, había un tranquilidad bostezante y que inspiraba paz. Un sol templado bañaba el páramo, quebrándose en mil reflejos al pasar entre la cortina de abetos. Pero alarmado me apercibí de que Hellen se fatigaba al menor esfuerzo. Estaba exhausta, su respiración era disneica y el sudor perlaba su frente. Respiraba con dificultad y tenía las palmas de las manos mojadas, como sucede a las personas sometidas a una gran tensión. Al examinarla, noté que su pulso era débil y su cara tenía una palidez alarmante. Verdaderamente preocupado la llevé a casa. Con la ayuda de la señora Olesowa la acosté. Al inclinarme sobre ella, observé algo en su cuello que me provocó una desagradable impresión. Sobre la yugular izquierda tenía dos pequeñas incisiones, que inmediatamente atribuí a los desmodinos que, sin lugar a dudas, se habían aprovechado de su sueño. Vi santiguarse a la gobernanta, presa de una turbación inexplicable. Estaba tan alterada que mascullaba con dificultad el mal alemán que sabía, mezclando palabras de su lengua vernácula. Encontraba ridícula aquella situación y le dije que se tranquilizase y que bajara a la cocina para beber una copa de oporto. No obstante, antes de irse me rogó que no abandonase a la señora cuando llegase la noche pues, en caso contrario, ella misma se encargaría de velarla. Al oír estas palabras, pese a considerarlas exageradas y desproporcionadas con la situación, me sentí emocionado y le agradecí sinceramente su preocupación.
Hellen ha sido, desde niña, una criatura feble. Supe, después de nuestra boda, que los miedos infantiles habían perdurado en ella hasta la edad adulta, pero no di importancia a este hecho, que en realidad si que la tiene, pues indica un elevado grado de inestabilidad emocional. Ahora, ante un medio desconocido que provoca genéricamente ansiedad, en ella más que en otra persona, las pesadillas han vuelto a repetirse y dice la gobernanta que la ha oído hablar en sueños. He pensado que la trate un alienista, pero debo buscar el modo de decírselo para causarle el menor daño posible. Tal vez sea preferible esperar un poco.

de Odilon Redon

DRÁCULA HABLA

Agradecemos a nuestro amigo Chorlito (Chorlito de cabeza), http://www.cabezachorlito.blogspot.com, el habernos recordado dos frases del conde. A saber:
1. Entre caballeros el dinero no es problema.
2. Océanos de tiempo nos separan.
Un saludo y a más ver.
S.

de Victoria Francés


12 de Agosto de 1.8...

Hoy gozamos de un tiempo maravilloso. El sol brilla radiante y el viento es apacible. La temperatura ha aumentado considerablemente. Pese a lo magnífico del día, mi ánimo no acompañaba, pues me encontraba débil y, tendida en el sofá, acabé por dormirme. No sé cuanto tiempo pasé durmiendo, pero cuando abrí los ojos comprobé que el día decaía tras los cristales de la ventana. Había alguien más junto a mí, sentado en la butaca junto a la chimenea. Era mi marido que, de manera cariñosa y bromeando, me daba las buenas tardes. No pude contener un estallido de alegría y me arrojé a su cuello como una colegiala. El, notablemente sorprendido y divertido, me examinó atentamente y la expresión de su rostro cambió enseguida pues, sin duda, notó algo que no le gustó, porque me dijo:
-Te veo muy pálida, mi querida Hellen. ¿Te encuentras bien?.
Al oír sus palabras, las lágrimas arrasaron mis ojos, como si se actualizase de súbito el sufrimiento de los últimos días. Había también otro motivo para que me embargara una profunda tristeza: tenía que estar enferma para que reparase en mí. Sin embargo, también consideré que podía ser injusta y no percibir objetivamente las cosas; así que me contuve y resolví poner buena cara. Le dije que me encontraba un poco cansada, que con un poco de descanso me encontraría perfectamente e hice acopio de todas mis energías para aparentar normalidad en lo que quedaba del día. ¡Y que terriblemente mal me sentía!. Se me nublaba la vista, tenía dificultad para respirar e incluso me era penoso pensar. El se deshizo en consejos y dio un sinfín de órdenes a la pobre Tania para que “a la señora nada le faltase” cuando, en realidad, no tenía lo que más necesitaba. También era consciente de que encontrar una solución al problema era casi imposible, pues muchas personas experimentan un verdadero conflicto entre áreas diversas de sus vidas, como el matrimonio y su profesión. Y, en esta época, las necesidades masculinas son imperativas. Nosotras contamos para muy poco, aunque las formas corteses traten de ponernos un velo sobre los ojos. Nada podía hacer yo frente a todo esto, más que resignarme o esperar un cambio poco probable.
Durante la cena Shepherd dio muestras de gran jovialidad y hasta se atrevió con algunos chistes de sabio, que nunca resultan demasiado divertidos. Después del postre, me hizo señas para que le siguiese a su estudio. Una vez allí, Tania trajo el café y, cuando ésta salió, me dijo:
-Mi querida Hellen, eres una mujer encantadora y me has prestado un excelente servicio con tu inmensa paciencia. Esto es algo que nunca podré olvidar, ni recompensártelo suficientemente. Eres la compañera perfecta y tú lo sabes, aunque esta sea la primera vez que te lo diga. Te mereces una parte de la gloria que voy a conquistar, puesto que sin tu colaboración nada de esto hubiera sido posible.
Ante estas afirmaciones me quedé perpleja, sin saber qué contestar.
-Te diré, por ahora, que vamos por buen camino -añadió con satisfacción-. Te recomiendo el silencio más absoluto, aunque solamente sea en esto. ¿Me entiendes?. Hay muchos sabios envidiosos que quisieran arremeter con esta empresa. En su momento, ya te daré más detalles. Pese a que no había entendido una palabra -dudo que algún otro humano sacase mayor entendimiento que yo del asunto-, me hizo jurar que guardaría el “secreto”. En honor a la verdad, he de patentizar que esta era su forma de actuar cuando se encontraba metido en algún asunto científico importante, el cual siempre me participaba cuando sus afirmaciones podía ser respaldadas por la evidencia y, ciertamente, se trataba de asuntos importantes y enriquecedores para mí. Mi actitud negativa, presente internamente de manera casi constante ante su labor científica, nada tenía que ver con él, sino con mi frustración personal de no poder llevar a cabo lo que él realizaba. De haber sido yo un varón y no una chica, ahora me encontraría sumergido en una realidad mucho más rica de la que tengo. Pero también debo ser sincera y sentirme afortunada, pues muchos profesores que conozco relegan a un segundo plano a sus mujeres y en ningún momento hablan con ellas de sus asuntos académicos. Este, a decir verdad, no es, ni de lejos, mi caso. En muchas ocasiones me he sentido culpable por no sentirme más agradecida hacia mi marido y por no valorar apropiadamente la vida que llevo.
Leyó la carta del doctor Ashaer que le entregué. Dijo que su amigo nos invitaba a pasar unos días en la ciudad. Por mi parte, hubiera deseado rehusar la invitación, porque últimamente me encontraba más débil y cansada de lo normal. Y así se lo dije a mi esposo, quien repuso que tampoco deseaba ir a Ovërbeck, porque cierto asunto, que no podía ni eludir ni retardar, le daba vueltas por la cabeza. Y, además, tenía que enviar un detallado informe a sir Archibald. Lo más conveniente sería escribir a nuestros amigos para que dispensasen el que declinásemos su amable invitación y “ponernos manos a la obra”. Y mientras me decía todo esto, asentí maquinalmente y salí de la habitación.
Shepherd estuvo trabajando hasta muy tarde, pues no me di cuenta cuando se acostó. No sé realmente si lo hizo porque, cuando me desperté, oí sus pasos frenéticos en el laboratorio.

WOODY ALLEN: DRÁCULA

El Conde Drácula

En algún lugar de Transilvania yace Drácula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y guardando a que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la muerte con toda seguridad, permanece en la oscuridad en su caja forrada de raso que lleva iniciales escritas en plata. Luego, llega el momento de la oscuridad, y movido por instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe la sangre de sus victimas. Por último, antes de que los rayos de su gran enemigo, el sol, anuncien el nuevo día, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo.
Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas responde a un instinto milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y se acerca la hora. Esta noche, está especialmente sediento y, mientras allí descansa, ya despierto, con el smoking y la capa forrada de rojo confeccionada en Londres, esperando sentir con espectral exactitud el momento preciso en que la oscuridad es total antes de abrir la tapa y salir, decide quiénes serán las víctimas de esta velada. El panadero y su mujer, reflexiona. Suculentos, disponibles y nada suspicaces. El pensamiento de esa pareja despreocupada, cuya confianza ha cultivado con meticulosidad, excita su sed de sangre y apenas puede aguantar estos últimos segundos de inactividad antes de salir del ataúd y abalanzarse sobre sus presas.
De pronto, sabe que el sol se ha ido. Como un ángel del infierno, se levanta rápidamente, se metamorfosea en murciélago y vuela febrilmente a la casa de sus tentadoras víctimas.
-¿Vaya, conde Drácula, que agradable sorpresa!- dice la mujer del panadero al abrir la puerta para dejarlo pasar. (Asumida otra vez su forma humana. entra en la casa ocultando, con sonrisa encantadora, su rapaz objetivo.)
-¿Qué le trae por aquí tan temprano?- pregunta el panadero.
-Nuestro compromiso de cenar juntos- contesta el conde-. Espero no haber cometido un error. Era esta noche, ¿no?
-Sí, esta noche, pero aún faltan siete horas.
-¿Cómo dice?- inquiere Drácula echando una mirada sorprendida a la habitación.
-¿O es que ha venido a contemplar el eclipse con nosotros?
-¿Eclipse?
-Así es. Hoy tenemos un eclipse total.
-¿Qué dice?
-Dos minutos de oscuridad total a partir de las doce del mediodía.
-¡Vaya por Dios! ¡Qué lío!
-¿Qué pasa, señor conde?
-Perdóneme... debo...Debo irme...Hem...¡Oh, qué lío!...- y, con frenesí, se aferra al picaporte de la puerta.
-¿Ya se va? Si acaba de llegar.
-Sí, pero, creo que...
-Conde Drácula, está usted muy pálido.
-¿Sí? necesito un poco de aire fresco. Me alegro de haberlos visto...
-¡Vamos! Siéntese. Tomaremos un buen vaso de vino juntos.
-¿Un vaso de vino? Oh, no, hace tiempo que dejé la bebida, ya sabe, el hígado y todo eso. Debo irme ya. Acabo de acordarme que dejé encendidas las luces de mi castillo... Imagínese la cuenta que recibiría a fin de mes...
-Por favor- dice el panadero pasándole al conde un brazo por el hombro en señal de amistad- Usted no molesta. No sea tan amable. Ha llegado temprano, eso es todo.
-Créalo, me gustaría quedarme, pero hay una reunión de viejos condes rumanos al otro lado de la ciudad y me han encargado la comida.
-Siempre con prisas. Es un milagro que no haya tenido un infarto.
-Sí, tiene razón, pero ahora...
-Esta noche haré pilaf de pollo- comenta la mujer del panadero- Espero que le guste.
-¡Espléndido, espléndido!- dice el conde con una sonrisa empujando a la buena mujer sobre un montón de ropa sucia. Luego, abriendo por equivocación la puerta del armario, se mete en él-. Diablos, ¿dónde está esa maldita puerta?
-¡Ja, ja!- se ríe la mujer del panadero-¿Qué ocurrencias tiene, señor conde!
-Sabía que le divertiría- dice Drácula con una sonrisa forzada-, pero ahora déjeme pasar.
Por fin, abre la puerta, pero ya no le quedaba tiempo.
-¡Oh, mira, mamá!- dice el panadero-, el eclipse debe de haber terminado! Vuelve a salir el sol.
-Así es- dice Drácula cerrando de un portazo la puerta de entrada- He decidido quedarme. Cierren todas las persianas, rápido, ¡rápido! ¡No se queden ahí!
-¿Qué persianas?- preguntó el panadero.
-¿No hay? ¡lo que faltaba! ¡Qué para de...! ¿Tendrían al menos un sótano en este tugurio?
-No- contesta amablemente la esposa- Siempre le digo a Jarslov que construya uno, pero nunca me presta atención. Ese Jarslov...
-Me estoy ahogando. ¿Dónde está el armario?
-Ya nos ha hecho esa broma, señor conde. Ya nos ha hecho reír lo nuestro.
-¡Ay... qué ocurrencia tiene!
-Miren, estaré en el armario. Llámenme a las siete y media.
Y, con esas palabras, el conde entra al armario y cierra la puerta.
-¡Ja,ja...! ¡qué gracioso es, Jarslov!
-Señor conde, salga del armario. deje de hacer burradas.
Desde el interior del armario, llega la voz sorda de Drácula.
-No puedo... de verdad. Por favor, créanme. Tan solo permítanme quedarme aquí. Estoy muy bien. De verdad.
-Conde Drácula, basta de bromas. Ya no podemos más de tanto reírnos.
-Pero créanme, me encanta este armario.
-Sí, pero...
-Ya sé, ya sé... parece raro y sin embargo aquí estoy, encantado. El otro día precisamente le decía a la señora Hess, deme un buen armario y allí puedo quedarme durante horas. Una buena mujer, la señora Hess. Gorda, pero buena... Ahora, ¿por qué no hacen sus cosas y pasan a buscarme al anochecer? Oh, Ramona, la la la la, Ramona...
En aquel instante entran el alcalde y su mujer, Katia. Pasaban por allí y habían decidido hacer una visita a sus buenos amigo, el panadero y su mujer.
-¡Hola Jarslov! espero que Katia y yo no molestemos.
-Por supuesto que no, señor alcalde. Salga, conde Drácula.¡Tenemos visita!
-¿Está aquí el conde?- pregunta el alcalde, sorprendido.
-Sí, y nunca adivinaría dónde está- dice la mujer del panadero.
-¡Que raro es verlo a esta hora! De hacho no puedo recordar haberle visto ni una sola vez durante el día.
-Pues bien, aquí está. ¡Salga de ahí, conde Drácula!
-¿Dónde está?- pregunta Katia sin saber si reír o no.
-¡Salga de ahí ahora mismo! ¡Vamos!- La mujer del panadero se impacienta.
-Está en el armario- dice el panadero con cierta vergüenza.
-¿No me digas!- exclama el alcalde.
-¡Vamos!- dice el panadero con un falso buen humor mientras llama a la puerta del armario- Ya basta. Aquí está el alcalde.
-Salga de ahí conde Drácula- grita el alcalde- Tome un vaso de vino con nosotros.
-No, no cuenten conmigo. Tengo que despachar unos asuntos pendientes.
-¿En el armario?
-Sí, no quiero estropearles el día. Puedo oír lo que dicen: Estaré con ustedes en cuanto tenga algo que decir.
Se miran y se encogen de hombros. Sirven vino y beben.
-Qué bonito el eclipse de hoy- dice el alcalde tomando un buen trago.
-¿Verdad?- dice el panadero- Algo increíble.
-¡Díganmelo a mí! ¡Espeluznante!- dice una voz desde el armario.
-¿Qué, Drácula?
-Nada, nada. No tiene importancia.
Así pasa el tiempo hasta que el alcalde, que ya no puede soportar esa situación, abre la puerta del armario y grita:
-¡Vamos, Drácula! Siempre pensé que usted era una persona sensata. ¡Déjese de locuras!
Penetra la luz del día; el diabólico monstruo lanza un grito desgarrador y lentamente se disuelve hasta convertirse en un esqueleto y luego en polvo ante los ojos de las cuatro personas presentes. Inclinándose sobre el montón de ceniza blanca, la mujer del panadero pega un grito:
-¡Se ha fastidiado mi cena!.

(1988) Woody Allen, "Cuentos sin plumas"

DRÁCULA

Slawomir Mrozeck
Drácula

Cuando, tras años de destierro, el príncipe Drácula regresó a su castillo, las gentes de la comarca lo recibieron con pan y sal, y las campanas de las iglesias tañeron agradecidas, aunque al príncipe no le agradaban ni las iglesias ni las campanas. Este cruel soberano, vampiro sanguinario de los Cárpatos, , fue antaño odiado por sus súbditos, quienes llegaron a añorarlo una vez reemplazado por la autoridad comunista. Finalmente, ésta cayó y Drácula regresó a sus dominios.
Terminada la fiesta de bienvenida, anocheció. Una tras otra se extinguían las lucecitas de las cabañas bajo el castillo. Pero en éste reinaba un continuo movimiento y llegaban de él extraños ruidos.
Continuó así hasta la aurora, cuando los pastorcillos que sacaban al campo su ganado, vieron al príncipe huyendo del castillo. Salió escopeteado, ladera abajo y desapareció tras el horizonte emitiendo gritos de terror. En cambio, en los muros del castillo apareció el fantasma de Ceausescu, el último primer secretario del Partido Comunista de Rumanía.
Ahora la única esperanza está en los turistas extranjeros, y es que alguien tendrá que tomar el poder.

De Carlos Negrón

DESDE EL INFIERNO


Allan Moore y Eddie Campbell
From Hell
Planeta DeAgostini
(1.998)



"FROM HELL es la obra maestra de Allan Moore, considerado como el mejor escritor de cómics de la historia y de Eddie Campbell, el dibujante perfecto para esta obra, en la que se puede asistir a la representación definitiva del mito de Jack el Destripador así como una disección sin piedad de la sociedad victoriana. Y ahora, en la gran pantalla, de la mano de los hermanos Hughes".
Editorial


Martin Howells

y
Keith Skinner
La herencia de Jack el Destripador
Círculo de Lectores
(1.987)
Estamos Ante un texto fundamental, un primer peldaño para alcanzar a comprender y quizás desvelar la identidad del asesino de Whitechapel. La Herencia de Jack el Destripador aparece como una obra que, en primer lugar, intenta descubrir la identidad de Jack el Destripador, el mítico artífice del asesinato de siete mujeres durante cuatro meses en 1888 y, además, ofrece una rigurosa revisión de los materiales empleados para señalar a Montague Druit, un personaje singular: abogado frustrado, perteneciente a una familia de cirujanos, desequilibrado mental, ligado a los círculos homosexuales aristocráticos, destacando entre ellos el del propio Víctor Alberto, Duque de Clarence y Montbey, cuya figura suscitaría una nueva tesis ligada con un ínclito doctor y que, como verenos a poco tardar, evocó la denominada Tesis Real, la cual ha merecido películas y seriales televisivos diversos.

HUESOS DELUCIÉRNAGA: POESÍA

HUESOS DE LUCIÉRNAGA
Eddie (J. Bermúdez)


Lo poético es el hueso, materia que premanece.
Lo poético es la luciérnaga, fulgor efímero.
Y lo poético por imposible es reunir ambos objetos en una misma imagen: huesos de luciérnaga.

Porque lo que es imposible en eso que se ha dado en llamar ‘el mundo real’, es perfectamente válido en la lógica sintáctica del lenguaje y, sobre todo, en esa lógica poética que tiene sus propias leyes. Leyes que sólo pueden ser acatadas y comprendidas por quienes moldean sueños, recortan fragmentos de lenguaje, combinan, asocian, dicen y contradicen, y hasta maldicen.

Todas estas cosas acontecen en ese espacio poético donde siempre se anda a tientas, para dejar que se enciendan chispas de revelación que los sentidos y la intuición descubren antes de que el pensamiento analice.

Desde el título, los poemas de Eddie nos dan una clave de interpretación: luces fugaces, que van marcando un itinerario al lector y lo guían en esa constelación de luciérnagas que son palabras, sílabas, voces, susurros, frases, gritos, en busca del Poema desde el poema mismo.

Eddie nos propone un recorrido que abarca tres momentos: Huesos de luciérnaga, La Poema y Lo Lumbre. Del primero paracen abrirse los otros a modo de dos caminos: los huesos hacia la poema; las luciérnagas hacia lo lumbre. La atribución genérica del artículo rompe con la morfología establecida y le da a los términos poema y lumbre un fulgor insólito que los rodea de una extraña atmósfera: la (el) poema; lo (la) lumbre.

Hay, en principio, un despertar, pero no hacia la luz, sino a la incertidumbre del acto de nombrar. Porque la poesía es un puente que se tiende entre la noche, el sueño y el ser palabra, palabra cargada de nada y de silencio. Son la nada y el silencio iniciales, que imponen una negación manifestada en el lenguaje y en el flujo de imágenes que éste crea:

gestos, acordes necios
recuerdos de un poblado
sin habitantes
[...]
me dejo a los gestos,
me abandono a la no escritura
sin más,
a una noche sin retorno

La escritura busca las palabras del poema y encuentra sílabas, susurros, silencio. Intenta un asidero en la realidad, pero ésta escapa a todo signo que la sitúe en otro orden, porque el lenguaje es un sistema simbólico distinto de la realidad: las palabras sólo definen palabras, no objetos, y el lenguaje circula entre el deseo de nombrar y la incertidumbre de la negación.

Los microelementos que constituyen el lenguaje se mueven en los poemas de Eddie como seres diminutos, luciérnagas, libélulas, formando enjambres que llegan hasta los límites y se detienen ante el silencio para volver a deambular por el interior del espacio poético.

Pero también hay un mundo oculto, no el misterio que buscamos tras las apariencias de lo real (que también), sino lo que está enterrado, los muertos, las ratas, los desechos urbanos y humanos. Elementos entrañados que, desde su latencia, van generando un impulso que, de pronto, los expulsa con violencia: vómito que es palabra, o menos, grito, sílaba, voz desarticulada en tránsito hacia el poema.

El poemario está traspasado por un estremecimiento, una agitación proveniente de la rebeldía ante el lenguaje convencional de palabras gastadas, que parecen no querer vaciarse para dejarse penetrar de significados nuevos. Esto supone, por parte del poeta, una relación agónica con el lenguaje, y en muchos momentos sentimos los estertores de esa agonía en palabras rotas, versos anhelantes, ritmos entrecortados, en un choque íntimo de sentidos. Pero el afán creador se impone y, en medio de la lucha, reflejo de la vida misma, en medio del dolor o de la rabia por lo que es como es en el mundo y en los seres humanos, por lo que es imposible cambiar, está la Poesía. Y el Poema que dice es siempre un acto de valentía, de redención y de esperanza.

Eddie es poeta que dice. Su poesía es la expresión de una búsqueda y, sobre todo, de un talento y de un compromiso. Una entrega total:

no vale
ser a medias
si no ser que anuda
una piel anaranjada por el sol

no es lícito
no ser más que quejido
y, si hay que serlo, ya puestos,
seamos grito
Teresa Martin Taffarel

INVITACIÓN

Presentación de la Biblioteca CyH
FNAC de Zaragoza
Martes, 18 de abril
A las 19.30 horas



Entre las novedades de la editorial se presentarán los tomos que integran la Antología de la Poesía Visual, El largo viaje al interior de O’ Neill, de Carmen Hernández Bastos y La memoria del laberinto, de Iván Humanes Bespín.

Contará con la presencia y la presentación de Ana María Navales, Rosendo Tello, y el editor Víctor Pozanco.

de Desconocido

11 de Agosto de 1.8...

Acababa de acostarme cuando oí ladrar a los perros en el exterior. Poco después, el viento trajo hasta mi ventana sus gemidos lastimeros. Me asusté, preguntándome qué les habría sucedido. Nada se oía en la casa, excepto el crujir de la madera y la voz de la piedra, esos sonidos que ocupan indefectiblemente las grandes casas solitarias y que cobran ominosa vida en la noche. De súbito, fui más consciente que nunca de que no había ningún hombre en la casa. Encendí una vela y aterrada me senté en la cama, con la espalda pegada al alto cabezal y la boca seca. Comencé a tener dificultad para respirar y el pulso se me aceleró. Recuerdo que entonces recé pero, aunque estaba asustada, comencé a sentir una creciente laxitud por todo el cuerpo. La luz de las velas arrojaban sombras vacilantes en el dormitorio y junto a ellas, mi alma parecía ir cayendo plácidamente en una especie de ensoñación involuntaria. Por un momento hubiera querido levantarme y gritar, pero mi cuerpo no me obedeció y de mi garganta no brotó el menor sonido. Una fuerza indescriptible me mantenía clavada donde estaba, in manus de una indomeñable fascinación, detrás de la cual presentía el influjo de algo anormal e inenarrable. En medio de mi turbación, escuché una vez más los gemidos de los animales y experimenté, con una emoción rayana al paroxismo del horror y por enésima vez, la sensación de aprensión de las noches de mi infancia, con su angustiosa expectación y su pesadilla. Me preguntaba porqué era incapaz de pronunciar una sola palabra o de moverme, a despecho de mi vana lucha interior. Aguardaba, aguardaba,... ¿A qué?. La respuesta era archiconocida, si bien en todo momento trataba de mantenerla apartada de mi conciencia. Creo recordar que, poco después, entró por la ventana un olor penetrante y nauseabundo, acre, fétido, como de materia indeterminada en estado de putrefacción, que se me metió hasta la garganta y a punto estuvo de provocarme el desmayo. No adivinaba a determinar el origen de aquel miasma, que experimentaba por primera vez en mi vida. Nunca antes había percibido nada semejante y las angustiosas sensaciones que me invadieron en aquellos momentos fueron indecibles, atenazada por la desesperación y la náusea. Después hubo un lapsus en que quedé como inconsciente y cuando me repuse ligeramente, me sentía totalmente abatida e incapaz de pensar. Seguidamente, los hechos tomaron otro curso pues, sin saber cómo, me encontré de pie junto a la cama. Me puse la bata de una manera maquinal y, como movida por un resorte, me acerqué a la ventana. Ya no se oía a los perros, pero el aullido de los lobos llegaba nítido desde las nevadas cumbres. Después fue todo silencio, un reinante silencio sobrecogedor y pude ver a las bestias yacer, como dormidas, sobre el césped del jardín.
Lo que seguidamente sucedió fue tan extraordinario que no puedo dar crédito a lo que vieron mis ojos. ¿O fue acaso una alucinación, un sueño tal vez?. Sufrí una gran turbación y debí entrar en un estado de alucinosis, pues lo veía todo como en un sueño: los picos cercanos, la bruma galopante, la sombría mole del castillo moldavo, oscilaban ante mí como las imágenes de un sueño, etéreas e irreales, pero con una extraña substancia propia. La noche era profunda y amenazadora. Tan vaga era cada impresión, que ahora no me atrevería a afirmar que realmente no estuve soñando. El plenilunio refulgía leve en el cielo, como un pálido zafiro. Y, más allá, el páramo se remontaba en lontananza, hundiéndose en el frío y metálico caos del horizonte. Un animal, de laya ancestral parecía susurrarme Hypnos, aulló en aquel abismo de sombras inquietantes y entonces pude verle, aunque no le vi llegar. La sombra avanzó lentamente, deteniéndose a pocos metros bajo la ventana. En un principio apenas le distinguí, pues su perfil era incierto, frágil a mis ojos como un fantasma, pero después pude ver que aquella presencia de forma humana, vestía una manto talar o alguna prenda semejante. Tampoco pude distinguir nada que se pareciese a un rostro humano, tan tenue era la figura y tan densa la niebla que le envolvía. Sin embargo, cuando se acercó más, surgiendo completamente de la blanca veste envolvente, pude ver con claridad un anciano caballero, de porte altivo, alto y de facciones severas, casi feroces, de terribles ojos llameantes. Era él, una vez más, que había atravesado la barrera del tiempo y del espacio para visitarme nuevamente y traerme el aciago don del miedo, el Señor de las Pesadillas. Había oído su voz días antes, surgiendo de espacios indescifrables, llamándome con insistencia. Antaño, muchos años ha, cierto día se marchó, sin razón ni previo aviso, pero había vuelto como el amo que reclama su propiedad. Recuerdo que, de niña, estando ya muy enferma de aquella anemia misteriosa cuyo origen el médico no llegaba a determinar, la vieja ama de llaves adornó la habitación con flores blancas y olorosas. Desde entonces, mis noches estuvieron libres de su presencia, de pesadillas; ya no me volvió a visitar. Mas había regresado, aunque viejo, muy viejo, casi hasta la descomposición.
De súbito, paradójicamente, me fue invadiendo como otrora una paz profunda, substancial, y sentí deseos de que aquel ser se acercase. Unas sombras, cuatro o cinco, se movieron a su alrededor, de ojos brillantes y sesgados y fauces lupinas; los enemigos del hombre, el máximo exponente del mal entre los depredadores, hermanos de brujas y hechiceros, caminaban en la noche con su amo, el señor de las bestias, de las pesadillas, de los terrores atávicos y de la muerte. No tuve miedo, aunque había un sesgo patente macabro, que no era normal, en su presencia, que yo conocía demasiado bien y que no podía definir. Entonces, su voz extraordinaria, muy difícil de describir, que parecía venir de lejos, llegó hasta mí. Dijo:
-Fenecí sin los auxilios de la religión, lejos de mi patria y de los seres amados. Me dio muerte la traición en un país extranjero, donde martiricé y maté a muchos hombres en nombre de Cristo. Me cortaron la cabeza y fui enterrado sin ningún honor en una oscura abadía, yo que lavé el honor de mi patria y de mi rey. Te ruego que acojas mi ánima, pues solamente un alma bondadosa puede ayudarme a obtener el solaz que el vil final no me dispensó. ¡Dame paso, pues me urge entrar!.
Poco recuerdo de lo que sucedió a partir de ese momento, pero tuve la impresión de encontrarme nuevamente en la cama, presa de una gran debilidad. Antes de perder completamente el sentido, oí nuevamente aquella voz:
-Serás una oveja de mi redil, destacada entre las de mi congregación, y aprenderás a vivir alejada de las veleidades del mundo. Ahora gobierno sobre ti y, en lo sucesivo, harás cuanto te ordene.

de Carina Kornowski


DIARIO DE HELLEN BROADHURST CONTINUACION

10 de Agosto de 1.8...

Las desdichas, como dijo alguien, no vienen solas. A mi soledad se ha unido nuevamente la presencia del horror. El ha vuelto. Ahora sé que le conozco, que siempre le he conocido y la incertidumbre ha dado paso al más terrible vórtice del horror. Sí, no me cabe la menor duda: la primera vez que le vi, siendo una niña muy pequeña, creí morirme miedo. Y, no obstante, inclusive en aquellos tiempos lejanos, su rostro me resultaba familiar. ¿Dónde había visto antes una faz semejante?, me preguntaba ya por aquél entonces, pues tenía una angustiante certeza de que su cara me era conocida. Pensé, en un principio, que eran las facciones del señor Black, el monstruo de todos los niños del pueblo quien, en vida, había asesinado a su esposa y a sus dos hijas. Volvía por las noches para llevarse a los niños desobedientes y despellejarlos, como había hecho con los suyos propios. Sí, eso decían las personas mayores y, por tanto, debía ser cierto. Durante el día se ocultaba en el armario y, al llegar la noche, cuando mi madre apagaba la luz y cerraba la puerta del dormitorio, salía de la tiniebla del armario, más densa que la de la habitación y se dejaba ver con todo su terrible aspecto. Mi padre decía que no debía dejar la luz encendida, pues la oscuridad era la forma más adecuada de mantener a raya esos miedos infantiles. Así, con el tiempo, se irían. Creo que eso fue realmente lo que sucedió, pero mientras tanto yo tenía que enfrentarme cada noche a aquellos oscuros temores. Cada noche, cuando los pasos de mi madre se perdían en el piso inferior, la puerta del armario se entreabría un poco (esto lo puedo afirmar en base al leve ruido que llegaba hasta mis atribulados oídos infantiles, pues en aquellos instantes todavía no era capaz de discernir nada) y yo podía ver el rostro pálido y la expresión de los ojos del señor Black. ¡Cuanta maldad había en su mirada ardiente!. He de constatar que más que ver con mis propios ojos, lo hacía, digámoslo así, con los de la mente, al igual que el hecho de escuchar sus voz. No obstante, tampoco puedo afirmar esto último, todo era tan confuso y angustioso que no podría aseverar nada en un sentido o en otro. Tal vez participara en mi percepción uno de esos extraños fenómenos que algunos científicos comienzan a estudiar en nuestros días y que se rotulan bajo el nombre de percepción extrasensorial. No lo sé, si bien lo que ha dejado en mí una huella indeleble ha sido su voz, su rostro, su maldad y la presencia del terror, el terror en estado puro.
¿Qué había en sus facciones para que me resultase tan repelente?. Sin lugar a dudas era el mal, esas maldad primigenia, a la cual ningún humano puede substraerse sin palidecer, esa oscura realidad que llevamos dentro desde que el primer hombre holló con su planta el mundo. Su voz, la voz de Black el asesino, no era natural, pero dominaba, rasgando el alma como un puñal y jugando con ella a su capricho. Sus dedos, largos y sensuales, coronados por largas uñas de fiera, apretaban cada noche mi garganta, casi hasta la asfixia, pero sin que esto sucediese jamás. Yo notaba que algo raro pasaba, como si se me fuera la vida, como si cada hálito de mi existencia me fuese sustraída, pasando a su cuerpo fantasmal por mediación de sus dedos. Después, noche tras noche, oprimía su boca contra mi cuello y aquello era lo peor porque, como cada crepúsculo, creía que había llegado mi fin. Yo retenía el aliento, transida por el espanto, durante lo que parecía ser una eternidad, sin fuerzas ni voluntad para oponerme. -Yo soy el Señor de las Pesadillas -había dicho él.
Y desde entonces supe que tenía un dueño.
Ahora, aquí, en este paraje inhóspito, lejos de la civilización, se han reavivado mis antiguos terrores. A los fantasmas del pasado, esos que nunca dejan de acecharnos, se ha unido en mí la soledad, el más profundo sentimiento de abandono. Me encuentro terriblemente sola, desvalida y también asustada, aunque visto objetivamente, apelando a la fuerza de la razón, no hay ningún motivo por el cual yo deba sentir miedo. Tania es una mujer amable pero, por razones obvias, no puedo compartir con ella mis desdichas. Y si así fuera, no obtendría la solución deseaba. Aunque es una nativa y cree a pies juntillas las tradiciones locales y no me tomaría por loca por dicho motivo, el comunicarle mi angustia la asustaría muy posiblemente y no resulta conveniente perder un servicio tan diligente como el que disponemos. Además, tampoco deben hacerse confidencias a los criados. A ello debo añadir que por mi carácter, desde la infancia tímido e introvertido, no me atrevo a entorpecer las investigaciones del más voluntarioso de los profesores, ni tampoco debo representar un obstáculo para su carrera. Si al menos pudiese ayudarle en sus estudios, me sentiría útil y un tanto aliviada. Si pudiera acompañarle en sus trabajos de campo, se paliaría mi soledad y recobraría el humor pero, a este respecto, únicamente me queda el recurso de darle ánimos y ser solaz para sus fatigas, dado que es ese mi deber como esposa y, por lo demás, nunca podré estar a su altura. En ocasiones pienso que el único beneficio que obtuvo Shepherd de nuestro matrimonio fue ensanchar sus ya de por sí repletas arcas, aparte de mitigar esa vaga pasión primigenia que parece ser tan perentoria para el común de los hombres. Dicen que su satisfacción les proporciona cierto equilibrio... Ni siquiera le he dado un hijo, pero esto parece no importarle, pues nunca menciona el asunto. Tal vez no lo haga porque sea para él doloroso. No lo sé. El está demasiado ocupado para reprocharme nada. De lo contrario, me rompería el corazón... ¡Que tonta soy, no puedo reprimir las lágrimas!. Pero debo apartar de mi cabeza estos asuntos; de poco vale conturbarse por posibilidades o preteribles. Dejemos que la vida siga su curso y ya veremos.
El día ha transcurrido como tantos otros, sin pena ni gloria. Cuando, ya de noche, me disponía a subir a mi habitación, el portón principal chirrió sobre sus goznes y oí a Tania hablar en dialecto con alguien. Después la puerta se cerró y la sirvienta subió al dormitorio. Me entregó un billete del doctor von Ashaer, dirigido a mi esposo. Se lo daré cuando regrese. ¿Cómo estará?. ¿Le habrá sucedido algún percance?. He de confiar en que todo haya transcurrido sin inconvenientes. Mi esposo es una buena persona pero, a menos que se produzcan cambios extraordinarios, morirá siendo un excéntrico, rodeado de montones de libros y apartado de la sociedad. Es un profesor destacado de Oxford y, en la edad provecta y sin lugar a dudas, llegará a engrosar la lista de los eméritos. Es uno de esos personajes singulares, uno de esos sabios egoístas para los cuales no hay otra cosa en el mundo que su biblioteca, su laboratorio y sus clases. No me atrevería a afirmar que descuida sus obligaciones maritales, pero sí que las reduce a casi un mínimo... ¡En ocasiones, como desearía ser uno de esos animaluchos para disfrutar de su compañía!. Supongo que los sabios son así y que sus esposas son infelices. Y, no obstante, viéndolo, ninguno sospecharía que es un hombre de ciencia, porque su porte es el del aventurero antes que el del pensador. Es un hombre alto, de complexión atlética, con una salud de hierro y gran impetuosidad. Su fino bigote le da un aire sumamente atractivo, del cual pienso que no es plenamente consciente, y su fisonomía, en general, es más mediterránea que anglosajona. Tal es el personaje que amo y admiro, tan profunda e intensamente. Sus ojos azules, bajo el espeso cabello negro, miran con densidad y de un modo soñador. Me esfuerzo en hacerle feliz, aunque mis empeños no despierten más su interés que el vuelo, la fisiología o los insoportables chirridos de sus horribles bestiezuelas -sujetos experimentales se denominan en el argot técnico... ¡Dios mío, que vuelva sano y salvo!... Que débil soy, he vuelto a llorar.

Salvador Alario Bataller

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OBRA PUBLICADA A)CIENTÍFICA: 8 libros de Psicoterapia y Sexología (editorial Promolibro, valencia). 36 artículos especializados en diversas revistas (redactor de Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace, www.editorialmedica.com, y los artículos y otros textos se relacionan en la web). B)NARRATIVA: “La conciencia de la bestia”, edición privada, finalista (de los 15 finalistas) del Premio Planeta de Novela de 1997. “La ciudad desvanecida”, relato seleccionado por concurso de la revista Escribir y Publicar en su editorial Grafein Ediciones, Colección Escritura Creativa, integrante del volumen de cuentos ASI ESCRIBO MI CIUDAD (2001). “Descensus ad Inferos”, lo mismo que antes, pero este cuento pertenece al libro de cuentos “32 MANERAS DE ESCRIBIR UN VIAJE” , Grafein Ediciones (2002). “Maltidos. La Biblioteca olvidada”, Iván Humanes Bespín y Salvador Alario Bataller, Grafein Ediciones, Barcelona, (2.006). "101 coños, Ilustraciones y breves" (2008), Carlos Maza Serneguet, Salvador Alario Bataller e Iván Humanes Bespín. Ilustraciones de Vanesa Domingo Montón, Grafein Ediciones, Barcelona. "Antología Iberoamericana de MIcrorelatos" (2008),coautor, Ediciones Lord Byron, Madrid (en prensa) La acre lácrima (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Un estudio crítico del Necronomicón Apócrifo (2006), ensayo, en http://www.lulu.com/alario7 Las aventuras carpatianas del profesor Exhorbitus (2006), novela, autoedición, en http://www.lulu.com/alario7 Astrum Argentum . La vara del mago (biografía novelada de Aleister Crowley) (2006), novela, en www.lulu.com, en http://www.lulu.com/alario7 El murciélago monstruoso (2006), novela, en http://www.lulu.com/alario7 Nunca volví de cuba (2007), novela, en www.lulu.com, http://www.lulu.com/alario7 Cuentos en www.narrativas.com: Espejos (2007), Los pequeños (2007). La angustia última (2008). Lo que trajo la noche (2008). OBRA INÉDITA: Las nocturnidades de don Arturo del Grial, (2002), novela. Los ojos del moro (2003), novela. El doctor amor y las mujeres (2006), novela. La trama sináptica (2007), novela. Historias de amor, muerte y trascendencia (2007), novelas (dos novelas breves relacionadas). Los estados intestinales (2007), novela. Cuando cazaba pelos (2008), novela breve Cuentos completos (1999-2008) Blogs: http://clinica-psicomedica.iespana.es http://alario1.blogspot.com http://undostrescuentos.blogspot.com http://undostrescuentos2.blogspot.com http://elloboylaluna.blogspot.com http://lasnocturnidades.blogspot.com http://nohaymentesincerebro.blogspot.com
 

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