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LA TRILOGÍA DE ECCE CUALQUIERA. LIBRO TERCERO: CUANDO CAZABA PELOS (capítulos iniciales)
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Trilogía
de Ecce Cualquiera
Libro
Tercero
CUANDO CAZABA PELOS
Salvador
Alario Bataller
2.008
Valencia
2.011
El hombre es el escultor de su propio cerebro.
Santiago Ramón y Cajal
El futuro ya no es lo que era antes.
Paul Valéry
Que
enfermo parece todo lo que nace.
George Trakl
Yo
buscaba un alma similar a la mía…
Isidore Ducasse
Impulsos más espesos emergen
donde se organizan.
Eduardo Hervás.
“Poe, Machen, Lovecraft,
Tolkien..., todos ellos habían aprendido la verdad esencial: que se les había arrojado a un mundo equivocado, el cual no valía
la pena, pero que había que estar ahí, pues por mucho que les doliese toda esa
carnavalada de canalladas, sinsentidos y cochambre tenía que entrañar algún
sentido, aunque inextricable. Paralelamente a dicha convicción, se imponía
perentoriamente la necesidad de recurrir a ciertas disciplinas, algunas
heterodoxas y poco rigurosas en su método, para empezar a ver con una luz
diferente el gran paisaje umbrío del existir. Con el tiempo se aprendía,
dolorosamente las más de las veces, que el final del camino era
indefectiblemente el hombre mismo, que todo el asunto tenía nombres propios:
yo, tú, ése y aquél… Para algunos, no obstante, dicho conocimiento representaba
una gran victoria y el primer paso para caminar per vias rectas.
Había meditado mucho sobre ello.
Ese profundo resabio existencial dimanaba de la frustración temprana del eterno
deseo humano primigenio, uno de los sueños de la humanidad, tal vez el de mayor
virtualidad, el de la superioridad
secreta. Ese odio, muy posiblemente arrancase de aquella prístina
desilusión, cuando nos dimos cuenta de que habíamos nacido entre los del montón,
que no éramos nadie, que teníamos que sudar sangre para recoger unas migajas
aunque, a veces, fuesen gordas: un demonio exógeno e inapelable invadió un día
mi mente fantasiosa y me escupió con voz arcana y aviesa que nunca sería sabio,
poderoso, inmortal… La aparente magia de la vida cayó pesadamente como un
pendón viejo y raído: mis padres no eran los monarcas de un reino encantado ni
el mundo era un paraíso: mío era el erial, la plétora de dificultades, mis
padres pobres campesinos. A partir de ahí, uno debía luchar para subsistir,
cogerse a mil clavos ardiendo para pasar los días de la manera más digna
posible. Muchas veces, ni este mínimo podía ser satisfecho honorablemente. Se
esfumó, como el humo, el destino principesco del pobre hijo del picapedrero.
Después de eso apenas nada quedó, sino un infantil, juvenil, adulto malhumorado
corazón. Una vez más, los sueños de la humanidad no se cumplían en el hombre,
no se cumplían en mi.”
Salvador Alario Bataller, La conciencia de la bestia (1.999),
edición privada. ISBN: 84-605-9212-X. Depósito legal: V-2970-1999. Obra que
quedó entre las 10 finalistas de El
Premio Planeta de Novela de 1.997, cuyo ganador fue José Manuel de Prada,
quedando en segundo lugar Carmen Rigal.
“Nacemos de dos modos: o confusos o muertos. Yo nací confuso
y pago cada día el precio de mi confusión. Los muertos van y vienen por la vida
y me miran con aire de superioridad. Incapaces de advertir que no respiran. Que
nunca han respirado. Estar muerto es más fácil que estar vivo. La vida es
lucha, la vida es violencia. La incomprensión y los obstáculos hacen sola cada
mañana a la puerta de nuestras casas.
Por eso el mundo
es de los fríos. Por eso el mundo es propiedad de los que carecen de alma. De
aquellos que calculan sin implicación. De aquellos que saben imitar la vida y
el pensamiento. De esos cerdos, de esos insectos disfrazados de hombres y
mujeres, dependemos todos.
Los insectos sin
alma llegan adonde quieren porque destruir al prójimo no les hace temblar.
Ellos te sopesan. Localizan tus puntos débiles y fuertes. Calculan tu
emotividad –justo aquello de lo que carecen- para utilizarte. Para engañarte.
Para usarte. Son fríos, pero saben imitar el calor de la vida. Gracias a su
disfraz de persona sintiente consiguen que les aprecies, que les quieras y
hasta que te enamores de ellos. De su exhibición de falsa sensibilidad. Tienes
novios/as, amigos/as y amantes. Pero ni quieren, ni aman, ni traicionan. Te
harán ver las cosas como ellos quieren que las veas. Usarán la mentira
desapasionada para que odies a quienes ellos quieran que odies. Te aislarán. Te
llevarán adonde quieren. Sacarán de ti lo que necesitan y te dejarán de lado.
Hablo de Ellos, los sin alma. Están a tu lado. Cada día. Son tus jefes en el
curro. Te hacen reír en las cenas de empresa porque son divertidos. Y mientras
ríes, sus ojos de insecto te examinan con desprecio calculador.
Creen que eres
tonto. Creen que tu emotividad, tu capacidad de amar, odiar, reír y llorar, te
hacen inferior a ellos.
Pero no te
preocupes. Tú estás vivo y ellos no. Tu vida, tus actos, tienen alma. Los suyos
no. No les temas. Por muy listos que sean, por muy capaz que sea el monstruo,
la aberración, de imitar la vida, ellos están muertos y tú no. Tal vez los
demás no lo ven, pero tú sí.
Y así me hiciste
una vez a mí, hijo de puta. Así me hiciste, pero ahora te voy a crujir. Todavía
estoy lejos. Pero vengo. Vengo a aniquilarte. Cuántas noches en vela esperando
este momento. Vengo a borrarte del mapa como si nunca hubieras nacido. Tenme
miedo, pedazo de maricón. Tenme miedo porque sabes que sin tus tretas eres una
mierda contra mí. Un niño inútil. Sí, Skavsta. Ya está decidido. Voy a por ti.
Así que ya puedes ir cagándote encima de miedo. Nos fundimos a Stonogo y a sus trescientos
gilipollas de mierda. Y ahora te toca a ti. Te voy a erradicar. Yo, Vervoék,
tengo una cuenta pendiente contigo. Ay, pobra de ti. Vuelvo a ser fuerte. De
nuevo puedo matar. ¿Quién te va a salvar de mí?”
José Miguel Vilar-Bou, Alarido de Dios (2.009), transVersal,
EQUIPO SIRIUS, Madrid, ISBN: 978-84-96554-73-3. Depósito legal: M-23432-2009
INTRODUCCCIÓN
Este es la tercera parte de La trilogía de Ecce Cualquiera, alguien
que no nos anda lejos, un exiliado voluntario de un mundo que es un muladar,
erigido sobre los tres grandes males del mercado y su demonio, el capitalismo
salvaje: el vacío moral, el consumismo voraz y las mentiras mediáticas. La
globalización e Internet (que algo bueno tienen) no son generalmente más que
podos leprosos de esas fuerzas inicuas, que sumen a la gente en la ignorancia,
la inculturizan, la domestican, y aumentan la diferencia entre las clases
sociales, sembrando el esclavismo y la pobreza para beneficio de los perros de
siempre. Bajo el auspicio de la democracia (un sistema que no es –o debiera
ser- en lo que se ha convertido), los peores hombres, independientemente de
siglas, propalan la prepotencia, el abuso, el escarnio, la miseria y la muerte.
Los políticos, salvo casos contados, se han erigido en los ejecutores de la
hecatombe, seres patibularios y acéfalos que ostentan un poder que acarreará la
destrucción de la naturaleza, por tanto de la vida y del hombre. La masa se
encuentra sumida en el desconcierto, la apatía y la desesperanza, mientras que
los poderosos se mofan de los obscenos desastres que generan. Los pilares de
cualquier civilización estructurada se desmoronan, se alzaprima lo zafio y lo
peor y, con ello, el mundo y el hombre se empobrecen y agostan, tienen los días
contados. Debería surgir un grupo de personas serias y morales, que fomentase
una esperanza, generase un principio común, y un ansia férrea de lucha para
terminar de una vez por todas con los mendaces, puesto que la mentira siempre
ha sido el mal del mundo. No debemos dejarnos llevar por el odio y la
violencia, porque son precisamente eso, el mal del mundo, porque seríamos como
ellos, los políticos y poderes fácticos de un color o de otro. Sinceramente, le
veo mala solución.
La
trama sináptica,(a la que siguen Los estados
intestinales, lucha, y Cuando cazaba
pelos, resolución), en parte, trata de la oposición particular de gente
decente a este basurero que viles con nombres y apellidos nos han dejando,
destruyendo la posibilidad de una Europa, de un mundo, donde no hubiese un
pobre (por lo menos uno sin la ayuda debida). No fue, en su tiempo, una utopía;
el mercado, los vendepatrias, los traidores nos mataron la posibilidad de vivir
como hombres, de existir en un mundo habitable. Si yo pudiera…, pero sé que ese
no es el camino para un mundo mejor. Mal lo tenemos, empero, con el instinto de
dominancia, con la voluntad de poder del ser humano, que a la postre, se
concreta en dinero y sexo. La civilización no está en el la industria, ni en el
artilugio reluciente, sino en el corazón. Ójala, no sé qué, nos ampare y nos de
fuerza en el empeño.
INTROITO
Cuando
cazaba pelos (Resolución) es el final efémero, coda mínima, de laTrilogía de Ecce Cualquiera, conclusión
nebulosa de sus dos hermanas mayores, La
trama sináptica (Oposición/Antítesis) y Los
estados intestinales (Lucha). Cualquiera de ellas puede leerse con
independencia de las demás o no: existen como piezas únicas o vertebradas,
crónica vital de un hombre a la deriva (nunca una fuga vacui), malgré-lui, que,
al final, logra cierta reconciliación
con el existir mediante una ecuación personal.
Para más de uno Cualquiera sería un lisiado
moral, un fracasado, un tarado, una clase de hombre totalmente execrable,
malcontento con el mundo, con el que parece mantener una muda y deshonrosa
batalla; pero otros pudieran pensar que encarna al romántico luchador, al más
lúcido entre los de su especie, el que aguarda el cese del silencio para dejar
oír su voz, el deslucido heraldo de una micro-historia y de su tiempo, y, por
lo tanto, un santo o un loco.
Dicho esto, que tengan un buen día o, mejor, una
buena vida.
Mínimo
Caldas,
otro
CUANDO CAZABA PELOS
RESOLUCIÓN
Libro tercero de la Trilogía de Ecce Cualquiera
Salvador Alario Bataller
2008
1. En “la mejor de las sociedades posibles”:
vagabundo en el
mal mundo… p. 21
2. Cualquiera y Cía.… p. 81
3. Los justicieros de Blasco
Ibáñez-La Isla Perdida… p. 135
4. Lo que pueda ser será… p. 161
1
En “la
mejor de las sociedades posibles”:
vagabundo
en el mal mundo
And death have shall no dominion.
Dead men naked they sahll be one.
With the man in the wind and the west moon;
when there
bones are picked clean and the clean bones gone,
they shall be stars at elbow and foot;
thouhg they go mad they shall be sane.
Though they sink trough the sea they shall rise
again:
though lovers be lost love shall not:
and death shall have no dominion.
Dylan Thomas[1]
1
Contrariamente a lo que afirmara Mújica Lainez,
la patria de qualsevol, auqune, no one,
nul o cualquiera, o como quieran llamarle, porque en más de lo que piensen
se le parecen, no era una cuestión de nostalgia, ni tampoco lo que dijera
Bolaño sobre un país imaginario, el suyo era un país multicolor.
Era una nación tan leve, tan tranquila, tan
democrática, que por todo ello no era precisamente un país. Liviandad, cuidado
al ciudadano, urbanidad, bonhomía eran, pues, tan solo una apariencia.
Sea como fuere, la gente iba a su trabajo, vivía su
tiempo de asueto con aparente felicidad, entendida ésta siguiendo al ínclito
alemán, como ausencia de dolor y de aburrimiento. Sí, eso parecía.
Había pocas vacaciones porque trabajaban mucho,
labores gratas y formativas decían. Las farmacias expedían a espuertas
psicoactivos mil y la policía era una presencia común en cualquier rincón
urbano o rural. Los medios de comunicación se prodigaban en machacar con la
idea de la bonanza del país.
En cada ciudad, en cada pueblo, en la plaza más
destacada, se erguía una famosa estatura renacentista y al pie se leía “El
enemigo, un hombre con un par de cojones” y en algunas colinas descollaba la
soberbia imagen de un toro bravo, negrísimo como la noche, eso sí despelotado.
Un país, una nación,
una tierra, una patria, lo que fuera, inhabitable, de fauna abigarrada, no
siempre asumible. Demasiadas moscas, pero sobre todas ellas destacaba
una: la mosca del pincho en el país del
estiércol.
Grande, espesa, se
descompone, perdiendo su figura original. Mil buenos para nada succionan la
arteria infecta. Otros muchos se mueren en derredor, sin ocasión para meter la
trompa. Alí Baba, el del este, el de sur, todos se frotan con fruición sus
patas pegajosas. El miasma se expande, llama a los insectos de los cuatro
puntos del orbe. Ya vienen, ya están aquí.
De fuera, miles de
moscas multicolores se unen al festín, sobre los despojos de las comunes moscas
grises, ya moribundas.
Ya se sabe, a más
espacios abiertos, aumentan las variedades... Antes estaban las azules, las
verdes, las negras, las cojoneras... Ahora solo veo, en mi casa y poco más,
especímenes pequeños, un tanto raros, que igual caminan hacia delante, hacia
detrás o se mueven de lado. Viéndolas, parecen deambular en un psiquiátrico...,
penitenciario. Sin embargo, no se me acercan. De todos modos, uno puede
relacionarse con ellas al modo byroniano (que no detallo aquí por decoro),
bizarro, sí, pero grato, según el romántico inglés.
Como dijo hace años un destacado político de
izquierdas, “en un futuro “a este país no lo reconocerá ni su puta madre.”
Mêrdre.
2
A ese hombre que por ahí va, aunque no lo
conozco personalmente, sé de él muchas cosas, aunque diré solamente las
necesarias para entender las páginas que siguen.
Nació en el siglo veinte, su pasado y valorado
fue el diecinueve, en ciertos temas particulares, y terminaría su tránsito
terrenal en el indigno veintiuno, peor que el veinte, en muchísimas cosas. A
despecho de ser un hombre bueno, coqueteaba en ocasiones con la tesis de que
la fuerza puede ser el único camino para solucionar ciertos problemas.
Realmente lo pensaba cuando estaba enojado, que no era infrecuente, pero sabía
que eso no conducía más que al desastre. También era un hombre de honor y de
palabra. Hay que agregar que su generación fue la primera de su tierra que no
estuvo en guerra, aunque seguía habiendo muchos conflictos armados y genocidios
en países diversos, no todos lejanos. El demonio del poder seguía actuando sin
freno. Así mismo debe anotarse que detestaba la violencia, que es la patología
de la agresividad, que siempre es vil y gratuita, dado que comporta la
dominación del otro, con todas sus implicaciones.
Ahora, a los cuarenta largos, aunque hacía ya
tiempo que se había autoexiliado en su propio país, al que consideraba una
tierra extraña y sojuzgada por poderes foráneos, retomaba la fuerza para vivir
y cierto grado de optimismo, lo mismo que aquél personaje que conoció un día y
que, por todas las evidencias, llamó en una de sus novelas, Lo que nunca he dicho o Don’t crie for me Nicholasa, el “varón
desmembrado” (2008). Esta obra nunca sería publicada.
El conocer al llamado desmembrado, le hizo tomar una posición más
temperada ante la vida y sus desmanes, aunque nunca dejó de tener muy mal genio
y de desear cargarse a alguien. Evidentemente pensaba que la muerte solamente
se paga con la muerte, en casos determinados. Para terminar y en relación con
lo dicho, incluyo en este lugar un fragmento del libro referido, conteniendo
una singular anotación que había en el texto y que he respetado. Hela aquí:
“Ab omni malo libera nos, Domine… A subitanea e improvisa
morte, libera… Ab ira, et odio, et omni mala voluntate, libera…”
( Fragmentos de “ libera me”,
respondio del OFFICIUM
DEFUNCTORUM)
“A muy corta edad tuve conciencia de que vivía
en un país ocupado. Los opresores provenían de tierras extrañas, calcinadas por
el sol, eriales que no producían frutos sino soldados. No nombraré lugares ni
personas, porque ahora todo se ha perdido.
Curas, capitalistas y
militares abanderaban la represión, la garra bestial del poder central. Todo
poder siembra violencia y, por tanto, miedo. Aquello que imponían como la
patria de todos nunca me perteneció, no había un lugar en mi corazón para ella,
aunque sí tenía una tierra y, por entonces, la amaba.
A estas bajuras,
resulta redundante señalar que toda aquella parafernalia me resultaba ajena,
nunca la sentí como cosa mía. Entonces sucedió algo que me paralizó, dando un
giro integral a mi valoración propia y la del mundo: por paupérrima que me
pareciera mi historia y deslavazada mi vida, pensé, en cierto momento, que, en
realidad, yo, vean ustedes, era un privilegiado, cuando le conocí a él[2], a…
El varón
desmembrado
Título original: El mascle desmembrat
La primera vez que
vi a aquel hombre singular, un más que conocido personaje en el mundo de la
cultura, me sentí horrorizado. Cualquiera
(o lo que quedaba de él), que es el nombre que en adelante daré a esta persona
a petición suya, me recibió con una gran sonrisa en su biblioteca, lo cual me
extrañó muchísimo. Su cuerpo había quedado reducido a menos de la mitad: no
tenía piernas, ni brazos (ni polla como supe después), pero sí mostraba una
sonrisa blanquísima y permanente bajo una calva reluciente. En nuestros
sucesivos encuentros comprobé, con creciente perplejidad, que aquella sonrisa no
era el espejo de una amargura oceánica (lo esperable en su condición), sino
reflejo directo de su buen carácter, que el tiempo y la adversidad no habían
cambiado. Lo de la calva lo explicaré posteriormente[3].
A medida que iba conociendo las particularidades de su caso yo, gran
egoísta, fui sintiéndome como un ser despreciable, que no merecía
conmiseración, ni mía ni de nadie. Sí, no llores por mí Nicolasa, seas quien
seas, estés donde estés, sea cual fuera el sentimiento negro que te imaginó o
el demonio del abismo que te engendró.
El vestigio de lo que fue un cuerpo humano se movía gracias a una
silla especialmente diseñada para personas incapacitadas y una considerable
peana metálica (en cuyo interior imaginaba una intrincada urdimbre de cables y
chips) elevaba sus restos a la altura de un hombre de mediana estatura, como
yo, de poco más de un metro setenta. De este modo cuando hablábamos estábamos vis a vis y, gracias a Dios, su voz era
clara y regular, afable y cadenciosa, porque su aparato fonatorio estaba sano y
no tenía que utilizar complejísimos sistemas cibernéticos con lo que hacer
audible la voz, lo que habría añadido un mayor patetismo a una situación de por
sí ya muy dura.
Dijo, sin que yo le preguntara, que resultaba un consuelo tener el
cerebro intacto y poseer la palabra, que pensar y hablar resultaban los dones
más grandes de que podía disfrutar un hombre, que todo lo demás carecía de
importancia… Memorable.
Su hermano Cesar.
Un conocido hombre de negocios, unos años mayor que él, que andaría por los
cincuenta y pocos, le cuidaba con gran diligencia y, por el modo de hablarse,
supe enseguida que no era solamente el dinero lo que no faltaba en aquella gran
casa.
Además de los
hermanos vivía en el palacete un individuo descomunal, fuerte y grande como un
oso, que en las primeras conversaciones se mantuvo aparte, sin soltar prenda,
sentado en una butaca y fumando puros habanos, pero muy atento a lo que se
decía. Su nombre era Ruy Galera y estaba a cargo de la seguridad del lugar y
sus moradores. Alguna vez vi a un par de gorilas más por los pasillos, pero
regularmente no hacían acto de presencia.
Un amigo afirmó que la vida es una guadaña que saja la vida humana
en un momento dado, pero afinando más yo soy el ejemplo de que ese filo atroz
puede ir apareciendo en momentos determinados y cortando ora una parte otra la otra,
el brazo ahora y después una oreja. Esa guadaña es la metáfora de las
relaciones y acontecimientos desgraciados o catastróficos que nos llevan a
pérdidas sucesivas, esencia misma de la existencia. Esta teoría es atractiva,
pero mi caso es mucho más complejo, puede decirse que yo fui perdiendo mi
cuerpo por artes oscuras, en el sentido de que aún no comprendo como se produjo
la desmembración. Lo primero que perdí fue el pene y el ejecutor, si bien estoy
seguro que es un demonio de la peor especie, se llama Guadalupe.
El hombre no es gregario por naturaleza, sino
todo lo contrario. Y cuando uno es libre y diferente este, el mío, es el
ejemplo, bastante extremo ciertamente, de la forma que pueden tomar las
consecuencias.”
A él, el motivo de este libro, que incluye el
texto anterior, le llamé también Cualquiera
y sinceramente fue una casualidad. O tal vez no. De todos modos, no tiene
importancia.
3
Me despierto más roto que anoche cuando me metí en la
cama. Vuelvo del mundo de los vivos para arrastrar mi sombra ahora por el de
los muertos.
Como algo y salgo a la calle.
Creo que no me he peinado. De todos modos, no es importante; tengo poco pelo,
paso la mano por la calvorota y ya está, un peinado de diseño. Pese a todo aún
soy un tanto guapete y, eso sí, no he perdido ese toque de elegancia básica que
siempre me ha caracterizado, pese a que hace años me desprendí de la sempiterna
corbata. Una americana puede combinar bien con cualquier pantalón, sobre todo
con los vaqueros y una camisa decente.
Camino lentamente, aunque no haya
nada que apreciar de un modo especial. Esbozo una sonrisa. Ya lo dije antes, mi
sonrisa es una mueca de desprecio.
Per vas nefandum,
per vas nefandum.
Caosmos,
ya lo dijo un gran irlandés. Baricco también anotó que la verdad es siempre
inhumana. Veritas contra mundum.
He comenzado el día del modo
habitual. Es septiembre y hace un sol de justicia. Todo esto va a petar de un
momento a otro. Camino. Un pie delante del otro, bipedestación, erectus,
sapiens… Creen que estamos subnormales. Todos, sin excepción, somos unos monos
degenerados. La fuerza siempre se impone a la razón. El acicate del hombre es
la dominación, la guerra, el poder, que es sexo y dinero y, al final de todo,
la destrucción. Un destino inexorable. Pero memento
mori.
La náusea, como la ansiedad,
dicen que a veces es general, pervasiva, libremente flotante, aunque es
mentira, porque el sufrimiento humano tiene siempre determinantes específicos.
Camino seguro hacia el inicio de
mi último viaje.
Mientras
paseaba en dirección al café Strigoi para tomarme un cortado, entre Los leones
y Campoamor, hay un callejón en el que asoman algunos pubs solitarios. En el
muro de mi izquierda, abarrotado de pintadas, hay una que hace que me detenga y
lea. Es esto lo que, distintas manos, han escrito:
Si Franco levantará la
cabeza,
aquí se cagaba hasta
Dios.
¡Que te follen, hijo
de puta, saco de mierda, marikón!
¡Que te jodan a ti, mamarracho!
Soy gay, tengo
cincuenta, cinco años y me
siento
joven, guapa y estilosa.
Bujarra
azqueroso, hijo de la gran perra zarnosa,
Zi
te tuviera delante beríaz el
guzto
que te daría con mi puño.
Segun la ley de Halá,
es maricón el que da;
Segun la ley de Maoma
es madicón el que toma;
Segun la ley de
Dios, son malicones los dos.
Un tijo en la nuca
es la solusión.[4]
Cinc i Quatre fan nou:
bu, bubu,
bufam un ou.
Nou menos cinc fan
Quatre: bu, bubu,
bufam latre.
Once i once vintidós:
bu, bubu,
bufam als dos.[5]
¡Que os fusilen a todos, hijos de la gran puta!
Bae-buebe, mandeba,
mandeba
Choni Uismule
¡Y la
mona que te parió, mamón!
En fin, vox populi. Enciendo un cigarrillo y sigo adelante.
Entro en el parque de la calle
Ramón de Campoamor, bajo por Impresor Lambert, echo en dirección de Blasco
Ibáñez y en la calle del poeta Guzmán y Tortajada, anterior a la avenida, a
veinte pasos me meto en el pub Strigoi.
Pido un cortado y de la párvula
biblioteca que hay, apenas entrar, en el muro de la derecha, al fondo, tomo un
libro. Me siento y lo abro. Alguien ha escrito, con bolígrafo rojo, lo
siguiente:
“Exceptuando a los cuatro buenos
que siempre hay y dependiendo también de la franja horaria de cada lugar de
esta caca llamada mundo: Malos días y peores noches, que os den por culo a
todos cabrones, putas y maricones, machistas, feministas y mariconistas, ateos
y beatos, políticos y apolíticos, ciudadanos y apátridas, curas y curones,
fachas y bujarrones, putas bordionas y bordes de nacimiento y por experiencia,
ministros y menestrales, burros y listillos, marisabidillas y mamones, siervos
putos y putos señores, chusma borracha y duquesas empaladas, condesitos
prosternados y próceres sodomizados, buenos para nada, jodevidas,
juntacadáveres y vendepatrias, feladores del dios trempante y del diablo culón,
basura toda inabarcable de este mundo traidor (¡y viva Campoamor!), que os
follen y venid aquí, que tenemos para vuestros cuerpos pestilentes, estacas
aguzadas y romas, con jabón o sin él, y muchas más lindezas atroces, cuando os
pillemos y si nos venís de cara, daremos buena cuenta de vuestros pasos por
este muladar y así no os vayáis sin pena ni gloria a la nada de nunca jamás.”
Firman con varia letra casi inteligible:
Arnau, Al Nap, El pato, Felipe el Inglés y Ramón, Pèp L’ouero, José Martínez
Rodriguez “chochito”, el juez Moratalla y el comisario Saltamontes.
El libro en cuestión se titula Folla bien, come mejor y espera a la muerte
sin temor, de un tal Manèl Claramunt i Torredó, de mal nombre Piu de férro (polla
de hierro), que vive en calle Torreta de Miramar, 23, bajo, Benimaclet (junto a
Valencia capital). La editorial es L’Asparver, 1982, de Simat de la Valldigna (no sé donde
coño está eso), La Valldigna
(?), provincia de Valencia (me suena).
Abajo, casi a pie de página, con
una letra más picuda y apretada, uno distinto ha añadido:
“Me agrego a los admiradores del autor.
Ad est, ad sum.
Me voy, que os vaya como sea.
Que empiece la fiesta.
R.M.”
Rex Mundi
(?), vaya, vaya, él siempre anda por medio, como Dios, al que
tampoco nunca se le ve.
No me esperaba una cosa así y
decido comenzar a leer esta obra que se me anticipa sorpresiva, cuando se
sientan en la mesa de al lado dos veinteañeras bonitas y piden al camarero dos
quintos y, cuando se va, una dice:
-No sé cómo dices que vas a clase
borracha y te enteras de todo.
La otra que tiene cara de guarra,
dibuja una risita picaruela y no contesta.
Me levanto, esto es demasiado para mí, el país se está convirtiendo en
una cloaca, en unos pocos años lo habrán destrozado por los cuatro costados. No
pocos piensan que ya es tiempo de sacar la vara. Representaría la medicina
exacta para el desmadre que ha generado toda esa caterva de hijos de puta.
Asimismo más de uno les daría una dosis mayor y más larga, para que pagasen
tanto sufrimiento, tanta desesperanza, tantos muertos y decesos por venir.
Entré en este café a las
tres y media de la tarde. Me tomé como de costumbre un cortado. Sonaba música
suave y había pocas personas sentadas a las mesas. El lugar era agradable,
incluso mostraba, como ya dije, una variopinta, si bien pequeña biblioteca en
una pared apartada de la entrada principal, donde encontré algunas obras mías y
de otros autores de la zona, además de plumas mucho más reconocidas. Por la noche
estaría a rebosar, con gente más bien joven, copeteando y charlando. No
tardaría mucho tiempo en que el negocio fuese a menos debido a la crisis.
Deseaba sinceramente que no tocase fondo. Aunque era un poco caro, el sitio
resultaba muy tranquilo y acogedor. Pero siempre había gentuza como las
chavalas esas que le fastidiaban a uno el momento tranquilo que se supone es
tomar algo en un lugar semejante.
Salí
a los pocos minutos y me encendí un pitillo en la misma puerta, maldiciendo,
por enésima vez, esa descabellada ley antitabaco. Eché dos caladas fuertes y me
encaminé en dirección a la Plaza
del Cedro. La tarde era primaveral, un sol muelle bañaba la calle y la hermosa
arboleda.
A
mi derecha, en las mesas exteriores, pegadas al ventanal, un grupo de muchachas,
poco más que veinte años, charlaban. Al pasar junto a ellas, no pude evitar
escucharlas, ni de malhumorarme aún más de lo que ya estaba.
Comentan
alteradas por no sé qué:
-¡Tía,
estoy hasta la polla!
-¡Yo
también, tía! ¡Hasta la mismísima polla, estoy hasta la polla!
Polla,
polla, polla…, pollas. ¿Dónde está el coño?
Nulla Mens sine cultura nulla Mens
sine caerebro
¿Dónde
está la mujer?
Él
tiene una polla de aquí a lima, pero no es para ellas, la tomarían como un
fusil de asalto.
Esperando
una ocasión mejor, a l’ aguard[6]
de una hija de Eva. Esas tías, que desgraciadamente ahora abundan como
nabos en un huerto de nabos, son cloacas.
Viva
mi polla, pensé, y encaminé los pasos a lo largo de la calle. Un sol ahora blando,
primaveral, disonante con la época del año que atravesamos como ya indiqué, sigue
embelleciendo la arboleda. Es un lenitivo para mi enojo.
Polla-coño, polla-coño,
polla-coño…
Sigo
adelante y el paseo me lleva a Blasco Ibáñez y después tiro para Serpis. A los
pocos pasos me encuentro con un panorama nada infrecuente en estos días malos.
Dos chiquillas de unos catorce años se
inflan a hostias en un parque vecino, mientras un tipejo de poco más las anima.
Ellas se dan con el puño, se derriban, se muelen a patadas y codazos, se llaman
putas y el otro se parte de risa. Me he tropezado con esto en mi paseo
vespertino, yo que ando solo y busco estar tranquilo. No ha sido la primera
vez.
Aunque no debiera por motivos diversos,
intervengo, les digo qué pasa, que qué están haciendo, que ya está bien.
Y casi se me echan encima. Lárgate,
viejo marica, me han soltado.
Vuelvo sobre mis pasos, enrabietado, y
decido que se ocupen sus padres o quien sea.
Tengo apenas los cincuenta, un trabajo
que no me gusta y me almagro en un mundo inhabitable. Soy también lo que hay,
no lo que me da la gana, que no hay.
Bad Strogen.
Mucho ha cambiado el mundo desde que fui
joven, y no hace tanto de eso. Antes un hombre tenía su valor, al igual que una
mujer. Nos respetábamos más que ahora. El amor, aunque nunca es lo que tiene
que ser, no estaba tan intoxicado por la mera crápula, la mentira y la
incomunicación. Había incluso menos violencia de género (no puedo dar datos
sobre el particular, pero me jugaría la mano y el Bartolo), se la toleraba
menos, no digamos la muerte de la mujer. Ahora es algo terrible y los mismos
especialistas reconocen con gran zozobra que difícilmente podrá atajarse. Se
sabe la razón, más resulta políticamente incorrecto hacerla pública. Esperemos
que la formación y las condenas aminoren esta lacra intolerable.
La agresividad es innata al hombre,
tiene predeterminadas sus estructuras neuroanatómicas y sus procesos
fisiológicos, muy relacionados con el sexo, de hecho ambos fenómenos van juntos
en cualquier ser vivo. En términos de la Etología, parte de la Biología, que estudia
generalmente el comportamiento heredado, se refiere a la conducta agonística, a
la capacidad de hacer frente o escapar de un peligro, dependiendo de las
características del mismo y de la situación. Frente a un león lo más prudente
es buscar refugio, a menos que la situación sea inescapable y si media un buen
arma por medio la confrontación puede dirimirse de otra manera. La patología de
la agresividad es la violencia, que no es para alimentarse o defenderse, sino
para infligir dolor gratuitamente y con él, poder, dominio o control sobre el
otro. El maltratador, cualquiera su especie, es siempre un ser violento y, en
ese sentido, enfermo, no tiene control sobre sus impulsos y su actuación la lleva
a cabo porque ha aprendido que sólo con el recurso a la violencia puede ejercer
autoridad sobre la mujer, vaya por caso, pero podríamos hablar de ancianos, de
niños, de amigos, de inquilinos, de gente que comparte un espacio y un tiempo,
y mantiene un tipo de relación.
Hay una violencia canalizada, especial,
como la que se desencadena en la guerra. Del mismo modo hay individuos que
desarrollan comportamientos psicopáticos sin ser psicópatas, bien porque
trabajen en grupos mafiosos o pertenezcan a grupos terroristas. Sería, con su
especificidad y matices, un tipo de trabajo.
Juan Monarca, un conocido del barrio, un
tipo joven, guaperas y según dice Mujerito bien dotado, nervudo y más
inteligente que el común, es un individuo violento. Una vez me confesó que mató
a su padre y que el palmarés de óbitos en su haber era numeroso, aunque no me
dio ninguna cifra. Cuando me lo dijo, pensé que estaba de broma, pero por otros
caminos he sabido que es verdad.
Como nuestro hombre, Ecce Cualquiera, él
tuvo la intención de ir a Nicaragua para ayudar a los sandinistas contra
Somaza, pero en su caso lo hizo realmente y estuvo en primera línea. Tenía por
entonces dieciocho años. Me lo confesó sin ninguna conmoción, al menos que yo
la apercibiese: vio el brillo de los ojos enrabietados primero y después los
aguanosos de la vida que se va. Si uno contempla la mirada del que mata, lo
hace necesariamente con la mano, desnuda o agarrando un cuchillo o cualquier
objeto letal. Sí, es realmente un tipo duro.
Todos eran asesinos constatados,
mataban por placer de hacer sufrir al otro, (no como yo que lo hago por trabajo), tenían en su haber muchos inocentes, me dijo sin pestañear. No he de negarte
que disfruté un montón cargándomelos, aunque después, como muchos que estuvimos
en ese tipo de guerras, reconocimos que hicimos mal en participar porque los
gobiernos surgentes y que todavía perviven nos defraudaron profundamente.
La historia del hombre lamentablemente
es la historia de la guerra, su crónica la del genocidio. Somos depredadores,
no gregarios por naturaleza y los únicos seres vivos que con nuestro proceder,
en vez de preservar el mundo en que vivimos, como las demás especies, lo
destruimos. Siendo así, no hay duda al afirmar que somos monos degenerados, un
error de la naturaleza, un cáncer para la vida.
En todo caso, la fuerza siempre se
impone a la razón, pero ése no debería ser el camino. Deben combatir las ideas
y llegar a acuerdos justos, no las personas y masacrarse, para que los cuatro
poderosos de siempre mantengan el poder. De tener la
ocasión, ni imaginan lo que haría con ellos.
[1] Y no tendrá dominio la muerte. /Los desnudos
muertos se confundirán/con el hombre del viento y la luna del Oeste; /ya roídos
sus huesos y desaparecidos/ aún tendrán estrellas en sus manos y a sus pies;
/aunque enloquezcan cuerdos serán, /aunque se hundan en el mar volverán a
subir; /aunque se pierdan los amantes no se perderá el amor; / y no tendrá
dominio la muerte.
Dylan Thomas
de José Ángel
Valente, Cuaderno de versiones.
Introducción de Claudio Rodríguez Fer, Traducción de José Ángel Valente y W.
Gordon Chapman, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2002.
[2] Por eso, a partir deshora no hablaré más de mí, se acabaron las
quejas. Comparada con la suya, mi vida tiene poco valor.
[3]La razón de que nos conociéramos no es relevante aquí, por lo que no
diré más.
[4] Las faltas ortográficas
tal como estaban en el original.
[5] En valenciano
macarrónico como éste tiene su rima, no en castellano, cuya traducción sería
esta:
Cinco y cuatro hacen nueve: sopla, sopla
-sopla, sóplame un huevo.
Nueve menos cinco hacen cuatro: sopla,
sopla-sopla, sóplame el otro.
Once y once hacen veintidós: sopla,
sopla-sopla, sóplame los dos.
[6] A la espera (NA)
Texto: Salvador Alario Bataller
Dibujo: Artur Golart Martínez
Monstruos
A finales del siglo XIX, mientras Drácula
se convertía en cenizas ante los ojos estupefactos de sus perseguidores, el
viejo Londres (aparentemente liberado del vampiro) alumbraba otros peligros.
Su lividez cadavérica, su porte altivo,
su mirada de basilisco eran ya polvo del tiempo y en el presente, lejos de allí
y de los rezos purificadores de un agostado doctor y su grupo de prosélitos, un
científico loco se mutaba en un ser de pesadilla, que buscaba en la noche
nutricia la satisfacción de sus más bajos deseos; en un suburbio del norte, un
hombre, de natural bueno, se convertía en bestia por la maldición del
pentagrama y de la luna llena; en un torreón oxoniano, un ritual expresado en
jeroglíficos devolvía a la vida al antiguo ser que había visto el cielo y el
Nilo de los faraones y, en los barrios de los más pobres, un lisiado moral del
que jamás se conoció la identidad sembraba de terror y tripas el Soho
londinense.
En los asuntos del mal no hay final: un
monstruo ocupa siempre el lugar del otro.
Lo anterior no es exclusivo de vampiros,
brujas y fantasmas. Solo tenemos que echar un vistazo a nuestra historia.
Etiquetas: Artur Golart Martínez, BESOS AFILADOS, Salvador Alario Bataller
TEXTO: SALVADOR ALARIO BATALLER
DIBUJO: ARTUR GOLART MARTÍNEZ
Otros
vampiros
En su libro Ajuar funerario, el escritor Fernando Iwasaki nos muestra las andanzas
rotas de un joven enganchado en un canal de TV a las películas de terror de bajo
presupuesto. Algo a partir de ahí le llevó a deambular noches agrias y gastar
malos lugares, a probar lo que no debía y a juntarse con personajes de ciertas
cofradías siniestras. Pronto comprendió que no todos los que la noche alberga
son vampiros, que hay más porquería que gatos flacos en las calles dormidas y
estrellas en el firmamento. Trastos, en suma, los que uno quiera y más; vamos,
para dar y vender.
Se le pegó la mala noche y terminó
noctámbulo puro, con sus vomiteras mórbidas y su imagen irreconocible en el
espejo, porque ya se sabe (de lo cual era muy consciente) que no todo es trigo
limpio, que hay mucho farolillo en las sombras chinescas y que, como a aquellos
tíos y tías decadentes, tampoco él se asustaba de los crucifijos y que el ser
un auténtico monsieur le revènant le
quedaba lejos, como a los otros.
SABROSA CRÍTICA A LOS CANÍBALES INNOMBRABLES DE IVÁN HUMANES BESPÍN
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UNA VIRGEN SOBRE UN CABALLO BLANCO, de BESOS AFILADOS
0 comentarios Publicado por Unknown en 8:27 p. m. Dibujo: Artur Golard
Texto: Salvador Alario
Una virgen sobre un caballo blanco
A finales del siglo XVII y principios del XVIII abundaron los informes relativos a casos de vampirismo, trascendiendo el ámbito centro-europeo, debido no solamente al célebre ensayo de Calmet, sino a las cartas y narraciones de viajeros.
En esos tiempos, en el vasto imperio austro-húngaro proliferaron las cartas de los soldados de las guarniciones denunciando la existencia de este mal, que ellos mismos sufrían en las localidades sonde estaban acuartelados. Es destacable lo acontecido en el banato de Temesvar, donde murieron varios soldados sin causa aparente, tras un cuadro de astenia, agotamiento y pérdida de peso. Los mismos militares informaron del modo en que se combatió el problema, recurriendo al siguiente ritual: ha de encontrarse a una joven sobre la que no se albergue la menor suda sobre su virginidad, que montará un caballo blanco de la misma condición (según el informe, el color del animal puede variar) y se pasearán por el cementerio, pasando por encima de las tumbas. Si en una el animal se resiste a pasar, era prueba cierta de que en ella había un vampiro.
Siguiendo este ritual se abrieron varias sepulturas y en su interior hallaron siempre un cadáver incorrupto, sumido en una especie de sueño tranquilo. Seguidamente se les cortó el cuello con una azada, a lo que siguió un profuso derramamiento de sangre. Después, los cuerpos se estacaron y se incineraron y luego se devolvieron los restos a la tumba, mientras se oficiaba una ceremonia religiosa. Los testigos aseguraron que esta práctica terminó con las muertes entre la tropa, por lo menos en esta zona de Valaquia (provincia, junto con Transilvania y Moldavia de la actual Rumania).
Entre nosotros, por los años sesenta o setenta, en el anuncio del coñac Soberano, también disponíamos, salvo diferencias que se apuntarán, con un icono semejante: Dejando de lado la dudosa mancebía de la excitante hembra y la ausencia a cualquier referencia vampírica, la bella montaba sobre el lomo de un caballo blanco. Lo que se bebía, como se ha dicho, no era sangre sino coñac, que es cosa de hombres (machos) y no de vampiros. El objeto, no terminar con ciertas apetencias, sino estimularlas.
PROGRAMA DE LA PRESENTACIÓN DE LOS CANÍBALES INNOMBRABLES
0 comentarios Publicado por Unknown en 8:20 a. m.Dibujo de Artur Golart Martínez
Texto de Salvador Alario Bataller
Fascinación
Pontifica la tradición que el vampiro tendrá acceso a su víctima sí y solo si ésta le permite el libre acceso a su casa. Para ello, el infame utiliza su poder magnético, que seduce a la víctima, doblega su voluntad, en un trance de fascinación fatal.
No obstante, la realidad podía ser muy otra, como nos ilustra el caso de Amparito, la Vampiresa de El Palmar (Valencia) que salía cada noche y con el atractivo de los meneos de su culo formidable atrajo a su cubil a más de cincuenta varones allá por los tiempos decimonónicos. Su método, al que sucumbieron todos los desafortunados, superaba al tradicional en cuanto a directo y económico, ahorrando no pocas energías a la lúbrica vampiresa.
Para cualquier hombre un buen culo mujeril representa una debilidad, algo que nos atrae sobremanera, como hemos visto y no solo para ello, para bien o para mal.
Donde haya dos buenas “galtas” que se quite todo lo demás.
Etiquetas: BESOS AFILADOS, Vampirismo
Besos afilados
-Guía personal sobre vampiros y otras soledades-
Obra original 2010
Salvador Alario Bataller
Ilustraciones de
Artur Golart Martínez
NOTA.- Las imágines de srriba no pertenecen a Artur Golard. De esta obra inédita iremos presentando algunos textos en lo sucesivo.
Los antiguos dieron diferentes nombres a
éstos: larvas, lémures. Amaban el vapor de
la sangre derramada y huían del filo de la
espada.
ELIPHAS LEVI, LA CLAVE DE LOS MISTERIOS
Guardián abre tu puerta,
abre tu puerta y entraré.
Si no abres la puerta y no puedo entrar,
forzaré sus candados, despedazaré sus dinteles,
haré levantar los muertos para que devoren a los vivos;
Del DESCENSO DE LA DIOSA ISTHAR AL PAIS INMUTABLE
“(...)En los tiempos modernos, la principal fuente de información en lo que se refiere al fenómeno de la Luz Astral debe encontrarse en los escritos del famoso ocultista francés Alphonse Louis Constant (1.810-1875), más conocido por el seudónimo de Elifás Levi Zahed.
Levi se refiere a la luz astral de varias maneras:
“El OD de los hebreos, el éter electromagnético, el cristal universal de visiones, que sigue la ley de las corrientes magnéticas y está sujeto a la fijación por una proyección suprema del poder de la voluntad, es la primera envoltura del alma y el espejo de la imaginación”. Levi revela además que la Luz Astral es el hábitat natural de “aquellas larvas fluídicas conocidas en la antigua teúrgia con el nombre de Espíritus Elementales”. La Ciencia Oculta sostiene que si entes no reprimidos formados por el pensamiento son atraídos por la fuerza de la vida de su creador como una aguja por un imán, tiene lugar, con infernal deleite, una absorción de sus energías espirituales hasta producir el completo agotamiento del fluido de su vida.
(...)Cito las palabras de Elifás Levi: “Dichas larvas absorben el calor vital de las personas de buena salud y agotan rápidamente a los débiles. De ahí viene la leyenda de los vampiros, entes de terrible realidad que, como es bien sabido, se han manifestado de vez en cuando”.
Robert Turner, EL NECRONOMICON: UN COMENTARIO,
en EL NECRONOMICON: El libro de los nombres muertos
del árabe demente ABDUL AL-HAZRED
Introito
Esta obra está, en buena medida, basada en la historia conocida de los denominados upiros, vampiros, sanguijuelas, no-muertos o llanamente chupadores de sangre, una memoria de raíces míticas, folklóricas y también de hechos y personajes reales que, por uno motivo u otro, se relacionaron con estos seres sombríos. Así mismo, se presentan algunos aspectos y datos de personajes centrales que nunca han sido mostrados al público interesado en la vampirología, junto con otros que siempre han sido relegados a un segundo plano en libros y películas referentes al tema (no pocas veces injustamente, pues merecerían un libro entero para ellos). El lector encontrará también minifabulaciones, relatos breves, pero que tienen todos ellos una ligazón con la historia o la microhistoria e intrahistoria de estos seres de ultratumba.
Parte de los que son, los que fueron, los que están, y los que pudieron ser, aparecen a lo largo de las páginas de este libro, revelando aspectos comúnmente ignorados por los especialistas en la materia y, en general, por los seguidores de las andanzas y desafueros de tales descarnados. De una manera un tanto heterogénea, como entradas independientes, se van hilvanando asuntos, los unos conocidos, otros (en su mayoría) desconocidos, respecto al mundo y a las asechanzas de los legendarios vampiros. Además, hemos obviado dar referencias bibliográficas directas, porque las indicadas o sugeridas son ampliamente conocidas por los amantes del género.
Finalmente, indicar que a través de muchos de los ítems y entradas de esta obra se va pergeñando un parangón entre estos seres legendarios y los seres humanos, cuyos comportamientos y principios, no pocas veces, dejan mucho que desear. Recuérdese que Voltaire ya indicó en su celebérrimo Diccionario filosófico, en la entrada vampiro que éstos eran hombres que se enriquecían a base del trabajo de otros hombres, alimentándose del sudor, del esfuerzo y de la penuria, que no andan lejos de la pérdida del rojo elixir. Así veremos que, por mucho que nos empeñemos, no somos mejores que estos odiosos espectros de ultratumba. A lo anterior hay que añadir que algunos autores han señalado, entre otros, la existencia de vampiros psíquicos (concepto muy cuestionable, ya que puede explicarse de otro modo más lógico y comprobable), astrales y psicopáticos (estos sin duda reales, aunque afortunadamente poco frecuentes), si bien estaríamos ante materias dignas de otros libros.
SAB, Valencia, enero del 2.011
Un viejo conde
En el siglo XIX, en un ruinoso castillo, un anciano aristócrata urde planes de supervivencia. Hace ya mucho tiempo que su cabeza ha dejado de hilar ilusiones. Sueña apenas con un pasado heroico, con la raza. Nosotros, los szekleros, le dirá meses después a su huésped inglés y deshojará hazañas preteridas, un campo de batalla y su propia muerte. Drakul, hijo del dragón. Hijos de demonios y de brujas.
Un día despertó distinto, siendo el que es y su historia, pese a sus muchas víctimas, es una historia apagada, desoída, comarcal. Pocos supieron de él, fantasma de ojos febriles, en su tierra natal y pasará inadvertido cuando siembre su semilla en el país que Nemo tanto odió.
Ahora, en la gran urbe, el conde, sombra sin cuerpo, alienta un mañana que toma la medida de una despensa inagotable. Sois ovejas del matadero, increparía al oscuro médico holandés mientras era perseguido.
En la frontera de la muerte y de la vida poco le alcanza, no hay pasión en su no-muerte, ni deseo (pese a la abundante tinta que se vertió en relación a sus apetencias verendas), tan sólo depredación.
Se fue en silencio, como había vivido.
O no.
Perpetuación
El hombre dejó la vida nómada y se aferró a la tierra. Las herramientas multiplicaron sus posibilidades de subsistencia. Creció el grano y el ganado se centuplicó para sobrevivir a los tiempos malos.
Los ubérrimos campos labrantíos se asociaron a las diosas de la fecundidad, pletóricas de formas, que fueron desplazadas por los dioses masculinos de la guerra.
Sea como fuera, el hombre dejó de ir a la deriva y fundó la civilización, que le cercenó la libertad y la imaginación. Dicha pérdida fue favorable para el vampiro porque, primasen las unas o los otros, se aseguraba el sustento.
Del oficio
Todo aspirante a escritor ha de convertirse en una especie de vampiro literario: debe comerse las palabras innecesarias.
Mejor si escribe en tinta roja.
Sumo castigo
Dios castigó al hombre pecador con un castigo universal. Solo Noé y su familia se salvaron junto a las bestias que se adherían a la justa jerarquía natural. No se salvó la gata que amaba a un perro pekinés, ni el lobo/toro enamorado de la luna, ni el hombre que deseaba a su igual, ni tampoco, claro, los vampiros que, habiendo estado muertos y deambulaban todavía por el mundo con un extraño latido, codiciaban la sangre y la vida, de hombres y de mujeres.
Sobrantes
La paja literaria es tan abundante como los falsos vampiros. Aparentemente primero deben ser descubiertos y eliminados después. Dicho así la cosa no parece difícil.
Craso error
En el bajo medioevo, un sacerdote trata de detener el ataque de un vampiro turco con una cruz. Resultó en vano. En vida el monstruo fue jenízaro, que eran hijos de cristianos. Llevaban la cruz marcada en la planta de los pies, para que la pisaran.
SEGUIREMOS.
PRESENTACIÓN DE LOS CANÍBALES INOMBRABLES DE IVÁN HUMANES
0 comentarios Publicado por Unknown en 8:53 a. m.http://ivanhumanes.blogspot.com/
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Don’t cry for mi Nicolasa
2011
Hay putas leves, putas, las guarras de siempre (no solo es cuestión de dinero), las putas gloriosas (especímenes bellísimos de otros tiempos que representaban el manjar exclusivo de los pudientes, y que mecen sus carnes golosas detrás de pesados cortinajes de madera en casas burguesas y, finalmente, las putísimas, que son la máxima categoría del vicio, pues no solamente buscan los grandes caudales sino que su lubricidad les lleva a tirarse zipotín y zipotón, tanto les da viejo o mancebo, norte y sur, igual chicha o nabo, mientras se satisfagan los ardores de sus cloacas vaginales.
Morado conoció a una putísima, Nicolasa. El, hombre cordial, tuvo una liviana relación amical con ella, la que no tardó en contarle todas las suciedades de su devaneos sexuales: lo del cura septuagenario, lo de un chiquillo en la casa de un señorón, aquél moro feísimo que se tiró en la Bunti que tenía un rabo enorme, lo de sus amigas en los reservados de hombres y mujeres, hasta sus diversos lances con personajes destacados de los negocios y de la politica autonómica. Desde luego, en el día de hoy es una mujer muy posicionada.
Lo que aquí interesa saber es que a Morado, después de tanta historia calentiurienta y diálogo tonto, se le animó en fauno y vamos, que la atacó:
-Acércate más Nicolasa, que no me conformo con tu respirar.
La cara de la suripanta se transfiguró en el de la señora ofendida y digna, a cual ha humillado el palafrenero.
-Ay, Morado, no esperaba eso de ti, yo que pensaba que eras un caballero.
-¿Tu eres un poco putilla, no?
La cara de la golfa se arreboló, un mar lacrimoso le regó la piel delicada y los hipidos recurrentes anunciaban un llanto histérico.
Morado se levantó diciendo aquello de piernas para que os quiero y cuando estaba ya a más de treinta metros, apresurando el paso, aún oyó a sus espaldas a Nicolasa que berreaba:
-¡Cabrón, hijo de puta, tú te lo pierdes, nunca sabrás lo que es el amor verdadero, nadie te amará como yo!
Ay, don´t cry for me Nicolasa.
Los interesados en adquirir la obra pinchen...
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Chupetón
2011
Cesar estaba de pie y Eva se sentó en el sofá. No fue pensado, ni dicho. Eva se la sacó y comenzó a mamársela. La conocía desde hacía unos meses, habían hablado de todo, de temas profesionales también, porque eran colegas. El chaval sabía que ella era la clase de chica con la que nunca tendría algo serio, pero un caramelo siempre viene al gusto. Pese a que el asunto fue bastante inesperado, él se dejó hacer y en poco tiempo se descargó a gusto. Ella se lo tragó hasta la úlyima gota, glotona, y con unos ojos inocentes le miró y le dijo, que estaba muy buena y espesa, que casi no se la pudo engullir toda.
-Vámonos a la habitación de al lado, que hay una cama estupenda, pero no hagamos mucho follón que el niño está durmiendo.
¿Niño, qué niño? Eso no se lo había dicho, como lo del marido que gatilleaba igual que una metralleta y, bueno, avergonzado se marchó inmediatamente dejando a la Eva vacía pero lubricada.
Al día siguiente la chica le llamó y le comentó, como si nada, que solía llevar un diario, en el cual había escrito el lance del día anterior con todo lujo de detalles. Su marido lo había leído. Primero se encabronó, después se puso cachondo, pero al final, como siempre, pegó el gatillazo.
Conclusión: adiós para siempre.
Moraleja: cuando el trompetín trina pronto y mogollón, la que sopla no es putilla, ni puta, sino putón.
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