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Un día le mandaron a Bernard Shaw una carta anónima, en la cual se escribía simplemente HIJO DE PUTA: se fue entusiasmado corriendo a su club y le dijo a sus amigos:"¡Que estupendo, he recibido miles de cartas anónimas y por fin alguien me ha enviado una firmada!".
CRÓNICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTAMBULO
Cabezas despejadas
Hoy encontramos a Ricardo Meynart y a Patricio del toro, pegados a la barra, bebiendo cosas fuertes, con aspecto taciturno. Charlan indiferentes al resto de los habituales, que se sientan en las mesas acostumbradas. Hablan y hablan, ¿de qué?... Ah sí, de cosas sesudas. Aguzaré el oído.
-Por los pelos, un poco más y no me entero –contesta Patricio del Toro, visiblemente irritado.
-Si vas al Festival de Cine de Valladolid o al de Sitges ya en la autopista hay posters indicativos del evento, ya no te digo en las calles. Aquí nada de nada. El que no lo sabe, ni se entera. Solamente cuando subí a ese cine enorme del centro, a la entrada de la sala pude ver un cartel indicativo.
-Cuatro se lo montan, cuatro se lo comen. Es una vergüenza.
-A un director como Renoir le han dedicado sólo cinco películas y eso que se suponía que era su homenaje.
-Y solamente daban un pase. Por lo mínimo uno debe ver dos veces una película, máxime si es de nivel, para paladearla con cierto fondo. A veces más.
-Pero hombre, ¿en qué festival no hay un apartado bibliográfico?. Siempre existe una librería, tanto de textos especializados y como de divulgación. Aquí no había más que un paupérrimo folleto informativo.
Su amigo echa una mirada de soslayo a la chica achinada que hace globitos con un chicle. Después, intenta reprimir una sonrisa amarga, añadiendo:
-No sé donde iremos a parar con estas políticas culturales, con esas cabezas vernáculas que pretenden dirigirnos vida.I
ntenta decir algo más, pero Del Toro otro le interrumpe.
-Me estoy acordando de la entrevista que le hicieran a una ministra de cultura -dice-, no recuerdo quién era, pero lo que te voy a decir es absolutamente verdadero.
-Le gusta a usted Saramago?-le preguntó el periodista.
- Pues la verdad es que no conozco a esa señorita.
-Cuando le preguntaron en otra ocasión si había escuchado Carmina Burana, dijo que era una gran cantante gallega
-¡Craneo privilegiado!.
-Te juro por mis muertos que es verdad.
-¡Craneo privilegiado!.
-Te juro por mis muertos que es verdad.
-Atentos tenemos que ir, porque a quienes amamos la verdad nos cortan inmediatamente la cabeza. Dentro de nada ya no me querrá publicar ningún editor, como no soy políticamente correcto –se lamenta Patricio.
-Bueno, tú eres un escritor consagrado.
-Y tú lo mismo y funcionario además, aunque no eres tan ácimo como yo en tus críticas.
Hay un silencio breve, después del cual repone Maynart con aflicción:
-No sé que decirte, después de todo, en este país lo único que hay cierto es que no hay certeza. No sé donde iremos a parar.
-¡Puf, ya estoy un poco mareadillo! –balbucea Patricio.
-Mucho cristal hemos levantado hoy, ¿no? –se ríe leve el poeta?.
-Ay, a ver si con todos estos dislates acabamos convertidos en barra´s flyts.
-¿Qué es eso?.-Moscas de barra.
-Dios no lo quiera, mientras pueda prefiero seguir siendo una mosca cojonera.
CRONICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTAMBULO
La metáfora de nuestro tiempo
-Te recomiendo vivamente la última película de Cronenberg, Una historia de violencia-dice Morgano.
-Sí, me han hablado muy bien de ella –responde del Grial-. Es ya un clásico, un creador que toca temas seminales del ser humano.
Unos desconocidos entran en el Strigoi y se pegan a la barra. Además de nuestros dos personajes, están ya desde hace media hora, en sus mesas de siempre, Meynart, los hermanos Sepulcro del Lobo y Patricio del Toro.
Entran ahora unas jovenzuelas y piden permiso a la chica achinada para hacer un pis. Allá van presurosas, las persiguen ojos golosos.
-Al fin y al cabo habla de aquello que vosotros, los humanos, tenéis y os obstináis en negar –agrega Lanzarote Morgano sin dejar de mirar fiero la puerta del WC que se acaba de cerrar-. La violencia es uno de los impulsos humanos más genuinos, si no el único. Esa dualidad, ese lado oscuro no puede ser negado por una sociedad que pretende ser una imagen de postal, que con solo soplarla se hace añicos.
Del Grial le mira esquinado, sin ocultar su fastidio.
-No es así, tú vas a los externos –contesta-. La violencia es la patología de la agresividad, la cual sí es un impulso hereditario, vinculado sin defecto a de la sexualidad.
-Tú sabes lo que quiero decir –contesta Morgano, con una expresión fatua en el rostro-. Afloja el control social y verás lo rápido que la agresividad se convierte en violencia.
Meynart mira con ojos resignados a la mesa de del Grial.
-Dios, ese siempre habla solo –le susurra a Martín-. Parece que le de igual la que piensen de él y eso que es, creo, catedrático de Psicología.
-¡Qué más da! –contesta áspero Martín- Yo lo soy de psiquiatría y muchos dirían que estoy como una cabra. Se trata del unánime odio a la diferencia, de esa puta envidia tan consubstancial a nuestros compatriotas.
Guarda silencio unos segundos, echa unas fumaradas y añade mirando displicente a un hombre que toma café en una mesa solitaria:
-Estamos rodeados de bichos raros, como ese de ahí, el tal Egosum, que nunca dice nada. Viene, se queda un buen rato como una estatua de sal y cuando le place se va.
-A lo mejor es mudo –comenta del Grial.
Llega de la calle una cacofonía de voces, gritos, carreras y golpes estridentes. Algo golpea fuerte la puerta, el cristal tiembla, la empleada apenas se inmuta. Uno sale y mira con cautela al exterior y vuelve a la barra; le comenta a sus amigos:
-Ahí hay un grupito de jovenzuelos, el que más tendrá quince, peleándose como fieras. Ellas son las peores, sueltan las leches y las patadas peor que los chicos.
Suena una sirena. Posiblemente la policía. Al cabo de un rato vuelve el silencio.
-La gente ve la película de Cronenberg y se regodea con la gran violencia que destila –comenta Lanzarote- Disfruta y piensa que es una falacia, simplemente una fabulación. Parece una exageración, pero algo muy similar se encuentra en la calle, forma parte de la vida. Después, cuando lo piensan, esa satisfacción por la violencia les lleva a sentirse culpables; hipócritas en un mundo hipócrita.
Salen las chicas del WC, y sintiéndose observadas se apresuran a la calle entre en risitas significativas, seguidas por miradas ardientes.
Morgano, la cara hecha una máscara grotesca, está diciendo:
-Todo eso ya lo sabemos. Son expresiones tibias de la naturaleza del hombre. No como yo.
-¡Venga hombre, ya estamos con lo de siempre! –protesta su compañero.
-Yo soy el ser más maligno de la tierra, pero ni de lejos encarnó el mal absoluto. Pálidamente se puede relacionar con la crueldad, con el acto de inflingir daño gratuitamente y no verse afectado por ello. Con esto se produce una ofensa contra aquello que se consideran los sentimientos básicos de la humanidad, contra la moral esencial que impone, fuera de toda duda, lo bueno y lo malo a cualquier hombre mentalmente sano. En términos actuales, muy probablemente este concepto del mal tenga que ver estrechamente con el de psicopatía.
Del grial se anima a hablar. Responde:
-Vemos por doquier masacres atroces, crímenes horrendos, injusticias sin freno ni límites, hasta el punto que ha acabado convirtiéndose en una metáfora de nuestro tiempo. En las décadas venideras, mucho me temo, este hecho desafortunado se hará patente en mayor medida. Los tiempos modernos no conducirán a una transmutación de los valores, porque no habrá un sistema nuevo, sino la negación, dispersión y confusión de todo valor como producto del eclipse de los principios . Será la era del vacío ético –ya estamos viviéndola, realmente- y de sus nefastas consecuencias. No habrá referencias morales para las nuevas generaciones, al igual que pasa con las mentes asesinas. No habrá una nueva moral con sus connotaciones económicas, políticas o sexuales ; nada reemplazará a la pérdida absoluta de valores. No habrá ideología, ni destino, ni moral, solamente locura y caos. Ni siquiera se pensará en el mal, el opuesto del bien, frente al cual éste último de ratifica y crece. La sociedad habrá perdido sus fundamentos y, con ello, su destino ; el hombre habrá perdido su sombra. Eso no es nuevo, se ha denunciado muchas veces en publicaciones recientes.
-El mal se confunde con demasiada frecuencia con aquello del recuperar los frutos del árbol de la ciencia y del árbol de la vida, el placer sexual e intelectual libres. Una utopía, en suma. Es mucho más que ello, se trata de una patología, más bien de una pasión, del alma.
Acaba de entrar un hombre pálido, vestido de negro por entero, de rasgos melancólicos, que lleva una levita, prenda hace mucho pasada de moda. No mira a nadie, si no al vacío que se levanta anta él en forma de barra de bar y anaqueles repletos de botellas. Pide una copa, pero la camarera ni le mira.
-¡Es Edgar Allan Poe! –exclama Morgano, estupefacto.
-¿Qué? –inquiere Del grial con gran perplejidad.-Sí, sin duda, es él.-
¡A buena hora!.
-¡Sin ningún género de duda!- porfía el otro.
Se pone de pie, dobla el espinazo e inmediatamente exclama con voz atronadora, que resuena casi como un rugido en el silencio que le circuye:
-¡Inclino mi alma muerta ante tu sombra viva!.
-Eso dijo Byron ante el escritorio de Voltaire –apostilla su compañero sin poder inhibir una risita de befa.
Poe, sin tomar ni una gota de agua clara, se levanta y se encamina a la salida. De repente se detiene a medio camino y como quien habla a un público inexistente, con la mirada perdida en otros mundos, declama:
-“¡Y mi alma, esa sombra que allí flota fantasmal, no se alzará… nunca más!."
Y se va.
Hay en el éter una vibración extraña, pero nadie parpadea.
CRÓNICAS ANALECTAS DE UN ÉCOUTER NOCTÁMBULO
In vita mors
Estamos en octubre y el calor es casi insoportable. La naturaleza está irreversiblemente deteriorada, subsiguientemente el clima también. Recuerdo, hace solo quince años, que la primavera era primavera, el verano verano, el otoño otoñal y el invierno, pues, invernal. Los ciclos naturales se sucedían un su ordenamiento indefectible, la fauna vivía y se perpetuaba, el hombre, en su vida, tenía más cimientos, más conocimiento tal vez, de seguro una esperanza mayor. Ahora, en la narcosis del consumismo, del vacío ético, de la difusión del poder castrante hace que no se reconozca el rostro de la bestia que nos quita la vida. Esos del poder viven su tiempo indiferentes al dolor yal menoscabo generales: uno dijo antes de ayer que tardó seis años en olvidarse del pueblo, haciendo alusión al de ahora, que le bastaron solamente seis meses. ¿Podrá este berenjenal tener solución?. No veo el mañana, el futuro se entenebrece.
En el ambiente sellado y cálido del Strogoi aletea la música de Enya. La chica achinada que sirve copas está recodada detrás de la barra, mirando acá y acullá, posiblemente sin reparar en nadie. Uno le dirige palabras vanas cerca de ella, un tipo grueso, sentado en un taburete que amenaza su seguridad. Un desconocido entra, pide una copa, se sienta y se queda mirando su reflejo en el espejo del fondo, con ojos elegiacos.Están los de siempre. Se habla, escucho.
-Esta mañana la testosterona no me ha enhebrado el ariete y desde hace horas lo arrastro como marsupio fetal. Todos esos desastres que vemos cada día me están afectando el físico, se hacen encarnadura; bueno en eso que he referido, propiamente descarne.
Es Juan Sepulcro del Lobo, el hermano mayor de Martín, catedrático de Paleontología. Escogió esta especialidad porque no le gustaban los tiempos presentes ni el hombre, claro está. La otra alternativa era la microbiología. Misántropo sí, él mismo dice, rotundo, que lo es y con fundamento. A su lado, Patricio del Toro y el galardonado escritor –hecho muy raro, dada la calidad de su prosa- asiente con una mueca de disgusto en su cara aristocrática.
En la mesa vecina Arturo del Grial apura una copa y Lanzarote Morgano mira a los dos con ojos de lobo. Ninguno responde a su mirada desafiante, tal vez nadie repara en él.
-Yo explotaré el día menos pensado, máxime con esta impotencia que te aherroja como a un galeote –se lamenta Patricio del Toro-. No veo más que muerte, enfermedades, catástrofes, desastres de todo tipo. Además, este país ocupa en número 23 en cuanto a corrupción en el ranking mundial.
-Ha sido siempre un país de pícaros y cuchilleros.
-Ahora hay más zombis que otra cosa, enganchados a lo audioivisual, las neuronas muertas, sin cuestionarse nada, alimentándose acéfalamente de los frutos de la demagogia.
-Creo que fue anteayer que Sartori lo dijo muy claramente: quien mira no piensa. Pero lo que más me descompone es esa indolencia general frente a la calamidad, esa prepotencia de los poderosos haciendo ostentación de sus agravios, todos esos fastos repugnantes con que celebran su estatus privilegiado indiferentes al aborregamiento general, a la descomposición de la naturaleza, a la negrura amarga y devastada…. ¡Dios esos hombrecillos jodiéndonos la vida a todos!. Los podría reducir a polvo con solo dejarles caer el puño encima.
Escuchando esto, Morgano, iracundo, levanta la voz, para que todos le oigan:
-¡La solución es el hierro!.
-¡No te pases! –protesta inane del Grial.
Sin embargo, nadie ha reparado en las ásperas palabras.
Juan y Patricio fuman envueltos en un silencio espeso. Al cabo de poco, es el primero quien habla:
-¿Cómo hemos llegado a esto?, se lamentó el rey Eomer.
-Es peor que Mordor.
CRONICAS ANALECTAS DE UN ECOUTEUR NOCTAMBULO
Todos pueden hablar y decir lo que les venga en gana
En La conciencia de la bestia, una novela que publiqué en el 2000 y quedó finalista del Premio Planeta de Novela del 1997 (v., abajo, en un post de este mes), lo referí: El Strigoi –nombre rumano para denominar al demonio y, por defecto, al vampiro- (hoy perteneciente al invisible), tiene resonancias balcánicas, la música es suave, se puede hablar y ser escuchado sin dificultad, la gente va a la suya y, sobre todo, hay poca luz.
Del bestiario común, su raigal por lo general es el barrio, me interesan unos cuantos de los habituales, me divierten especialmente sus conversaciones. En textos sucesivos presentaré algunas de ellas y, huelga decir, que son enteramente reales.
Así como hay voyers, a mi me excitan las palabras –me mueven la mente no la méntula, aclárese-, porque, entre otras pocas cosas, me agrada sobremanera escuchar, eso sí, muy selectivamente; cuando lo que se habla es prosaico, la solución es fácil, me escucho a mí mismo, me tomo un café y me voy. Por estas razones me he calificado antes como un Écouteur (del francés escuchar) noctámbulo, porque me entusiasma escuchar buenas conversaciones y plasmarlas en pliegos como éste, especialmente al amparo de la noche, después de la hora bruja.
En la mesa de al lado se sientan nuestro poeta gay –por lo demás, el más hombre de cuantos hombres he conocido- Ricardo Meynart y el granítico Martín Sepulcro del Lobo, catedrático de Psiquiatría, de reconocido talante conservador. Como Borges dice que serlo es una forma de escepticismo, de desconfianza… En la otra mesa conversan Arturo del Grial y Valle Digno, personaje peculiar, con un caballero enigmático, un tal Lanzarote Morgano y Almanegra, al cual pocos conocen, menos aún han visto, y del quel se asegura que es una creación literaria. Un rumor le señala de psicópata.En todo caso, les escucharé otro día. Ahora, tomándome tranquilamente la copa me concentro en lo que hablan mis vecinos.
-Aquí cualquiera se cree con derecho a opinar y un burro puede contradecir a un sabio –dice irritado Meynart.
-Si, la ignorancia siempre ha sido muy atrevida.-Una cosa es un juicio y otra muy distinta una opinión –prosigue el poeta, después de tomar un sorbo de su escocés-.Todo juicio está argumentado y tiene un fundamento sólido, como que el agua es H2O; la opinión es algo meramente subjetivo, sin mayor contraste, pero sucede que en estos tiempos si yo digo que es mejor El Libro Gordo de Petete que la obra de Valle Inclán, nadie le tapa la boca ni se impide el desmán, quedando la cosa, en este sistema demagógico, en situación de igualdad, si no de superioridad. Todo lo que pretende ser de masas entraña ahora la apariencia de validez.
-Tienes razón –responde Martín, arrebolado por la ira, la mandíbula tensa-. Además, te sacan en cualquier programa basura de la TV a un profesor de Astrofísica junto al Mago Perico. Uno dice cosas que el público no entiende y calla, y el otro bufonadas, que la masa asimila y aplaude. Por lo tanto, lo que ha primado es la opinión del charlatán y no el juicio del científico.
-Mal hecho por parte del astrofísico.-Pero si no lo hace, no se oye una voz razonable y predominan en los medios de información falacias y sesgos mil. Pero, al final, los que tienen dos dedos de frente, acabarán resignándose y diciendo eso que he oído demasiadas vece esta semana: “Tienes razón, pero las cosas están así”. El inmovilismo lleva a la perpetuación del desastre, del pan y circo de nuestros días.
-Malos tiempos.Martín, con gesto descorazonado, repone:
-No reconozco la tierra donde nací. Esto en vez de ser España, es ya Expaña y no solo por la plétora de expedientes X, si no por lo mucho de lo que se ha perdido.
-Muy bueno, eso me ha gustado –contesta Meynart, con una sonrisa triste.-¡Escuchemos al pato Donald, cuanto dice es mejor que lo del ínclito catedrático!.Meynart se encoge de hombros, alicaído, enciente un pitillo y agrega de inmediato:
-Bueno, mientras no entre por esa puerta una gallina y nos eche una soflama.-Ufff… -se estremece el otro-. Eso sería el Mal en estado puro.
Ayer se falló el Premio Planeta de Novela del 2005, suscitando más polémica que nunca, pese a que es una replicación del constante amañamiento, injusticia y vacuidad de los premios literarios actuales. Solo muy pocos, que sirven al mercantilismo editorial, van a poder tener los dones de las publicación y de la difusión de sus escritos, a despecho de que sus productos sean hueros, pésimos en forma y contenido, deleznables de todo punto, en suma, y contribuyan claramente a la intensificación de la idiocia general y creciente de los tiempos que vivimos: uno que no piensa no puede criticar y, por lo tanto, ejercer oposición a ese monstruo de poder global que nos ahoga al límite. Resulta patético que en una época en que la información es pletórica en medios, los contenidos sean tan pobres, vulgares y falaces.
El que los premios literarios estén amañados se ha denunciado repetidamente: en su momento Vargas Llosa no pudo terminar a tiempo la obra que Planeta le encargó y le dieron el premio a Sánchez Dragó, pero sí se lo concedieron al latinoamericano al año siguiente. Recordemos plagios de famosos, negros en las sombras y lo que vino después: concesiones por la moda, los amiguismos de siempre y los premios se nos llevaron de “niñas bonitas” y “lindos niños” que llenaron con sus letras de escoria las páginas que un público ganso y desinformado consumía, posiblemente, creyendo tener entre manos el mejor producto de las letras hispanas y no una pestilente excreta.
Lo que dijo Juan Marsé públicamente, que a esa gente le gusta la vida literaria y no la literatura; sí, y a los editores les gusta el euro no la palabra. Después de Torrente Ballester y de Muñoz Molina no hubo nada que apreciase en esos premios, conclusión que tengo respecto al gris común de las publicaciones que hoy en día suelo leer: son muy pocas las que te despiertan algún interés, no digamos las que me hagan vibrar con su magia. Salvo algunos casos, siempre nos quedan los clásicos.
Que se amañe un premio para un autor consagrado es algo que no puede defenderse, aunque su calidad y su obra puedan hacernos desviar la mirada o entibiar la crítica; que nunca se lo den a alguien desconocido es algo asumido, tan cierto como que el hombre duerme, pero que solamente prosperen los mismos, acates al sistema, es algo muy grave, una indignidad. Esta es una forma más de la injusticia e inmoralidad propias de un mundo esquizofrénico, que recompensa al revés, que se destruye y muere por el poder que cuatro porfían por mantener y acrecentar en este mismo mundo caótico que ellos han generado.
En suma, tratemos de hacer nuestro pequeño espacio personal en este panorama umbrío, sigamos escribiendo los que amamos la literatura, aunque la cosa vaya a peor y no tenga remedio.
Adenda: En 1997 quedé finalista en este mismo premio con La Conciencia de la Bestia y me enteré casi un año después por casualidad, al decírmelo uno de mis profesores. La publiqué a título personal, aunque tenía editor (lo cual fue un error dado que la inexistencia de sello editorial limita muchísimo las posibilidades de un libro) y me dediqué a escribir temas profesionales (ahí no hubo ningún problema). Ganaron José Manuel de Prada y Carmen Rigal y, sinceramente, no pude pasar de las dos primeras páginas de sus novelas. Del primero después leí Coños y me gustó, no me entusiasmó (no es raro este sentimiento ante lo que leo) y nada más, por lo cual no puedo ni quiero hacer ningún juicio cabal sobre el uno o sobre la otra. En definitiva, después vinieron dos volúmenes en Grafein (Así escribo mi ciudad y 32 maneras de escribir un viaje, están en posts anteriores junto con La Conciencia de la Bestia) con otros autores y nada más, de momento, aunque están en el cajón varias novelas acabadas y muchos cuentos que posiblemente nunca verán la luz (alguna cosa distinta puede haber en un futuro). Tampoco me empeñé esforzarme en publicar, mi cráneo estuvo mucho más interesado siempre en mi profesión. Que me hubiera gustado un Planeta, por supuesto, nadie lo negaría, porque, entre otras cosas, escribimos por el motivo que hacemos muchas cosas en esta vida, para tener éxito, para tener eso que se llama admiración. Es así y quien lo niegue, miente.
Nada, un saludo a todos y a más ver.
Salvador Alario Bataller, Egosum.
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